Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

lunes, 28 de abril de 2008

La Columna del Jodío Odio: Adolescentes IV; Canis, killos, gangosos y demás

El hecho de que me ponga a escribir ésto, a altas horas de la tarde, y que elija un tema del que, en realidad, se tiene tan poco que hablar (más por desprecio que por no encontrar nada con lo que meterse) tiene que ver con una realidad inamovible e innegable, un movimiento que me ha llevado a hacer las cosas más extrañas que un simple mortal de mi edad pueda imaginar; una verdad tan terroríficamente obvia e ineludible que el mundo ha optado por esconder. La verdad.
Me aburro.
Así que me dedicaré a escribir y sacar defectos (algunos de las largas listas) que se pueden encontrar en esta subespecie del género humano, esta phyle malformada, ya que es lo único que sé hacer realmente bien.
Los canis son, por definición, perros. Y no es que los mire por encima del hombro porque soy pijo y los considero seres inferiores. Los miro por encima del hombro porque, sencillamente, no los considero ni seres.
Es más, eso atenta contra toda la teoría de la Evolución. Si Darwin hubiera sabido que en unos cientos de años se reirían de él de tal manera, creo que habría lanzado todo su trabajo al fuego.
La Evolución no existe, gritaría, seguimos siendo los mismos monos de siempre. Seguimos peleándonos por la comida (y/o quillocollares) y por sexo, seguimos atacando a los débiles, seguimos demostrando que todo lo que hemos hecho no sirve de nada.
Porque si de algo sirve todo esto, es para dar un porqué a las cosas, una razón para no convertirnos en eso.
Porque, hablando en serio, y dejando a un lado el sarcasmo que acompaña mis artículos (que hoy no me acompaña a mí, yo creo que es ese maldito señor Burns), no hay razón para querer ser inculto. Porque si se tienen tantas oportunidades a nuestro alcance, desperdiciarlas para llegar a eso.
Olvidas a Bach, Mozart, Tchaikovsky, para acabar escuchando los sonidos del copular de los monos. Olvidas a Quevedo, Shakespeare, Góngora (yo te untaré mis versos con tocino...) para acabar escribiendo cosas como: SabEs qUé eS Lo máS bonIto dE MiS oJoS? eL reFleJo dE loS tUyOs.
Ante semejante falacia, cuya mayor complicación de composición ha sido colocar bien las mayúsculas para quedar más guay, lo menos importante es que se olvide el signo de interrogación al principio de la pregunta. Semejante gilipollez es una ofensa a Bécquer, a Manrique, y a todos los que alguna vez tuvieron algo de respeto por estas cosas.
Es más, no seguiré escribiendo porque lo que escribo me parece indigno de mí, y más digno de un quillo (que supiese juntar 5 palabras seguidas) mosqueado.

domingo, 27 de abril de 2008

Vidas de los Sultantes Otomanos: Introducción (II)

BISMILLAHIRRAHMANIRRAHIM
En el Nombre de Dios, el Clemente, El Misericordioso

Poco después del tiempo del Mensajero de Dios (que la paz sea con él), surgió un hombre del linaje de los Bayat al que llamaban Korkut Ata. Era el mayor sabio de los Oghuz. Se hacía siempre tal como decía. Conocía cosas procedentes del Otro Mundo, pues Dios el Altísimo inspiraba su corazón.

Korkut Ata dijo: En los tiempos venideros, el Hanlik* volverá de nuevo a la tribu de los Kayi. Nadie podrá tomarlo de sus manos, hasta el Día del Juicio.
Con esto se refería a la Dinastía Otomana, que de tal manera se mantiene**.

Korkut Ata resolvía todas las dificultades de los Oghuz. Nada hacían sin consultarlo antes con Korkut Ata, y aceptaban todo lo que el ordenase. En cuanto daba su consejo, asentían.

Dede Korkut dijo: La nieve que cae abundante no dura hasta el verano, y la hierba verde no dura hasta el otoño. El algodón viejo no puede ser paño nuevo, el viejo enemigo no puede ser amigo. (...) La espada de acero negro que no golpea, no se vuelve enemiga. (...) Si las hierbas amargas que el caballo no come no se acaban, mejor. Si las aguas amargas que el hombre no bebe no se secan, mejor.

*Hanlik viene a querer decir "Hanato" o "Khanato", proviene de "Han", forma moderna turca de "Khan" el título de los príncipes turcos, mongoles y de otros pueblos centroasiáticos.
(Fragmentos del Libro de Dede Korkut, traducción nuestra)
** En el momento en que se pusieron por escrito estas líneas, el Imperio Otomano era el estado más poderoso del mundo islámico y una de las principales potencias a nivel mundial.

En estos términos empieza el "Kitab-i Dede Korkut Ala Lisan-i Taife-i Oguzan", es decir, el "Libro de Dede Korkut en la Lengua de los Oghuz", obra fundamental para conocer la forma de vida de los antiguos turcos Oghuz. En esta obra, que debió ser puesta por escrito aproximadamente entre el siglo XI y el XIV dC en Azerbayán (a juzgar por las características del lenguaje) se recoge un conjunto de historias épicas (destan) sobre antiguos príncipes y héroes de los Oghuz, con el denominador común de Dede Korkut o Korkut Ata, su gran sabio y consejero, personaje de trazas chamánicas. La narración procede de tiempos preislámicos, aunque durante su puesta en escrito no haya podido evitar teñirse de un regusto musulmán, inevitable por otro lado, dado el momento de la redacción. En estas historias, catalogadas como épica nacional tanto por Turquía como por Azerbayán, queda expuesta para la posteridad la forma de vida y los valores de los antiguos Oghuz, considerados los antepasados turcos de ambos países.
Los Oghuz, como dijimos en nuestro anterior episodio, era uno de los numerosos pueblos turcos que se habían escindido del Imperio de los Göktürk, estableciéndose en el moderno Kazakhistan.

Entraron en contacto con la cultura persa de sus vecinos meridionales, y se convirtieron paulatinamente al Islam, aunque conservando creencias y supersticiones chamánicas hasta mucho tiempo despues.

Estos turcos Oghuz convertidos al Islam fueron denominados por los persas "Türkmen" (de "Türk" y "men", "hombre" en lengua persa), y sus extraordinarias dotes para el combate hicieron que el Califato abbasí de Bagdad requiriera su intervención, unas veces como "esclavos" reclutados a la fuerza, otras como aliados.

Así fue como a mediados del siglo XI, un grupo de turcomanos escindido de los Oghuz, llamados seléucidas o "selyuqîes" cruzaron el río Oxo e invadieron Persia, conquistando Bagdad en 1055, al mando de Tughrul Bey, quien se hizo nombrar alla mismo "Sultan" por el Califa (fue el primer hombre que consta en la historia con el título de sultán). Fundó el poderosísimo estado Seléucida que dominó Oriente Medio hasta 1156.

El sobrino de Tughrul Bey, Alp Arslan, le sucedió en 1065, emprendiendo la ocupación de Armenia y Siria, y realizando incursiones en Anatolia, a la sazón territorio bizantino. Los bizantinos intentaron hacer frente a la amenaza seléucida en Manzikert (Malazgirt) el 26 de agosto de 1071, donde fueron derrotados con desastrosos resultados, que incluyeron la captura del emperador Diógenes IV.´

El vacío dejado por los bizantinos en Anatolia tras su derrota tuvo que ser ocupado por los seléucidas....pero eso es materia para nuestro próximo capítulo.

El Centurión no tiene quien le escriba: Crónicas de Connacht

He aquí, a petición de mi primo, la exposición de una serie de misivas que recientemente intercambié con alguien en el Travian, ya que valoró que contribuirían a la amenidad del blog. He añadido una copiosa introducción, recreando de forma idealizada el escenario en el que tuvieron lugar; por si alguien no lo sabe, Travian es un juego de estrategia online donde cada jugador (de los miles que hay) lleva una aldea (que puede ser gala, romana o germana), que debe desarrollar. Por supuesto, los ataques entre aldeas son el pan nuestro de cada día.

Recientemente, mi aldea (Connacht) una aldea gala que gobierno bajo el pseudónimo de Fergus Ó Finn fue atacada por un vecino que tengo al sur, y el asunto rápidamente generó un intercambio epistolar entre nosotros dos y una serie de intervenciones militares por parte de mis aliados.

He aquí la recreación de lo ocurrido:


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DE LA CRÓNICA DE LA ALDEA DE CONNACHT: ATAQUE DE PWNEADOR Y REACCIÓN:

El jefe de la expedición alzó su brazo derecho, y entonces todos detuvieron su sigilosa marcha y se agacharon. Las delgadas columnas de humo que surgían de algunas de las chimeneas de la aldea de Connacht se podían distinguir perfectamente ya; pronto llegarían.

Una fuerza compuesta por cien milicianos armados con porras, procedentes de una aldea germana regida por un despótico caudillo llamado Pwneador, se dirigían en camino hacia el norte, donde se hallaba la aldea galadan de Connacht, cuyo jefe del Consejo es a la sazón Fergus Mac Finn, del clan Ò Cornaid. Habían tardado bastante en tomar la fatídica decisión.
Conacht había experimentado un crecimiento demográfico considerable, y además, formaba parte de una alianza defensiva, por lo tanto, de buenas a primeras no constituiría el objetivo de saqueo de alguien, a menos de que ese alguien tuviese un potencial militar o unas relaciones diplómaticas capaces de hacer frente a una alianza; pero la situación económica era desesperada. En ello habían intervenido los propios galdain de Connacht; las razzias continuas contra las aldeas más débiles de la región habían forzado su desaparición o su empobrecimiento. Las opciones se iban cerrando, y Pwneador tomó la arriesgada decisión de atacar a su vecina Connacht.
Había comenzado el atardecer cuando los cien porreros cayeron sobre Connacht. Los galdain habían recibido noticias de la inminencia del ataque, y habían intentado esconder a prisa y corriendo todo lo de valor, mientras las falanges y los espadachines se preparaban para recibir una fuerza cuyo número desconocían.
En su avance, bastantes germanos quedaron aprisionados en las trampas galas diseminadas alrededor de Connacht, pero aún así, el número que llegó a la aldea, ochenta, fue suficiente para acabar con las diez falanges y los diez espadachines. Fueron pasados a cuchillo todos, llevándose al otro mundo la escasa compañía de once milicianos germánicos. Tras el registro y el saqueo, del cual sólo pudieron beneficiarse con seis cientas medidas de trigo, procedieron a la liberación de los soldados atrapados, y volvieron a su aldea, pletóricos por la victoria.

Difícil les habría resultado de creer a los ochenta y nueve milicianos que regresaron con vida que su incursión, una más de tantas, desencadenaría el conflicto que en el momento en que escribo estas líneas aún sigue en pie, aunque atravesando unos momentos de relativa tranquilidad y calma. Tras un breve e interesante intercambio epistolar (cuya exposición es el motivo de la redacción de este texto), al día siguiente del ataque, viernes, los primeros ataques de varios aliados y amigos de Connacht, guiados por un hondo sentido de la lealtad, se cernieron sobre la aldea de Pwneador, venciendo sus escasas defensas y llevándose jugosos botines.
El sábado, le tocó el turno a la propia aldea de Connacht, que había empezado la reconstrucción de sus fuerzas militares, las cuales asaltaron las veces que les fue posible la aldea de Pwneador, saqueando todo lo que encontraron a su paso y aplastando la más bien simbólica resistencia que los aldeanos ofrecían de manera desesperada. Mico Mandante, primo de Fergus (otro auténtico Ò Cornaid de pura caña), también aportó su granito de arena en la guerra, perdiendo valientemente una gran cantidad de falanges, cuando, a última hora del sábado, Pwneador recibió posiblemente refuerzos de alguien.

Como progresará el conflicto, es algo que el humilde cronista que redacta estas palabras ignora, pero seguro que la Fortuna sonreirá a los audaces.
Del breve aunque intenso contacto entre el déspota Pwneador y el jefe del Consejo de Connacht, ofrecemos aquí las cartas que se intercambiaron tras el primer ataque:

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Fergus Ó Finn
24.04.08

Mensaje de Connacht para Pwneador
19:48:
Estimado Pwneador:
Recientemente ha realizado una incursión hacia mi aldea, Connacht. Y no contento con ello, además, no me ha dejado una misiva en el buzón, presentándose o exponiéndome unos motivos que justificasen su falta de tacto. A eso se le llama actuar con nocturnidad (a pesar de este sol radiante) y alevosía. No ha reparado en el hecho de que formo parte de una alianza, lo cual me induce a pensar que:
1- Tiene una edad mental de 3 años.
2- Tiene los co1ones como catedrales.
3- No sabe leer.
Si resulta que es la opción 1 o la 3, no sé que diablos hago escribiéndole, pero si es la opción 2, sus co1ones son (quizá) lo único que quedará en su sitio la próxima vez que tenga la desfachatez de pasarse por mi aldea, pues, estoy seguro de que su poblado chabolista al que denomina aldea posee una gran gama de recursos lo suficientemente tentadores como para que los compañeros de mi alianza decidan devolverle la visita y llevarse algún "souvenir". Decido no hacer más largo mi mensaje, pues seguramente se encuentre con problemas para procesar mentalmente más de cinco palabras seguidas; reciba un cordial saludo de la aldea de Connacht, y no dude en visitarme, tengo un paraguas preparado para introducírselo por vía rectal. AtentamenteFergus Mac Finn Ó Cornaid, Toìseach Mor Comhleainn Connaicht; Jefe del Consejo de Connacht

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Pwneador
24.04.08
RE: Mensaje de Connacht para Pwneador
22:21:00

No me andare con rodeos,Mi edad mental supera la tuya con creces, no deberias juzgar a las personas sin saber nada de ellas :]. Por otra parte, tu mensaje me parece tan lamentable que nose ni si quiera xq m digno a contestarte.El caso es q m la trae floja tu y tu alianza, esto es 1 juego de guerras, si no te gusta ser atacado siempre puedes jugar a las barbies :] Por otra parte, volvere a atacarte siempre y cuando m sea favorable, q no este en ninguna alianza no signifique que no este protejido. No soy el tipico de persona la cual se asusta cuando se le amenaza.Saludos, mente privilegiada.
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Fergus Ó Finn
24.04.08
RE^2: Mensaje de Connacht para Pwneador
22:51:59
Estimado Pwneador;
Me alegra sobremanera recibir su cálido mensaje; con él me saca de dudas, pues, de las tres opciones que creía probables, he descartado una (por lo visto, sabe leer) y me ha sido confirmada otra (tiene una edad mental de 3 años). Resulta interesante que considere su edad mental superior a la mía, por cuanto parece infumable que escriba "1 juego de guerras"; por lo cual, será todo lo avanzado que quiera, pero sus conocimientos de lengua y literatura son los de un alumno de compensatoria cargadito de diacepán, con menos luces que una aldea francesa del siglo XV. Me veo en el (placentero) deber de anunciarle que por aquí la gente le odia; es más, le odian a usted, y odian a sus amigos, y a los amigos de sus amigos, y a las mascotas de los amigos de sus amigos; de hecho, están esperando otra provocación para hacerle toda una mujer. En cuanto al juego, creí que se trataba de un juego de estrategia y desarrollo de una aldea, en el que, inevitablemente interviene a veces la guerra (como yo mismo la he empleado), pero no un juego cuya meta es la guerra, lo cual indica que el juego de estrategia más complicado al que debe saber jugar es el tetris.Respecto a ponerme jugar con barbies, la propuesta es tentadora, pero prefiero esperar a emplear a sus hombres como muñecas (le recomendaría ir encargando toneladas de vaselina). Reciba un afectuoso abrazo de su vecino;Fergus Mac Finn Ò Cornaid; Toìseach Mor Comharleainn Connaicht.
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Pwneador
25.04.08
RE^3: Mensaje de Connacht para Pwneador
00:11:35

Pues me dejas sin palabras, m sorprende bastante q pueda existir alguien tan prepotente :]Kizas fue un error x mi parte el simple echo de referirme a tu edad mental (y la mia), xro tu alusion a ambas en tu primer mensaje demuestra una inmadurez increible.Centrandome en tu mensaje anterior y acerca de mis conocimientos de lengua y literatura pues nose q decir la verdad, tampoco dependo de ellos siendo estudiante de ingenieria informatica, xro deberia recordarte q esto es 1 juego (lo vuelvo a decir de nuevo ;) ) y estoy escribiendo 1 mensaje a alguien q ni conozco (al igual q tu) y no una columna para algun periodico, quizas tu si, ya q pones cada tilde y cuidas tu gramatica asta la perfeccion (cosa q no te hace mas inteligente q cualquier otra persona)En referencia al juego, no tengo nada q decir, espero q mi ataque fuese suficiente provocacion para ustedes como para borrarme del mapa :] deseoso estoy de verlo Por ultimo, me encantan tus mensajes ! sinceramente me hace reir bastante la gente como tu, siempre q no tengas nada mejor q hacer x favor, no dudes en mandarme alguno ;P1 saludo
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Esta última carta de Pwneador no obtuvo respuesta. Aunque algunos miembros del Consejo de Connacht querían contestar con unas líneas cargadas de retórica incendiaria, al final se llegó a la conclusión de que, estando ya advertido el enemigo, no se necesitaba perder más tiempo avisándole, pues, como dice una antigua máxima "Todo tiene su tiempo, hay un tiempo para nacer, y otro para morir" y un tiempo para las palabras, y otro para las armas; y el de las palabras ya había cesado.
Acabemos con unas frases sobre el Destino de nuestro pueblo:

He aquí nuestro destino, he aquí nuestro papel en esta representación
Somos el Vencido, aquel de quien hacen estatuas y efigies moribundo
El Derrotado, que será sometido por alguien que no acabará de entenderlo totalmente
Pero a la vez somos el Indomable, cuyo espíritu jamás será derrotado.
Porque, en este drama en el que todos tenemos un papel
A nosotros nos corresponde el de caer heridos de muerte
Pero en nuestra derrota estará la victoria, pues, nuestra sangre seguirá
Allá donde fue derramada, sembrando la vida, floreciendo
Cada primavera, resistiendo cada invierno
Se nos recordará, idealizados, con el tiempo
Y nos esgrimirán como símbolo de la libertad y la rebeldía
El nombre de quien nos domine y someta será execrado
Por sus propios hijos, quienes preferirán adoptar
Nuestro nombre, y querrán ser nosotros
Pues en parte serán nosotros, en parte llevarán nuestra sangre
Y así, el Vencido acabará siendo el Vencedor
Se puede someter el cuerpo, facilmente
No así el corazón
¿Qué puede dar mayor libertad,
Que saber que, hagamos
lo que hagamos
nos aguarda la muerte?
Pues si eso es así
Y si luchando
Como hombres
O huyendo
Como alimañas
Nos ha de
Esperar
Un mismo
Destino
¡Qué sea lo primero!
¡Ea! ¡A la batalla
Con dos
Cojones!

jueves, 24 de abril de 2008

Drácula XIV

Bram Stoker

DEL DIARIO FONOGRÁFICO DEL DOCTOR SEWARD, NARRADO POR VAN HELSING

Esto es para Jonathan Harker. Debe usted quedarse con su querida señora Mina. Nosotros debemos ir a ocuparnos de nuestra investigación..., si es que puedo llamarla así, ya que no es una investigación, sino algo que ya sabemos, y solamente buscamos una confirmación. Pero usted quédese y cuídela durante el día de hoy. Esa es lo mejor y lo más sagrado para todos nosotros. De todos modos, el monstruo no podrá presentarse hoy. Déjeme ponerlo al corriente de lo que nosotros cuatro sabemos ya, debido a que se lo he comunicado a los demás. El monstruo, nuestro enemigo, se ha ido; ha regresado a su castillo, en Transilvania. Lo sé con tanta seguridad como si una gigantesca mano de fuego lo hubiera dejado escrito en la pared. En cierto modo, se había preparado para ello, y su última caja de tierra estaba preparada para ser embarcada. Por eso tomó el dinero y se apresuró tanto; para evitar que lo atrapáramos antes de la puesta del sol. Era su única esperanza, a menos que pudiera esconderse en la tumba de la pobre Lucy, que él pensaba que era como él y que, por consiguiente, estaba abierta para él. Pero no le quedaba tiempo. Cuando eso le falló, se dirigió directamente a su último recurso..., a su última obra terrestre podría decir, si deseara una double entente. Es inteligente; muy inteligente. Comprendió que había perdido aquí la partida, y decidió regresar a su hogar. Encontró un barco que seguía la ruta que deseaba, y se fue en él. Ahora vamos a tratar de descubrir cuál era ese barco y, sin perder tiempo, en cuanto lo sepamos, regresaremos para comunicárselo a usted. Entonces lo consolaremos y también a la pobre señora Mina, con nuevas esperanzas. Puesto que es posible conservar esperanzas, al pensar que no todo se ha perdido. Esa misma criatura a la que perseguimos tardó varios cientos de años en llegar a Londres y, sin embargo, en un solo día, en cuanto tuvimos conocimiento de sus andanzas, lo hicimos huir de aquí. Tiene limitaciones, puesto que tiene el poder de hacer mucho daño, aunque no puede soportarlo como nosotros. Pero somos fuertes, cada cual a nuestro modo; y somos todavía mucho más fuertes, cuando estamos todos reunidos. Anímese usted, querido esposo de nuestra señora Mina. Esta batalla no ha hecho más que comenzar y, al final, venceremos... Estoy tan seguro de ello como de que en las alturas se encuentra Dios vigilando a sus hijos. Por consiguiente, permanezca animado y consuele a su esposa hasta nuestro regreso. VAN HELSING Del diario de Jonathan Harker 4 de octubre. Cuando le leí a Mina el mensaje que me dejó van Helsing en el fonógrafo, mi pobre esposa se animó considerablemente. La certidumbre de que el conde había salido del país le proporcionó consuelo ya, y el consuelo es la fortaleza para ella. Por mi parte, ahora que ese terrible peligro no se encuentra ya cara a cara con nosotros, me resulta casi imposible creer en él. Incluso mis propias experiencias terribles en el castillo de Drácula parecen ser como una pesadilla que se hubiese presentado hace mucho tiempo y que estuviera casi completamente olvidada, aquí, en medio del aire fresco del otoño y bajo la luz brillante del sol... Sin embargo, ¡ay!, ¿cómo voy a poder olvidarlo? Entre las nieblas de mi imaginación, mi pensamiento se detiene en la roja cicatriz que mi adorada y atribulada esposa tiene en la frente blanca. Mientras esa cicatriz permanezca en su frente, no es posible dejar de creer. Mina y yo tememos permanecer inactivos, de modo que hemos vuelto a revisar varias veces todos los diarios. En cierto modo, aunque la realidad parece ser cada vez más abrumadora, el dolor y el miedo parecen haber disminuido. En todo ello se manifiesta, en cierto modo, una intención directriz, que resulta casi reconfortante. Mina dice que quizá seamos instrumentos de un buen final. ¡Puede ser! Debo tratar de pensar como ella. Todavía no hemos hablado nunca sobre lo futuro. Será mejor esperar a ver al profesor y a todos los demás, después de su investigación. El día ha pasado mucho más rápidamente de lo que hubiera creído que podría volver a pasar para mí. Ya son las tres de la tarde. Del diario de Mina Harker 5 de octubre, a las cinco de la tarde. Reunión para escuchar informes. Presentes: el profesor van Helsing, lord Godalming, el doctor Seward, el señor Quincey Morris, Jonathan Harker y Mina Harker. El doctor van Helsing describió los pasos que habían dado durante el día, para descubrir sobre qué barco y con qué rumbo había huido el conde Drácula. -Sabíamos que deseaba regresar a Transilvania. Estaba seguro de que remontaría la desembocadura del Danubio; o por alguna ruta del Mar Negro, puesto que vino siguiendo esa ruta. Teníamos una tarea muy difícil ante nosotros. Omne ignotum pro magnifico; así, con un gran peso en el corazón, comenzamos a buscar los barcos que salieron anoche para el Mar Negro. Estaba en un barco de vela, puesto que la señora Mina nos habló de las velas en su visión. Esos barcos no son tan importantes como para figurar en la lista que aparece en el Times y, por consiguiente, fuimos, aceptando una sugestión de lord Godalming, a Lloyd's, donde están anotados todos los barcos que aparejan, por pequeños que sean. Allí descubrimos que sólo un barco con destino al Mar Negro había salido aprovechando las mareas. Es el Czarina Catherine y va de Doolittle Wharf con destino a Varna, a otros puertos y, luego, remontará por el río Danubio. "Entonces", dije yo, "ese es el barco en que navega el conde." Por consiguiente, fuimos a Doolittle's Wharf y encontramos a un hombre en una oficina tan diminuta que el hombre parecía ser mayor que ella. Le preguntamos todo lo relativo a las andanzas del Czarina Catherine. Maldijo mucho, su rostro se enrojeció y su voz era muy ríspida; pero no era mal tipo, de todos modos, y cuando Quincey sacó algo del bolsillo y se lo entregó, produciendo un crujido cuando el hombre lo tomó y lo metió en una pequeña billetera que llevaba en las profundidades de sus ropas, se convirtió en un tipo todavía mejor, y humilde servidor nuestro. Nos acompañó y les hizo preguntas a varios hombres sudorosos y rudos; esos también resultaron mejores tipos cuando aplacaron su sed. Hablaron mucho de sangre y de otras cosas que no entendí, aunque adiviné qué era lo que querían decir. Sin embargo, nos comunicaron todo lo que deseábamos saber. "Nos comunicaron, entre otras cosas, que ayer, más o menos a las cinco de la tarde, llegó un hombre con mucho apresuramiento. Un hombre alto, delgado y pálido, con nariz aquilina, dientes muy blancos y unos ojos que parecían estar ardiendo. Que iba vestido todo de negro, con excepción de un sombrero de paja que llevaba y que no le sentaba bien ni a él ni al tiempo que estaba haciendo, y que distribuyó generosamente su dinero, haciendo preguntas para saber si había algún barco que se dirigiera hacia el Mar Negro, y hacia qué punto. Lo llevaron a las oficinas y al barco, a bordo del cual no quiso subir, sino que se detuvo en el muelle y pidió que el capitán fuera a verlo. El capitán acudió, cuando le dijeron que le pagaría bien, y aunque maldijo mucho al principio, cerró trato con él. Entonces, el hombre alto y delgado se fue, no sin que antes le indicara alguien donde podía encontrar una carreta y un caballo. Pronto volvió, conduciendo él mismo una carreta sobre la que había una gran caja, que descargó él solo, aunque fueron necesarios varios hombres para llevarla a la grúa y para meterla a la bodega del barco. Le dio muchas indicaciones al capitán respecto a cómo y dónde debería ser colocada aquella caja, pero al capitán no le agradó aquello, lo maldijo en varias lenguas y le dijo que fuera si quería a ver como era estibada la maldita caja. Pero él dijo que no podía hacerlo en ese momento; que embarcaría más tarde, ya que tenía muchas cosas en qué ocuparse. Entonces, el capitán le dijo que se diera prisa... con sangre... ya que aquel barco iba a aparejar... con sangre... en cuanto fuera propicia la marea... con sangre. Entonces, el hombre sonrió ligeramente y le dijo que, por supuesto, iría en tiempo útil, pero que no sería demasiado pronto. El capitán volvió a maldecir como un poligloto y el hombre alto le hizo una reverencia y le dio las gracias, prometiéndole embarcarse antes de que aparejara, para no causarle ningún trastorno innecesario. Finalmente, el capitán, más rojo que nunca, y en muchas otras lenguas, le dijo que no quería malditos franceses piojosos en su barco. Entonces, después de preguntar dónde podría encontrar un barco no muy lejos, en donde poder comprar impresos de embarque, se fue. "Nadie sabía adónde había ido, como decían, puesto que pronto pareció que el Czarina Catherine no aparejaría tan pronto como habían pensado. Una ligera bruma comenzó a extenderse sobre el río y fue haciéndose cada vez más espesa, hasta que, finalmente, una densa niebla cubrió al barco y todos sus alrededores. El capitán maldijo largo y tendido en todas las lenguas que conocía, pero no pudo hacer nada. El agua se elevaba cada vez más y comenzó a pensar que de todos modos iba a perder la marea. No estaba de muy buen humor, cuando exactamente en el momento de la pleamar, el hombre alto y delgado volvió a presentarse y pidió que le mostraran dónde habían estibado su caja. Entonces, el capitán le dijo que deseaba que tanto él como su caja estuvieran en el infierno. Pero el hombre no se ofendió y bajó a la bodega con un tripulante, para ver dónde se encontraba su caja. Luego, volvió a la cubierta y permaneció allí un rato, envuelto en la niebla. Debió subir de la bodega solo, ya que nadie lo vio. En realidad, no pensaron más en él, debido a que pronto la niebla comenzó a levantarse y el tiempo aclaró completamente. Mis amigos sedientos y malhablados sonrieron cuando me explicaron cómo el capitán maldijo en más lenguas que nunca y tenía un aspecto más pintoresco que nunca, cuando al preguntarles a otros marinos que se desplazaban hacia un lado y otro del río a esa hora, descubrió que muy pocos de ellos habían visto niebla en absoluto, excepto donde se encontraba él, cerca del muelle. Sin embargo, el navío aparejó con marea menguante, e indudablemente para la mañana debía encontrarse lejos de la desembocadura del río. Así pues, mientras nos explicaban todo eso, debía encontrarse lejos ya, en alta mar. "Y ahora, señora Mina, tendremos que reposar durante cierto tiempo, puesto que nuestro enemigo está en el mar, con la niebla a sus órdenes, dirigiéndose hacia la desembocadura del Danubio. El avance en un barco de vela no es nunca demasiado rápido; por consiguiente, podremos salir por tierra con mucha mayor rapidez. y lo alcanzaremos allí. Nuestra mejor esperanza es encontrarlo cuando esté en su caja entre el amanecer y la puesta del sol, ya que entonces no puede luchar y podremos tratarlo como se merece. Tenemos varios días a nuestra disposición, durante los cuales podremos hacer planes. Conocemos todo sobre el lugar a donde debemos ir, puesto que hemos visto al propietario del barco, que nos ha mostrado facturas y toda clase de documentos. La caja que nos interesa deberá ser desembarcada en Varna y entregada a un agente, un tal Ristics, que presentará allá sus credenciales. Así, nuestro amigo marino habrá concluido su parte. Cuando nos preguntó si pasaba algo malo, ya que de ser así podría telegrafiar a Varna para que se llevara a cabo una encuesta, le dijimos que no, debido a que nuestro trabajo no puede llevarse a cabo por la policía ni en la aduana. Debemos hacerlo nosotros mismos, a nuestro modo." Cuando el doctor van Helsing concluyó su relato, le pregunté si se había cerciorado de que el conde se había quedado a bordo del barco. El profesor respondió: -Tenemos la mejor prueba posible de ello: sus propias declaraciones, cuando estaba usted en trance hipnótico, esta mañana. Volví a preguntarle si era necesario que persiguieran al conde, debido a que temía que Jonathan me dejara sola y sabía que se iría también si los demás lo hacían. Me habló al principio con calma y cada vez de manera más apasionada. Sin embargo, conforme continuaba hablando, se airaba más cada vez, hasta que al final vimos que le quedaba al menos aún parte de aquel dominio de sí mismo que lo hacía maestro entre los hombres. -Sí, es necesario... ¡Necesario! ¡Necesario! Por su bien en primer lugar, y por el bien de toda la humanidad. Ese monstruo ha hecho ya demasiado daño, en el estrecho espacio en que se encuentra y en el corto tiempo que ha transcurrido desde que era sólo un cuerpo que estaba buscando su medida en la oscuridad y en la ignorancia. Todo eso se lo he explicado ya a los demás; usted, mi querida señora Mina, lo escuchará en el fonógrafo de mi amigo John o en el de su esposo. Les he explicado como el hecho de salir de su tierra árida..., árida en habitantes..., para venir a este país en el que las personas habitan como los granos de maíz en una plantación, había sido un trabajo de siglos. Si algún otro muerto vivo tratara de hacer lo mismo que él, necesitaría para ello todos los siglos del planeta y todavía no tendría bastante. En el caso del vampiro que nos ocupa, todas las fuerzas ocultas de la naturaleza, profundas y poderosas, deben haberse unido de alguna forma monstruosa. El lugar mismo en que permaneció como muerto vivo durante todos esos siglos, está lleno de rarezas del mundo geológico y químico. Hay fisuras y profundas cavernas que nadie sabe hasta dónde llegan. Hay también volcanes, algunos de los cuales expulsan todavía aguas de propiedades extrañas, y gases que matan o vivifican. Indudablemente, hay algo magnético o eléctrico en algunas de esas combinaciones de fuerzas ocultas, que obran de manera extraña sobre la vida física, y que en sí mismas fueron desde el principio grandes cualidades. En tiempos duros y de guerras, fue celebrado como el hombre de nervios mejor templados, de inteligencia más despierta, y de mejor corazón. En él, algún principio vital extraño encontró su máxima expresión, y mientras su cuerpo se fortalecía, se desarrollaba y luchaba, su mente también crecía. Todo esto, con la ayuda diabólica con que cuenta seguramente, puesto que todo ello debe atribuirse a los poderes que proceden del bien y que son simbólicos en él. Y ahora, he aquí lo que representa para nosotros: la ha infectado a usted; perdóneme que le diga eso, señora, pero lo hago por su bien. La contaminó de una forma tan inteligente, que incluso en el caso de que no vuelva a hacerlo, solamente podría usted vivir a su modo antiguo y dulce, y así, con el tiempo, la muerte, que es común a todos los hombres y está sancionada por el mismo Dios, la convertirá a usted en una mujer semejante a él. ¡Eso no debe suceder! Hemos jurado juntos que no lo permitiremos. Así, somos ministros de la voluntad misma de Dios: que el mundo y los hombres por los que murió Su Hijo, no sean entregados a monstruos cuya existencia misma es una blasfemia contra Él. Ya nos ha permitido redimir un alma, y estamos dispuestos, como los antiguos caballeros de las Cruzadas, a redimir muchas más. Como ellos, debemos ir hacia el Oriente, y como ellos, si debemos caer, lo haremos por una buena causa. Guardó silencio un momento y luego dije: -Pero, ¿no aceptará sabiamente el conde su derrota? Puesto que ha sido expulsado de Inglaterra, ¿no evitará este país, como evita un tigre el poblado del que ha sido rechazado? -¡Ajá! Su imagen sobre el tigre es muy buena y voy a adoptarla. Su devorador de hombres, como llaman los habitantes de la India a los tigres que han probado la sangre humana, se desentienden de todas las otras presas, y acechan al hombre hasta que pueden atacarlo. El monstruo que hemos expulsado de nuestro poblado es un tigre, un devorador de hombres, que nunca dejará de acechar a sus presas. No, por naturaleza; no es alguien que se retire y permanezca alejado. Durante su vida, su vida verdadera, atravesó la frontera turca y atacó a sus enemigos en su propio terreno; fue rechazado, pero, ¿se conformó? ¡No! Volvió una y otra vez. Observe su constancia y su resistencia. En su cerebro infantil había concebido ya desde hace mucho tiempo la idea de ir a una gran ciudad. ¿Qué hizo? Encontró el lugar más prometedor para él de todo el mundo. Entonces, de manera deliberada, se preparó para la tarea. Descubrió pacientemente cuál es su fuerza y cuáles son sus poderes. Estudió otras lenguas. Aprendió la nueva vida social; ambientes nuevos de regiones antiguas, la política, la legislación, las finanzas, las ciencias, las costumbres de una nueva tierra y nuevos individuos, que habían llegado a existir desde que él vivía. La mirada que pudo echar a ese mundo no hizo sino aumentar su apetito y agudizar su deseo. Eso lo ayudó a desarrollarse, al mismo tiempo que su cerebro, puesto que pudo comprobar cuán acertado había estado en sus suposiciones. Lo había hecho solo, absolutamente solo, saliendo de una tumba en ruinas, situada en una tierra olvidada. ¿Qué no podrá hacer cuando el ancho mundo del pensamiento le sea abierto? Él, que puede reírse de la muerte, como lo hemos visto, que puede fortalecerse en medio de epidemias y plagas que matan a todos los individuos a su alrededor... ¡Oh! Si tal ser procediera de Dios y no del Diablo, ¡qué fuerza del bien podría ser en un mundo como el nuestro! Pero tenemos que librar de él al mundo. Nuestro trabajo debe llevarse a cabo en silencio, y todos nuestros esfuerzos deben llevarse a cabo en secreto. Puesto que en esta época iluminada, cuando los hombres no creen ni siquiera en lo que ven, las dudas de los hombres sabios pueden constituir su mayor fuerza. Serán al mismo tiempo su protección y su escudo, y sus armas para destruirnos, a nosotros que somos sus enemigos, que estamos dispuestos a poner en peligro incluso nuestras propias almas para salvar a la que amamos... por el bien de la humanidad y por el honor y la gloria de Dios. Después de una discusión general, se llegó a estar de acuerdo en que no debíamos hacer nada esa noche; que deberíamos dormir y pensar en las conclusiones apropiadas. Mañana, a la hora del desayuno, debemos volver a reunirnos, y después de comunicar a los demás nuestras conclusiones, debemos decidirnos por alguna acción determinada... Siento una maravillosa paz y descanso esta noche. Es como si una presencia espectral fuera retirada de mí. Quizá... Mi suposición no fue concluida, ya que vi en el espejo la roja cicatriz que tengo en la frente, y comprendí que todavía estoy estigmatizada. Del diario del doctor Seward 5 de octubre. Todos nos levantamos temprano, y creo que haber dormido nos hizo mucho bien a todos. Cuando nos reunimos para el desayuno, reinaba entre nosotros una animación como no habíamos esperado nunca volver a tener. Es maravilloso ver qué elasticidad hay en la naturaleza humana. Basta que una causa de obstrucción, sea cual sea, sea retirada de cualquier forma, incluso por medio de la muerte, para que volvamos a sentir la misma esperanza y alegría de antes. Más de una vez, mientras permanecimos en torno a la mesa, me pregunté si los horrores de los días precedentes no habían sido solamente un sueño. Fue solamente cuando vi la cicatriz que tenía la señora Harker en la frente cuando volví a la realidad. Incluso ahora, cuando estoy resolviendo el asunto gravemente, es casi imposible comprender que la causa de todos nuestros problemas existe todavía. Incluso la señora Harker parece olvidarse de su situación durante largos ratos; solo de vez en cuando, cuando algo se lo recuerda, se pone a pensar en la terrible marca que lleva en la frente. Debemos reunirnos aquí, en mi estudio, dentro de media hora, para decidir qué vamos a hacer. Solamente veo una dificultad inmediata; la veo más por instinto que por raciocinio: tendremos que hablar todos francamente y, sin embargo, temo que, de alguna manera misteriosa, la lengua de la pobre señora Harker esté sujeta. Sé que llega a conclusiones que le son propias, y por cuanto ha sucedido, puedo imaginarme cuán brillantes y verdaderas deben ser; pero no desea o no puede expresarlas. Le he mencionado eso a van Helsing y él y yo deberemos conversar sobre ese tema cuando estemos solos. Supongo que parte de ese horrible veneno que le ha sido introducido en las venas comienza a trabajar. El conde tenía sus propios propósitos cuando le dio lo que van Helsing llama "el bautismo de sangre del vampiro". Bueno, puede haber un veneno que se destila de las cosas buenas; ¡en una época en la que la existencia de tomaínas es un misterio, no debemos sorprendernos de nada! Algo es seguro: que si mi instinto no me engaña respecto a los silencios de la pobre señora Harker, existirá una terrible dificultad, un peligro desconocido, en el trabajo que nos espera. El mismo poder que la hace guardar silencio puede hacerla hablar. No puedo continuar pensando en ello, porque, de hacerlo, deshonraría con el pensamiento a una mujer noble. Más tarde. Cuando llegó el profesor, discutimos sobre la situación. Comprendía que tenía alguna idea, que quería exponérnosla, pero tenía cierto temor de entrar de lleno en el tema. Después de muchos rodeos, dijo repentinamente: -Amigo John, hay algo que usted y yo debemos discutir solos, en todo caso, al principio. Más tarde, tendremos que confiar en todos los demás. Hizo una pausa. Yo esperé, y el profesor continuó al cabo de un momento: -La señora Mina, nuestra pobre señora Mina, está cambiando. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, al ver que mis suposiciones eran confirmadas de ese modo. Van Helsing continuó: -Con la triste experiencia de la señorita Lucy, debemos estar prevenidos esta vez, antes de que las cosas vayan demasiado lejos. Nuestra tarea es, ahora, en realidad, más difícil que nunca, y este problema hace que cada hora que pasa sea de la mayor importancia. Veo las características del vampiro aparecer en su rostro. Es todavía algo muy ligero, pero puede verse si se le observa sin prejuicios. Sus dientes son un poco más agudos y, a veces, sus ojos son más duros. Pero eso no es todo; guarda frecuentemente silencio, como lo hacía la señorita Lucy. No habla, aun cuando escribe lo que quiere que se sepa más adelante. Ahora, mi temor es el siguiente: puesto que ella pudo, por el trance hipnótico que provocamos en ella, decir qué veía y oía el conde, no es menos cierto que él, que la hipnotizó antes, que bebió su sangre y le hizo beber de la suya propia, puede, si lo desea, hacer que la mente de la señora Mina le revele lo que conoce. ¿No parece justa esa suposición? Asentí, y el maestro siguió diciendo: -Entonces, lo que debemos hacer es evitar eso; debemos mantenerla en la ignorancia de nuestro intento, para que no pueda revelar en absoluto lo que no conoce. ¡Es algo muy doloroso! Tan doloroso, que me duele enormemente tener que hacerlo, pero es necesario. Cuando nos reunamos hoy, voy a decirle que, por razones de las que no deseamos hablar, no podrá volver a asistir a nuestros consejos, pero que nosotros continuaremos custodiándola. Se enjugó la frente, de la que le había brotado bastante sudor, al pensar en el dolor que podría causar a aquella pobre mujer que ya estaba siendo tan torturada. Sabía que le serviría de cierto consuelo el que yo le dijera que, por mi parte, había llegado exactamente a la misma conclusión, puesto que, por lo menos, le evitaría tener dudas. Se lo dije, y el efecto fue el que yo esperaba. Falta ya poco para que llegue el momento de nuestra reunión general. Van Helsing ha ido a prepararse para la citada reunión y la dolorosa parte que va a tener que desempeñar en ella. Realmente creo que lo que desea es poder orar a solas. Más tarde. En el momento mismo en que daba comienzo la reunión, tanto van Helsing como yo experimentamos un gran alivio. La señora Harker envió un mensaje, por mediación de su esposo, diciendo que no iba a reunirse con nosotros entonces, puesto que estaba convencida de que era mejor que nos sintiéramos libres para discutir sobre nuestros movimientos, sin la molestia de su presencia. El profesor y yo nos miramos uno al otro durante un breve instante y, en cierto modo, ambos nos sentimos aliviados. Por mi parte, pensaba que si la señora Harker se daba cuenta ella misma del peligro, habíamos evitado así un grave peligro y, sin duda, también un gran dolor. Bajo las circunstancias, estuvimos de acuerdo, por medio de una pregunta y una respuesta, con un dedo en los labios, para guardarnos nuestras sospechas, hasta que estuviéramos nuevamente en condiciones de conversar a solas. Pasamos inmediatamente a nuestro plan de campaña. Van Helsing nos explicó de manera resumida los hechos: -El Czarina Catherine abandonó el Támesis ayer por la mañana. Necesitará por lo menos, aunque vaya a la máxima velocidad que puede desarrollar, tres semanas para llegar a Varna, pero nosotros podemos ir por tierra al mismo lugar en tres días. Ahora bien, si concedemos dos días menos de viaje al barco, debido a la influencia que tiene sobre el clima el conde y que nosotros conocemos, y si concedemos un día y una noche como margen de seguridad para cualquier circunstancia que pueda retrasarnos, entonces, nos queda todavía un margen de casi dos semanas. Por consiguiente, con el fin de estar completamente seguros, debemos salir de aquí el día diecisiete, como fecha límite. Luego, llegaremos a Varna por lo menos un día antes de la llegada del Czarina Catherine, en condiciones de hacer todos los preparativos que juzguemos necesarios. Por supuesto, debemos ir todos armados... Armados contra todos los peligros, tanto espirituales como físicos. En eso, Quincey Morris añadió: -Creo haber oído decir que el conde procede de un país de lobos, y es posible que llegue allí antes que nosotros. Por consiguiente, aconsejo que llevemos Winchesters con nosotros. Tengo plena confianza en los rifles Winchester cuando se presenta un peligro de ese tipo. ¿Recuerda usted, Art, cuando nos seguía la jauría en Tobolsk? ¡Qué no hubiéramos dado entonces por poseer un fusil de repetición! -¡Bien! -dijo van Helsing-. Los Winchesters son muy convenientes. Quincey piensa frecuentemente con mucho acierto, pero, sobre todo, cuando se trata de cazar. Las metáforas son más deshonrosas para la ciencia que los lobos peligrosos para el hombre. Mientras tanto, no podemos hacer aquí nada en absoluto, y como creo que ninguno de nosotros está familiarizado con Varna, ¿por qué no vamos allá antes? Resultará tan largo el esperar aquí como el hacerlo allá. Podemos prepararnos entre hoy y mañana, y entonces, si todo va bien, podremos ponemos en camino nosotros cuatro. -¿Los cuatro? -dijo Harker, interrogativamente, mirándonos a todos, de uno en uno. -¡Naturalmente! -dijo el profesor con rapidez-. ¡Usted debe quedarse para cuidar a su dulce esposa! Harker guardó silencio un momento, y luego dijo, con voz hueca: -Será mejor que hablemos de esto mañana. Voy a consultar con Mina al respecto. Pensé que ése era el momento oportuno para que van Helsing le advirtiera que no debería revelar a su esposa cuáles eran nuestros planes, pero no se dio por aludido. Lo miré significativamente y tosí. A modo de respuesta, se puso un dedo en los labios y se volvió hacia otro lado. Del diario de Jonathan Harker Octubre, por la tarde. Durante un buen rato, después de nuestra reunión de esta mañana, no pude reflexionar. Las nuevas fases de los asuntos me dejaron la mente en un estado tal, que me era imposible pensar con claridad. La determinación de Mina de no tomar parte activa en la discusión me tenía preocupado y, como no me era posible discutir de eso con ella, solamente podía tratar de adivinar. Todavía estoy tan lejos como al principio de haber hallado la solución a esa incógnita. Asimismo, el modo en que los demás recibieron esa determinación, me asombró; la última vez que hablamos de todo ello, acordamos que ya no deberíamos ocultarnos nada en absoluto unos a otros. Mina está dormida ahora, calmada y tranquila como una niñita. Sus labios están entreabiertos y su rostro sonríe de felicidad. ¡Gracias a Dios, incluso ella puede gozar aún de momentos similares! Más tarde. ¡Qué extraño es todo! Estuve observando el rostro de Mina, que reflejaba tanta felicidad, y estuve tan cerca de sentirme yo mismo feliz un momento, como nunca hubiera creído que fuera posible otra vez. Conforme avanzó la tarde y la tierra comenzó a cubrirse de sombras proyectadas por los objetos a los que iluminaba la luz del sol que comenzaba a estar cada vez más bajo, el silencio de la habitación comenzó a parecerme cada vez más solemne. De repente, Mina abrió los ojos y, mirándome con ternura, me dijo: -Jonathan, deseo que me prometas algo, dándome tu palabra de honor. Será una promesa que me harás a mí, pero de manera sagrada, teniendo a Dios como testigo, y que no deberás romper, aunque me arrodille ante ti y te implore con lágrimas en los ojos. Rápido; debes hacerme esa promesa inmediatamente. -Mina -le dije-, no puedo hacerte una promesa de ese tipo inmediatamente. Es posible que no tenga derecho a hacértela. -Pero, querido -dijo con una tal intensidad espiritual que sus ojos refulgían como si fueran dos estrellas polares-, soy yo quien lo desea, y no por mí misma. Puedes preguntarle al doctor van Helsing si no tengo razón; si no está de acuerdo, podrás hacer lo que mejor te parezca. Además, si están todos de acuerdo, quedarás absuelto de tu promesa. -¡Te lo prometo! -le dije; durante un momento, pareció sentirse extraordinariamente feliz, aunque en mi opinión, toda felicidad le estaba vedada, a causa de la cicatriz que tenía en la frente. -Prométeme que no me dirás nada sobre los planes que hagan para su campaña en contra del conde -me dijo-. Ni de palabra, ni por medio de inferencias ni implicaciones, en tanto conserve esto. Y señaló solemnemente la cicatriz de su frente. Vi que estaba hablando en serio y le dije solemnemente también: -¡Te lo prometo! Y en cuanto pronuncié esas palabras comprendí que acababa de cerrarse una puerta entre nosotros. Más tarde, a la medianoche. Mina se ha mostrado alegre y animada durante toda la tarde. Tanto, que todos los demás parecieron animarse a su vez, como dejándose contagiar por su alegría; como consecuencia de ello, yo también me sentí como si el peso tremendo que pesa sobre todos nosotros se hubiera aligerado un poco. Todos nos retiramos temprano a nuestras habitaciones. Mina está durmiendo ahora como un bebé; es maravilloso que le quede todavía la facultad de dormir, en medio de su terrible problema. Doy gracias a Dios por ello, ya que, de ese modo, al menos podrá olvidarse ella de su dolor. Es posible que su ejemplo me afecte, como lo hizo su alegría de esta tarde. Voy a intentarlo. ¡Qué sea un sueño sin pesadillas!

6 de octubre, por la mañana. Otra sorpresa. Mina me despertó temprano, casi a la misma hora que el día anterior, y me pidió que le llevara al doctor van Helsing. Pensé que se trataba de otra ocasión para el hipnotismo y, sin vacilaciones, fui en busca del profesor. Evidentemente, había estado esperando una llamada semejante, ya que lo encontré en su habitación completamente vestido. Tenía la puerta entreabierta, como para poder oír el ruido producido por la puerta de nuestra habitación al abrirse. Me acompañó inmediatamente; al entrar en la habitación, le preguntó a Mina si deseaba que los demás estuvieran también presentes. -No -dijo con toda simplicidad-; no será necesario. Puede usted decírselo más tarde. Deseo ir con ustedes en su viaje. El doctor van Helsing estaba tan asombrado como yo mismo. Al cabo de un momento de silencio, preguntó: -Pero, ¿por qué? -Deben llevarme con ustedes. Yo estoy más segura con ustedes, y ustedes mismos estarán también más seguros conmigo. -Pero, ¿por qué, querida señora Mina? Ya sabe usted que su seguridad es el primero y el más importante de nuestros deberes. Vamos a acercarnos a un peligro, al que usted está o puede estar más expuesta que ninguno de nosotros, por las circunstancias y las cosas que han sucedido. Hizo una pausa, sintiéndose confuso. Al replicar, Mina levantó una mano y señaló hacia su frente. -Ya lo sé. Por eso que debo ir. Puedo decírselo a ustedes ahora, cuando el sol va a salir; es posible que no pueda hacerlo más tarde. Sé que cuando el conde me quiera a su lado, tendré que ir. Sé que si me dice que vaya en secreto, tendré que ser astuta y no me detendrá ningún obstáculo... Ni siquiera Jonathan. Dios vio la mirada que me dirigió al tiempo que hablaba, y si había allí presente uno de los ángeles escribanos, esa mirada ha debido quedar anotada para honor eterno de ella. Lo único que pude hacer fue tomarla de la mano, sin poder hablar; mi emoción era demasiado grande para que pudiera recibir el consuelo de las lágrimas. Continuó hablando: -Ustedes, los hombres, son valerosos y fuertes. Son fuertes reunidos, puesto que pueden desafiar juntos lo que destrozaría la tolerancia humana de alguien que tuviera que guardarse solo. Además, puedo serles útil, puesto que puede usted hipnotizarme y hacer que le diga lo que ni siquiera yo sé. El profesor hizo una pausa antes de responder. -Señora Mina, es usted, como siempre, muy sabia. Debe usted acompañarnos, y haremos juntos lo que sea necesario que hagamos. El largo silencio que guardó Mina me hizo mirarla. Había caído de espaldas sobre las almohadas, dormida; ni siquiera despertó cuando levanté las persianas de la ventana y dejé que la luz del sol iluminara plenamente la habitación. Van Helsing me hizo seña de que lo acompañara en silencio. Fuimos a su habitación y, al cabo de un minuto, lord Godalming, el doctor Seward y el señor Morris estuvieron también a nuestro lado. Les explicó lo que le había dicho Mina y continuó hablando: -Por la mañana, debemos salir hacia Varna. Debemos contar ahora con un nuevo factor: la señora Mina. Pero su alma es pura. Es para ella una verdadera agonía decirnos lo que nos ha dicho, pero es muy acertado, y así estaremos advertidos a tiempo. No debemos desaprovechar ninguna oportunidad y, en Varna, debemos estar dispuestos a actuar en el momento en que llegue ese barco. -¿Qué deberemos hacer exactamente? -preguntó el señor Morris, con su habitual laconismo. El profesor hizo una pausa, antes de responder. -Primeramente, debemos tomar ese navío; luego, cuando hayamos identificado la caja, debemos colocar una rama de rosal silvestre sobre ella. Deberemos sujetarla, ya que cuando la rama está sobre la caja, nadie puede salir de ella. Al menos así lo dice la superstición. Y la superstición debe merecemos confianza en principio; era la fe del hombre en la antigüedad, y tiene todavía sus raíces en la fe. Luego, cuando tengamos la oportunidad que estamos buscando... Cuando no haya nadie cerca para vernos, abriremos la caja y..., y todo habrá concluido. -No pienso esperar a que se presente ninguna oportunidad -dijo Morris-. En cuanto vea la caja, la abriré y destruiré al monstruo, aunque haya mil hombres observándome, y aunque me linchen un momento después. Agarré su mano instintivamente y descubrí que estaba tan firme como un pedazo de acero. Pienso que comprendió mi mirada; espero que la entendiera. -¡Magnífico! -dijo el profesor van Helsing-. ¡Magnífico! ¡Nuestro amigo Quincey es un hombre verdadero! ¡Que Dios lo bendiga por ello! Amigo mío, ninguno de nosotros se quedará atrás ni será detenido por ningún temor. Estoy diciendo solamente lo que podremos hacer... Lo que debemos hacer. Pero en realidad ninguno de nosotros puede decir qué hará. Hay muchas cosas que pueden suceder, y sus métodos y fines son tan diversos que, hasta que llegue el momento preciso, no podremos decirlo. De todos modos, deberemos estar armados, y cuando llegue el momento final, nuestro esfuerzo no debe resultar vano. Ahora, dediquemos el día de hoy a poner todas nuestras cosas en orden. Dejemos preparadas todas las cosas relativas a otras personas que nos son queridas o que dependen de nosotros, puesto que ninguno de nosotros puede decir qué, cuándo ni cómo puede ser el fin. En cuanto a mí, todos mis asuntos están en orden y, como no tengo nada más que hacer, voy a preparar ciertas cosas y a tomar ciertas disposiciones para el viaje. Voy a conseguir todos nuestros billetes, etcétera. No había nada más de qué hablar, y nos separamos. Ahora debo poner en orden todos mis asuntos sobre la tierra y estar preparado para cualquier cosa que pueda suceder... Más tarde. Ya está todo arreglado. He hecho mi testamento y todo está completo. Mina, si sobrevive, es mi única heredera. De no ser así, entonces, nuestros amigos, que tan buenos han sido con nosotros, serán mis herederos. Se acerca el momento de la puesta del sol; el desasosiego de Mina me hace darme cuenta de ello. Estoy seguro de que existe algo en su mente que despierta en el momento de la puesta del sol. Esos momentos están llegando a ser muy desagradables para todos nosotros, puesto que cada vez que el sol se pone o sale, representa la posibilidad de un nuevo peligro..., de algún nuevo dolor que, sin embargo, puede ser un medio del Señor para un buen fin. Escribo todas estas cosas en mi diario, debido a que mi adorada esposa no debe tener conocimiento de ellas por ahora, pero si es posible que las pueda leer más tarde, estará preparado para que pueda hacerlo. Me está llamando en este momento.

La Columnita del Odio: El harte

¿Qué es arte? El arte es la expresividad, el arte es aquello que nos despierta emociones y sentimientos, verdad?

El arte usualmente expresa ideas o emociones a través de recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.( sacado de la wikipedia)

Asco, repugnancia, pena, compasión, ira, pene, furia, ansia, miedo, rabia,

¿Esto no son emociones y sentimientos? Bueno, vale, pene no.¡ Pero todo lo demás si! Por esa regla de tres, ¡Los quillos son arte! O harte, según quien lo diga.

Son arte y hacen harte. Pero, sobretodo, hacen hartarte (de ellos, claro). Son puro asco y producen asco. Tal cual un vómito.

miércoles, 23 de abril de 2008

La Columna del Odio: Soy el conducto bilial de Jack

Quizá el título mejor escogido de mi vida. Y ni siquiera es mío.
Todo empezó del simple hecho de que odio la educación física. La aborrezco. Y, además, no me sienta bien.
Y hoy he hecho educación física. He corrido hasta que mis piernas pedían un respiro y mi corazón no podía bombear más sangre oxigenada. He corrido hasta que mi garganta me ha dolido a más no poder. Y, después, he seguido corriendo.
Cuando se tiene un palo en las manos, es difícil dejar de usarlo. Aunque sea en hockey.
Nada más comenzar el partido me doy cuenta de que mi misión no es otra que molestar. Me tiro contra cualquier ser que sea del equipo contrario sin importar que éste tenga o no la pelota. En una emulación del mito de Cuchulainn me lanzo contra la pelota, con más electricidad estática que mi profesora de Física y Química, y haciendo entrar pánico en mis compañeros.
Finalmente me echo en un banco para descansar, pues estoy realmente hecho povlo. Estoy tan hecho polvo como el cerebro de mi tío (polvo blanco, por supuesto), y sólo llevar la maleta para cambiarme ya me supone un gran esfuerzo.
Me cambio en los baños, ante el pestilente hedor de algún cigarrillo que alguien debe haberse fumado allí, contaminando el ambiente y sus pulmones con algo más perjudicial que la ESO.
Salgo y me siento en la escalera a la espera de que se me pase un poco el mareo. Varias personas se paran a preguntarme si me había ocurrido algo malo.
Les contesto que estoy cansado, y me contestan que menos mal. En este momento la bilis ya pugna por salir de mi interior, y manchar alguna de sus caras. Sin embargo prefiero callarme y quedarme quieto, señalando que sus amigos se iban.
Sigo sentado hasta que creo que ya no puedo más y, aprovechando que unas amigas se van, las acompaño un trecho. Nos separamos poco después.
Camino, con el aire dándome en la cara sudada, y me apoyo en un árbol. Unos killos han pasado a mi lado, y ya no puedo soportar más esta ofensa de la naturaleza. Todo este sufrimiento por un positivo.
Devuelvo. Devuelvo de la forma más asquerosa que he sentido en mi vida, usando ambos conductos, nariz y boca, para expulsar mi bilis y lo que antes fue un zumo de melocotón.
Escribo estas líneas mientras me saco un trozo de aceituna de la nariz, para que veáis el impcato que me causó.
En ese momento pienso que quizá debiera haber encontrado una forma más creativa para dar salida a mi odio, pero no se me ocurrió nada más expresivo.
Ver a una persona vomitar en la calle no es divertido, y luego saqué un kleenex para sonarme la nariz.
Me incorporo, renovado, y paso cerca de un amigo al que digo que he vomitado, cosa que sin duda le interesaba mucho, y le señalo el árbol que ha tenido el gran honor de convertirse en la papelera del conducto bilial de Jack.

Escribo esta columna del odio, que para mí es especial, pues es la columna del odio número 50, y la entrada número 200 de mi humilde blog.
Así que a todos los enfermos mentales que nos leen y/o participan en esto, un abrazo y saludos.

Shallom alleykhem!!!

(mira que... que yo tenga de dar la paz...)

sábado, 19 de abril de 2008

La Columna del Odio: ¿A cuál de tus amigos dispararías primero?

Supongo que la respuesta está bastante claro, mataría al primer idiota que actualice y/o ponga referencias de o sobre compañeros suyos, que posiblemente son lo suficiéntemente estúpidos para devolvérsela con un 'AMIGO DEL ALMAAAA' y demás cabronadas al estilo de David Copperfield.
Por Dios, parecería mi tío.
Soy consciente de que se ha atentado contra mi persona, reciéntemente, y en mi casa (mientras suplía la falta de descanso adormecido y escuchado a Mozart), y no responderé con una actualización dedicada a él. Ese no es mi estilo.
Por lo que a mí respecta no necesito ir diciendo al mundo lo que siento por tal o cual partícula de carbono, convirtiendo mi blog o mi nik en un jodido noticiario.
Eso es, para los que pensamos así (la verdad es que creo que soy el único fotolog que conozco que no le ha dedicado ninguna jodida actualización a ninguna persona. Porque eso es algo que me pone enfermo) algo estúpido.
No necesito abrirme al mundo diciendo que soy amigo de tal o cual persona por que es inútil. Es inútil tratar de plasmar sentimientos en un lugar así. El mundo entero se empeña en rebajarlos hasta convertirlos en bazofia para cerdos.
Y que así sea, qué demonios. No es que sea partidario de reducir los sentimientos a bazofia comestible, pero reducir y ridiculizar los sentimientos de alguien que los plasma en estos lares es completamente plausible.
Ha recibido comentarios de todo tipo (la gran mayoría pidiendo su cabeza o la mía por atentar contra la vista de la gente), y creo que está justificado. no tanto porque el modelo no sea hermoso ni la foto adecuada, sino porque creo que la gente ya se da cuenta de cosas así.

miércoles, 16 de abril de 2008

El Centurión no tiene quien le escriba, parte dos: Beati Hispani quibut bibere vivere est (243-233 a.C.)

"La primera invadida, la última conquistada"
(Anónimo)

No se había recuperado del todo Vibio, ni secado su mortífera espada de la sangre de los enemigos galos, cuando Amulio Julio embarcó en una flota en Mallorca, para atacar Hispania.

Vibio salió de Numancia con parte de los veteranos de la Galia, y se adentró en Lusitania.

Mientras, el Senado Romano escogía de recaderos a todos los miembros de la familia que aún no habían huido de Italia se vieron obligados a comprarle el Iovis a los Senadores. Más tarde también serían obligados a secuestrar la revista, por publicar unas caricaturas del Cónsul Claudio tirándose a Hortensia, su mujer.

No se habían parado aún las rotativas de El Iovis (al ser pergamino tardaban más), cuando Amulio desembarcó en la costa oriental de la Península, y subió al norte, hacia Osca, al mismo tiempo que Vibio cercaba Scallabis.

Amulio cercó Osca al mismo tiempo que Vibio tomaba Scallabis. La conquista marchaba bien, y los Hispanos no daban más problemas que una tortuga sin caparazón. El ejército salió de la ciudad recién conquistada para encaminarse hacia Asturica, el lugar donde los Hispanos se habían concentrado más, desprotegiendo el resto de la Península. Pues en Asturica había buenas manzanas y, por consiguiente, buena sidra. Y tal como rezaba un famoso chiste de la época (que había publicado El Iovis): Beati Hispani quibut bibere vivere est (Felices Hispanos, para los que beber es vivir).

Mientras Osca caía, y Vibio avanzaba hacia el norte por unas carreteras pésimas (pues habéis de saber que por aquel entonces los hispanos ya tenían el ánimo perturbado, y no cuidaban más de sus carreteras que de sus vacas), Numancia traicionó a Roma, tras pagársele con 10.000 cabras, 200 toros bravos, 1500 denarios y un dentista, y se unió a los Hispanos.

Este hecho enfadó mucho a Vibio, quien cogió de mercenarios una compañía de lecheros centrales asturianos que luchaba por acabar con las costumbres de no beber nada que no contuviese alcohol (la compañía Central Lechera incluso había puesto un anuncio en el Iovis, que coincidió con el secuestro de la revista) y, armados con catapultas que leanzaban vacas, se adentraron en las montañas. Mientras, Amulio y sus tropas bajaban para enfrentarse a Cartago Nova.

Finalmente, poco después de 240, casi toda Hispania pertenecía a Roma. Sólo quedaban el enclave traidor, Numancia, y Corduba, que era el último reducto cartaginés.

Vibio se encaminó hacia Numancia y, en pleno sitio, verano de 236, el peso de los años y las múltiples heridas en las batallas, lo venció. Amulio fue nombreado entonces líder de la facción, y tomó Numancia.

En 233, con el ejército de Amulio Julio sitiando Hispania, y el Iovis circulando de nuevo entre los senadores (que vieron un chiste no muy agradable de un humorista dacio, cosa que les llevó a mandar a nuestro generales en Italia a perseguirlo por toda Dacia, pero eso es otra historia, y será contada en otra ocasión) se celebraron los primeros juegos en honor de la memoria de Vibo y, en invierno de ese año, tras conquistar Corduba y, con ella, toda Hispania, Amulio recibió el título de El Vencedor.

lunes, 14 de abril de 2008

Joe Hisaishi

Dejaré el link de unas cuantas obras de este gran compositor japonés, de una escuela más bien occidentalizada.


Summer


Princess Mononoke


Howl Moving Castle


One Summer's Day

domingo, 13 de abril de 2008

La Columna del Odio: Vienes aquí, el día del bautizo de mi nieto...

"No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con
que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando".
(Terry Pratchett)
"...Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo
puede ser visto por un puñado de politoxicómanos insomnes."
(Antonio Gasset)
Son casi la una de la madrugada y hablo lo más parecido a un Neardental que segúramente encontraré en mi vida, ya que mis compañeros de clase han pasado a ser seres pendientes de clasificación, al menos hasta que a algún científico se le ocurra alguna manera de expresar idiota cúltamente. Es un amigo con un nivel de testosterona similar al de un mandril (no es por decir, se lo dijo un médico). Me habla sobre las putadas que le hace su familia, y me preguta que si estoy seguro de querer saberlas.
No tengo nada mejor que hacer.
Así que me mantengo en vela mientras el recuerdo de los hechos sufridos hoy y me hablan de la insulina de su abuelo. Hace poco menos de una semana me avisaron de que hoy debía acudir al bautizo de un ser, de una pequeña defecación de mono, que ni conocía entonces, ni conozco ahora. Ya que al primo de mi madre, seguramente aburrido de ir por la calle fardando con su Mercedes, se le ocurrió la brillante idea de tener un hijo y, tras mucho pensar, decidió ponerle el nombre del abuelo, es decir, Pablo.
Así que evitar ir a esta reunión anti natural era como evitar perder la cabeza cuando una hoja de acero de 20 kilos atraviesa el amasijo de sangre, hueso y músculos que antaño te enorgulleciste en llamar cuello, separando la cabeza del cuerpo sin tener en cuenta los sentimientos de nadie. Montar una guillotina en medio de la capilla hubiese sido un justo honor a esa gente.
Putos burgueses.
A las 16:30 salimos de mi casa, yo visto una camisa blanca y una corbata que me ahoga, con una cazadora de cuero que considero grande, y nos dirigimos hacia la parada de autobuses, no sin antes pararnos en un supermercado a comprar compresas.
La chica me mira de manera extraña y, tras explicarle todo lo buenamente que podía que no eran para mí, a pesar de que ella insistía en que no necesitaba explicaciones, decido sacar a mi madre en escena. por desgracia, como se había cortado el pelo reciéntemente eso no hizo más que empeorar las cosas, y acabé ofreciéndole a mi madre 20 euros si en medio del bautizo gritaba que su líquido menstrual era la sangre de Cristo.
(¿Cuál es la diferencia entre el líquido menstrual y la arena?
Que con la arena no se pueden hacer gárgaras)
Caminamos hacia la estación, donde juegan con nuestros sentimientos haciéndonos creer que nadie ha venido. Finalmente aparecen mi primo, con vaqueros y cazadora de cuero, y mi tía, finalmente seguidos por Lino (todo un personaje) y la abuela, que va vestida como un patriarca gitano.
Subimos al autobús y nos encaminamos hacia Snobville. La conversación con mi primo gira en torno a su resaca y a lo mucho que sale últimamente.
Llegamos a Snobville y, tras pararnos en un bar donde tenían contratado a un enterrador que hacía oras extras como camarero (o a un matón de la mafia rusa) llegamos a la pequeña capilla junto al mar, rodeada de Mercedes, gente trajeada y un monton de skaters británicos demostrando lo mucho que iban contra el sistema haciendo el gilipollas con sus Converse y sus gilipolleces.
Entramos a la capilla tras saludar a una turba de gente que sonríe tanto como Al Pacino en Scarface. nos sentamos delante de un grupo de pijos que se ríen en la misa mientras los feligreses cantan. En su favor diré que lo único que me impidió hacerlo a mí también fue la educación que todavía me resta intacta.
En cuanto se nos presenta la oportunidad escapamos, no sin antes encontrarnos a mi profesor de inglés de primero de ESO, con quien mantengo una breve conversación en inglés sobre no sé qué del Madina Mayurqa, los bautizos, las capillas junto al mar y su acompañante inglesa, que me despide con un bye bye.
Ya fuera, nos damos cuenta de que dentro la fiesta sigue, y nos perdemos otra media hora de levantarse y sentarse, equivocarnos al santiguarnnos y soportar al lector de la misa, que hacía que la Biblia pasase de narcótico a digna de Tolkien en menos de lo que se tarda en accionar el mecanismo de una guillotina.
Vamos al convite, que es, seguramente, la única parte sacra de la celebración. Llegamos a un hotel que parece sacado de El Padrino. Nos dan de comer bastante bien, y Lio me obliga a acabarme el vaso de Champagne, que por poco escupo encima del pequeño Pablo para bautizarlo como es debido.
Salimos por la puerta triunfalmente para buscar un autobús de chófer gangoso, que nos lleve hacia Palma...
Finalmente noes un autobús, es un autocar. Pero en cuanto a lo del chófer dimos con una verdadera mina...

viernes, 11 de abril de 2008

El Centurión no tiene quien le escriba, parte I: De Bello Gallico (271-243 a.C.)

"Grita '¡Devastación!', y suelta a los perros de la guerra"
(William Shakespeare, Julio César, III, I)

"La Galia está dividida en tres partes: una que habitan los belgas, otra los aquitanos, la tercera los que en su lengua se llaman celtas y en la nuestra galos. Todos estos se diferencian entre sí en lenguaje, costumbres y leyes. A los galos separa de los aquitanos el río Carona, de los belgas el Marne y Sena. Los más valientes de todos son los belgas, porque viven muy remotos del fausto y delicadeza de nuestra provincia; y rarísima vez llegan allá los mercaderes con cosas a propósito para enflaquecer los bríos; y por estar vecinos a los germanos, que moran a la otra parte del Rin, con quienes traen continua guerra. Ésta es también la causa porque los helvecios se aventajan en valor a los otros galos, pues casi todos los días vienen a las manos con los germanos, ya cubriendo sus propias fronteras, ya invadiendo las ajenas. La parte que hemos dicho ocupan los galos comienza del río Ródano, confina con el Carona, el Océano y el país de los belgas; por el de los secuanos y helvecios toca en el Rin, inclinándose al Norte. Los belgas toman su principio de los últimos límites de la Galia, dilatándose hasta el Bajo Rin, mirando al Septentrión y al Oriente. La Aquitania entre Poniente y Norte por el río Carona se extiende hasta los montes Pirineos, y aquella parte del Océano que baña a España."

(Julio César, De Bello Gallico)

Flavio Julio, hijo de una familia patricia, y líder de la misma, nunca imaginaría los acontecimientos que desencadenaría su venganza ante la afrenta cometida hacia su abuelo (los galos le sacaron los ojos), ni el poder que adquiriría su familia tras su muerte.

La imaginación no era un rasgo muy destacado en la familia de los Julios. Y Flavio Julio no era una lumbrera, ni nadie se lo pedía.

Baste decir que el Senado lo empujó durante cada una de las acciones importantes de su vida, hacia su heróico final.
Corría el verano de 271 a.C., cerca de la frontera, y el Senado Romano encargó a Flavio la misión de tomar Segesta, un enclave fronterizo, si bien no galo, simpatizante. Antes de que hubiese terminado el verano, Segesta había caído y el Senado recompensó a Flavio con 5.000 denarios.

Pronto fue enviado a resolver más conflictos a los senadores y, tras pintar la casa del Edil, desmbozar las tuberías de la hacienda de verano de la madre del cuestor, arrebatar Sardinia a los cartagineses y ayudar a la madre del Cónsul a lavarse (para lo cual tuvo que destinar un regimiento entero de hastati en su finca), le encargaron la misión de tomar Narbona, a lo cual accedió encantado, arrió las velas, y partió hacia el norte, empujado por los Hados, a encontrarse con su destino en las Galias.

No había atracado el barco en el puerto, ni se había secado la señora madre del Cónsul, cuando un enorme ejército galo cruzó las froteras romanas, y asedió Arretio, donde residía la mayor parte de la familia Julia, dando comienzo a la Guerra de las Galias.

Para evitar que Flavio Julio tuviese que dar media vuelta, la guarnición de Segesta y la de Arimino se unieron, bajo el mando de Lucio Julio, heredero, para liberar a Vibio Julio del cerco.

Mientras Lucio reunía a sus huestes, Flavio marchó con un gran ejército sobre Narbona, tomando Narbo Martius.

En verano de ese mismo año, Lucio atacó a los galos que sitiaban Arretio, ayudado por la guarnición de la ciudad y Vibio, derrotándolos a todos. El combate fue encarnizado, y Lucio cayó en medio de la batalla, pasando su título de heredero a Vibio, quien organizó una expedición de castigo, tomando Patavio (pues temían que la familia de los Brutos se les adelantara) y, poco después, Mediolano.

Pasó un año, y Flavio, que había partido poco después de asentarse en Narbona, con su ejército (un tanto diezmado con la finalidad de dejar guarnición en la recién conquistada provincia), cruzó el Ródano y se dirigió a la Galia Transalpina, donde se encontraba la colonia griega de Masalia, reciéntemente caída en desgrItalicacia bajo el poder de los galos de la comarca.

En verano del 261 a.C., Flavio Julio, líder de los Julios, se enfrentó a los galos a las afueras de Masalia, y a pesar de ser superado en número, supo organizar a sus tropasde tal manera que venciesen la batalla, si bien murió durante una carga de caballería. Tomaron Masalia, y se acuartelaron para pasar el invierno galo, en espera de los muy necesarios refuerzos procedentes de Italia.

Vibio, ahora nuevo líder de la familia, reunió un poderoso ejército de hastati, vélites y équites para continuar la obra de su predecesor y, tras unírsele varias tribus locales, decidió cruzar los Alpes para dar una lección a los galos.

Tras liberar Masalia de su sitio, fue al norte, donde tomó Lugdunensis, y desde donde se preparó para avanzar hacia Alesia, la capital del reino. Mientras, en Narbona, un gran ejército de galos había cruzado los Pirineos, sin atacar, afortunádamente, ninguna ciudad romana.

Vibio abandonó el intento de tomar la capital, y se dirigió hacia Aquitania, donde sostuvo largas confrontaciones. El clímax de éstas llegó a finales del invierno del 253 a.C., cuando se enfrentó a dos ejércitos superiores a él en número, y los venció límpiamente, mas el segundo le hizo mella, pues fue traicionado por un miembro de su séquito que reveló información a los celtas, siendo oportúnamente castigado. Estas dos batallas le valieron el reconocimiento de los senadores y del pueblo, y el apodo de El Poderoso.

Sin embargo, y por culpa de la traición sufrida, tuvo que pedir ayuda, y ésta llegó de la mano de Marco Julio, quien organizó un gran ejército para tomar Alesia. Cuando estaba ya cerca de la ciudad, Vibio cogió a unos cuantos de sus hombres más leales, y se los llevó a Bretaña, a Condate de los Redones, donde les dio asedio al mismo tiempo que Marco asediaba la capital.

La Galia había sido conquistada, y sin embargo los belgas, por mantenerse fuera del conflicto no sufrieron daño alguno, y se preparó una expedición para tomar Numancia, último reducto de los galos, en Hispania. La expedición estaba compuesta por las tropas noveles de Marco, capitaneadas por Vibio El Poderoso.

Cruzaron los Pirineos poco después de que aquel ejército galo inmenso, que ya había cruzado la cordillera, la volviese a cruzar, vagando líbremente hasta amenazar Lugdunensis. Mas no por mucho tiempo, ya que el espacio entre el Sistema Central y el Ródano es estrecho, y bastó que un capitán de gran valía, anónimo hasta entonces, construyese una fortificación tras las líneas galas, quedando entre la fortificación y la ciudad.

En Hispania, Vibio se adentró en tierras desconocidas, y tomó mercenarios hispanos y honderos baleares. En invierno de 244 a.C. llegó a Numancia, el último reducto galo, y la cercó.

En verano del año siguiente, con el otoño a poco llegar, Vibio atacó la ciudad, y no fue muerto de casualidad, pues fue derribado del caballo y sus hombres tuvieron que llevarlo fuera del campo, pues los galos luchaban valiéntemente y a la desesperada.

Finalmente, pero, la ciudad cayó.

Aquí concluye la Guerra de las Galias (según mi experiencia en Rome Total War)

De Thingol y Melian

John Ronald Reuel Tolkien


Melian era una Maia, de la raza de los Valar. Moraba en los jardines de Lorien, y no había allí nadie más hermosa que Melian, ni más sabia, ni que conociese mejor las canciones de encantamiento. Se dice que los Valar abandonaban el trabajo y que el bullicio de los pájaros de Valinor se interrumpía, que las campanas de Valmar callaban y que las fuentes dejaban de fluir, cuando al mezclarse las luces Melian cantaba en Lorien. Los ruiseñores iban siempre con ella y ella era quien les enseñaba a cantar; y amaba las sombras profundas de los grandes árboles. Antes de que el Mundo fuera hecho, Melian se parecía a la mismísima Yavanna; y en el tiempo en que los Quendi despertaron junto a las aguas de Cuiviénen, partió de Valinor y llegó a las Tierras de Aquende, y allí poco antes del alba la voz de Melian y las voces de los pájaros llenaron el silencio de la Tierra Media. Pues bien, cuando el viaje estaba por concluir, como ya se dijo, el pueblo de los Teleri descansó largo tiempo en Beleriand Oriental, más allá del Río Gelion; y en ese entonces muchos de los Noldor estaban todavía al oeste, en esos bosques que luego se llamaron Neldoreth y Región. Elwë, señor de los Teleri, atravesó a menudo los grandes bosques en busca de Finwë, su amigo, en las moradas de los Noldor; y sucedió una vez que llegó solo al bosque de Nan Elmoth, iluminado por las estrellas, y allí escuchó de pronto el canto de los ruiseñores. Entonces cayó sobre él un encantamiento y se quedó inmóvil; V a lo lejos, más allá de las voces de los lómelindi, oyó la voz de Melian, y el corazón se le colmó de maravilla y de deseo. Olvidó entonces por completo a su gente y los propósitos que lo guiaban, y siguiendo a los pájaros bajo la sombra de los árboles, penetró profundamente en Nan Elmoth y se extravió. Pero llegó por fin a un claro abierto a las estrellas, y allí se encontraba Melian; y desde la oscuridad él la contempló, y vio en el rostro de ella la luz de Aman.

No dijo Melian ni una palabra; pero anegado de amor, Elwë se le acercó y le tomó la mano, y en seguida un hechizo operó en él, de modo que así permanecieron los dos mientras las estrellas que giraban por encima de ellos medían los largos años, y los árboles de Nan Elmoth se volvieron altos y oscuros antes de que ninguno pronunciara una palabra.

Así, pues, el pueblo de Elwë, que lo buscó, no pudo encontrarlo, y Olwë fue rey de los Teleri y se pusieron en marcha, como se cuenta más adelante. Elwë Singollo no volvió nunca a través del mar a Valinor, y Melian no volvió allí mientras los dos reinaron juntos; pero de ella tuvieron, tanto los Elfos como los Hombres, un aire de los Ainur que estaban con Ilúvatar antes de Eä. En años posteriores él se convirtió en un rey renombrado, que mandaba a todos los Eldar de Beleriand; se llamaron los Sindar, los Elfos Grises, los Elfos del Crepúsculo; y él era el Rey Mantogrís, como se lo llamó, Elu Thingol en la lengua de esa tierra. Y Melian fue la Reina, más sabia que hijo alguno de la Tierra Media; y habitaban en las estancias ocultas de Menegroth, las Mil Cavernas, en Doriath. Gran poder le dio Melian a Thingol, que fue grande entre los Eldar; porque sólo él entre todos los Sindar había visto con sus propios ojos a los Árboles en el día del florecimiento, y aunque era rey de los Umanyar, no se lo contó entre los Moriquendi, sino entre los Elfos de la Luz, poderoso en la Tierra Media. Y del amor de Thingol y Melian, vinieron al mundo los más hermosos de todos los Hijos de Ilúvatar que fueron o serán.

jueves, 10 de abril de 2008

Drácula XXIII

Bram Stoker

DEL DIARIO DEL DOCTOR SEWARD

3 de octubre. El tiempo nos pareció extremadamente largo, mientras esperábamos a lord Godalming y a Quincey Morris. El profesor trataba de mantenernos distraídos, utilizando nuestras mentes sin descanso. Comprendí perfectamente cuál era el benéfico objetivo que perseguía con ello, por las miradas que lanzaba de vez en cuando a Harker. El pobre hombre está abrumado por una tristeza que da dolor. Anoche era un hombre franco, de aspecto alegre, de rostro joven y fuerte, lleno de energía y con el cabello de color castaño oscuro. Hoy, parece un anciano macilento y enjuto, cuyo cabello blanco se adapta muy bien a sus ojos brillantes y profundamente hundidos en sus cuencas y con sus rasgos faciales marcados por el dolor. Su energía permanece todavía intacta, en realidad, es como una llama viva. Eso puede ser todavía su salvación, puesto que, si todo sale bien, le hará remontar el período de desesperación; entonces, en cierto modo, volverá a despertar a las realidades de la vida. ¡Pobre tipo! Pensaba que mi propia desesperación y mis problemas eran suficientemente graves; pero, ¡esto...! El profesor lo comprende perfectamente y está haciendo todo lo que está en su mano por mantenerlo activo. Lo que estaba diciendo era, bajo las circunstancias, de un interés extraordinario. Estas fueron más o menos sus palabras: -He estado estudiando, de manera sistemática y repetida, desde que llegaron a mis manos, todos los documentos relativos a ese monstruo, y cuanto más lo he examinado tanto mayor me parece la necesidad de borrarlo de la faz de la tierra. En todos los papeles hay señales de su progreso; no solamente de su poder, sino también de su conocimiento de ello. Como supe, por las investigaciones de mi amigo Arminius de Budapest, era, en vida, un hombre extraordinario. Soldado, estadista y alquimista..., cuyos conocimientos se encontraban entre los más desarrollados de su época. Poseía una mente poderosa, conocimientos incomparables y un corazón que no conocía el temor ni el remordimiento. Se permitió incluso asistir a la Escolomancia, y no hubo ninguna rama del saber de su tiempo que no hubiera ensayado. Bueno, en él, los poderes mentales sobrevivieron a la muerte física, aunque parece que la memoria no es absolutamente completa. Respecto a algunas facultades mentales ha sido y es como un niño, pero está creciendo y ciertas cosas que eran infantiles al principio, son ahora de estatura de hombre. Está experimentando y lo está haciendo muy bien, y a no ser porque nos hemos cruzado en su camino, podría ser todavía, o lo será si fracasamos, el padre o el continuador de seres de un nuevo orden, cuyos caminos conducen a través de la muerte, no de la vida. Harker gruñó, y dijo: -¡Y todo eso va dirigido contra mi adorada esposa! Pero, ¿cómo está experimentando? ¡El conocimiento de eso puede ayudarnos a destruirlo! -Desde su llegada, ha estado ensayando sus poderes sin cesar, lenta y seguramente; su gran cerebro infantil está trabajando, puesto que si se hubiera podido permitir ensayar ciertas cosas desde un principio, hace ya mucho tiempo que estarían dentro de sus poderes. Sin embargo, desea triunfar, y un hombre que tiene ante sí varios siglos de existencia puede permitirse esperar y actuar con lentitud. Festina lente puede ser muy bien su lema. -No lo comprendo -dijo Harker cansadamente-. Sea más explícito, por favor. Es posible que el sufrimiento y las preocupaciones estén oscureciendo mi entendimiento. El profesor le puso una mano en el hombro, y le dijo: -Muy bien, amigo mío, voy a ser más explícito. ¿No ve usted cómo, últimamente, ese monstruo ha adquirido conocimientos de manera experimental? Ha estado utilizando al paciente zoófago para lograr entrar en la casa del amigo John. El vampiro, aunque después puede entrar tantas veces como lo desee, al principio solamente puede entrar en un edificio si alguno de los habitantes así se lo pide. Pero esos no son sus experimentos más importantes. ¿No vimos que al principio todas esas pesadas cajas de tierra fueron desplazadas por otros? No sabía entonces a qué atenerse, pero, a continuación, todo cambió. Durante todo este tiempo su cerebro infantil se ha estado desarrollando, y comenzó a pensar en si no podría mover las cajas él mismo. Por consiguiente, más tarde, cuando descubrió que no le era difícil hacerlo, trató de desplazarlas solo, sin ayuda de nadie. Así progresó y logró distribuir sus tumbas, de tal modo, que sólo él conoce ahora el lugar en donde se encuentran. Es posible que haya pensado en enterrar las cajas profundamente en el suelo de tal manera que solamente las utilice durante la noche o en los momentos en que puede cambiar de forma; le resulta igualmente conveniente, ¡y nadie puede saber donde se encuentran sus escondrijos! ¡Pero no se desesperen, amigos míos, adquirió ese conocimiento demasiado tarde! Todos los escondrijos, excepto uno, deben haber sido esterilizados ya, y antes de la puesta del sol lo estarán todos. Entonces, no le quedará ningún lugar donde poder esconderse. Me retrasé esta mañana para estar seguro de ello. ¿No ponemos en juego nosotros algo mucho más preciado que él? Entonces, ¿por qué no somos más cuidadosos que él? En mi reloj veo que es ya la una y, si todo marcha bien, nuestros amigos Arthur y Quincey deben estar ya en camino para reunirse con nosotros. Hoy es nuestro día y debemos avanzar con seguridad, aunque lentamente y aprovechando todas las oportunidades que se nos presenten. ¡Vean! Seremos cinco cuando regresen nuestros dos amigos ausentes. Mientras hablábamos, nos sorprendimos mucho al escuchar una llamada en la puerta principal de la casona: la doble llamada del repartidor de mensajes telegráficos. Todos salimos al vestíbulo al mismo tiempo, y van Helsing, levantando la mano hacia nosotros para que guardáramos silencio, se dirigió hacia la puerta y la abrió. Un joven le tendió un telegrama. El profesor volvió a cerrar la puerta y, después de examinar la dirección, lo abrió y leyó en voz alta: "Cuidado con D. Acaba de salir apresuradamente de Carfax en este momento, a las doce cuarenta y cinco, y se ha dirigido rápidamente hacia el sur. Parece que está haciendo una ronda y es posible que desee verlos a ustedes. Mina." Se produjo una pausa, que fue rota por la voz de Jonathan Harker. -¡Ahora, gracias a Dios, pronto vamos a encontrarnos! Van Helsing se volvió rápidamente hacia él, y le dijo: -Dios actuará a su modo y en el momento que lo estime conveniente. No tema ni se alegre todavía, puesto que lo que deseamos en este momento puede significar nuestra destrucción. -Ahora no me preocupa nada -dijo calurosamente-, excepto el borrar a esa bestia de la faz de la tierra. ¡Sería capaz de vender mi alma por lograrlo! -¡No diga usted eso, amigo mío! -dijo van Helsing-. Dios en su sabiduría no compra almas, y el diablo, aunque puede comprarlas, no cumple su palabra. Pero Dios es misericordioso y justo, y conoce su dolor y su devoción hacia la maravillosa señora Mina, su esposa. No temamos ninguno de nosotros; todos estamos dedicados a esta causa, y el día de hoy verá su feliz término. Llega el momento de entrar en acción; hoy, ese vampiro se encuentra limitado con los poderes humanos y, hasta la puesta del sol, no puede cambiar. Tardará cierto tiempo en llegar... Es la una y veinte..., y deberá pasar un buen rato antes de que llegue. Lo que debemos esperar ahora es que lord Arthur y Quincey lleguen antes que él. Aproximadamente media hora después de que recibiéramos el telegrama de la señora Harker, oímos un golpe fuerte y resuelto en la puerta principal, similar al que darían cientos de caballeros en cualquier puerta. Nos miramos y nos dirigimos hacia el vestíbulo; todos estábamos preparados para usar todas las armas de que disponíamos..., las espirituales en la mano izquierda y las materiales en la derecha. Van Helsing retiró el pestillo y, manteniendo la puerta entornada, dio un paso hacia atrás, con las dos manos dispuestas para entrar en acción. La alegría de nuestros corazones debió reflejarse claramente en nuestros rostros cuando vimos cerca de la puerta a lord Godalming y a Quincey Morris. Entraron rápidamente, y cerraron la puerta tras ellos, y el último de ellos dijo, al tiempo que avanzábamos todos por el vestíbulo: -Todo está arreglado. Hemos encontrado las dos casas. ¡Había seis cajas en cada una de ellas, y las hemos destruido todas! -¿Las han destruido? -inquirió el profesor. -¡Para él! Guardamos silencio unos momentos y, luego, Quincey dijo: -No nos queda más que esperar aquí. Sin embargo, si no llega antes de las cinco de la tarde, tendremos que irnos, puesto que no podemos dejar sola a la señora Harker después de la puesta del sol. -Ya no tardará mucho en llegar aquí -dijo van Helsing, que había estado consultando su librito de notas-. Nota bene. En el telegrama de la señora Harker decía que había salido de Carfax hacia el sur, lo cual quiere decir que tenía que cruzar el río y solamente podría hacerlo con la marea baja, o sea, poco antes de la una. El hecho de que se haya dirigido hacia el sur tiene cierto significado para nosotros. Todavía sospecha solamente, y fue de Carfax al lugar en donde menos puede sospechar que pueda encontrar algún obstáculo. Deben haber estado ustedes en Bermondse y muy poco rato antes que él. El hecho de que no haya llegado aquí todavía demuestra que fue antes a Mile End. En eso se tardará algún tiempo, puesto que tendrá que volver a cruzar el río de algún modo. Créanme, amigos míos, que ahora ya no tendremos que esperar mucho rato. Tenemos que tener preparado algún plan de ataque, para que no desaprovechemos ninguna oportunidad. Ya no tenemos tiempo. ¡Tengan todos preparados las armas! ¡Manténganse alerta! Levantó una mano, a manera de advertencia, al tiempo que hablaba, ya que todos pudimos oír claramente que una llave se introducía suavemente en la cerradura. No pude menos que admirar, incluso en aquel momento, el modo como un espíritu dominante se afirma a sí mismo. En todas nuestras partidas de caza y aventuras de diversa índole, en varias partes del mundo, Quincey Morris había sido siempre el que disponía los planes de acción y Arthur y yo nos acostumbramos a obedecerle de manera implícita. Ahora, la vieja costumbre parecía renovarse instintivamente. Dando una ojeada rápida a la habitación, estableció inmediatamente nuestro plan de acción y, sin pronunciar ni una sola palabra, con el gesto, nos colocó a todos en nuestros respectivos puestos. Van Helsing, Harker y yo estábamos situados inmediatamente detrás de la puerta, de tal manera que, en cuanto se abriera, el profesor pudiera guardarla, mientras Harker y yo nos colocaríamos entre el recién llegado y la puerta. Godalming detrás y Quincey enfrente, estaban dispuestos a dirigirse a las ventanas, escondidos por el momento donde no podían ser vistos. Esperamos con una impaciencia tal que hizo que los segundos pasaran con una lentitud de verdadera pesadilla. Los pasos lentos y cautelosos atravesaron el vestíbulo... El conde, evidentemente, estaba preparado para una sorpresa o, al menos, la temía. Repentinamente, con un salto enorme, penetró en la habitación, pasando entre nosotros antes de que ninguno pudiera siquiera levantar una mano para tratar de detenerlo. Había algo tan felino en el movimiento, algo tan inhumano, que pareció despertarnos a todos del choque que nos había producido su llegada. El primero en entrar en acción fue Harker, que, con un rápido movimiento, se colocó ante la puerta que conducía a la habitación del frente de la casa. Cuando el conde nos vio, una especie de siniestro gesto burlón apareció en su rostro, descubriendo sus largos y puntiagudos colmillos; pero su maligna sonrisa se desvaneció rápidamente, siendo reemplazada por una expresión fría de profundo desdén. Su expresión volvió a cambiar cuando, todos juntos, avanzamos hacia él. Era una lástima que no hubiéramos tenido tiempo de preparar algún buen plan de ataque, puesto que en ese mismo momento me pregunté qué era lo que íbamos a hacer. No estaba convencido en absoluto de si nuestras armas letales nos protegerían. Evidentemente, Harker estaba dispuesto a ensayar, puesto que preparó su gran cuchillo kukri y le lanzó al conde un tajo terrible. El golpe era poderoso; solamente la velocidad diabólica de desplazamiento del conde le permitió salir con bien. Un segundo más y la hoja cortante le hubiera atravesado el corazón. En realidad, la punta sólo cortó el tejido de su chaqueta, abriendo un enorme agujero por el que salieron un montón de billetes de banco y un chorro de monedas de oro. La expresión del rostro del conde era tan infernal que durante un momento temí por Harker, aunque él estaba ya dispuesto a descargar otra cuchillada. Instintivamente, avancé, con un impulso protector, manteniendo el crucifijo y la Sagrada Hostia en la mano izquierda. Sentí que un gran poder corría por mi brazo y no me sorprendí al ver al monstruo que retrocedía ante el movimiento similar que habían hecho todos y cada uno de mis amigos. Sería imposible describir la expresión de odio y terrible malignidad, de ira y rabia infernales, que apareció en el rostro del conde. Su piel cerúlea se hizo verde amarillenta, por contraste con sus ojos rojos y ardientes, y la roja cicatriz que tenía en la frente resaltaba fuertemente, como una herida abierta y palpitante. Un instante después, con un movimiento sinuoso, pasó bajo el brazo armado de Harker, antes de que pudiera éste descargar su golpe, recogió un puñado del dinero que estaba en el suelo, atravesó la habitación y se lanzó contra una de las ventanas. Entre el tintineo de los cristales rotos, cayó al patio, bajo la ventana. En medio del ruido de los cristales rotos, alcancé a oír el ruido que hacían varios soberanos al caer al suelo, sobre el asfalto. Nos precipitamos hacia la ventana y lo vimos levantarse indemne del suelo. Ascendió los escalones a toda velocidad, cruzó el patio y abrió la puerta de las caballerizas. Una vez allí, se volvió y nos habló: -Creen ustedes poder confundirme... con sus rostros pálidos, como las ovejas en el matadero. ¡Ahora van a sentirlo, todos ustedes! Creen haberme dejado sin un lugar en el que poder reposar, pero tengo otros. ¡Mi venganza va a comenzar ahora! Ando por la tierra desde hace siglos y el tiempo me favorece. Las mujeres que todos ustedes aman son mías ya, y por medio de ellas, ustedes y muchos otros me pertenecerán también... Serán mis criaturas, para hacer lo que yo les ordene y para ser mis chacales cuando desee alimentarme. ¡Bah! Con una carcajada llena de desprecio, pasó rápidamente por la puerta y oímos que el oxidado cerrojo era corrido, cuando cerró la puerta tras él. Una puerta, más allá, se abrió y se cerró nuevamente. El primero de nosotros que habló fue el profesor, cuando, comprendiendo lo difícil que sería perseguirlo por las caballerizas, nos dirigimos hacia el vestíbulo. -Hemos aprendido algo... ¡Mucho! A pesar de sus fanfarronadas, nos teme; teme al tiempo y teme a las necesidades. De no ser así, ¿por qué iba a apresurarse tanto? El tono mismo de sus palabras lo traicionó, o mis oídos me engañaron, ¿Por qué tomó ese dinero? ¡Van a comprenderme rápidamente! Son ustedes cazadores de una bestia salvaje y lo comprenden. En mi opinión, tenemos que asegurarnos de que no pueda utilizar aquí nada, si es que regresa. Al hablar, se metió en el bolsillo el resto del dinero; tomó los títulos de propiedad del montoncito en que los había dejado Harker y arrojó todo el resto a la chimenea, prendiéndole fuego con un fósforo. Godalming y Morris habían salido al patio y Harker se había descolgado por la ventana para seguir al conde. Sin embargo, Drácula había cerrado bien la puerta de las caballerizas, y para cuando pudieron abrirla, ya no encontraron rastro del vampiro. Van Helsing y yo tratamos de investigar un poco en la parte posterior de la casa, pero las caballerizas estaban desiertas y nadie lo había visto salir. La tarde estaba ya bastante avanzada y no faltaba ya mucho para la puesta del sol. Tuvimos que reconocer que el trabajo había concluido y, con tristeza, estuvimos de acuerdo con el profesor, cuando dijo: -Regresemos con la señora Mina... Con la pobre señora Harker. Ya hemos hecho todo lo que podíamos por el momento y, al menos, vamos a poder protegerla. Pero es preciso que no desesperemos. No le queda al vampiro más que una caja de tierra y vamos a tratar de encontrarla; cuando lo logremos, todo irá bien. Comprendí que estaba hablando tan valerosamente como podía para consolar a Harker. El pobre hombre estaba completamente abatido y, de vez en cuando, gemía, sin poder evitarlo... Estaba pensando en su esposa. Llenos de tristeza, regresamos a mi casa, donde hallamos a la señora Harker esperándonos, con una apariencia de buen humor que honraba su valor y su espíritu de colaboración. Cuando vio nuestros rostros, el suyo propio se puso tan pálido como el de un cadáver: durante uno o dos segundos, permaneció con los ojos cerrados, como si estuviera orando en secreto y, después, dijo amablemente: -Nunca podré agradecerles bastante lo que han hecho. ¡Oh, mi pobre esposo! -mientras hablaba, tomó entre sus manos la cabeza grisácea de su esposo y la besó-. Apoya tu pobre cabeza aquí y descansa. ¡Todo estará bien ahora, querido! Dios nos protegerá, si así lo desea. El pobre hombre gruñó. No había lugar para las palabras en medio de su sublime tristeza. Cenamos juntos sin apetito, y creo que eso nos dio ciertos ánimos a todos. Era quizá el simple calor animal que infunde el alimento a las personas hambrientas, ya que ninguno de nosotros había comido nada desde la hora del desayuno, o es probable que sentir la camaradería que reinaba entre nosotros nos consolara un poco, pero, sea como fuere, el caso es que nos sentimos después menos tristes y pudimos pensar en lo porvenir con cierta esperanza. Cumpliendo nuestra promesa, le relatamos a la señora Harker todo lo que había sucedido, y aunque se puso intensamente pálida a veces, cuando su esposo estuvo en peligro, y se sonrojó otras veces, cuando se puso de manifiesto la devoción que sentía por ella, escuchó todo el relato valerosamente y conservando la calma. Cuando llegamos al momento en que Harker se había lanzado sobre el conde, con tanta decisión, se asió con fuerza del brazo de su marido y permaneció así, como si sujetándole el brazo pudiera protegerlo contra cualquier peligro que hubiera podido correr. Sin embargo, no dijo nada, hasta que la narración estuvo terminada y cuando ya estaba al corriente de todo lo ocurrido hasta aquel preciso momento, entonces, sin soltar la mano de su esposo, se puso en pie y nos habló. No tengo palabras para dar una idea de la escena. Aquella mujer extraordinaria, dulce y buena, con toda la radiante belleza de su juventud y su animación, con la cicatriz rojiza en su frente, de la que estaba consciente y que nosotros veíamos apretando los dientes... al recordar dónde, cuándo y cómo había ocurrido todo; su adorable amabilidad que se levantaba contra nuestro odio siniestro; su fe tierna contra todos nuestros temores y dudas. Y sabíamos que, hasta donde llegaban los símbolos, con toda su bondad, su pureza y su fe, estaba separada de Dios. -Jonathan -dijo, y la palabra pareció ser música, por el gran amor y la ternura que puso en ella-, mi querido Jonathan y todos ustedes, mis maravillosos amigos, quiero que tengan en cuenta algo durante todo este tiempo terrible. Sé que tienen que luchar..., que deben destruir incluso, como destruyeron a la falsa Lucy, para que la verdadera pudiera vivir después; pero no es una obra del odio. Esa pobre alma que nos ha causado tanto daño, es el caso más triste de todos. Imaginen ustedes cuál será su alegría cuando él también sea destruido en su peor parte, para que la mejor pueda gozar de la inmortalidad espiritual. Deben tener también piedad de él, aun cuando esa piedad no debe impedir que sus manos lleven a cabo su destrucción. Mientras hablaba, pude ver que el rostro de su marido se obscurecía y se ponía tenso, como si la pasión que lo consumía estuviera destruyendo todo su ser. Instintivamente, su esposa le apretó todavía más la mano, hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Ella no parpadeó siquiera a causa del dolor que, estoy seguro, debía estar sufriendo, sino que lo miró con ojos más suplicantes que nunca. Cuando ella dejó de hablar, su esposo se puso en pie bruscamente, arrancando casi su mano de la de ella, y dijo: -¡Qué Dios me lo ponga en las manos durante el tiempo suficiente para destrozar su vida terrenal, que es lo que estamos tratando de hacer! ¡Si además de eso puedo enviar su alma al infierno ardiente por toda la eternidad, lo haré gustoso! -¡Oh, basta, basta! ¡En el nombre de Dios, no digas tales cosas!, Jonathan, esposo mío, o harás que me desplome, víctima del miedo y del horror. Piensa sólo, querido...; yo he estado pensando en ello durante todo este largo día..., que quizá... algún día... yo también puedo necesitar esa piedad, y que alguien como tú, con las mismas causas para odiarme, puede negármela. ¡Oh, esposo mío! ¡Mi querido Jonathan! Hubiera querido evitarte ese pensamiento si hubiera habido otro modo, pero suplico a Dios que no tome en cuenta tus palabras y que las considere como el lamento de un hombre que ama y que tiene el corazón destrozado. ¡Oh, Dios mío! ¡Deja que sus pobres cabellos blancos sean una prueba de todo lo que ha sufrido, él que en toda su vida no ha hecho daño a nadie, y sobre el que se han acumulado tantas tristezas! Todos los hombres presentes teníamos ya los ojos llenos de lágrimas. No pudimos resistir, y lloramos abiertamente. Ella también lloró al ver que sus dulces consejos habían prevalecido. Su esposo se arrodilló a su lado y, rodeándola con sus brazos, escondió el rostro en los vuelos de su vestido. Van Helsing nos hizo una seña y salimos todos de la habitación, dejando a aquellos dos corazones amantes a solas con su Dios. Antes de que se retiraran a sus habitaciones, el profesor preparó la habitación para protegerla de cualquier incursión del vampiro, y le aseguró a la señora Harker que podía descansar en paz. Ella trató de convencerse de ello y, para calmar a su esposo, aparentó estar contenta. Era una lucha valerosa y quiero creer que no careció de recompensa. Van Helsing había colocado cerca de ellos una campana que cualquiera de ellos debía hacer sonar en caso de que se produjera cualquier eventualidad. Cuando se retiraron, Quincey, Godalming y yo acordamos que debíamos permanecer en vela, repartiéndonos la noche entre los tres, para vigilar a la pobre dama y custodiar su seguridad. La primera guardia le correspondió a Quincey, de modo que el resto de nosotros debía acostarse tan pronto como fuera posible. Godalming se ha acostado ya, debido a que él tiene el segundo turno de guardia. Ahora que he terminado mi trabajo, yo también tengo que acostarme. Del diario de Jonathan Harker 3-4 de octubre, cerca de la medianoche. Creí que el día de ayer no iba a terminar nunca. Tenía el deseo de dormirme, con la esperanza de que al despertar descubriría que las cosas habían cambiado y que todos los cambios serían en adelante para mejor. Antes de separarnos, discutimos sobre cuál debería ser nuestro siguiente paso, pero no pudimos llegar a ningún resultado. Lo único que sabíamos era que quedaba todavía una caja de tierra y que solamente el conde sabía dónde se encontraba. Si desea permanecer escondido, puede confundirnos durante años enteros y, mientras tanto, el pensamiento es demasiado horrible; no puedo permitirme pensar en ello en este momento. Lo que si sé es que si alguna vez ha existido una mujer absolutamente perfecta, esa es mi adorada y herida esposa. La amo mil veces más por su dulce piedad de anoche; una piedad que hizo que incluso el odio que le tengo al monstruo pareciera despreciable. Estoy seguro de que Dios no permitirá que el mundo se empobrezca por la pérdida de una criatura semejante. Esa es una esperanza para mí. Nos estamos dirigiendo todos hacia los escollos, y la esperanza es la única ancla que me queda. Gracias a Dios, Mina está dormida y no tiene pesadillas. Temo pensar en cuáles podrían ser sus pesadillas, con recuerdos tan terribles que pueden provocarlas. No ha estado tan tranquila, por cuanto he podido ver, desde la puesta del sol. Luego, durante un momento, se extendió en su rostro una calma tal, que era como la primavera después de las tormentas de marzo. Pensé en ese momento que debía tratarse del reflejo de la puesta del sol en su rostro, pero, en cierto modo, ahora sé que se trataba de algo mucho más profundo. No tengo sueño yo mismo, aunque estoy cansado... Terriblemente cansado. Sin embargo, debo tratar de conciliar el sueño, ya que tengo que pensar en mañana, y en que no podrá haber descanso para mí hasta que... Más tarde. Debo haberme quedado dormido, puesto que me ha despertado Mina, que estaba sentada en el lecho, con una expresión llena de asombro en el rostro. Podía ver claramente, debido a que no habíamos dejado la habitación a oscuras; Mina me había puesto la mano sobre la boca y me susurró al oído: -¡Chist! ¡Hay alguien en el pasillo! Me levanté cautelosamente y, cruzando la habitación, abrí la puerta sin hacer ruido. Cruzado ante el umbral, tendido en un colchón, estaba el señor Morris, completamente despierto. Levantó una mano, para imponerme silencio, y me susurró: -¡Silencio! Vuelva a acostarse; no pasa nada. Uno de nosotros va a permanecer aquí durante toda la noche. ¡No queremos correr ningún riesgo! Su expresión y su gesto impedían toda discusión, de modo que volví a acostarme y le dije a Mina lo que sucedía. Ella suspiró y la sombra de una sonrisa apareció en su rostro pálido, al tiempo que me rodeaba con sus brazos y me decía suavemente: -¡Oh, doy gracias a Dios, por todos los hombres buenos! Dio un suspiro y volvió a acostarse de espaldas, para tratar de volver a dormirse. Escribo esto ahora porque no tengo sueño, aunque voy a tratar también de dormirme.

4 de octubre, por la mañana. Mina me despertó otra vez en el transcurso de la noche. Esta vez, habíamos dormido bien los dos, ya que las luces del amanecer iluminaban ya las ventanas débilmente, y la lamparita de gas era como un punto, más que como un disco de luz. -Vete a buscar al profesor -me dijo apresuradamente-. Quiero verlo enseguida. -¿Por qué? -le pregunté. -Tengo una idea. Supongo que debe habérseme ocurrido durante la noche, y que ha madurado sin darme cuenta de ello. Debe hipnotizarme antes del amanecer, y entonces podré hablar. Date prisa, querido; ya no queda mucho tiempo. Me dirigí a la puerta, y vi al doctor Seward que estaba tendido sobre el colchón y que, al verme, se puso en pie de un salto. -¿Sucede algo malo? -me preguntó, alarmado. -No -le respondí-, pero Mina desea ver al doctor van Helsing inmediatamente. Dos o tres minutos después, van Helsing estaba en la habitación, en sus ropas de dormir, y el señor Morris y lord Godalming estaban en la puerta, con el doctor Seward, haciendo preguntas. Cuando el profesor vio a Mina, una sonrisa, una verdadera sonrisa, hizo que la ansiedad abandonara su rostro; se frotó las manos, y dijo: -¡Mi querida señora Mina! ¡Vaya cambio! ¡Mire! ¡Amigo Jonathan, hemos recuperado a nuestra querida señora Mina nuevamente, como antes! -luego, se volvió hacia ella y le dijo amablemente-: ¿Y qué puedo hacer por usted? Supongo que no me habrá llamado usted a esta hora por nada. -¡Quiero que me hipnotice usted! -dijo Mina -. Hágalo antes del amanecer, ya que creo que, entonces, podré hablar libremente. ¡Dése prisa; ya no nos queda mucho tiempo! Sin decir palabra, el profesor le indicó que tomara asiento en la cama. La miró fijamente y comenzó a hacer pases magnéticos frente a ella, desde la parte superior de la cabeza de mi esposa, hacía abajo, con ambas manos, repitiendo los movimientos varias veces. Mina lo miró fijamente durante unos minutos, durante los cuales mi corazón latía como un martillo pilón, debido a que sentía que iba a presentarse pronto alguna crisis. Gradualmente, sus ojos se fueron cerrando y siguió sentada, absolutamente inmóvil. Solamente por la elevación de su pecho, al ritmo de su respiración, podía verse que estaba viva. El profesor hizo unos cuantos pases más y se detuvo; entonces vi que tenía la frente cubierta de gruesas gotas de sudor. Mina abrió los ojos, pero no parecía ser la misma mujer. Había en sus ojos una expresión de vacío, como si su mirada estuviera perdida a lo lejos, y su voz tenía una tristeza infinita, que era nueva para mí. Levantando la mano para imponerme silencio, el profesor me hizo seña de que hiciera pasar a los demás. Entraron todos sobre la punta de los pies, cerrando la puerta tras ellos y permanecieron en pie cerca de la cama, mirando atentamente. Mina no pareció verlos. El silencio fue interrumpido por el profesor van Helsing, hablando en un tono muy bajo de voz, para no interrumpir el curso de los pensamientos de mi esposa: -¿Dónde se encuentra usted? La respuesta fue dada en un tono absolutamente carente de inflexiones: -No lo sé. El sueño no tiene ningún lugar que pueda considerar como real. Durante varios minutos reinó el silencio. Mina continuaba sentada rígidamente, y el profesor la miraba fijamente; el resto de nosotros apenas nos atrevíamos a respirar. La habitación se estaba haciendo cada vez más clara. Sin apartar los ojos del rostro de Mina, el profesor me indicó con un gesto que corriera las cortinas, y el día pareció envolvernos a todos. Una raya rojiza apareció, y una luz rosada se difundió por la habitación. En ese instante, el profesor volvió a hablar: -¿Dónde está usted ahora? La respuesta fue de sonámbula, pero con intención; era como si estuviera interpretando algo. La he oído emplear el mismo tono de voz cuando lee sus notas escritas en taquigrafía. -No lo sé. ¡Es un lugar absolutamente desconocido para mí! -¿Qué ve usted? -No veo nada; está todo oscuro. -¿Qué oye usted? Noté la tensión en la voz paciente del profesor. -El ruido del agua. Se oye un ruido de resaca y de pequeñas olas que chocan. Puedo oírlas al exterior. -Entonces, ¿está usted en un barco? Todos nos miramos, unos a otros, tratando de comprender algo. Teníamos miedo de pensar. La respuesta llegó rápidamente: -¡Oh, sí! -¿Qué otra cosa oye? -Ruido de pasos de hombres que corren de un lado para otro. Oigo también el ruido de una cadena y un gran estrépito, cuando el control del torno cae al trinquete. -¿Qué está usted haciendo? -Estoy inmóvil; absolutamente inmóvil. ¡Es algo como la muerte! La voz se apagó, convirtiéndose en un profundo suspiro, como de alguien que está dormido, y los ojos se le volvieron a cerrar. Pero esta vez el sol se había elevado ya y nos encontramos todos en plena luz del día. El doctor van Helsing colocó sus manos sobre los hombros de Mina, e hizo que su cabeza reposara suavemente en las almohadas. Ella permaneció durante unos momentos como una niña dormida y, luego, con un largo suspiro, despertó y se extrañó mucho al vernos a todos reunidos en torno a ella. -¿He hablado en sueños? -fue todo lo que dijo. Sin embargo, parecía conocer la situación, sin hablar, puesto que se sentía ansiosa por saber qué había dicho. El profesor le repitió la conversación, y Mina le dijo: -Entonces, no hay tiempo que perder. ¡Es posible que no sea todavía demasiado tarde! El señor Morris y lord Godalming se dirigieron hacia la puerta, pero la voz tranquila del profesor los llamó y los hizo regresar sobre sus pasos: -Quédense, amigos míos. Ese barco, dondequiera que se encuentre, estaba levando anclas mientras hablaba la señora. Hay muchos barcos levando anclas en este momento, en su gran puerto de Londres. ¿Cuál de ellos buscamos? Gracias a Dios que volvemos a tener indicios, aunque no sepamos adónde nos conducen. Hemos estado en cierto modo ciegos, de una manera muy humana, ¡puesto que al mirar atrás, vemos lo que hubiéramos podido ver al mirar hacia adelante, si hubiéramos sido capaces de ver lo que era posible ver! ¡Vaya! ¡Esa frase es un rompecabezas!, ¿no es así? Podemos comprender ahora qué estaba pensando el conde cuando recogió el dinero, cuando el cuchillo esgrimido con rabia por Jonathan lo puso en un peligro al que todavía teme. Quería huir. ¡Escúchenme: HUIR! Comprendió que con una sola caja de tierra a su disposición y un grupo de hombres persiguiéndolo como los perros a un zorro, Londres no era un lugar muy saludable para él. ¡Adelante!, como diría nuestro amigo Arthur, al ponerse su casaca roja para la caza. Nuestro viejo zorro es astuto, muy astuto, y debemos darle caza con ingenio. Yo también soy astuto y voy a pensar en él dentro de poco. Mientras tanto, vamos a descansar en paz, puesto que hay aguas entre nosotros que a él no le agrada cruzar y que no podría hacerlo aunque quisiera... A menos que el barco atracara y, en ese caso, solamente podría hacerlo durante la pleamar o la bajamar. Además, el sol ha salido y todo el día nos pertenece, hasta la puesta del sol. Vamos a bañarnos y a vestirnos. Luego, nos desayunaremos, ya que a todos nos hace buena falta. Además, podremos comer con tranquilidad, puesto que el monstruo no se encuentra en la misma tierra que nosotros. Mina lo miró suplicantemente, al tiempo que preguntaba: -Pero, ¿por qué necesitan ustedes seguir buscándolo, si se ha alejado de nosotros? El profesor le tomó la mano y le dio unas palmaditas al tiempo que respondía: -No me pregunte nada al respecto por el momento. Después del desayuno responderé a sus preguntas. No aceptó decir nada más, y nos separamos todos para vestirnos. Después del desayuno, Mina repitió su pregunta. El profesor la miró gravemente durante un minuto, y luego respondió en tono muy triste: -Porque, mi querida señora Mina, ahora más que nunca debemos encontrarlo, ¡aunque tengamos que seguirlo hasta los mismos infiernos! Mina se puso más pálida, al tiempo que preguntaba: -¿Por qué? -Porque -respondió van Helsing solemnemente- puede vivir durante varios siglos, y usted es solamente una mujer mortal. Debemos temer ahora al tiempo..., puesto que ya le dejó esa marca en la garganta. Apenas tuve tiempo de recogerla en mis brazos, cuando cayó hacia adelante, desmayada.