Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

miércoles, 31 de diciembre de 2008

La Columna del Odio: Teclados franceses, mi masoquismo literario y 2008

Ante todo, no espero ni pido que me perdonéis por lo que pueda escribir a continuacion, pues no tengo acentos en las "o" y debo apretar Shift para poner un punto.
Tecnologia francesa, caballeros. Algun dia corregiré las faltas aqui cometidas.
Mi mision me lleva aqui a felicitaros el cambio de anno (tampoco hay "enne") 2009 y que, como poco sea mejor que éste.
Se acostumbra a decir que los annos bisiestos son o muy buenos o muy malos... y puesto que 2008 no ha sido lo primero, no cabe duda de que, al menos por eliminacion, ha sido lo segundo.

En fain, hqstq el anno que viene, me temo.

Shallom.

Pesadilla en Abbey Road: Los Alegres Difuntos de Shiver, Acto Primero

El escenario está a oscuras y en silencio. De repente se hace visible la figura de una única persona, ataviada a la manera isabelina.

Narrador: Graves señores,
y damas de dudosa virtud,
y gentes de los alrededores,
recién salidas de un ataúd,
hacéis acto de presencia
y acopio de valor
al recibir tan humana herencia
-de la locura, el calor.
Sois bienvenidos,
acomodados seréis,
sentados en sillones esculpidos,
tanto y cuando paguéis.
De vuestro tiempo
sólo un pellizco requiero,
y puesto que nada rima con “empo”
pasemos al acto primero.

~Acto Primero~

Escena I
Castillo de Nueva Sheoth. Interior. Corte de la Locura. Gran diferencia entre Syl y Cortesanos de Demencia (sobriedad) y Thadon y Cortesanos de Manía (fastuosidad). En el trono del centro de la sala, Sheogorath, príncipe de la Locura (ataviado con ropa partida por la mitad, como su personalidad, entre sobria y fastuosa). El Narrador (siempre aparte) se retira a un lado de la sala, todavía visible.

Cortesanos de
Demencia:
¡Traición! ¡Traición!
¡Sangre y deshonor!
¡Recorramos las calles de Fruición
y que sus habitantes sientan pavor!
Atemos a su rechoncho Duque,
ese bastardo de Manía,
al mástil de un marinero buque
-no, bien sabemos que se rompería.

Cortesanos de
Manía:
¡Atad, mejor, a ese frágil palo
a vuestra libertina Duquesa
que desprende ese sensual halo
con su boca de fresca y roja fresa!
Y así los solitarios marineros,
otra vez, sus enaguas
divisarán, llenas de malos agüeros.
¡A frías y oscuras aguas
después la arrojarán
y de nuestra parte un seguro premio
sin duda recibirán!
¡Lo compartiremos con tan augusto gremio!

Thadon: ¡Piedad, Cielos, ayudadme!

Todos: ¡Blasfemia! ¡Colgadle!

Sheogorath: ¡Callad! ¡Silencio! ¡Chitón!
¡Tranquilidad! ¡Mutis!
Thadon y Syl solicitan vuestro perdón
y vosotros parecéis un enjambre de groupies.
¡Mentira! A mí mismo me digo.
A vosotros no os mentiría
-menos cuando a Sheogorath mismo, amigo,
la verdad perjudicaría.

Todos: ¡Mi Señor! ¡Pero son traidores!

Sheogorath: Con todos los honores.

Syl: Malvada y presta mano
ha urdido esta treta.
Yo no estuve bajo aquel manzano,
ni me escondía bajo ninguna careta.

Narrador: ¡Qué contrariedad!
¡Queremos sangre! ¡El público asiente!
Mas, ¡escuchad!
¿Qué es eso que se siente?
¿Pájaro o bestia,
o alguna clase de halcón?
¡Tan bello como Hestia!
¡Y come melocotón!

Escena II
Entra Haskyll, heraldo y consejero del Príncipe, agotado y con un melocotón en la mano.

Haskyll: ¡Malas nuevas,
augustos señores,
corren desde las cuevas
hasta los palaciegos corredores!
Las lleva el viento,
raudo y asustado.
Es tal el esperpento,
que la Llama se ha helado.

Sheogorath: (asustado) ¿¡Agnon ya no arde!?
¿¡Agnon se ha apagado!?
¿Es ya muy tarde
para mi reino desdichado?
¿Qué ha causado esto,
qué acto malhadado
ha sido tan funesto?

Haskyll: Alguien sin manía
ni demencia,
cuya vida sin locura transcurría.
Sin tan dulce y magna ciencia
ha llegado aquí, a las islas temblorosas,
tierra de bosques danzarines,
de tumbas sin losas
y fábricas de mocasines.

Sheogorath: ¡Santo Yo! ¿Se mueven esas baldosas?
¿Soltamos a los mastines? (se cae)
¡Eh! ¿Dónde están?

Haskyll: Vos en el suelo,
las baldosas ni se han movido ni lo harán.
¿Hemos de enviar nuestras tropas al Hielo?

Sheogorath: Hacedlo, hacedlo ya
y, de paso, el panadero al Fuego,
por este seco bollo recibirá
destino tan solariego.

Haskyll: ¿Y Thadon y Syl?
¿no hay castigo
a su acto vil?
¡Yo mismo los fustigo!
¿Se puede ser más servil?

Sheogorath: Una mano les cortaría,
y un brazo y un pie.
Pero eso el odio hacia mí agrandaría
y su sangre no derramaré.
¡Ahora bien! Sus encuentros tras la celosía
del jardín suprimiré.
Ahora, ¡levantadme!
¡Con el casco de obsidiana con el que cabalgué,
para la gran batalla aprestadme! (Lo levantan y lo llevan en volandas. Salen.)

Escena III
Jardines de palacio. Thadon, Syl y Narrador (éste escondido).


Thadon: ¡Señora, por los pelos!
Hemos escapado
incluso a sus flagelos.
A mí me hubiesen castrado
y a vos, mi Señora de oscuros velos,
del árbol más alto os hubieran colgado.

Syl: ¡Umbrío efecto
habéis tenido en mis sueños!
En mi balcón, con un vino selecto,
por la tarde espero los vientos norteños
que de Manía soplan con fuerza
y de vos me traen noticias,
y sin que mi corazón se tuerza
recuerdo vuestras caricias.

Thadon: Y sin embargo, dulce dama,
vos me rehuís.
¡No arrugo la ropa de la cama,
como las túnicas de los sipahís!

Syl: Horrible, horrible trama.
¡Ay de mí!

Thadon: ¡Señora!
¿Por qué “ay de ti”?
De mi corazón portadora,
¿me amáis?

Narrador: ¡Sorprendente!
¿¡Vos pensáis!?

Syl: Sí, desgraciadamente.

Thadon: Demos, pues, amiga mía,
libre paso a nuestra pasión. Amoralmente.

Syl: (aparte) Los hombres sólo piensan en lo mismo, juraría.

Salen

Fin del Acto Primero.

lunes, 29 de diciembre de 2008

La Columna del Odio (las Navidades sacan lo mejor de mí): Adolescentes V; Yo mismo

"El virus de la ironía está tan extendido en California como el herpes, y en cuanto estas infectado se queda en tu cerebro para siempre. Un hombre (...) puede volver a casa, arrojar sus Nikes y rezar en dirección a la Meca cinco veces al día, pero nunca podrá erradicarlo de su cuerpo."
(Neal Stephenson)


Escribe estas líneas desde la biblioteca del monasterio de Santo Domingo, lugar donde hace cuatrocientos años un Cristo lloró sangre y que calificará de espacio lúdico-festivo-pedante tan entrañable que sin duda merece el calificativo de tranquilo.
Su objetivo es hacer reflexionar, cuanto menos hacerse una idea (cuanto menos tener una idea; joder, haced algo), sobre lo extraño de las relaciones sociales (lo que un amigo describiría, con los ojos rojos y un curioso tic en los dedos de la mano derecha como "enter, interactúa").
Una persona, dos brazos, dos piernas, una cabeza y la capacidad e intención de usarla, circuito doble sanguíneo y aprecio por la higiene corporal; puede quedarse sentado en una biblioteca mientras el teclear de las personas de su alrededor suena con un timbre más agradable que su propia voz, adoptando una postura de anímica animadversión hacia el mundo y ser, de hecho, un ser tremendamente popular, venerado por las mismas personas que detesta. Esa misma persona puede verse obligado, en un determinado momento y a causa de las festividades, a sentarse en la misma mesa donde el hermano de su madre, hijo de su abuelo (aunque esto sea cuestionado orgullosamente por su propio progenitor) y, por desgracia y aunque no lo admitiría ni delante de un tribunal inquisitorio, su tío está sentado promoviendo una supuesta sabiduría adquirida a lo largo de los largos tramos de carreteras sudamericanas recorridos (casi tan extensos como los largos tramos de cocaína esnifada) y sonreír y asentir educadamente. Nuestro pequeño sujeto (llamémosle X) se reirá de sus ocurrencias sobre las narices semitas mientras le susurra a su primo (llamémosle Y) ideas que harían las delicias de una tragedia shakespiriana. Después, X se sentará en una silla de una biblioteca de Inca, tras varios días de intensa y poco recomendable actividad intestinal para despotricar de nuestro pequeño Titus.
Y es en este punto, quizá, donde la educación y la anímica animadversión se confunden con la hipocresía y la falsedad de una maruja ilustrada. Y sin embargo, aún sabiendo que lo que hace es hablar mal de alguien que no se puede defender y que, en rigor, lo que hace está mal y constituye una profunda falta ética, se enorgullece de ello.
Lo hace porque se cree en su derecho de pasar por encima del mundo y mostrar su profunda convicción de que él es mejor que el resto de mortales y que, para más señas, no le importa que cualquier persona, entre criticona y chabacana, esgrimiese los mismos argumentos para defenderse (si entendiese la mitad de lo aquí escrito).
X pasará, además, intensas tardes de odio profundo, de aquel del cual no se escriben columnas porque nublan los sentidos, pensando en la falsedad e hipocresía de otros.
Hasta que llegamos a la escena antes descrita en la que está sentado en la biblioteca de un convento mallorquín, el sonido de las teclas a su espalda ha cesado y ha sido substituido por el dulce click del ratón, haciendo un interesante ejercicio de autocrítica.
No os acostumbréis.
Mamones.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Eres una bestia, Viscovitz

Alessandro Boffa

Yo, Viscovitz, era un microbio.
-No es el tamaño lo que importa, Viscovitz –oía decir-. Lo importante es ser uno mismo.
Como si fuese fácil. Aún no me había dado tiepo a encariñarme con mi nombre y ya me había dado tiempo a encariñarme con mi nombre y ya me había convertido em dos microbios, VISKO y VITZ. Imaginaos cuando me convertí en cuatro: VI, SKO, VI y TZ. Estaba hecho pedazos.
Casi todos lo estábamos entonces, en el Precámbrico.
-Qué le vamos a hacer –se solía decir-, es la vida.
“Metabolismo” me parecía un término más apropiado. Nuestra idea de la diversión era sedimentar en compañía de coacervados y proteinatos, el metano y el amoníaco eran considerados como una “agradable atmósfera”.
Cuando empezaron a llamarme V,I,S,KO,V,I,T,Z comprendí que había llegado el momento de hacer algo. ¿pero qué? ¿Y quíen? Estaba en minoría incluso dentro de mí mismo, la gente me trataba de “ellos”.
Fue entonces cuando oí aquella voz:
-V, I, S, KO –me dijo-, ya es la hora de convertirse en una bestia.
-¿Bestia?
En aquellos momentos cualquier sugerencia se tomaba en consideración: lo que para uno era degeneración para otro podía significar evolución.
-Pero no sabría por dónde empezar –confesamos.
-Por ser egoísta, llenos de sí. Hay que aferrarse con todas tus fuerzas a nuestro diminuto yo. Esto no debería ser difícil...
Lo ensayamos. Lo que de mío había quedado en mis ochos microbios tuvo un sobresalto de orgullo, un incremento de viscosidad, y con un heroico esfuerzo, hice que se agregaran en un un único plasmodio. Creo que aquél fue el primer organismo pluricelular, y fue también mi primer yo verdadero. Para más datos yo, Viskovitz.
-¿y ahora? –pregunté.
-Mmmh... Ahora debes aprender a matar y devorar a tu prójimo. Con lo grande que te has hecho no te debería resultar difícil.
-¿Otros seres vivos?
-Sólo hasta que los hayas matado, Visko. No tiene nada de malo: se llama vida heterótrofa.
No parecía peligroso, los vecinos eran bastante enclenques. Miré a mi alrededor y encontré enseguida lo que andaba buscando: Zucotic el bacilo, Petrovic el Vibrion y Lopez el espirilo. Tres paleogérmenes sépticos y virulentos que me habían estado infectando con sus toxinas durante todo el arqueozoico. Allí fui, la emprendí a tortas con ellos y los devoré. Fue el primer ejemplo de “supervivencia del mas apto”, un concepto que llegaría muy lejos.
-¿Y ahora?
-Ahora debes aprender a... hacer esa cosa... Sí, en suma... unirte a otro organismo y reconvinarte. Búscate alguno que te guste e intercambiad un poco de ADN.
-Pero...
_No hay nada obseno en ello, Visko, haz caso a tu corazón.
Pensé que debía referirse a VITZ, las cuatro células que se agitaban en el centro de mi sarcina; con un poco de imaginación las podias considerar un corazón. Eyecté V y miré hacia donde iba. Empezo a escapar enseguida, a largarse con torsiones y flexiones de plasma. Lo seguí impulsándome con los flagelos, hasta que lo ví alcanzar a una gelatina albuminoide de micoplasmas plateados, que circundaba por largos cilios filamentosos y fimbrias purpúreas. Allí fue donde le perdí la pista.
-¡Eh, tú gel! – grité-. ¿Me equivoco o eres tú la que ha cogido mi corazón?
-Aquí los corazones van y vienen – sonrió burlonamente la robacorazones-. ¿El tuyo cómo era?
-un miciplasma esférico, bastante elástico y flexible, la última vez que lo sentí palpitar.
-Bueno, puedes recuperarlo si quieres. Pero tendrás que venir a buscarlo, plasmodio.
-Plasmodio es el morfotipo, el nombre es Viskovitz.
-Y gel lo será tu tía, el nombre es Ljuba.
Me acerqué a ella con cautela y me adherí a una masa coloidal, después de lo cual reflexioné I, lo puse rígido y lo hundí en el cuerpo de auquella tipa para que encontrase al compadre prófugo. Dale que te dale, acabé por perder tambien a I, que se desvainó al exterior y se zambulló, plasma y periplasma, en el U de ella.
Así fue como inventé el sexo. Había sido un poco torpe y desmañado, pero había puesto en ello todo el corazón. Le pregunté a la gelatina qué le parecía.
-¿Sexo esto? –explotó a reír, temblando de arriba abajo-. ¿Tú le llamas sexo a esto?
Sin dejar de desternillarse de risa, contrajo el sifón y desapareció sin dejar rastro dejándome a mí allí, con el corazón hecho pedazos.
Era aquel vacío de que le dolía, aquella vorágine en el mismo centro del ser . No es que VISKOTZ fuese un nombre feo, entendámosnos, pero era el nombre de un plasmodio herido, de una bestia cuyo yo había sido disminuido. Decidí construir una jaula de mureína en otrno a los restos de aquel corazón.
-No lo hagas Visko –me reprendió la voz.
-¡Otra vez tú! –estallé-. ¿Puede saberse de una buena vez quien demonios eres?
-Yo soy... la voz de tu plasma más antiguo. El Microbio Primordial, la Protocélula de la que habéis nacido todos vosotros, el Yo que os comprende a todos. Puedes llamarme VI.
-¿VI?
-Sí, el VI. El VI de Visko, tu mente, el VI de VITZ, tu corazón, el VI de la semilla que has esparcido, el VI de toda la vida, hijo mío.
-Vaya vaya...
Aquel razonamiento no dejaba de tener su lógica, algo del primer microbio podría haber quedado dentro de mí. Y en los otros.
-Así que, según eso, tu plasma estaría dentro de todo quisque, incluso de Ljuba, por decir un nombre.
-Exactamente. Y te prometo una cosa: la reencontrarás. Visko, la reencontrarás. Y quizá las cosas te irán un poco mejor. Quizás.
-¿Y tal vez estabas dentro de Zucotic, Petrovic y López?
-Sí, y lo estoy todaví. Tambien a ellos tendrás que reencntrarlos, Visko. Mi imaginación es aquello que...
-¿Quieres hacerles evolucionar también a ellos?
-“Evolucionar” es una palabra que no me gusta. Lo que resulta duvertido es “cambiar”, Viscovitz.
-Un momento. Me has llamado Viskovitz. Pero sabes muy bien que ese nombre ya no tiene sentido.
-Sé lo que digo. Mira en tu corazón y veras que tengo razón. Vamos, no tengas miedo, no es un ejercicio espiritual...
Me doblé sobré mí mismo, hidrolicé los polisacáridos y atisbé de soslayo. Naturalmente sólo vi T y Z. Pero, con aquel contacto de aproximación, V e I de Visko empezaron a reanimarse, a vivificarse A duplicarse, bipartirse, seccionarse y escindirse. Pocos minutos después la regeneración era completa y me encontraba ante el, VITZ.
-Por todos los... –chillé.
Era de nuevo yo, la vieja bestia, en plena forma, mejor que nunca. Bien, me dije, muy bien, aquí ya no me para nadie, ha llegado el momento de darle una buena lección a todo el mundo, ¡bribón ecosistema! Estallé en risas y en llanto, como un chiquillo. Estaba seguro de que mis lágrimas saladas tendrían inicio el mar, sí señor, el mar, y a partir de ahí empezaría la vida, la verdadera vida...
-Bravo, ahora eres una bestia –se congratuló la voz-, pero todavía te queda una cosa que aprender...
-Oigámosla. ¿La meiosis? ¿La fermentación? ¿La ontogénesis?
-La muerte, Visko.
-Estás de broma.
-Ya no eres un microbio, Visko. Las bestias mueren.
-Un momento, amigo, un momento. ¿Renunciar a todo?
-A todo.

domingo, 21 de diciembre de 2008

El Último Gay de Escocia V

A mí mismo,
porque yo lo valgo


Y se hicieron la una y las dos y las tres...
Era una noche oscura.
En fin, eso es lo que suele decir la gente.
Era... bueno, era de noche. No era especialmente negra, no era muy estrellada. No llovía. No nevaba, ni granizaba. Joder, en Australia ni siquiera era de noche.
Pero era su noche.
Ganchito llevaba toda la noche junto a Salido y, como la llevaban conversando y comiendo comida basura, tendía a pensar que eso duraba. Salido, por contra, pensaba que duraría lo que durase la hamburguesa.
No tenía nada en contra de Ganchito, pero ya era tarde y en su mente se confundían las pocas ideas que pudiese tener a esas horas. De pronto se paró a pensar en las peanas de soldaditos a las que Tomás solía jugar. Pensaba que cuando había necesidad de formar en cuadro, ante una carga de caballería, se colocaba una peana detrás de la otra, mirando hacia el lado opuesto.
Tomás odiaba eso. Para su alma raramente perfeccionista (estas cosas no le dejaban dormir y sin embargo iba con la camisa sin planchar) las peanas eran sumamente frustrantes. Los flancos de los cuadros estaban abiertos, sin que nadie los protegiese, y se le ocurría que algunos de los soldaditos de la peana debían mirar a los lados.
Esto supondría un gravísimo problema a la hora de las formaciones en línea, por lo que Tomás se dormía, siempre, sin llegar a ninguna conclusión.
Así que Salido hizo lo propio, y se durmió. Cayó sobre el hombro de Ganchito, y éste no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción.
Era, sin duda, lo más cerca que iba a estar de él en vida. También notó, con cierta preocupación, una presión en los pantalones, y se dijo a sí mismo que no era lícito estropear el momento más feliz que había tenido hasta entonces (antes de ese momento, todo aquel que se caía encima suya lo hacía muerto, a causa del peculiar olor corporal de Ganchito) con algo así.
Cogió la hamburguesa a medio acabar y pensó que, de todas formas, David ahora mismo se estaría debatiendo entre la vida y la muerte.
Eso le hizo recordar una cosa. Se llamaba John Percival Waterhouse.

Hogwarts, año 0; sinfonía de una universidad arcana
El ruido del proyector era más agradable que el de esa música expresionista que acompañaba cada escena. La habitación estaba a oscuras, tan sólo iluminada por el resplandor gris, ocre o azul de los colores que, se suponía, indicaban la iluminación allá por los años veinte.
En este momento, en concreto, era azul, y mostraba una imagen debidamente tenebrosa de los Cárpatos. La misma imagen que en ochenta años había pasado de ser objeto de terror a ser objeto de la más odiosa pedantería.
-Sí, la verdad es que las imperfecciones de la película no se notan demasiado tras una compleja restauración mágica... uno casi pensaría que se trata de una película contemporánea bajo filtro.
-¿Contemporánea? Báh, sandeces. Ninguna película contemporánea se puede comparar con esto... La imagen de él lavándose es un contraste con el ambiente casi purista de la época... hmmm... me pregunto si pasaría bien la censura...
-Oh, seguramente, los alemanes de la época estaban más preocupados por comer que por la decencia.
-Precisamente, sería de esperar un incremento de la censura en una situación así...
-Vaya, atiende, el carruaje del conde Orlok... el nombre, por supuesto, es irrelevante. La familia de Stoker se mostró reticente a darle los derechos de autor a Murnau, y éste hizo una versión libre de la novela...
Era una reunión extraordinaria del pequeño aquelarre de sabios, que daba la bienvenida a un nuevo miembro polaco, que estaba casi tan versado en la cultura como el miembro fundador, Tomás (guapo, inteligente, culto... en fin, un adonis).
Se encontraban en la sala de proyección de Hogwarts (la dirección había aprobado la construcción de una sala de proyección tras el segundo gran incendio de Hogwarts*) y era, seguramente, el lugar que mejor olía de todo el instituto.
Los olores de canela, lavanda, y cocos se encontraban ahí. Tomás no participaba en esa orgía del colegio de Ilusión, puesto que era un mago más bien versado en la alteración.
Dicho de otra manera, él se hubiera convertido en un árbol frutal antes que hacer ver que olía como tal.
-Eccs... qué feo.-susurró la chica del olor a cocos, a lo que Canela (él había tenido nombre, estaba seguro, pero poco importaba ya) respondió con tan poco tacto que ella se sintió ofendida.
Antes de que la cosa pasase a mayores, se rompiese alguna barita y la sala de proyección se cerrase para montar una discoteca (de hecho, si Hogwarts fuese una democracia se hubiese hecho), el alumno polaco, cuyo olor también pasaba desapercibido, intervino en la disputa (Canela hacía levitar una silla sobre su cabeza, a lo que le chica del olor a cocos respondía haciendo que ardiese la túnica de su contrincante... hecho del cual necesitó media hora para percatarse).
-Sí, Joseph tiene razón... la representación tradicional del vampiro carece del glamour que se le da ahora –interrumpió el polaco-. Sin embargo, Joseph, no puedes negar que no sería descabellado pensar lo contrario. Todos los relatos decimonónicos sobre vampiros (Polidori, Tieck, Poe...) los representan como seres magnéticos y atrayentes... por lo que Nimué no iba desencaminada en esperar otra cosa... Benson ya trataba a los vampiros de forma menos atractiva, como su célebre señora Stone...pero, claro, Benson es de principios del XX...
Tomás se lo quedó mirando. Joseph bajó la silla y Nimué apagó la túnica de éste (Canela se daría cuenta de que había estado a milímetros del frankfurt, en efecto, al percatarse del aspecto de su túnica).
El problema había durado el tiempo suficiente como para haber pasado ya la famosa escena de la sombra en la escalera, y las luces del día, que destruirán a Nosferatu, entran al tiempo que la puerta se abre, y Nosferatu arde al tiempo que la delicada película.
-¡Demonios, Gwin, acabas de destruir una copia del 24, tan sólo dos años después del rodaje! ¡He matado mujeres y niños por menos! –y, de repente, Tomás recordó los años que había pasado junto a Vlad Draculea, al cual casi había considerado su amigo.
Era finales del XV, y Tomás se hizo teniente del príncipe de Valaquia. Por supuesto, esto no quiere decir que él tuviese cuatrocientos años, pero había usado un novedoso hechizo para viajar en el tiempo (de invención del americano Steve MacMartin, el mago de Central Park) para ir a esa época.
De su viaje en el pasado recuerda, entre nieblas, la noche de la cena antes de que se le pasase el efecto del hechizo. Él y Vlad rememoraban buenos tiempos.
-¿Recuerdas aquella noche que empalamos treinta mil turcos? –había dicho- ¡Cómo chillaban los cabrones!
Pero de eso hacía ya poco menos de seis(cientos) años, y a Tomás le daba pereza ponerse a tallar madera.
-Lo siento, Thomas... es que quería hablar contigo...
Eso le pilló de imprevisto. O Ganchito creía que eran amigos (y ya hacía falta ser muy tonto), o de verdad necesitaba hablar con él.
Miró a su selecto (“selecto” se puede decir cuando son los cuatro gatos que sabes con certeza que saben leer) club de amigos, les sonrió (se detuvo especialmente en Nimué, quien le devolvió una cálida sonrisa... y en el polaco, cuyos ojos eran la viva máscara de la inexpresividad) y salió por la puerta tan rápido que Ganchito tardó un tiempo en darse cuenta de que caminaban (de hecho, se dio cuenta al chocar con una de las columnas que delimitaban el claustro).

Jingle Bell’s Rock
La nieve, que siempre llegaba un poco más tarde a Hogwarts a causa de la radiación mágica, comenzaba ya a cuajar en el patio del colegio, dejándolo como una especie de mazapán gigante. Por esa razón, y con motivo de la comida navideña, todo Hogwarts se hallaba reunido en el gran comedor.
Entre los magos, como entre los muggles, la cuestión de la religión era compleja y aburrida. Si bien todos los estudiantes del colegio estaban reunidos (como también lo habían estado en Bayram y en la Hannukah, ésta última que abarcaba en su seno la comida de Navidad) la mayoría de ellos no prestaban demasiada atención a la liturgia reglamentaria.
Este tipo de festividades era, en rigor, una excusa más para beber hasta caerse muerto, deporte que en Hogwarts era aún más popular que el Quidditch. A fin de cuentas, era mucho más fácil emborrachar a alguien que ganar una final para aumentar el sex appeal.
Salido y Vincent, ebrios del poder que les confería su categoría de “chicos malos” y de otras muchas substancias cuyo nombre he olvidado, decidieron irse de fiesta** y arrastrar con ellos a Ganchito (Tomás, en un acto dramático de desafío, había decidido quedarse fuera del castillo para protestar contra el barullo que reinaba en el interior).
Acto dramático de desafío que se tornó verdaderamente dramático cuando un ogro de los bosques (una de esas criaturas que echamos directamente al saco de gente que no te querrías encontrar en un callejón oscuro, junto a John Wayne y Stephanie Meyer) se acercó lo suficiente a Tomás como para ser apedreado hasta la muerte en alguna teocracia islámica.
Como las teocracias islámicas tienen unas leyes ligeramente exageradas sobre los acercamientos, a Tomás le dio tiempo a salir corriendo después de haber meditado seriamente si era lícito en una situación así.
Sorprendentemente, todo parecía indicar que sí, lo era.
Los trols se habían ganado la reputación de salvajes gracias a lindeces del porte de un Highlander borracho.
Y mientras corría, Tomás no dejaba de darle vueltas a las palabras que no había dejado de oír durante todo ese dantesco día.
Feliz Navidad.

*Véase: nota del tercer capítulo.
**Fiesta: f. vomitar en los baños comunales, ingerir ingentes cantidades de alcohol, violar todas las leyes físicas, muggles y mágicas que se pueda y luego rezar para que la Dirección no condene a uno a limpiar letrinas (aunque el castigo ha perdido ya gran parte de su humillación).

La Fiesta de las Luces

He decidido velar por vuestra caóticas almas una vez más y recordaros que hoy, 21 de diciembre, empieza la Hannukah.
La historia de esta celebración ya se contó hace un año, por lo que no me extenderé más.
Con todo esto, comienzo, otra vez, la etiquetación de "El Fantasma de las Navidades presentes", y la segura serie de columnas del odio sobre las cenas familiares.
En fin, id en paz, y como se suele decir: un gran milagro ocurrió allí.

Shallom!

(la encuesta de mi blog lleva ya 260 días)

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sábado, 20 de diciembre de 2008

La Columna del Odio en Catalán; Trabajos de Sociales del Año pasado: Introducció del Treball de Sineu

Ens hem posat durant la tarda d’un fred dia de febrer, un fred dia de febrer que no serà recordat com el dia que va canviar el món, com tampoc ho serà demà, ni l’altre, ni l’altre... ens hem posat a recopilar informació sobre Sineu. Ens hem posat a fer el treball sobre la sortida a aquest mercat.
Quan vam arribar al poble, amb una camera de fotos, una carpeta, els dos quaderns i dos bolígrafs com úniques armes (apart del gran efecte psicològic que devíem causar), la primera víctima de la nostra ira desbocada va ser una pobre senyora anomenada Paquita, que venia roba a prop de l’estació. No contents amb espantar-li la clientela, vam demanar-li d’on era, si els seus productes eren o no artesans (va haver de reconèixer que eren comprats a grans magatzems catalans) i, encara més enverinadament , quants anys tenia. Va respondre que cinquanta-quatre, i va començar a fer cas als clients, que ja començaven a anar-se’n, espantats davant la visió de gent jove al mercat.
De fet, les úniques persones de menys de 20 anys que vam trobar van ser els indis que tocaven (sí, els mateixos indis que toquen a la Plaça Espanya, aquest indis sud-americans que van vestits com si fossin sioux, o apatxes, que son de Nord-Amèrica).
Quan vam abandonar la petita tenda improvisada de la nostra amiga Paquita, ens vam donar compte de que el mercat havia sigut envaït per un exèrcit de teutons segurament més gran que el que va comandar Ariminius a la batalla dels boscs de Teutoburg, que feien fotografies a totes les persones que veien pel mercat, com si fos un zoològic (això no és molt important, ja que nosaltres també ens vam dedicar a fer fotos a totes les coses que vam veure) i anaven vestits amb pantalons curts i camisetes de màniga curta, blanques, i barrets d’explorador.
Vam deixar els germans (de Germania, no de família), i ens vam centrar en una petita tenda on venien productes artesans, que estava dirigida per un amable senyor i la seva senyora, que, com era de preveure, no van poder reprimir un comentari homòfob (sí, aquella mena de comentaris homòfobs que mai passen de ser broma, però que el significat ja queda clar). Els fem una foto (a ell i al noi que segurament ha inspirat aquest comentari) i continuem fins al lloc on estan tocants el indis que ja he mencionat abans. El noi és bastant simpàtic, diu que té 17 anys, i és d’Equador. Ens explica un poc el que fan, i ho apuntem als quaderns. Lis fem una foto amb tota la poca vergonya que podem reunir. És fàcil, de totes maneres, rodejats d’alemanys.
Comença a ploure, i el treball (que és, segurament, l’única raó per la qual anem pel carrer demanant-li a desconeguts sobre la seva edat) comença a mullar-se.
De sobte, passa per la ment una imatge, la imatge d’un joc de rol, on la gent va pel carrer demanant a altre gent si té ‘quests’ per fer. Solament falta que, per aconseguir la informació, haguéssim de fer petites missions (ho sé perquè durant molts d’anys he sigut un aficionat a aquest tipus de jocs, i t’acaben generant un complex de recader impressionant).
Ens trobem uns companys, que ens diuen on podem trobar un tros de porcella, fred, però porcella, a la fi i a la postra. A més, a més, trobem una petita oficina d’informació i, avesats com ja estem a demanar coses a desconeguts, lis fem una visita.
Finalment, sense adonar-nos, terminem caminant rere uns altres companys fins al Palau Reial i, baixant per un dels petits carrers empedrats (si no hagués aturat ja de ploure hauríem tingut un accident) ens trobam tota la resta de companys, amb qualcú tocant l’harmònica, a la coa de la processó, donant-li un aspecte de marxa militar.
Quan, a la fi, trobam el Palau, ens adonam de dues coses. La primera és que no es tracta del tipus de palau que un espera veure a una pel·lícula de Disney. La segona és quedes d’allà, a uns quants cents de metres, es pot sentir als indis tocar.
Tornam sobre els nostres passos, i espantam més clientela, feim fotos d’animals, de venedors, de turistes... segurament la gent allà ens haurà agafat qualque tipus de rancor.
I, lo és frustrant és que, després d’haver estat dues hores a un mercat, sóm els únics que no ens comprem res.

jueves, 18 de diciembre de 2008

The Lake (1827)

Edgar Allan Poe

En la primavera de mi juventud, fué mi destino no frecuentar de todo el vasto mundo sino un solo lugar que amaba más que todos los otros, tanta era de amable la soledad de su lago salvaje, rodeado por negros peñascos y de altos pinos que dominaban sus alrededores.

Pero cuando la noche tendía su sudario sobre ese lugar como sobre todas las cosas, y se agregaba el místico viento murmurando su melodía, entonces, ¡oh, entonces se despertaba siempre en mí el terror por ese lago solitario!

Y sin embargo ese terror no era miedo, sino una turbación deliciosa, un sentimiento que ninguna mina de piedras preciosas podría inspirarme o convidarme a definir, ni el amor mismo, aunque ese amor fuera el tuyo.

La muerte reinaba en el seno de esa onda envenenada, y en su remolino había una tumba bien hecha para aquel que pudiera beber en ella un consuelo a su imaginación taciturna, para aquel cuya alma desamparada pudiera haberse hecho un Edén de ese lago velado.


The Lake (Anthony and The Johnsons)

martes, 16 de diciembre de 2008

Desde el Infierno...


Cierta apuesta me llevó, hace tiempo, a buscar mapas del Averno... y, bien, supongo que, como siempre, yo gano.

Desde Tirgoviste con Amor: Eliminación

Otra de sus actuaciones en su reinado fue cuando la población se quejaba de los continuos robos que sufrían por parte de ladrones y asaltantes en sus territorios, además de los pobres, que según Vlad no aportaban nada al país. Para erradicar esto propuso un gran festín en una gran casa de las afueras de las ciudades para pobres, ladrones, tullidos, leprosos, enfermos, pordioseros, en donde las grandes viandas y el vino estaban por doquier. Cuando ya todos estaban bien servidos de comida y borrachos de vino, Vlad y su guardia se plantaron en la casa y preguntó a todos los allí reunidos si querían una vida sin privaciones ni preocupaciones y que todos los días se dieran festines como aquel, a lo que los mendigos y demás personas respondieron que sí y que había sido el mejor día de sus vidas. Vlad les sonrió y mandó a sus soldados que cerraran todas las puertas de la casa y prendieran fuego sobre ella. Nadie quedó con vida. Eliminó la pobreza acabando con los pobres. Esto se fue repitiendo con todos los mendigos en cada comarca de su principado. Llegaron a morir 3.600.
El siguiente grupo para él improductivo con el que quiso acabar, fue el de los gitanos. Vlad reunió a los trescientos de una comarca, mandó que asaran a los tres líderes para que los demás los comieran o a cambio se alistaran al frente turco, sino todos serían asados. Los gitanos optaron por lo segundo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

La Vida es Sueño

Calderón de la Barca

Segismundo:

¡Ay mísero de mí y, ay, infelice!

Apurar Cielos pretendo

ya que me tratáis así

qué delito cometí

contra vosotros naciendo.

Aunque si nací

ya entiendo qué delito

he cometido;

bastante causa tuvieron

vuestra justicia y rigor

pues el delito mayor del hombre

es haber nacido.

Sólo quisiera saber,

para apurar mir desvelos

-dejando de lado, Cielos

el delito de nacer-

qué más os pude ofender

para que me castiguéis más.

¿No nacieron los demás?

Y si nacieron

¿qué privilegios tuvieron

que yo no gocé jamás?

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Eid Mubarak / Feliz Eid




Este año, como siempre, se repite la celebración del "Eid el Adha" (o "Kurban Bayrami" en Turquía y Balcanes), en la que el mundo islámico conmemora el sacrificio de Abraham (Ibrahim). Durante esta fiesta se conmemora algo más que una anecdota acaecida hace unos cuantos milenios; se conmemora como el Profeta Abraham superó con éxito la que quizás sea la prueba de fe más difícil; entregar en sacrificio a su propio hijo primogénito; así mismo, constituye para los musulmanes una buena ocasión para implorar el Perdón y fortalecer las relaciones familiares y sociales; así pues:



EID MUBARAK BAYRAMINIZ KUTLU OLSUN

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

domingo, 7 de diciembre de 2008

La Columna del Odio Literario: Crepúsculo

Como entrada número doscientas del año (trescientas ocho de todo lo que llevamos de blog) me llegaré, otra vez, a hablar de odio, ya que es una faceta que he dejado aparcada un tiempecito (las historias de gays y relatos realistas para clase de castellano no me han dejado tiempo para el odio literario).
Hoy me meteré con Crepúsculo, la novela con la que Stephanie Meyer planea y, de hecho, consigue convertir a toda una generación de pseudolectores adolescentes en una legión de niñas yottahormonadas tan repelentes como los chistes de Paco Martínez Soria, las cuales sólo sabrán de vampiros lo que han leído en ese ciclo de sandeces (del cuál sólo me he leído la primera parte, por motivos de higiene mental). Por supuesto, Stephanie no se da cuenta de que, como diría Terry Pratchett, está tomando parte en una forma muy tosca de evolución natural.
Algún día, las neuronas aprenderán a volar.
El argumento, poco más o menos, se reduciría al típico serial pueril de la chica fea (porque, no nos engañemos, es fea) que está locamente enamorada del chico guapo e inalcanzable. Éste, al final, se enamora locamente de ella y todo se vuelve de una desconcertante tonalidad pastel.
Si hacemos que el chico guapo e inalcanzable sea un vampiro, y que la tonalidad pastel sea de un rojo brillante, tendremos la historia de Crepúsculo.
Y, además, si dejamos que la escriba una tía con tan pocas capacidades literarias que lo mejor que escribe es “y así fue como el león se enamoró de la oveja”, tendremos, además, el enigma de lo infumable de la frase.
Los leones no cazan ovejas, es más, por no cazar, no cazan nada, se tumban a esperar que las leonas lo hagan todo (cuánto nos queda por aprender).
El lector que lea esto se preguntará, quizá, el porqué de, si es tan realmente mala, no la he tirado por la ventana. La respuesta, sin duda, se encuentra en que me la ha recomendado alguien cuya presencia turba mi cerebro racional.Además, no podía tirarlo por la ventana, puesto que era un documento de Word.
Finalmente, me queda por decir que, quitando el hecho del posible tumor cerebral de la escritora, Edward (el vampiro guapo), a pesar de haber nacido a principios del siglo XX, tiene menos idea que yo de música clásica (sólo menciona el Clair de Lune de Debussy, y se mete con la música de los sesenta y setenta diciendo que la de los ochenta está bien, Santo Cielo). El único que me cae realmente bien es Carlisle, puesto que nació en la época del gobierno de Cromwell (quien sabe, quizá conociese a Daniel Waterhouse). Uno casi se lo imagina sorbiendo la sangre de la decapitación del rey Carlos (claro, que en 1649 probablemente él aún no fuese vampiro).

[Además, es la Columna del Odio número ochenta]

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Hablando sobre......

EL ISLAM


Con frecuencia se habla en los medios de comunicación del Islam, pero, a pesar de ello, los conocimientos a nivel general de una religión que tanta importancia ha tenido para la historia española en particular, e incluso europea en general, que se cuenta entre las mayoritarias, y cuyos límites geográficos tradicionales nos caen tan cerca, son muy escasos y basados principalmente en datos más bien anecdóticos. Aunque, en la actualidad, conseguir, ya sea en la red, ya en alguna librería, información sobre esta religión, no sea dificil, desde aquí queremos aportar nuestro granito de arena.

Para ello no hemos querido hacer una apología, o una antología de alabanzas acerca del Islam, sino emplear una narración tradicional en la que se exponen los fundamentos esenciales de la fe musulmana; por lo tanto, no incidiremos en los aspectos más anecdóticos o folklóricos que a todo el mundo le viene a la mente, sino en los grandes principios en los que se sustenta el Din (religión).

Como dijo un importante islamólogo del siglo XIX, el Islam aparece como una estructura sólida y coherente sostenida sobre unos cimientos, como si de una obra arquitectónica se tratase; por lo tanto, la comprensión y el estudio de la fe islámica pasa por tener una visión de conjunto de este edificio, sus cimientos, su pared maestra, sus tabiques...etc; y la presente narración traza un resumido aunque certero plano de este edificio.

Antes de pasar la narración, veamos de donde procede. La fuente primaria y esencial de la doctrina y jurisprudencia islámica es el Sagrado Corán, libro que se considera la Revelación exacta del Todopoderoso al Profeta Muhammad (s.), por lo que a él remitimos al lector que desee comprender en su esencia el Islam, aunque pueda ofrecer ciertas dificultades a quien no tenga la formación necesaria (por lo que recomendamos que sea una edición bien y profusamente comentada, y que la lectura sea pausada y reflexiva).

Junto a esta fuente, y con un carácter secundario, surgió el ejemplo del Profeta (s.); pues, en efecto, si había sido elegido para su misión, era por ser el más grande, moralmente, de entre los hombres (puede sonar apologético, pero, desde un punto de vista religioso, resulta lógico); y además, al ser el portador de la Revelación, su relación con la Divinidad era muy estrecha; por lo tanto, era un ejemplo a seguir por todos los creyentes.

Con el tiempo, se recopilaron sus hechos y dichos en colecciones bastante extensas; no obstante, la lejanía temporal entre su vida y el momento en que se empezaron a recopilar sus hechos (un siglo o dos) peligraba la autenticidad de estas narraciones, por lo que se adoptó un criterio de evaluación que tenía en cuenta la "cadena" de transmisores mediante la cual había llegado esta narración (se confiaba más en narraciones referidas por personas honradas y buenos musulmanes piadosos), y el contenido de la narración (por lógica, nunca puede contradecir al Santo Corán).

Estas narraciones se conocen con el nombre de "ahadiz" (singular "hadiz"), y su conjunto se denomina "Sunna" (Tradición), y son usadas, como ya se ha dicho, como fuente secundaria en el Islam, siempre por detrás del Sagrado Corán. Son de gran ayuda también en cuestiones que puedan resultar ambiguas en el Libro Sagrado. La narración que aquí relatamos es un hadiz de los más importantes, conocido popularmente como el "Hadiz de Gabriel":


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También relató 'Umar -que Dios esté complacido con él-:
«Un día, cuando estábamos en compañía del Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, se presento ante nosotros un hombre, con vestidos de resplandeciente blancura, y cabellos intensamente negros, al que no se le veían señales de viaje, y ninguno de nosotros le conocia. Se sento ante el Profeta - la paz y las bendiciones de Dios sean con él- , y apoyando las rodillas contra sus rodillas, y poniendo las manos encima de sus muslos, dijo: "¡Oh Muhammad, háblame acerca del Islam!".

El Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, dijo: "El Islam es: que atestigües que no hay más dios que Dios, y que Muhammad es el Mensajero de Dios; que observes la Oración, que pagues el Zakat; que ayunes Ramadán, y que peregrines la casa cuando puedas".

Dijo el hombre: "Has dicho verdad". Entonces nos quedamos sorprendidos de que él le preguntara y después le dijera que había dicho la verdad, entonces dijo el hombre: "Háblame acerca del Imán".
Dijo el Profeta: "Que creas en Dios, en sus ángeles, en sus libros, en sus mensajeros, en el día final y que creas en el decreto divino, tanto de su bien como de su mal".

Dijo el hombre: "Has dicho la verdad", y añadió: "Háblame acerca del Ihsan",
y dijo el Profeta: "Que adores a Dios como si lo vieras, ya que, si no le ves, el te ve".

Dijo el hombre: "Háblame acerca de la Hora"
Dijo el Profeta: "El preguntado no sabe de ella más de lo que sabe el que pregunta".
Dijo el hombre: "Háblame de sus signos".
Dijo el Profeta: "Cuando la esclava de a luz a su señora y cuando veas a descalzos, desamparados, pastores de ovejas, compitiendo en la construcción de altos edificios".

Luego (el hombre) se marchó, y yo me quedé un rato. Después (el Profeta) dijo: "Oh 'Umar, ¿Sabes quién era el que preguntaba?".
Dije: "Dios y su mensajero lo saben mejor". Y él dijo: "Ciertamente ha sido Gabriel, que ha vendido para enseñaros vuestro Din (Religión)"».
Transmitido por Muslim.

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Este hadiz suele ser considerado de gran importancia, pues, además de anticipar algunos de los signos del Día del Juicio Final, explica de que se compone el Din o religión.
En principio, tenemos una división tripartita entre ISLAM, IMAN, e IHSAN; veamos que quiere decir cada uno de estos términos:

-La palabra Islam (nombre por el que generalmente se designa la religión islámica) proviene de la raíz S L M, que observamos también en la palabra "salam", paz, empleada en el saludo "¡Salam Aleykum!" o en "taslim" (rendición); esta raíz tiene la connotación de "paz, rendición, sumisión", por lo que el término ISLAM ha sido generalmente traducido como "Sumisión a la Voluntad Divina".

Es la aceptación de la existencia de un Dios único y el cumplimiento de Su Voluntad, lo que convierte a alguien en "muslim" (palabra derivada de la misma raíz, que quiere decir literalmente "el que se rinde"; aunque también podría traducirse como "el pacífico"); el hecho de que los significados de Paz y de Rendición vengan en la misma raíz se ha entendido tradicionalmente como una referencia a que una vez que se acepta de corazón la Rendición ante el Creador, uno se ve invadido por un sentimiento de paz y tranquilidad. Veamos en que consiste esta "Rendición":

El "muslim" (musulmán) vive de acuerdo con unas normas y reglas procedentes, según la creencia islámica, de Dios, entre las cuales destacan cinco que son denominadas en árabe "Arkan al Islam", los "Pilares del Islam", que son las designadas en este hadiz:

1) La Shahada o testimonio: Reconocer la existencia de un Dios único (creencia central del Islam), y la condición profética de Muhammad (s.) (idea fundamental, ya que fue Muhammad [s.] el depositario y transmisor de la Revelación divina), mediante la fórmula "Ashhadu an La ilaha illallah; Ashhadu anna Muhammadan rasulullah" (Doy testimonio de que no hay más Dios que Dios; doy testimonio de que Muhammad es el Mensajero de Dios); esta fórmula, o parte de ella, es repetida diariamente; en la llamada a la oración, en la oración misma....etc; se trata de la creencia esencial del Islam.

2) La oración (salat); diariamente, el musulmán debe rezar cinco veces al día en dirección a la Kaaba en la Meca. Para rezar, uno debe estar en estado de pureza ritual (que se consigue mediante la ablución menor o "wudu", para lo cual las mezquitas incorporan fuentes donde poder limpiarse, o la mayor o "ghus"); se recitan pasajes del Santo Corán y se realizan actos físicos de inclinación.

Los momentos de oración se fijan de acuerdo con la posición del sol, y son; al alba; cuando el sol está en su cenit; cuando el sol ha hecho medio recorrido hacía su puesta (y la longitud de las sombras es igual a la de los objetos); cuando se pone el sol, y cuando el sol ya se ha puesto y el cielo está estrellado. La oración del mediodía de los viernes se debe hacer en comunidad en la mezquita, momento que aprovecha el imam para hacer la khutba o sermón. La oración tiene gran importancia en el Islam; su nombre en árabe proviene de una raíz que implica la noción de comunicación, y se considera que durante la oración uno se comunica con el Señor; así mismo, el hecho de que se trate de un deber diarío, y de tener que estar en estado de pureza ritual, contribuye a que el musulmán mantenga el recuerdo de Dios, y que esté presente en su vida, alejándolo de obrar mal

3) El Zakat (o azaque), impuesto especial que supone un 2'5 % de los bienes gananciales de un año, y que debe ser destinado para ayudar a los pobres y necesitados, proviene de una raíz que denota el significado de "purificación", ya que, mediante este impuesto, se purifican las riquezas.

Esta práctica tributaria, sancionada como deber religioso, pone de relieve el carácter fuertemente social de la fe islámica: La ayuda al necesitado, al pobre, al viajero...etc es una virtud que todo buen musulmán debe tener, que, además del azaque, puede dar limosna, práctica muy alabada en el Santo Corán.

4) El Sawm o ayuno. Todo musulmán debe ayunar de forma obligatoria durante el mes de Ramadán, que es fijado de acuerdo con la luna, por lo que cada comienza en un día distinto. Durante este mes sagrado descendieron los primeros versos del Santo Corán, hecho fundamental que los musulmanes conmemoran ayunando y absteniéndose de agua, tabaco, sexo...etc durante el día, desde que se ve el alba hasta que el sol se pone completamente.

De las muchas virtudes que se han señalado acerca de esta práctica, una es la de desarrollar la voluntad y la fortaleza personal, así como enseñar al cuerpo a acosutmbrarse a cambios de hábitos bruscos, además de que se trata de una auténtica demostración de fe.

5) El Hajj o peregrinación a la Kaaba. Una vez en la vida, al menos, todo musulmán que se encuentre con buena salud física y económica (y pueda, por lo tanto, permitirse el viaje), debe ir a la ciudad santa de La Meca, donde nació el Profeta (s.) y donde se encuentra la Kaaba, el Templo que, de acuerdo con la tradición islámica, construyeron Abraham y su hijo Ismael, en el emplazamiento del primer Templo construido en el mundo, por Adán; allá debe realizar una serie de ritos establecidos ya por la tradición.

La Kaaba es el corazón espiritual del Islam, el sitio hacia el cual millones de musulmanes de todo el mundo se dirigen diariamente al rezar; esto nos puede hacer vislumbrar la importancia del Hajj.



-La palabra Iman proviene de la raíz ' M N, que indica el concepto de "creencia"; el Imán es por lo tanto, aquello en lo que cree el "mu'mín" o "creyente"; al igual que con el Islam, también encontramos seis secciones fundamentales en este capítulo;

1) Creencia en Dios: elemental, como ya vimos antes. La creencia en un Dios único, eterno e increado, que ha creado el mundo y lo rige es el punto central de la religión. Dios es denominado en árabe como "Allah"; por ser el árabe la lengua de la Revelación y la usada en la liturgia, muchos musulmanes, aun cuando no hablen árabe, utilizan este término, e incluso existe la creencia de que ese es su Nombre; no hay que caer en la ingenua idea de creer que la Divinidad adorada por los musulmanes es un Dios distinto llamado "Alá"; sería como decir que los ingleses creen en otro Dios distinto porque le llaman "God".

El Dios del Islam es el mismo Dios Único, Omnipotente, Creador que encontramos en el Cristianismo y en el Judaismo. Recordamos que Jesucristo hablaba arameo, lengua pariente del árabe, y que en arameo a Dios se dice "Aloho".

2) Creencia en los ángeles: la denominación original es "malâika", y está emparentado con el hebreo "malakhim"; tanto uno como otro se suelen traducir en castellano como "ángeles", del griego "ángelos", mensajero. Los ángeles son seres de luz, invisibles al ojo humano, aunque pueden tomar apariencia humana; siervos de Dios, llevan a cabo Su voluntad.

El ángel Gabriel, por ejemplo, aparece en este hadiz, y fue el instrumento mediante el cual Dios reveló el Sagrado Corán a Muhammad (s.). Todo musulmán, cuando reza, saluda a los dos ángeles que según la tradición islámica le acompañan, anotando sus acciones. La creencia en la existencia de los ángeles es, por lo tanto, un capítulo esencial en la teología musulmana.

3) Creencia en sus libros. Dios ha dejado al hombre libre, bajo su propia responsabilidad, pero no por ello desamparado. Le ha proporcionado una guía divina destinada a explicarle su función en el mundo y el camino que debe seguir; es responsabilidad del hombre seguirlo y no; esta guía divina ha "bajado", usando la terminología islámica, en forma de libros, en distintos momentos históricos y para diversas comunidades humanas; en el Generoso Corán se mencionan cinco; los "Suhuf Ibrahim" o "Pergaminos de Abraham (s.)", perdidos; la "Tawrat" o Torá, dada a Moisés (s.); se piensa que se conserva, aunque alterada, en los cinco primeros libros de la Sagrada Biblia (no extrañe a nadie el uso del adjetivo "Sagrada", ya que así se la denomina en árabe: "El Kitab el Mukaddes"o "El Libro Sagrado"); el "Zebur", dado a David (s.), que suelen identificarse con los Salmos; el Inyil, dado a Jesús (s.); se suele identificar con los Evangelios, aunque otros comentaristas opinan que el Inyil fue un mensaje que no fue puesto directamente por escrito, y que los Evangelios actuales, escritos con posterioridad y por personas que lo conocieron de forma indirecta, no reflejan fielmente el mensaje original; y el "Qur'an el Kerim" o Corán Generoso, procedente de la raíz Q R ', que quiere decir "leer", su traducción es "Lectura" o "Recitación".

Contiene las revelaciones dadas a Muhammed (s.) sobre las más diversas materias, desde teología hasta jurisprudencia, en capítulos denominados "suras" o azoras, compuestos por un número variable de "aleyas" o versículos, y ordenadas por tamaño y no por orden cronológico, y su estilo, a nivel estilístico y retórico, se considera inimitable, por lo cual es considerado la prueba física del Islam. Su estudio y recitación se considera uno de los actos más meritorios en la fe islámica.

Al ser el único libro que se ha mantenido completamente inalterado desde el momento de su revelación, es considerado, en la práctica, la única guía inequívoca para el musulmán, aunque debe aceptarse el origen divino de todos los libros anteriormente citados. También es posible la existencia de otros libros de origen divino no mencionados en el Santo Corán, pues en él se dice, explícitamente, que sólo se explica la historia de algunos profetas.

4) Creencia en los profetas; ligada al punto anterior, la existencia de unos hombres elegidos por la Divinidad para transmitir sus enseñanzas o advertir a una comunidad determinada es también fundamental. En el Sagrado Corán se mencionan a veinticinco, en su mayoría presentes también en la tradición judeocristiana: Adam (Adán), Nuh (Noé), Ibrahim (Abraham)....etc; el último de todos ellos y su "Sello" (Khatm al Anbiya'), expresión que denota que no vendrá ninguno más, fue Muhammad (s.), el cual fue además "rasul" o "Mensajero", lo que quiere decir que además fue portador de una Revelación Divina.

La tradición islámica establece que ha habido 120.000 profetas; número que algunos sostienen que se trata de una expresión de gran cantidad; como se establece en el Corán Generoso, no ha habido comunidad humana que no haya sido advertida. Esencialmente, todos los profetas han sido portadores de la Verdad original, el Islam, aunque los detalles pudieran variar, de acuerdo con la época y la comunidad; esto es importante, ya que se considera que la historia del Islam no empezó con Muhammad (s.) en Arabia, sino que desde que existe el hombre; Muhammad (s.) fue en cierta manera el restaurador del Culto original, desde la óptica islámica.

5) Creencia en el Día Final; idea fundamental, mencionada frecuentemente en el Corán Generoso; el musulmán cree en la llegada de un Día en el cual el mundo llegará a su fin, y los hombres resucitarán y serán juzgados de acuerdo con lo que hicieron en vida; lo cual les llevará al "Yannat" o Jardín, o al Yahannam (el Infierno).

6) Creencia en el Decreto divino (Qadr), tanto de su bien como de su mal; sexta creencia fundamental del Islam, el término "qadr" procede de una raíz que denota también el concepto de "destino". Es una idea quizá difícil de entender, sobre todo teniendo en cuenta que el musulmán cree en la libertad y responsabilidad del ser humano, pero por brevedad, diremos que está relacionada con la idea de la Omnipotencia divina, Dios lo puede todo, y lo controla todo, por lo tanto, nada ocurre que no sea Su voluntad.

Por ello, cuando todo musulmán empieza algo, debe decir "Bismillahirrahmanirrahim" (En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso); cuando le sucede algo bueno, debe decir "Alhamdulillah" (Toda Alabanza es para Dios); y cuando habla de planes futuros, no debe olvidarse de decir "Inshallah" (Si Dios Quiere), entre otras expresiones.



-La palabra Ihsán, procede de la raíz H S N, la misma que por ejemplo, el nombre "Hasan", y denota el sentido de "bueno, correcto, virtud....etc", su traducción al castellano resulta compleja, por lo que frecuentemente se deja en el original árabe; tras haber hablado del Islam, o Práctica de la Religión, y del Imán, o Creencia; pasamos al Ihsan, que podríamos entenderlo como la manera mediante la cual el creyente debe desarrollar los dos principios anteriores; con sinceridad, pues, como dice el Profeta (s.) aunque no Le vea, Dios le observa; por lo tanto, debe obrar (Islam) y creer (Imán) como si estuviera el Todopoderoso delante de él.

En cuanto a la referencia a la "Hora"; se trata del día del Juicio final; sus señales son, de acuerdo con este relato:

"Cuando la esclava de a luz a su señora y cuando veas a descalzos, desamparados, pastores de ovejas, compitiendo en la construcción de altos edificios".


Generalmente, lo de la esclava y la señora se ha interpretado como una referencia a un tiempo en el cual los hijos no respetarán a sus madres; en cuanto a la interpretación de la segunda señal, nos abstendremos de hacer apreciaciones.
Como conclusión de esta explicación, podríamos suscribir las palabras de Ahmad Von Denffer al comentar este hadiz en su edición de Los 40 Hadices del Imam An Nawawi:


Todos los pilares del Islam son actos físicos o materiales, mientras que el Imán está formado por realidades invisiles y cuya morada está en el corazón, en donde están firmadas por la sinceridad, la creencia y la buena intención.

Ihsan es la sinceridad (Ijlas) del creyente cuando recuerda que en todo tiempo y en todo lugar su Señor le está viendo.

Esté hadiz es muy importante porque abarca y resume todos los pilares del Islam, del Imán y del Ihsán y se pronostican en él hechos que ocurrirán ene l futuro, y muchos de ellos están ocurriendo ya como el Profeta -la paz y las bendiciones de Dios sean con él- anunció hace 1.400 años, aproximadamente.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Desde Tirgoviste con amor: La Mujer Holgazana

Vlad se encontró con un hombre trabajando en el campo que parecía falto de mujer por el aspecto de sus ropas. Al preguntarle si no estaba casado éste le dijo que sí. Vlad hizo traer a la mujer y le preguntó qué hacía en sus días, y ésta le dijo que lavar, hacer el pan y coser. Señalando a las ropas de su marido, Vlad no le creyó y decidió empalarla a pesar de que el marido afirmaba estar satisfecho con ella. Luego obligó a otra mujer a casarse con este hombre no sin antes amenazarla con el mismo destino si no cuidaba bien del campesino.

Julio César, Acto I

William Shakespeare

DRAMATIS PERSONAE

JULIO CÉSAR OCTAVIO CÉSAR, MARCO ANTONIO y M. EMILIO LÉPIDO, triunviros después de la muerte de Julio César. CICERÓN, PUBLIO y POPILIO LENA, senadores. MARCO BRUTO, CASIO, CASCA, TREBONIO, LIGARIO, DECIO, BRUTO, METELO CÍMBER y CINA, conspiradores contra Julio César. FLAVIO y MARULO, tribunos. ARTEMIDOBO, sofista de Guido. UN ADIVINO. CINA, un poeta. OTRO POETA. LUCIO, TITINIO, MESALA, CATÓN EL JÓVEN y VOLUMNIO, amigos de Bruto y Casio. VARRÓN, CLITO, CLAUDIO, ESTRATÓN, LUCIO y DARDANIO, criados de Bruto. PÍNDARO criado de Casio. CALPURNIA, esposa de César. PORCIA, esposa de Bruto. SENADORES, CIUDADANOS, GUARDIAS, SERVIDORES, etc.


Escena: Roma; después en Sardis y cerca de Filipos.

ACTUS PRIMUS 1

SCENA PRIMA

Roma. — Una calle

Entran FLAVIO, MARULO y una turba de ciudadanos FLAVIO. — ¡Largo de aquí! ¡A vuestras casas! ¡Gente ociosa, marchad a vuestras casas! ¿Es hoy día festivo? ¡Qué! ¿Ignoráis, siendo artesanos, que no debéis salir en día de trabajo sin los distintivos de vuestra profesión? Habla, ¿qué oficio tienes? CIUDADANO PRIMERO. — Carpintero, señor. MARULO. — ¿Dónde están tu mandil de cuero y tu escuadra? ¿Qué haces con tu mejor vestido? Y vos, señor mío, ¿de qué oficio sois? CIUDADANO SEGUNDO. — Francamente, señor; comparado con un obrero fino, no soy más que, como si dijéramos, un remendón. MARULO. — Pero ¿qué oficio es el tuyo? ¡Contéstame sin rodeos! CIUDADANO SEGUNDO. — Un oficio, señor, que espero podré ejercer con la conciencia tranquila, pues, en verdad, es el de reparador de malas suelas. MARULO. — ¿Qué oficio, bribón? Bribonazo, ¿qué oficio? CIUDADANO SEGUNDO. — Os lo ruego, señor, no os descompongáis; sin embargo, si os descomponéis, podré componeros. MARULO. — ¿Qué quieres decir con eso? ¡Componerme tú a mí, bergante!
Por estar muy en carácter, reproducimos las divisiones latinas en actos y escenas, del Folio primero. CIUDADANO SEGUNDO. — ¡Claro, señor, remendaros! FLAVIO. — ¿Eres un zapatero de viejo, no? CIUDADANO SEGUNDO.—En efecto, señor; todo lo que poseo es por la lezna. No me inmiscuyo en los asuntos de los negociantes ni en los de las negociantas sino con la lezna. Soy propiamente un cirujano de calzas viejas; cuando están en gran peligro, les devuelvo la salud. De modo que personas tan calificadas como las que más han ido en cueros limpios con la obra de mis manos. FLAVIO. — Pero ¿por qué no estás hoy en tu taller? ¿A qué llevas a estas gentes por las calles? CIUDADANO SEGUNDO. — Francamente, señor, a que gasten sus zapatos, para así procurarme yo más trabajo. Pero, a decir verdad, señor, holgamos hoy por ver a César y regocijarnos en su triunfo (1). MARULO. — ¡Regocijaros! ¿De qué? ¿Qué conquista trae a la patria? ¿Qué tributarios le acompañan a Roma adornando con los lazos de su cautiverio las ruedas de su carroza? ¡Estúpidos pedazos de pedernal, peores que cosas insensibles! ¡Oh corazones encallecidos, ingratos hijos de Roma! ¿No conocisteis a Pompeyo? ¡Cuántas y cuántas veces habéis escalado muros y almenas, torres y ventanas, sí, y hasta la punta de las chimeneas, con vuestros niños en brazos, y habéis esperado allí todo el largo día, en paciente expectación, para ver desfilar al gran Pompeyo por las calles de Roma! Y apenas veíais aparecer su carro, ¿no prorrumpíais en una aclamación tan estruendosa que temblaba el Tíber bajo sus bordes al escuchar el eco de vuestro clamoreo en sus cóncavas márgenes? ¿Y ahora os engalanáis con vuestros mejores vestidos? ¿Y ahora elegís este día como de fiesta? ¿Y ahora sembráis de flores el paso del que viene en triunfo sobre la sangre de Pompeyo? ¡Idos! ¡Corred a vuestras casas, doblad vuestras rodillas y suplicad a los dioses que suspendan el castigo que forzosamente ha de acarrear esta ingratitud! FLAVIO. — ¡Idos, idos, queridos compatriotas! Y por esta falta, reunid a todas ]as sencillas gentes de vuestra condición, conducidlas al Tíber y verted vuestras lágrimas en su cauce hasta que su afluente más humilde llegue a besar la mayor altura de sus riberas. (Salen los CIUDADANOS.) ¡Ved cómo se conmovió su rudo temple! Se alejan amordazados por su culpa... Bajad por esa vía hacia el Capitolio; yo iré por ésta. Despojad las estatuas si las halláis engalanadas con trofeos. MARULO. — ¿Podemos hacerlo? Ya sabéis que es la fiesta de las Lupercales. FLAVIO. — ¡No importa! No dejemos estatua alguna adornada con trofeos de César. Yo bulliré por aquí y arrojaré de las calles a la plebe. Haced igual donde notéis que se forman grupos. ¡Estas plumas en crecimiento, arrancadas a las alas de César, Je harán mantenerse en un vuelo ordinario, quien, de otro modo, se remontaría sobre la vista de los hombres y nos sumiría a todos en un sobrecogimiento servil. (Salen.)


(1) In hit triumph, el quinto y último triunfo de César, a su regreso de la batalla do Hunda, en España, donde acababa de derrotar a los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto.


SCENA SECUNDA

El mismo lugar. — Una plaza pública

Entran en -procesión, con música, CÉSAR, ANTONIO, ataviados para las carreras; CALPURNIA, PORCIA, DECIO, CICERÓN, BRUTO, CASIO y CASCA; una gran muchedumbre los sigue, entre los que se halla un ADIVINO


CÉSAR. — ¡Calpurnia! (1). CASCA. — ¡Silencio, oh! César habla. (Cesa la música.) CESAR. — ¡Calpurnia! CALPURNIA. — Aquí me tenéis, señor. CÉSAR. — Colocaos en la dirección del paso de Antonio cuando emprenda su carrera (2). ¡Antonio! ANTONIO. — ¡César, señor! CÉSAR. — No olvidéis en la rapidez de vuestra carrera, Antonio, de tocar a Calpurnia (3), pues, al decir de nuestros antepasados, la infecunda, tocada en esta santa carrera, se libra de la maldición de su esterilidad. ANTONIO. — Lo tendré presente. Cuando César dice: «Haz esto», se hace. CÉSAR. — Proseguid, y no olvidéis ninguna ceremonia (4). (Trompetería.) ADIVINO. — ¡César! CÉSAR. — ¡Eh! ¿Quién llama? CASCA. — ¡Que cese todo ruido! ¡Silencio de nuevo! (Cesa la música.) CÉSAR. — ¿Quién de entre la muchedumbre me ha llamado? Oigo una voz, más vibrante que toda la música, gritar: «¡César!» Habla; César se vuelve para oírte. ADIVINO, — ¡Guárdate de los idus de marzo! CÉSAR. — ¿Quién es ese hombre? BRUTO. — Un adivino, que advierte que os guardéis dé los idus de marzo. CÉSAR. — Traedle ante mí, que le vea la cara. CASIO. — Amigo, sal de entre la muchedumbre; mira a César. \ CÉSAR. — ¿Qué me dices ahora? Habla otra vez. ADIVINO. — ¡Guárdate de los idus de marzo! CÉSAR. — Es un visionario; dejémosle. Paso. (Música. Salen todos menos BRUTO y CASIO.) CASIO.—¿Iréis a presenciar el orden de las carreras? BRUTO. — No. CASIO. —' Os ruego que vayáis. BRUTO. — No soy aficionado a juegos. Me falta algo de ese carácter alegre que hay en Antonio. Pero no impida yo vuestros gustos, Casio. Os abandono. . CASIO. — Bruto: os observo de poco tiempo a esta parte: no hallo en vuestros ojos aquella gentileza y expresión de afecto a que estaba acostumbrado. Os manifestáis de un modo en extremo frío e impenetrable para con un amigo que os quiere.


(1) Calpurnia, cuarta esposa de César. (2) When he doth mn M» counte. Muco Antonio era el jefe de loa lupercos, llamados Julianos. Estos Julianos constituían una tercera orden que había sido creada por César. (8) El día de las Lupercales, los sacerdotes lupercos corrían por las callea con una correa de cuero en la mano y tocaban a las mujeres que encontraban a su paso. La superstición popular atribuía a esa práctica la virtud de que habla aquí Shakespeare. (4) Esto se halla de acuerdo con el carácter de César, a lo menos como nos los presenta Shakespeare, supersticioso en grado sumo


BRUTO. — No os equivoquéis, Casio. Si mi aspecto se ha vuelto sombrío, el descontento de mi semblante sólo va contra mí. Desde hace algún tiempo estoy atormentado por pasiones contrarias, ideas que no conciernen sino a mí propio, que quizá hayan alterado un tanto mis maneras; pero no por eso se aflijan mis buenos amigos, entre los cuales os cuento, Casio, ni den otra interpretación a mi desvío, sino que el pobre Bruto, en guerra consigo mismo, olvida las muestras de afecto a los demás. CASIO. — Entonces, Bruto, he interpretado mal la índole de vuestras reservas, y ésta es la causa de que ocultara en mi seno pensamientos de la mayor importancia, dignos de meditarse. Decidme, querido Bruto, ¿podéis veros la cara? BRUTO. — No es posible, Casio, porque los ojos no pueden verse a sí mismos sino por refracción, o sea, mediante otros objetos. CASIO. — Justamente, y es muy lamentable, Bruto, que no tengáis espejos que reflejen vuestro oculto valer ante vuestras miradas, a fin de que pudierais contemplar vuestra imagen. He oído a muchos de los hombres más respetados de Roma —excepto el inmortal César— hablar de Bruto y, gimiendo bajo la opresión de la época, suspirar por que el noble Bruto abriese los ojos. BRUTO. — ¿A qué peligros quisierais arrastrarme, Casio, que me hacéis buscar en mí mismo lo que en mí mismo no hay? CASIO. — Vaya, querido Bruto, preparaos a oír; y puesto que sabéis que no podríais miraros tan bien como por reflejo, yo, espejo vuestro, os descubriré sin lisonjas lo que existe en vos que todavía ignoráis. Y no desconfiéis de mí, estimado Bruto. Si yo fuese un chismoso vulgar o tuviera por costumbre repetir con ordinarias protestas mi afecto a cada advenedizo; si supieseis que marcho en pos de los hombres y los abrazo efusivamente, para después hacerlos víctima del escándalo, o si os consta que me prodigo en los festines a todos los vencidos, tenedme entonces por peligroso. (Clarines y aclamaciones.) . BRUTO. — ¿Qué significan esas aclamaciones? Temo que el pueblo escoja por rey a Cesar. CASIO. — ¿De veras lo teméis? Luego debo pensar que no deseáis que ocurra. BRUTO. — No lo quisiera, Casio; y, no obstante, le amo sinceramente. Pero ¿por qué me retenéis aquí tanto tiempo? ¿Qué es lo que pretendéis comunicarme? Si es algo para el bien general, presentad ante mis ojos a un lado el honor y al otro la muerte, y miraré a entrambos con indiferencia, pues así me favorezcan los dioses como amo el nombre de la gloria más que temo a la muerte. CASIO. — Veo en vos esa virtud, Bruto, como veo vuestra' fisonomía externa. Bien; pues de honor es el tema de que voy a hablaros. Ignoro qué pensáis vos y los demás hombres acerca de esta vida; pero, por lo que a mí respecta, preferiría no vivir a vivir bajo el terror de un semejante a mí mismo. Libre nací como César, e igualmente vos; ambos hemos sido tan bien alimentados como él, y de la misma manera podemos soportar el rigor de los inviernos. Pues cierta vez, en un día borrascoso y crudo, en que el Tíber, irritado, se precipitaba contra sus bordes, me dijo César: «¿Te atreverías, Casio, a arrojarte ahora conmigo en medio de esas olas enfurecidas y nadar hasta allá abajo en aquel punto?» No acabó de pronunciarlo, cuando, equipado como estaba, me zambullí, instándole a que me siguiera, lo que hizo acto continuo. Rugía el torrente y. luchamos contra él con rudo empuje, hendiéndolo y avanzando con esfuerzos, que se oponían a la violencia de su curso; pero antes de llegar al sitio señalado, César gritó: «¡Socórreme, Casio, o me ahogo!» Yo, como Eneas, nuestro glorioso antepasado, que para salvarle de las llamas de Troya llevó sobre sus hombros al viejo Anquises, así llevé, arrebatándolo de las ondas del Tíber, al desfallecido César. ¡Y ese hombre ha llegado ahora a ser un dios, y Casio es una miserable criatura que ha de inclinarse humildemente si César se digna hacerle un ligero saludo! Cuando se hallaba en España tuvo fiebres, y al hacer presa en él observé cómo temblaba. ¡Es verdad, ese dios temblaba! De sus labios cobardes había huido el color, y esos mismos ojos, cuya mirada atemoriza al mundo, habían perdido su brillo. Oíale yo gemir, sí, y esa su voz, que invitó a los romanos a que le distinguieran y a escribir en los libros sus discursos, ¡oh vergüenza!, gritaba: «Dadme algo de beber, Titinio», igual que una niña quejumbrosa. ¡Por los dioses! Maravíllame que un hombre de constitución tan débil pueda marchar a la cabeza del majestuoso mundo y llevar él solo la palma. (Aclamaciones. Clarines.) BRUTO. — ¡Otra aclamación general! Esos aplausos son promovidos, sin duda, por algunos nuevos honores tributados a César. CASIO. — ¡Claro, hombre! Él se pasea por el mundo, que le parece estrecho, como un coloso (1), y nosotros, míseros mortales, tenemos que caminar bajo sus piernas enormes y atisbar por todas partes para hallar una tumba ignominiosa. ¡Los hombres son algunas veces dueños de sus destinos! ¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores! ¡Bruto y César! ¿Qué había de hacer en este «César»? ¿Por qué había de sonar ese nombre más que el vuestro? Escribidlos juntos: vuestro nombre es tan bello como el suyo. Pronunciadlos: el vuestro es igualmente sonoro. Pesadlos: no pesa menos. Conjurad con ellos: Bruto conmoverá un espíritu tan pronto como César. (Aclamaciones.) Ahora, en nombre de los dioses todos, ¿de qué alimento se nutre este nuestro César, que ha llegado a ser tan grande? ¡Qué vergüenza para nuestra época! ¡Roma, has perdido la raza de las sangres esclarecidas! ¿Qué generación pasó desde el diluvio que no haya/ sido famosa por más de un hombre? ¿Cuándo pudieron decir antes de ahora los que hablaban de Roma que sus; vastos recintos sólo contenían un hombre? ¡Ya sucede eso en Roma, verdaderamente, y sobra espacio cuando en ella no hay más que un solo hombre! ¡Oh! Vos y yo hemos oído relatar a nuestros padres que en otro tiempo existió un Bruto que habría soportado con paciencia al diablo eterno con tal de mantener su rango en Roma con tanto orgullo como un rey. BRUTO. — Que me estimáis, no puedo dudarlo. De lo que me incitaríais a realizar, algo vislumbro. Más adelante os comunicaré lo que pienso, así de este caso como de nuestra época. Por ahora no deseo hacerlo, y os suplico, por el afecto que os guardo, que no intentéis conmoverme más. Tomaré en consideración lo que me habéis dicho. Oiré atentamente lo que tengáis que decirme, y tiempo propicio habrá para medir y tratar de tan importantes asuntos. Hasta entonces, mi noble amigo, tened esto bien presente: Bruto preferiría ser un aldeano a titularse hijo de Roma en las duras condiciones que estos tiempos parecen imponernos. CASIO. — ¡Celebro que mis débiles palabras hayan hecho brotar de Bruto esas chispas de fuego! BRUTO. — Han dado fin los juegos, y César vuelve. CASIO. — Cuando pase el cortejo, tirad a Casca de la manga, y él os contará con sus bruscos modales lo que haya sucedido hoy digno de nota. (Vuelven a pntrar CÉSAB y su séquito.) BRUTO. — Lo haré. Pero mirad, Casio: la cólera centellea en la frente de César, y todos los que le acompañan semejan un séquito lleno de consternación. Las mejillas de Calpurnia están pálidas, y Cicerón deja ver su semblante irritado y la fiereza de sus ojos, tal como le contemplamos en el Capitolio cuando le contrarían en los debates algunos senadores. CASIO. — Casca nos dirá qué ha sido. CÉSAR. — ¡Antonio! ANTONIO. — ¿César? CÉSAR. — Rodéame de hombres gruesos, de poca cabeza y que de noche duerman bien. He allí a Casio, con su figura extenuada y hambrienta. ¡Piensa demasiado! ¡Semejantes hombres son peligrosos!

(1) Inke a Colossus, alusión al coloso de Rodas, estatua colosal de Apolo situada a la entrada del puerto de E odas, y entré las piernas de la cual pasaban los navios.


ANTONIO. — No le temáis, César; no es peligroso; es un noble romano y de rectas intenciones. CÉSAR — ¡Le quisiera más grueso! Pero no le temo. Y, sin embargo, si mi nombre fuera asequible al temor, no sé de hombre alguno a quien evitase tan pronto como a ese enjuto Casio. Lee mucho, es un gran observador y penetra admirablemente en los motivos de las acciones humanas. Él no es amigo de espectáculos, como tú, Antonio, ni oye música. Rara vez sonríe, y si lo hace es de manera que parece mofarse de sí mismo y desdeñar su humor, que pudo impulsarle a sonreír a cosa alguna. Tales hombres no sosiegan jamás mientras ven alguno más grande que ellos, y son, por lo tanto, peligrosísimos. Te digo más bien lo que es de temer que lo que yo tema, pues siempre soy César. Colócate a mi derecha, pues soy sordo de este oído, y dime francamente lo que opinas de él. (Salen CÉSAR y su séquito, menos CASCA.) CASCA. — Me habéis tirado del manto. ¿Queríais hablarme? BRUTO. — Sí, Casca; contadnos qué ha sucedido hoy, que César parece tan descontento. CASCA. — ¿Pues no estabais con él? BBUTO. — No preguntaríamos entonces a Casca lo ocurrido. CASCA. — Pues sucedió que le ofrecieron una corona, y ofrecida que le fue, la apartó con el revés de la mano, así, y entonces el pueblo prorrumpió en aclamaciones. BRUTO. — ¿Qué motivó el segundo clamoreo? CASCA. — Pues lo mismo. CASIO. — Hubo tres vítores. ¿A qué obedeció el último aplauso? CASCA. — Pues a lo mismo. BRUTO. — ¿Le ofrecieron tres veces la corona? CASCA. — Sí, a fe mía, así fue, y la apartó por tres veces, cada una más suavemente que la anterior, y a cada vez que la apartaba vociferaban mis honrados vecinos. CASIO. — ¿Quién le ofreció la corona? CASCA. — Pues Antonio. BRUTO. — Contadnos cómo pasó, amable Casca. CASCA. — ¡Que me ahorquen si puedo decir como fue aquello! Fue pura farsa, apenas me fijé. Vi a Marco Antonio ofrecerle una corona —aunque no era tampoco una corona, sino una especie de coronilla—, y, como os decía, la apartó una vez, pero, a pesar de todo, pienso que le habría gustado tenerla. Entonces se la ofreció otra vez, nuevamente la rechazó, pero tengo para mí que se le hizo muy pesado retirar de ella los dedos. Y luego se la ofreció por tercera vez; por tercera vez la alejó de sí. Y mientras de este modo la rehusaba, la chusma vitoreó y aplaudió con sus callosas manos, echando por alto sus gorros mugrientos y exhalando tal cantidad de aliento pestífero porque César había desdeñado la corona, que medio lo asfixiaron, pues se desmayó y rodó por el suelo. Y en cuanto a mí, no me atreví a reírme, de miedo de abrir la boca y tragar aquellas miasmas. BRUTO. — Pero despacio, por favor. ¡Cómo! ¿Se desmayó César? CASCA. — Cayó al suelo en la plaza del mercado, echando espumarajos por la boca, y quedó sin habla. BRUTO. — Es muy posible. Padece de vértigos. CASIO. — No, César no padece de vértigos. Somos nosotros, vos, yo y el honrado Casca, quienes sufrimos vértigos. CASCA. — No sé qué queréis decir con eso, pero lo cierto es que César cayó. Y si no es verdad que la canalla le palmoteó y le silbó a medida que le gustaba o disgustaba, como acostumbra hacerlo con los actores en el teatro, consiento en que me tengáis por embustero. / BRUTO. — ¿Qué dijo al volver en sí? CASCA. — Por mi fe, antes de caer, cuando él vio que aquel rebaño de populacho se alegraba de que rehusase la corona, me pidió que le desabrochara su justillo y presentó el cuello para que se lo cortasen. A ser yo uno del oficio, le hubiera cogido la palabra, aunque tuviese que ir al infierno en compañía, de los tunantes. Y en esto, cayó. Al volver en sí manifestó que, si había dicho cohecho algo digno de represión, deseaba que sus señorías lo atribuyesen a su mal. Tres o cuatro mujerzuelas que se hallaban junto a mí, exclamaron: «¡Ay qué buen alma!», y le perdonaron de todo corazón. Pero de ésos no hay que hacer caso. Si César hubiese apuñalado a sus madres no habrían dicho menos. BRUTO. — ¿Y fue entonces cuando se marchó así, tan abatido? CASCA. — Sí. CASIO — ¿Dijo algo Cicerón? CASCA. — Sí, habló en griego. CASIO. — ¿Con qué fin? CASCA. — Pues que no os mire más a la cara si puedo -decirlo, pero los que le entendieron se sonreían, moviendo la cabeza. En cuanto a mí, aquello estaba en griego. Puedo daros además otras noticias: Marulo y Flavio han sido reducidos al silencio por haber despojado de sus adornos las estatuas de César. ¡Adiós! ¡Más tonterías podría contaros si las recordara! CASIO. — ¿Queréis cenar conmigo esta noche, Casca? CASCA. — No, he prometido hacerlo fuera. CASIO. — ¿Comeríais conmigo mañana? CASCA. — Sí, si estoy vivo, si no cambiáis de opinión y si vuestra comida vale la pena de ser comida. CASIO. — Bueno, os esperaré. CASCA. — Hacedlo así. ¡Adiós uno y otro! (Sale CASCA.) BRUTO. — ¡Qué carácter rnás áspero se ha vuelto! Era de fino temple cuando iba a la escuela. CASIO. — Y lo sigue siendo, a pesar de esa apariencia tosca, si se trata de ejecutar cualquier empresa noble o arriesgada. Su rudeza es el condimento de su buen criterio, que hace que el estómago de las gentes digiera sus palabras con mejor apetito. BRUTO. — Así es, en efecto. Os dejo por ahora. Si queréis hablar conmigo mañana, iré a vuestra casa, o, sí preferís venir a la mía, os aguardaré. CASIO. — Iré a veros. Hasta entonces, reflexionad en lo que nos rodea. (Sale BRUTO.) ¡Bien, Bruto, eres noble! No obstante, veo que, dispuesto como está, tu honrado metal puede forjarse. He aquí la conveniencia de que las almas nobles asocien siempre a sus iguales. Porque ¿quién hay tan firme que no pueda ser seducido? Cesarme soporta con dificultad, pero ama a Bruto. Si yo fuera ahora Bruto, y Bruto fuera Casio, él no ejercería influjo en mí. Esta noche arrojaré' a sus ventanas escritos de distintas procedencias, que parezcan provenir de vanos ciudadanos. Todos expresarán la alta opinión que Roma tiene de su nombre. En ellos se aludirá embozadamente a la ambición de César. Y después, que piense César en afirmarse bien, porque le echaremos abajo o sufriremos días peores. (Sale,,)


SCENA TERTIA

El mismo lugar. — Una calle

Truenos y relámpagos. Entran por opuestas direcciones CASCA, con la espada desmida, y CICERÓN

CICERÓN. — ¡Buenas tardes, Casca! ¿Habéis conducido a César a su casa? ¿Por qué estáis sin aliento y tan espantado?
CASCA. .— ¿No os conmovéis cuando se estremecen en masa los cimientos de la tierra como una cosa vacilante? ¡Oh Cicerón! He visto tempestades en que los irritados vientos rajaban las nudosas encinas y he contemplado al ambicioso océano hincharse y mugir espumoso para alzarse tan alto como las amenazadoras nubes; pero nunca hasta esta noche, nunca hasta ahora mismo presencié una tempestad que destila fuego. ¡De por fuerza hay empeñada en el cielo una guerra civil, o el mundo, demasiado insolente con los dioses, los provoca a consumar la destrucción!
CICERÓN. — ¡Qué! ¿Habéis visto algo aún más que asombroso?
CASCA. — Un siervo ordinario, a quien conocéis de vista, levantó su mano izquierda, de la cual brotaron llamas, y ardió como veinte antorchas juntas, y, no obstante, su mano, insensible al fuego, permaneció ilesa. Aún hay más, y desde ese momento no he vuelto a envainar mi espada: frente al Capitolio hallé un león, que me miró con ojos encendidos y se alejó encolerizado, sin hacerme mal. Y sobre un alto he encontrado un grupo como de cien mujeres, pálidas, demudadas por el terror, que juraban haber visto recorrer las calles arriba y abajo a hombres completamente envueltos en, llamas. Y ayer, el ave de las tinieblas se posó en pleno día sobre la plaza del mercado, graznando y chillando. Cuando coinciden a una semejantes prodigios, que nadie diga: «Son fenómenos naturales, y sus causas éstas», porque, a mi juicio, son presagios siniestros para los países donde se verifican.
CICERÓN. — Es ésta una época bastante extraña por cierto; pero los hombres pueden interpretar las cosas a su manera, contrariamente al fin de las cosas mismas. ¿Vendrá mañana César al Capitolio?
CASCA. — Sí, porque encargó a Antonio que os hiciera saber que estaría allí mañana.
CICERÓN. — Pues buenas noches, Casca. Con esta perturbación del firmamento no está el ánimo para pasear.
CASCA. — ¡Adiós, Cicerón! (Sale CICERÓN. Entra CASIO.)
CASIO. — ¿Quién va?
CASCA. — Un romano.
CASIO. — Por vuestra voz, sois Casca.
CASCA. — Tenéis buen oído. ¡Qué noche, Casio!
CASIO. — Una noche muy grata para los hombres de bien.
CASCA. — ¿Quién ha visto jamás un cielo tan airado?
CASIO. — ¡Los que saben lo llena de delitos que está la tierra! Por mi parte, he vagado por las calles, arrostrando la noche peligrosa. Y desceñido como me veis, Casca, he expuesto mi pecho a las centellas, y cuando el azulado relámpago oblicuo parecía desgarrar el seno del cielo, yo mismo me ofrecí como su blanco y bajo su fuerte estallido.
CASCA. — Pero ¿por qué tentáis tanto a los cielos? Es propio del hombre temblar y estremecerse cuando los dioses de mayor potencia envían para aterrarnos estos terribles mensajeros.
CASIO. — Sois torpe, Casca , y carecéis de esos destellos de vida que deben existir en todo romano; o al menos, no los queréis utilizar. Os veo pálido y pusilánime, lleno de temor ,y repentinamente estupefacto ante la rara impaciencia de los cielos. Pero si consideráis la verdadera razón de todos estos fuegos, de todos estos errantes fantasmas, de esas aves y bestias que cambian de naturaleza, de esos decrépitos, locos y niños que reflexionan, de todas esas cosas que transforman su orden, su modo de ser y sus facultades primitivas en cualidades monstruosas, habéis de convenir en que el cielo les ha infundido semejante disposición, tomándolos como instrumentos de temor y alarma para algún estado de cosas fuera de las condiciones normales. Ahora podría yo, Casca, nombraros a un hombre muy semejante a esta terrible noche, que truena, relampaguea, abre tumbas y ruge como león del Capitolio; un hombre que en valor personal no es más fuerte que vos y que yo, y que, sin embargo, ha crecido prodigiosamente y es tan aterrador como esas extrañas conmociones.
CASCA. — Es a César a quien os referís, ¿no es así, Casio?
CASIO. — ¡Sea quien fuere! Porque hoy los romanos tienen músculos y nervios como sus antepasados. Pero, ¡desdicha de los tiempos!, el alma de nuestros padres ha desaparecido, y es el espíritu de nuestras madres el que nos gobierna. ¡Nuestro yugo y sumisión prueba que somos afeminados!
CASCA. — Se dice, efectivamente, que los senadores pretenden mañana aclamar a César como rey, y que llevará su corona por mar y tierra en todas partes, menos aquí en Italia.
CASIO. — ¡Ya sé entonces el sitio de este puñal! ¡Casio librará a Casio de la esclavitud! Por eso, ¡oh. dioses!, convertís a los débiles en los más fuertes. Por eso, ¡oh dioses!, sojuzgáis a los tiranos. ¡Ni las torres de piedra, ni las murallas de bronce forjado, ni las prisiones subterráneas, ni los recios eslabones de hierro pueden resistir el vigor del espíritu! Porque la vida, fatigada de estas, barreras mortales, nunca pierde el poder de libertarse a sí propia. Y pues yo sé esto, que el mundo entero sepa también que de la parte de tiranía 'que sufro puedo sacudirme cuando me plazca. (Truenos todavía.)
CASCA. — ¡Igual puedo yo! ¡Cada esclavo tiene en su propia mano el poder de anular su cautividad!
CASIO. — ¿Y por qué, entonces, habría de ser César un tirano? ¡Pobre hombre! Bien se me alcanza que no se atrevería a ser un, lobo a no ver que los romanos son unos corderos. ¡Ni sería león si no fueran ciervos los romanos! Los que tienen prisa en encender un gran fuego lo hacen con míseras pajas... ¿Qué estercolero, qué desecho, qué inmundicia es Roma, cuando sirve de baja materia para alumbrar una cosa tan vil como César? Pero ¡oh dolor! ¿Adonde me conduces? Quizá hablo ante un hombre que voluntariamente es siervo, en cuyo caso me hará responder de mis palabras; pero voy armado y el peligro me es indiferente.
CASCA. — ¡Habláis a Casca, esto es, a un hombre incapaz de violar un secreto! ¡Tomad mi mano! ¡Alzad la voz para remediar todos estos males, e iré tan lejos en mis pasos como el más atrevido!
CASIO. — ¡Queda aceptado el trato! Sabed ahora, Casca, que he comprometido a algunos de los más generosos y nobles romanos a acometer conmigo una empresa llena de honrosas y arriesgadas consecuencias. En este instante me esperan en el atrio de Pompeyo, pues en noche tan terrible como ésta no hay movimiento ni paseo en las calles y el aspecto del cielo favorece la obra que tenemos entre manos, la más sangrienta, feroz y aterradora.
(Entra CIKA.) CASCA. — Apartad un momento, pues se acerca uno a toda prisa.
CASIO. — Es Cina; le conozco en los pasos. Un amigo. Cina, ¿dónde marcháis tan apresuradamente?
CINA. — En busca vuestra. ¿Quién es éste? ¿Metelo Címber?
CASIO. — No; es Casca, un afiliado a nuestra empresa. ¿Me aguardan, Cina? CINA. — Me alegro de ella ¡Qué tremenda noche! Dos o tres de los nuestros han visto visiones extrañas. CASIO. — ¿Me esperan? Decidme.
CINA. — Sí, os aguardan. ¡Oh Casio! ¡Si pudierais atraer a nuestro partido al noble Bruto!...
CASIO. — ¡Tranquilizaos, querido Cina! Tomad este papel y colocadlo en la silla del pretor, de modo que Bruto pueda hallarlo, y arrojad éste por su ventana. Éste fijadlo con cera en la estatua del antiguo Bruto. Y hecho todo, dirigios al atrio de Pompeyo, donde nos encontraréis. ¿Están allí Decio Bruto y Trebonio?
CINA. — Todos, menos Metelo Címber, que fue a buscaros a vuestra casa. Bien; iré en seguida y distribuiré estos papeles como me habéis ordenado.
CASIO. — Después encaminaros al teatro de Pompeyo. (Sale CINA.) Venid, Casca. Vos y yo iremos todavía antes de amanecer a ver a Bruto en su casa. Tres cuartas partes de él son a estas horas nuestras, y al primer encuentro nos pertenecerá completamente el hombre.
CASCA. — ¡Oh, él ocupa un lugar elevado en todos los corazones del pueblo! Y lo que en nosotros parecería delito, su sola presencia, como por la más rica alquimia, lo transformaría en virtud y acto meritorio.
CASIO. — Habéis comprendido perfectamente cuánto vale y la gran necesidad que tenemos de su persona. Vayámonos, pues es ya más de media noche (1), y antes del día debemos despertarle y asegurarnos de él. (Salen.)

El Fiscal, conversaciones a fin de mes

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stress
Bahtsiz Bedeviler....Paco................. dice:
ahora coge la primera letra de cada línea
Hola, soy Van Underdevater, por la gracia del dios árbol, del dios río y de otros que han escapado a mi memoria, del Congo, rey dice:
PUTOSCABRONES
Hola, soy Van Underdevater, por la gracia del dios árbol, del dios río y de otros que han escapado a mi memoria, del Congo, rey dice:
xDDDDDD
Bahtsiz Bedeviler....Paco................. dice:
Vanessa creyó que era muy descarado
Bahtsiz Bedeviler....Paco................. dice:
y hombre, para una empresa que necesitan tres meses para corregir una pu*a programación de dos folios, es que se lo deben mirar con lupa, como mínimo
Bahtsiz Bedeviler....Paco................. dice:
xD
Hola, soy Van Underdevater, por la gracia del dios árbol, del dios río y de otros que han escapado a mi memoria, del Congo, rey dice:
xDDD
Hola, soy Van Underdevater, por la gracia del dios árbol, del dios río y de otros que han escapado a mi memoria, del Congo, rey dice:
de hecho, la programación ya estaba caducada
Hola, soy Van Underdevater, por la gracia del dios árbol, del dios río y de otros que han escapado a mi memoria, del Congo, rey dice:
xD
Bahtsiz Bedeviler....Paco................. dice:
xDDDDD
Bahtsiz Bedeviler....Paco................. dice:
si me vuelvena hacerlo repetir
Bahtsiz Bedeviler....Paco................. dice:
pondré mensajes cifrados por todos lados

Tabla de Vigenère

llano-->abcdefghijklmnopqrstuvwxyz<--llano
bcdefghijklmnopqrstuvwxyza
cdefghijklmnopqrstuvwxyzab
defghijklmnopqrstuvwxyzabc
efghijklmnopqrstuvwxyzabcd
fghijklmnopqrstuvwxyzabcde
ghijklmnopqrstuvwxyzabcdef
hijklmnopqrstuvwxyzabcdefg
ijklmnopqrstuvwxyzabcdefgh
jklmnopqrstuvwxyzabcdefghi
klmnopqrstuvwxyzabcdefghij
lmnopqrstuvwxyzabcdefghijk
knopqrstuvwxyzabcdefghijkl
nopqrstuvwxyzabcdefghijklm
opqrstuvwxyzabcdefghijklmn
pqrstuvwxyzabcdefghijklmno
qrstuvwxyzabcdefghijklmnop
rstuvwxyzabcdefghijklmnopq
stuvwxyzabcdefghijklmnopqr
tuvwxyzabcdefghijklmnopqrs
uvwxyzabcdefghijklmnopqrst
vwxyzabcdefghijklmnopqrstu
wxyzabcdefghijklmnopqrstuv
xyzabcdefghijklmnopqrstuvw
yzabcdefghijklmnopqrstuvwx
zabcdefghijklmnopqrstuvwxy
abcdefghijklmnopqrstuvwxyz


En primer lugar, lo importante es saber que el texto llano no cuenta (por esa razón, la última fila es exactamente igual).
Una vez asimilado esto, necesitaremos un texto a cifrar (“me gustan los macarrones”) y una palabra clave (por ejemplo, kebab).
Ahora procedemos a eliminar los espacios y relacionar cada una de las letras del texto a cifrar con las de la palabra clave:

k e b a b k e b a b k e b a b k e b a b k
m e g u s t a n l o s m a c a r r o n e s

Cogiendo la “m”, buscaremos en el texto llano esta misma letra. Habiéndola encontrado, la uniremos (como unas coordenadas cartesianas) a la fila de la “k” (que es la letra que le corresponde de la palabra “kebab”).
El resultado final sería: WIHUTDEOLPCQBCBBVPNFC
La principal ventaja de este método es que es completamente inexpugnable al análisis de frecuencia.

Es Muss Sein!

Milan Kundera

Cierto señor Dembscher le debía a Beethoven cincuenta marcos y el compositor, que jamás tenía un céntimo, se los reclamó.
"Muss es sein?", suspiró desolado el señor Dembscher y Beethoven se echó a reír alegremente: "Es muss sein!", inmediatamente anotó aquellas palabras y su melodía.
Compuso sobre aquel motivo realista una pequeña composición para cuatro voces: tres voces cantan "es muss sein, es muss sein, ja, ja, ja", "tiene que ser, tiene que ser, sí, sí, sí" y la tercera voz añade: "Heraus mit dem Beutel!", "¡Saca el monedero!".
Ese mismo motivo fue un año más tarde la base de la cuarta frase de su último cuarteto opus 135. Beethoven ya no pensaba entonces en el monedero de Dembscher. La frase “es muss sein!” le sonaba cada vez más majestuosa, como si la pronunciase el propio Destino. En el idioma de Kant, hasta el “buenos días”, con la entonación precisa, puede adquirir el aspecto de una tesis metafísica.
El alemán es un idioma de palabras pesadas. De modo que “es muss sein!” ya no era ninguna broma, sino “der schwer gefasste Entschluss”.
De ese modo, Beethoven transformó una inspiración cómica en un cuarteto serio, un chiste en una verdad metafísica. Ésta es una interesante historia de transformación de lo leve en pesado (o sea, según Parménides, de transformación de lo positivo en negativo). Sorprendentemente, semejante transformación no nos sorprende.
Por el contrario, nos indignaría que Beethoven hubiese transformado la seriedad de su cuarteto en el chiste ligero del canon a cuatro voces sobre el monedero de Dembscher. Sin embargo, estaría actuando plenamente de acuerdo con Parménides: ¡convertiría lo pesado en leve, lo negativo en positivo! ¡Al comienzo (como un boceto imperfecto) estaría la gran verdad metafísica y al final (como la obra perfecta) habría una broma ligera! Sólo que nosotros ya no sabemos pensar como Parménides.