Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

jueves, 31 de julio de 2008

La Columna del Odio (profundo): PC City

Dedicada a Lady Cris.
"¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia."
(El Corazón Delator, Edgar Allan Poe)
Todo empezó un caluroso lunes 28 de julio, cuando yo y un amigo (y me pongo a mí delante porque suena mejor) veíamos tranquilamente Snatch en Cinetube. Al término de la tercera parte, y entrando ya en el clímax de la película, nos dimos cuenta horrorizados de que el sonido se había ido.
Nos miramos con caras de mudo temor, miramos la pantalla y la sucesión de imágenes mudas, como sacadas de El Gordo y el Flaco, pero sin esa horrible musiquilla de piano. Por fin, uno de nosotros rompe el silencio.
-¿Qué sucede?
No hay respuesta, sólo una pizca de satisfacción al comprobar que, en efecto, no nos hemos vuelto sordos. La opción no es mucho menos terrible.
Miramos de reproducir una canción en el Reproductor de Windows, y funciona, por lo que llegamos a la conclusión de que lo único que no se oye es Internet.
Reiniciamos, y resulta ser un error fatídico. Al volver en sí, el ordenador entero está tan mudo como Internet, y los altavoces no existen.
Es ésta una conclusión desacertada, pues los vemos. Están ahí, e incluso cuando alargo la mano para tocarlos y cerciorarme de que no son un holograma puedo sentir su tacto en las yemas de los dedos y un escalofrío que me recorre la columna.
El siguiente paso es mirar si están bien conectados, y al ver que así es, comprobamos su funcionamiento enchufando un reproductor portatil de MP3.
Funciona, y durante los siguientes días vivo a base de la música del reproductor portátil.
Hasta el día de hoy, aprovechando que un gentil amigo de mi abuelo, al verme, ha decidido, sin comerlo ni beberlo, regalarme 50 euros.
Al ver el billete mi corazón da un vuelco y late al ritmo desbocado de el tercer movimiento del Verano de Vivaldi.
A la tarde me preparo, me pongo mi MP3 con un casco roto, y camino hacia PC City con la esperanza (y estando aconsejado por mi primo) de comprarme una tarjeta de sonido externa.
Tras un cuarto de hora de caminata intensa, la enorme nave de PC City se alza sobre el horizonte como una gran caja de zapatos sobre el suelo de mi habitación. Al entrar en la caja de zapatos me siento como un forense que entra a una cámara mortuória, fría y esterilizada.
El único problema reside en que yo no voy a ver cosas bonitas, no, yo vengo a buscar una tarjeta de sonido, externa, para más señas, y la inmensidad del espacio, unida a mi miopía y que ese día no llevaba las gafas puestas hace que tenga que hacer un esfuerzo sobrehumano para no sentarme en el suelo.
En ese momento empieza la caza de camisas púrpura (aunque una parte de mí, una muy pequeña parte de mí, siempre pensará que eran violetas), y doy vueltas buscando, pero todas están ocupadas.
Por fin me encuentro con una camisa púrpura con pinta de mafioso italoamericano, que me dice que están en un pasillo justo al lado.
Luego, en lugar de indicarme el lugar exacto (valga la redundancia), se va a hablar con sus compañeros de trabajo.
Busco por ese pasillo y lo único que encuentro son nombres raros con etiquetas más raras aún.
Desisto y decido buscar otra camisa púrpura.
Me gro y veo una camisa púrpura. Una camisa púrpura que mí me quedaría como un vestido. Para que os hagáis una idea, estuve a punto de coger un teclado e intentar arponear a la camisa, mientras me imaginaba los gritos de '¡por ahí resopla!' y las protestas de alguna ONG cabrona.
Le pregunto por las tarjetas de sonido, y me dice que están 'por allí, en el tercer pasillo, donde pone tarjetas de sonido'. Ante este alarde de sentido común decido pasearme nuevamente a ver si tengo un poco más de suerte que el cerebro de esa chica.
Me llego a la sección de juegos, pero no me paro a mirar demasiado, porque tengo el presentimiento de que los 70 euros que llevo no van a ser suficientes.
Me encuentro con una camisa violeta con flequillo, y le pregunto por las tarjetas. El tío del flequillo sí me guía, al pasillo donde me envió el pequeño Luigi, hasta una sección que ponía 'Tarjetas de sonido', tal y como Moby Dick había auspiciado.
Me enseña dos, una que según oígo cuesta 34 euros y otra 99. No es difícil imaginar cuál escojo yo.
Me dirijo hacia la caja con la satisfacción del trabajo bien hecho, y cuál no es mi sorpresa al ver que esos 34 euros son, en realidad 59'99.
Sin levantar la vista le digo que por mí se puede meter el céntimo por donde le quepa.
Salgo de la caja de zapatos y una ola de sed y calor se me echa encima y decido gastarme los 10 euros en unos auriculares nuevos y algo para beber.
Cruzo la calle y me meto en el Carrefour. Allí les enseño la bolsa, y me dicen que la deje en consignas. Coy a la recepción, por creer que estaba ahí las consignas, y me dicen que la deje en consignas. Voy a las consignas, y necesito un euro suelto.
Voy a la caja, y pido cambio. Me envían a recepción.
En este momento un hilillo de humo negro se levanta sobre mi cabeza, y hago satar la alarma de incendios.
Dejo las cosas allí, y voy a comprar.
Unos auriculares ligeros que no cubren toda la oreja, se me caen, pero no llevo mucho más dinero), y voy en busca de las camisas que tengan en ese lugar para pedir agua fresca.
Por fin encuentro las camisas. ¿Agua fresca? No, pero hay zumo por ahí detrás (la chica hace una cara muy simpática, y decido no degollarla).
Dudo, y al final cojo esos zumos de Solán de Cabras donde dicen que en cada recipiente pequeñito hay una fruta. Cojo uno de manzana, y la manzana es más grande que el recipiente.
Pago (no sin un previo episodio de pánico al pensar que quizá no me bastaría), voy a las consignas y cojo la tarjeta.
Me siento en un banco, monto los cascos al MP3 y abro un botecito. En ese momento entiendo la publicidad de la fruta, y es que la compota que hay ahí dentro está tan pastosa que casi podría evadir las leyes de la gravedad durante el tiempo que se queda pegado al envase.
Es frustrante. Todo es frustrante.
Voy camino a casa. Me encuentro a unos amigos que me preguntan que qué se me ha perdido fuera de mi casa. Les replico que si no estan hoy demasiado sobriospara ser ellos, y se ríen.
El final de esta historia es digno de comedia barata, y se sucede al ver mi cara desencajada al darme cuenta de que faltan el cable USB y un CD de instalación para el XP.
Dáliva. Fin.

miércoles, 30 de julio de 2008

Cerdos y diamantes

"-No me gusta salir de mi país, y si lo hago es para ir a hermosas playas
de arena, con cócteles con sombreillitas así...
-Aquí también hay playas, Aby.
-¿Ah, sí? ¿Y quién coño quiere verlas? Escúchame bien, calvo de mierda..."
Hoy vengo a recomendar Snatch, la segunda película de Guy Ritchie y, en cierta manera, una especie de segunda parte de Lock & Stock (que también recomiendo).
Esta joyita (y nunca mejor dicho) es cine negro del bueno, con humor negro y, encima, ¡es inglesa! Cuestión, que no se puede llegar a pedir más de una película, y el guión es de lo mejorcito.
La historia está dividida en dos bandos, por un lado está el mundo del boxeo ilegal, con el Turco (que hace las veces de narrador) y Tommy contra el Ladrillo, un gángster sádico y con gafas de culo de botella; y, por otro lado, la banda de los judíos contra la banda de los rusos (Boris el Navaja es uno de los personajes que más me gustan) por un enrme diamante de ochenta quilates. En medio están los rateros negros, que son también divertidos.
Ah, y Brad Pitt hace de boxeador gitano, y el ex-futbolista Vinnie Jones de matón mafioso.
La banda sonora es buenísima, también.
Total, que es un peliculón lleno de personajes, a cual más divertido, y que es una de las mejores películas que he visto.
Aquí dejaré el link de Cinetube, por si alguien la quiere ver: http://www.cinetube.es/peliculas/snatch_cerdos_y_diamantes.html

martes, 29 de julio de 2008

El maletín de Simon y los caramelos de Johnnie

-¿Te gusta? -me preguntó Simon, esbozando su demente sonrisa.
-Me encanta -le respondí yo, alardeando sobre mi lucidez en aquellos momentos de tortura.
-Yo de tú no intentaría jugar conmigo, y mucho menos tocarme las pelotas.
Se acercó a mí con las pinzas oxidadas que había acabado de sacar de aquel maletín suyo, ese de piel marrón, dónde guarda toda esa basura de utensilios para podar.
-¿No te has divertido suficiente arrancándome las uñas? -le pregunté con mi famoso tono de indiferencia, el tono que pone de los nervios a todo el mundo.
-¿No es evidente?
-Bueno, creí que te cansarías.
-Tranquilo, tan sólo acabo de empezar...
Abrió aquellas pinzas, me abrió la boca (aunque quisiera resistirme), y me golpeó fuertemente en el colmillo derecho. Cuando grité del dolor, metió las pinzas, se hizo con tres de mis dientes (incluidos el colmillo), y estiró con tal fuerza, que sentí como los nervios estiraban de mí con aquel dolor infernal, hasta que se separaron de mis encías con un ruido seco que sólo yo pude notar. La sangre y el metal se mezclaron en una fusión amarga y única dentro de mi boca.
Miré abajo y escupí. Mis manos no pudieron aguantarlo del todo y se retorcían entre los clavos oxidados abriendo más la herida. Si pudiera llegar al arma...
-Cabrón hijo-de-perra.
-Qué dulce. Cómo un caramelo.
-Pues odio los caramelos.
Oí como empezaba a hablarme, arrastrando las palabras cómo sólo él era capaz de hacer.
-¿Sabes, Johnie? Siempre pensé que eras un tipo duro, ¿me entiendes? Que sabrías hacerte a la idea de tus fallos en la vida. De tus problemas. De la muerte de tu padre. De ahora. Si no, fíjate.
Sacó de su famoso maletín un largo cuchillo, con el filo con forma de sierra, y se acercó a mí. A mi cara. Se acercó tanto, que sus labios casi rozaban los míos. Podía ver claramente la pupila escondida tras ese marrón azabache. Y él podía verlo también en mis ojos.
-Te he golpeado hasta la saciedad, y nada. Te he clavado clavos en los pies y las manos, cual jodido Jesucristo, en esta silla, y nada. Te he arrancado las uñas, y nada. Te he arrancado varios de tus dientes y nada.
Se alejó un poco de mi cara para acabar acercándose a mi oído derecho, y acercó el filo del cuchillo a mi ojo.
-Y ahora voy a privarte de la vista de un ojo...
Incrustó salvajemente el filo de sierra en mi ojo, hasta notar como aquellos diminutos filos se clavavan en mi pupila, y movió el cuchillo en su dirección. La obertura empezó a sangrar, y a emanar jugos oculares.
-... Y nada.
Lloraba, pero no sabía exactamente qué: si lágrimas, si sangre, si aquél líquido grisáceo...
Intenté cerrar el ojo, pero la obertura se abrió tanto que impedía que lo cerrara del todo, sólo parcialmente.
-Si vas a matarme, hazlo ya. Antes de que la bomba que hay sujeta bajo esa mesa acabe con los dos.
Su cara lo decía todo. Simon se giró, se agachó, y vio un paquete pegado exactamente donde le había dicho. De un rápido movimiento, levantó la mesa y tiró su preciado maletín aterciopelado por el suelo, dejando a mis pies un martillo, una sierra, varios cuchillos, unos cuantos clavos, una pequeña hacha metálica, y demás utensilios de tortura ('para podar', los llamaba él)
Cuando la mesa volcó, despegó el paquete, lo abrió y sólo encontró una nota:
BOO! GILIPOLLAS!
Con aquella expresión de miedo en sus ojos abiertos, se giró, pero era demasiado tarde: había sacado mi mano de aquella posición, abriendo de tal manera la herida que había sacado el clavo que tenía incrustado, hasta convertir mi extremidad derecha en un donut con sirope de fresa por encima y un gran agujero en el centro.
Asqueroso.
Cogí mi pistola y le apunté a la cabeza.
-Hijo de p... -se apresuró a decirme, antes de que...
¡PUM! La bala atravesó su cabeza entrando por su ojo derecho. Cayó redondo, y me alegré bastante la verdad. Coño con el hijo de puta tocapelotas este.
Abreviando un poco más mi historia, tardé casi 5 minutos en sacar mi mano izquierda del clavo que la mantenía sujeta, al igual que los pies, me vendé el ojo (no pude hacer nada por mis uñas) e intenté salir de ahí, hasta que... Una fuerte sirena sonó por todos y cada uno de los pasillos del edificio, ¿sería por mí?
El zoom de una cámara a mis espaldas, en una esquina de la habitación me aseguró que sí.
En fin Johnnie, has acabado con un hijo-puta torturador, ahora haz lo mismo con 400 más, sal del edificio, y luego del país, y si lo has hecho bien, te daré un caramelito.
Antes de armarme con el maletín de Simon, de la pistola que guardaba en su cinturón, y de aventurarme por los pasillos de ese maldito edificio, mi cerebro tan sólo puedo procesar: 'Odio los caramelos'.

lunes, 21 de julio de 2008

La Columna del Odio: Las crónicas de Narnia

Bien, en primer lugar, debo decir que ésto NO es una crítica. Me dispongo a relatar, desde mi punto de vista, todo lo ocurrido en la película. Así que si eres un amante de la Disney, tienes una deficiencia mental o, sencillamente, te dejas arrastrar, como yo, por una compleja red de causas y efectos, no sigas leyendo.
De verdad, encontrarás mucho más placer en la soledad de tu baño.

Iniciamos la película con lo que hace trescientos años era una sala de partos normal y corriente, con una señora en la cama, pues eso, pariendo. Está rodeada de comadronas que no hacen más que pedirle que aguante y le colocan paños húmedos encima.
Finalmente, tras unos intensísimos gritos dignos de sala X, da a luz a una albóndiga rosácea con poco pelo, que se coloca al pecho.
En ese momento, el General, personaje que más tarde daremos en llamar Ney, se acerca al que parece el malo malísimo (¿Jean Reno? ¿Leónidas?) y le dice que es varón, a lo que nuestro (presunto) gabacho le responde que, en ese caso, ya conoce las órdenes.
Las órdenes son, para evitar infartos y acabar con la poca intriga que tiene la película, asesinar a Caspian, que en ese momento descansa en brazos de Morfeo.
Sin embargo, y como no podía faltar en este tipo de historias, nuestro joven príncipe, sobrino de Reno, es despertado por lo que, en este caso particular, es su tutor. Cabe señalar que antes de despertarse le reprocha al tutor que le deje en la cama unos cinco minutos más.
Dios, Lewis debe estar llorando, si es que los muertos lloran.
El príncipe heredero (a quien la gente que me acompañaba no dudaba de calificar de guapo) y el tutor (una especie de Dumbledore con problemas de Gota) se esconden en el armario con el tiempo justo para ver a Ney y sus ballesteros hacer jirones el lecho donde hace unos escasos minutos él estaba teniendo sueños realmente preocupantes.
Huyen de ahí un poco más tarde, y el tutor le da un cuerno que, según dice, le costó años encontrar, para decirle que se vaya sin él.
Huye de manera desesperada por un puente igualito al del castillo del malo de La Bella Durmiente, perseguido por lo que parecen ser los Nueve Jinetes del Anillo con cascos de conquistador español del siglo XVII.
Entonces llegan al bosque, y el príncipe se mete dentro, mientras que sus perseguidores vacilan unos instantes hasta que Ney/Cortés les convence para entrar (argumentando unas no muy agradables vacaciones en los calabozos), y continúan la persecución hasta llegar a lo que parece el vado de Imladris, versión profunda, y los caballos cruzan con dificultad. La ventaja que el príncipe saca a sus perseguidores se ve truncada cuando se golpea en la cabeza con una rama, entre las exclamaciones, risas e insultos de la sala.
Una vez en el suelo llama con un cuerno a la nada, esperando que ésta le responda.
En ese momento aparecen Glóin y Thorin, apodados Narnianos, y noquean al príncipe, en tanto que Thorin ataca a los Nazgûl/Conquistadores españoles del siglo XVI y apresado.
Una vez noqueado, dejamos ese extraño lugar para aparecer en Londres, en plena guerra, cuando una adolescente que, en palabras de Quevedo, seguramente estaría pegada a unos labios, unos labios superlativos, Mr. Potato en todo su esplendor.; es molestada por otro adolescente que tampoco le anda a la zaga, hasta que acaba inmersa en una pelea de sus hermanos, que es disuelta por la guardia militar.
Se sientan en un banco en el andén y son absorvidos hasta una playa paradisíaca que parece sacada de los anuncios de Andalucía Turismo, y comienzan a corretear con ella como buenos ingleses en las playas de tierras que no les pertenecen.
Llegan a las ruinas de lo que descubren fue su castillo, mientras Thorin es llevado hasta un consejo con el malo malísimo Leónidas Reno, que dice que esas criaturitas han raptado al príncipe.
El príncipe, en tanto, despierta y se encuentra con Glóin de mal humor y un tejón comprensivo, y les cuenta su historia, que hace que se enternezcan.
Entretanto, los Conquistadores españoles del siglo XVI intentan ahogar a Thorin, pero son detenidos por los adolescentes, y el enano se gana la simpatía de la niña pequeña (la única con cabeza del grupo), quien no cesa de decir que ha visto a Ashlan (el León que no aparece hasta el final de la peli... upps...).
El príncipe intenta huir, acompañado de Glóin y el tejón, pero vuelve a ser perseguido, esta vez por los ballesteros de Leónidas Reno, que van cayendo como en Jurassic Park II, entre las hierbas altas, y por una banda de ratones vestidos como los Mosqueteros de Dumas, que huieran matado al príncipe.
A partir de ahí todo va rápido, Glóin, el tejón y el príncipe se reúnen con el resto de criaturas de circo, que intentan acusar al príncipe. Poco después llegan los adolescentes, la niña y Thorin, y se unen.
En Malolandia, Leónidas Reno hace encarcelar al tutor del príncipe.
En tanto, el Circo Williams llega a lo que parece una gigantesca pirámide maya, que descubren es la tumba del león, y se deciden a, mientras los malolandeses vestidos como Conquistadores españoles del siglo XVI construían un puente sobre el vado de Imladris para que pudiesen pasar sus legiones.
El Circo Williams decide atacar su ciudad, y uno de los adolescentes (el rey Edmund) llega a una de las torres con un grifo, mientras el resto de adolescentes y el príncipe hacen lo propio. Edmund usa su linterna para hacer señales a sus aliados, y consiguen abrir la puerta. El príncipe rescata a su tutor, quien le murmura unas palabras sobre la suerte de su padre y Leónidas Reno.
Van a la habitación del Sumo Malvado Reno, donde el príncipe está a punto de cercenarle la yogular a Reno, pero la mujer de éste se lo impide disparando con una ballesta.
El resto de la operación acaba en fracaso rotundo, y la mitad del ejército freak se queda en el patio interior sufriendo los ballestazos de los malolandeses. Hay roces entre el Sumo Monarca Peter y el príncipe, y éste casi despierta a la Bruja del Hielo, y en la escaramuza subsiguiente muere Glóin.
El ejército restante se reúne en la pirámide, y Reno es coronado monarca por el consejo, en una escena en la que no puedo por menos echar en falta a Bruto y los idus.
De aquí en adelante Reno es César.
El puente termina, y la niña pequeña es enviada junto con Mr. Potato a buscar a Ashlan, mientras el resto del ejército freak se queda esperando a que lleguen los malolandeses, en una especie de legión haradrim.
Se decide que el Sumo Monarca Peter combatirá con César, cual Héctor y Aquiles, para dar tiempo a la niña.
Y fue entonces cuando el Sumo Monarca Peter se enfundó en su armadura de la tienda Disney, para luchar contra César en una armadura de mirmidón.
Tras una patética lucha, César es derrotado, y el Sumo Monarca Peter le cede la decapitación al príncipe. Y César, que ha hecho cualquier cosa por el poder, y como no puede ser menos, se ríe de los reparos del príncipe.
Éste le deja vivir, y cuando César se reúne con Ney y el que será llamado Bruto, los idus se hacen palpables y es asesinado.
Bruto y Ney dicen que ha sido traición, y ordenan el ataque. Las catapultas atacan el castillo y, sin cesar el fuego, Ney ordena una carga, parecida a la de Waterloo, ya que la infantería freak aún está intacta.
De hecho, por eso lo llamo Ney.
Cabe destacar que la caballería malolandesa no es, ni mucho menos, caballería ligera, y que Wellington ya se podría haber retirado a la colina, que esa caballería parece imparable.
Entonces, los centauros hacen que se hunda la tierra en una versión un tanto bestia de la batalla de los Campos Cataláunicos, y la caballería queda destrozada.
Bruto ordena entonces el ataque de la infantería, y rodean a las tropas freaks en seguida, en lo que parece una representación de la batalla de la Puerta Negra.
En tanto en la sala se pierde la esperanza, la niña encuentra a Ashlan, y Mr. Potato es rescatada por el príncipe cual Ginebra y Lancelot (aunque, ahora que pienso, esto último sucede antes del desenlace del combate singular entre el Sumo Monarca Peter y César.
Entonces, un inmenso ejército de árboles se cierne sobre los malolandeses, que debierno haberse sentido como los uruk de El Señor de los Anillos en la batalla del Abismo de Helm (en la del libro, no en la de la película), y Bruto ordena la retirada (Ney se ha rendido al otro bando y, cómo no, los narnianos respetan su vida).
El ejército malolandés que queda se para en el puente sobre el vado de Imladris al ver que, al otro lado, había una niña y un león. Bruto ordena una última y heróica carga contra estos dos adversarios, cuando el león ruge, el vado de Imladris hace honor a su nombre (a su nombre dado por mí), y el agua decrece sólo para volver con la suficiente fuerza como para engullir al ejército. Lo único es que, esta vez, en lugar de ser caballos es un viejo enorme.
Tras los encuentros, de los que ni El Señor de los Anillos pudo librarse, se reúnen todos los dirigentes con su pueblo, y Ashlan les dice a los malolandeses que, por ser humanos, podrían volver a Inglaterra, si lo desean. Ney y Cornelia, la esposa del difunto César, aceptan, y también los adolescentes, de los cuales no volverán a Narnia dos, por ser demasiado mayores.
Entonces volvemos a Londres, y Mr. Potato debe seguir soportando a ese otro chico que flirtrea con ella (después de haber besado al príncipe, parte que he obviado por ser demasiado cacaculopisiante).
Se levanta una música realmente horrible que no tiene que ver con la del resto de la película (que ya de por sí es un poco una imitación de la banda sonora de Howard Shore).
Y, al abandonar el cine, me mareo.

Bill in the Sky with Diamonds

Hoy, y siguiendo la nueva tendencia, colgaré un vídeo de los Beatles destrozando un poco a Shakespeare.
Nada más que decir, salvo que la gente se porta tan bien que se me agarrota la garganta.


jueves, 17 de julio de 2008

Requiem en do menor

Colgaré esta obra, que tanto me gusta, ya que veo que Darth Vader dice que no tengo esto muy actualizado... ¡pues que haga méritos para que le odie, y así podré escribir!


Introitus


Kyrie


Sequenz I (Dies Irae)


Sequenz II (Tuba Mirum)


Sequenz III (Rex Tremendae Majestatis)


Sequenz IV (Recordare)


Sequenz V (Confutatis)


Sequenz VI (Lacrymosa)


Offertorium


Sanctus


Benedictus


Agnus Dei


Communio

miércoles, 16 de julio de 2008

Delegar competencias

El texto que reproduciré a continuación viene de un e-mail que me mandaron hace unos días. Me pareció curioso, y por eso decido pegarlo aquí.


Cierto día, un día aburrido y monótono en una empresa aún más aburrida y monótona, el director de dicha empresa daba vueltas a su despacho sopesando cuidadosamente una controvertida cuestión.

-¿Me amará mi mujer? -se decía- ¿o es que sólo me quiere por mi dinero?

En esto que entra el subdirector de la empresa con un dibujo de su hija de cinco años en la mano, sin nada que hacer, y, cuando se dispone a enseñárselo al director, éste le replica:

-Tienes que averiguar si mi mujer me ama o sólo está conmigo por mi dinero. Te doy una hora.

Y se sienta en su sillón para intentar resolver un cubo de Rubbick, actividad que deja unos minutos más tarde para ponerse a gastar bromitas telefónicas.

El subdirector, entretanto, se va a la sala de juntas, donde todos los accionistas de la empresa se están tomando un café. Discuten sobre política, y algunos tiran avioncitos de papel. Salta a la vista que ninguno de ellos tiene nada que hacer.

El subdirector expresa el problema con las siguientes palabras:

-El jefe quiere saber si cuando se tira a su mujer, ella accede por amor o por dinero. Tenéis 45 minutos para dar con la respuesta.

Algunos se levantan para dar una vuelta y meditar, otros se quejan por la delegación de competencias, algunos de ellos roncan y otros sencillamente nunca se dieron cuenta de que aquello iba con ellos.

Uno de los que se levanta se encuentra al relaciones públicas de la empresa enzarzado en una discusión con una máquina expendedora sobre el cambio, evidentemente sin nada que hacer.

-El jefe quiere saber si su mujer se lo trajina por amor o por dinero. Tienes un cuarto de hora para darme la respuesta.

El relaciones públicas sale corriendo, baja hasta la primera planta, y se encuentra la mesa del becario, hasta arriba de papeles, con una cinta en la cabeza y más agobiado que cualquier ser que hubiesen conocido.

-Escucha, tú, el director quiere saber si su mujer se acuesta con él por dinero o por trabajo. Tienes 5 minutos para responder.

Entonces el becario, sin levantar la cabeza del trabajo, contesta.

-Es por amor.

Cuando el subdirector, el accionista que había encontrado al relaciones públicas, y el relaciones públicas se lo dicen al director, éste queda impresionado ante la presteza de la respuesta del becario.

Baja para hablar con él y le pregunta que cómo puede estar tan seguro.

En ese momento, el beario, ya harto de que no le dejen trabajar en paz, salta y exclama:

-¡Porque si fuese por dinero también lo tendría que hacer yo, joder!

lunes, 14 de julio de 2008

El Tiempo es una droga. En cantidades excesivas, mata.

Hace 15 años, cuando los contenedores aún eran de metal y los autobuses de la ciudad eran aún más cutres que ahora, mientras los franceses celebraban su fiesta nacional por iniciar la Eda Contemporánea con más derramamiento de sangre que el My Flower con escorbuto, mi madre fue ingresada para dar a luz un parásito ególatra y con aspiraciones homicidas.
Así que ahora, quince años después, y con una foto disfrazado de siurell ciego, recluido en mi cuarto hasta que pase la tormenta, me llego a vosotros para relataros los trágicos hechos del día de hoy:

Abriré este gótico relato con una cita.
"No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño."
En medio de mis atribulados sueños comenzó a sonar una barroca melodía para órgano que resonó dentro de mi subconsciente como una barra de acero que ha caído desde una altura de tres pisos cerca de un pabellón de traumas auditivos.
Cuando escuché por primera vez la Toccata y Fuga de Bach jamás imaginé que la usaría de despertador, pero así es, y puedo asegurar que ayuda tener una idea bastante alta de uno mismo.
Una vez vestido, inicié mi larga marcha hacia el estudio, con la esperanza de no ser sorprendido por algún familiar con intensas ganas de evadirse de su realidad personal y centrarse en destruir la mía. Por supuesto, éste no es un proceso consciente, lo cual lo hace aún más insoportable que saber que sencillamente intenta joderte la existencia.
Mientras camino a escondidas por el pasillo, el cual se me antoja aún más largo de lo normal a causa del sueño matinal, me sale al paso lo que a todas luces parece un ser sacado de una película de terror, pero cuando me levanto el flequillo se rebela como mi madre, que me dice 'buenos días' y se dirige a la penumbra que hay detrás mía.
No trato de impedírselo.
Me meto en el cuarto de baño para lavarme lo que antes de la llegada de la bilis y todo su odio inherente eran dientes impolutos, y miro en el espejo mi pelo extrañamente no alborotado.
Tengo que afeitarme, pero lo haré otro día.
Otro día en el que la gente no se dedique a enviarme felicitaciones llamándome Tomasito, quinceañero, Tommy-Tom, Tommy y demás basura infumable.
Otro día en el que no me hagan pasar vergüenza soplando velas. Otro día que no me haga cambiar la costumbre de decir que tengo 14 años.
Ale, ya stá, ya lo he dicho...

Por cierto, la encuesta de mi blog ya lleva unos buenos 100 días...

--

domingo, 13 de julio de 2008

El viaje - Primera parte

3:45 de la madrugada. Chica dando vueltas en una cama. ALGUIEN ha apagado el aire, por que no se quiere costipar. El mismo ambiguo alguien que está sudando como un
pollo a su lado y, que como ella, no puede dormir, y que comparte el escaso espacio de una diminuta cama con otra tía que, qué raro, tampoco puede dormir.

Por qué cuando tienes algo importante que hacer se te quita el sueño? Yo no lo sé, pero ésa frenética madrugada previa al viaje, fue como la cuenta atrás más mortífera y agonizante que había tenido en mucho tiempo. Ni en los tiempos que me iba de campamento había estado tan nerviosa por algo, palabra. A veces me avergüenzo seriamente de mí y de las cosas que me quitan el sueño.

Pero el caso es que acabamos por dormir. Con un sueño ajetreado, eso sí; ausencia clara de estado REM. Nos ponemos en pie a eso de las 7; caras de sueño, caras de estar al borde de un infarto. Comemos, sin hambre. Bueno yo sí, yo siempre tengo hambre. Aunque se me colapse el estómago por ataque de nervios, el Colacao surfea mi esófago con la misma simplicidad de siempre.

Nos vamos. Cogemos un Taxi. El cielo es tan brillante, tan orgánico y vivo que no parece que me vaya a un concierto, parece que me vaya hacia él. Llegamos al aeropuerto con tiempo, lo suficiente como para que se me acaben de averiar las pocas venas sanas que me quedaban.

Se me ocurre la brillante idea:
- ¿Todas llevamos las entradas?

Tensión.

Más tensión.

Neus grita, Neus llora. Neus saca su inhalador y se dispara un chute de tranquilidad que no le sirve para nada; ésos trastos de poco te sirven cuando estás completamente segura que vas a perder el avión que te tiene que enviar directo a la felicidad. Neus coge un Taxi a su casa. Yo repaso las técnicas de asesinar que he aprendido viendo Dexter, por si acaso las tengo que utilizar en cuanto acabe todo esto. Ana compra chicles, y esperamos.

Neus llama. Neus está en un atasco. Neus se la torra al taxista, le dice que vaya más rápido que tiene que coger un avión. Típica excusa, pero no te sirve en un atasco. Gracias a Dios, el atasco se disuelve a los tres metros siguientes, Neus llega a su casa, coge las entradas, y vuelve.

Primer paso superado.

El vuelo transcurre rápido, y a mi parecer tranquilo. Neus descubre que le tiene miedo a volar y me obliga a cerrar la ventanilla; cosa que me sienta mal porque me encanta mirar las nubes y el cielo desde las alturas. Pero la cierro, por que en realidad soy buena tía.
Ana repasa canciones de Panic, mi cabeza se pierde en algún sitio, la tía de al lado le da una revista de casas a Neus y le dice que se imagine viviendo en una de ellas, para que se le pase el miedo.

Pues a mí volar me gusta.

El tío de Neus nos recoge con su coche, que huele a raro. El cielo de Madrid es amarillo y polutivo, y todo tiene un ambiente que parece de Star Wars (más Wars, que Star). Los adultos hablan de carreras, y de que el cuarto de ESO científico es cojonudamente difícil, y que muchos se quedan ahí. Neus me mira con cara de angustia y me dice que vale, que puede que yo tuviera razón y lo de cambiar de optativas es negociable. Frente a esa perspectiva me doy cuenta de que yo ya he acabado de ESO y me invade una felicidad tan grande que es imposible de explicar. Ana confiesa por enésima vez que ha suspendido Gimnasia, e insiste en que es "porque ella ha querido".

Llegamos a casa de los tíos Madrileños de Neus. Su prima Blanca resulta ser lo que posteriormente hemos definido como Rapper-Spanish, que consiste en una mezcla quilla de la cantante Pink con la Juani (aproximadamente). Pero es maja, aunque le guste el Reggeaton y toda su lista de amigos empiece por "Er_" o "Sa_" , y decido que será aguantable tenerla como sustituta de la madre de Neus en el concierto.

Comemos sphagettis a la carbonara y nos vamos a hacer cola al concierto.

Llegamos y todo son emos. Qué tiene la gente con ser emo en verano. No ven que hace calor?
Pobre Panic; pienso. Por una vez que vienen a España, y tiene que encontrarse con esto. Después pienso que, a la vista de ojos ajenos, yo no soy mejor que ellos, y decido pasar el rato haciendo otra cosa que no sea observarles.
Hacemos buenas migas con las tías que hacen cola delante nuestro. Jugamos a cartas y reímos. Ellas solo vienen a pasar el rato. Ellas no tienen preferencia alguna en cuanto a grupos y no han cogido ningún avión porque éste concierto sea la oportunidad que han estado esperando durante años.
Ya, lo suponía.

Las dos horas pasan un poco más rápido de lo esperado, y cuando entramos al gigantesco palacio casi me cago literalmente encima. Hay aire acondicionado y se está muy bien. Hay poca gente todavía, estaremos más o menos por séptima fila. Tenemos 5 horas para colarnos hasta la primera.

Y ésas 5 horas son las más agónicas de vida, ésta vez sí que sí. Grupos asquerosos tocando canciones igual de asquerosas. 15 minutos de descanso entre grupo y grupo. De vez en cuando me sumerjo entre la multitud, descanso en el suelo. Pero no sirve de mucho, porque cuando te vuelves a levantar estás igual de cansada que antes.
5 horas. De pie. Sin agua. Escuchando el mismo anucio 20093902483904 millones de veces.

Podría haber sido peor.

Acaba Pignoise. Oh, oh. Ahora viene Panic.
15 minutos más, y ya.
O lo que a mí me ha parecido; 3 horas más.

Y ya. Oyes la multitud gritando, emocionados. Han visto algo, en algún lugar del escenario. No veo nada, pero sé que si me levanto, si me pongo un poco más de puntillas, los voy a ver. Por fin. Después de todo este tiempo. Ya vienen.

sábado, 12 de julio de 2008

Vidas de los Sultanes Otomanos: Introducción (III)

Y con este tercer y último capítulo de la introducción a la serie de biografías de los monarcas osmanlíes, daremos paso a las biografías en sí:

Nos quedamos en el vacío de poder que había dejado en Anatolia la derrota bizantina en Manzikert (Malazgirt), que generó el establecimiento de varios clanes turcomanos seleúcidas, que crearon los primeros estados turcos en Anatolia. El más importante fue el de Rum (nombre dado en el mundo islámico a los territorios del Imperio Romano), con capital en Iznik (Nicea), que duró de 1077 a 1308; aunque también hubo otros como el estado de Danisman en Sivas , y Saltuks en Erzurum.

Poco después Anatolia, como el Levante, sufrió el impacto de las Cruzadas, y, tras la caída de Iznik ante los cruzados, la capital de Rum se trasladó a Konya. Mientras tanto, los bizantinos intentaron sin éxito repeler el avance seléucida. Bajo el reinado de Kiliç Arslan II, el sultanato seléucida de Rum se convirtió en el estado más poderoso de Anatolia, con acceso al Mediterráneo y el Mar Negro.

Los seléucidas de Rum disfrutaron de riqueza y prosperidad, tanto económicas como culturales. Fue durante este período cuando Celaleddin Rumi escribió su Mesnevî en Konya. Bajo el reinado de Malik Sah, un mecenas de las artes y las ciencias, el estado de Rum alcanzó su cumbre. Por otro lado, el avance mongol en el Asia Central convirtió a Rum en refugio de gentes educadas y experimentadas que desarrollaron las artes y el conocimiento en Anatolia.

Pero, como ni lo bueno ni lo malo duran eternamente, al final, las hordas mongolas llegaron a Anatolia, derrotando a los seléucidas en Kösedag (1243) y convirtiéndolos hasta el 1308 en vasallos. Durante los siglos XIII y XIV, hasta 1335, los ilkhanes mongoles de Persia gobernaron Anatolia. La reducción de impuestos que ofrecían a los musulmanes supuso un aumento en la tendencia a la conversión al Islam de los cristianos anatolios.

A partir de 1335, los turcomanos rebeldes empezaron a formar los "beylik" (señoríos o principados) desafiando la autoridad mongola. Entre los más importantes destacaban los Karamánidos en los Montes Tauro, con capital en Konya, y los danismándidos en la Anatolia central; pero fue un pequeño emirato en Eskisehir, en el noroeste, cercano a la frontera con los bizantinos, el que acabaría imponiéndose....

Como nació, su desarrollo hasta convertirse en una de las mayores potencias de su tiempo, su decadencia, y la huella que ha dejado en la historia de la humanidad y en buena parte de su geografía, es lo que veremos en los capítulos subsiguientes, a través de las biografías de sus soberanos. Os espero para continuar este nada pequeño viaje a través del tiempo y el Mediterráneo....

jueves, 10 de julio de 2008

The Rooftop Concert

Ver lo abandonado que está esto me obliga a colgar cosas cada vez más chorras y ajenas a lo que normalmente colgaba. Hoy colgaré el concierto que los Beatles dieron en la azotea de los estudios Apple, que, según tengo entendido, es la última vez que se les vio juntos. También tengo entendido que se grabó como parte de la película Let It Be.
De hecho, todo lo que tengo entendido se puede citar textuamente de la siguiente manera:
"Tuvo lugar el 30 de enero de 1969,como digo,en la azotea de los estudios Apple,y en realidad fue una grabación para la película 'Let it be'.Pronto se corrió la voz,y los tejados de los edificios colindantes se abarrotaron de gente,así como las calles,lo que llevó a la policía a intervenir.Primero pidieron a los componentes del grupo que dejaran de tocar,y ante la negativa de estos,se les sugirió que lo hicieran bajando el sonido.Una nueva negativa hizo que desconectaran los equipos,y dieran la 'actuación' por terminada."

Antes de colgar los vídeos, diré que en la segunda parte los Paul pega unos chillidos que no me esperaba de él...

1/3


2/3


3/3



Dos canciones por vídeo:
"Get Back"/"Don't Let Me Down"
"I've Got a Feeling"/"One After 909"
"Dig a Pony"/"Get Back"

lunes, 7 de julio de 2008

Mi pequeña galería de los horrores South Park

Hoy, gracias al link del blog de cierta oveja descarriada, colgaré las imágenes de lo que se me pasa por la cabeza ahora mismo.


Para los que también se aburran, http://devbook.com/charactercreators/southpark/ (también hay uno con Lego...).

Mi Jedi con problemas existenciales y con las drogas y adicto a la comida japonesa (ver palillos).







Mi pequeño residente en un pabellón psiquiátrico (porque en el cieeeeeelo no hay alcohol...).








Mi fanático religioso.






Una mezcla entre Charlot y Groucho.

miércoles, 2 de julio de 2008

La Columna del Odio: Mi tío y el porno alemán

Una de las consecuencias directas del retorno de mi tío era la inevitable, aunque intermitente, estancia en mi casa.
Pues bien, ayer, estando en mi morada, decidió que ya hacía tiempo que no intentaba hundirme la existencia, e hizo acopio de su mala leche y de su desesperación para destrozar, una vez más, mi ordenador.
El relato de los siguientes acontecimientos, así como su orden dentro de mi traumatizada mente, puede herir sensibilidades y causar crisis de estima a la raza humana, pero creo que es mi deber relatarlo.
Ayer noche el ordenador era mío. Se puede decir que prácticamente es mío, pero anoche, que es cuando tuvo lugar la traición, también lo era. Yo estaba sumido en una de mis interminables y tediosas tardes, charlando animadamente con un ente no muy superior a una ballena (salvo en tamaño) sobre la herencia de mis libros para el instituto, cuando, en un arrebato de mala leche, mi tío, con apariencia desaliñada y sudando como el cerdo que en el fondo es, me pidió el ordenador. Y yo, que no encontraba mayor placer hablando con Moby que siendo devorado por la indigesta víbora amiga de la novia de mi primo, decidí dejárselo, temiendo que se suicidase, y luego me echasen a mí la culpa.
En ese momento me fui a mi cuarto a leer la Guía del Autoestopista Galáctico, que ya la tenía olvidada. Mi tío, entretanto, se dedicó a mirar páginas pornográficas. Páginas pornográficas inseguras, para más señas, por lo que infestó tanto mi ordenador de virus como si El Arenal por estas fechas.
Y me dormí.
Me desperté esta mañana y, tras estar un rato en la cama, decidí levantarme. Fui, como ya tengo por costumbre, al cuarto del ordenador, y me encontré que la pantalla mostraba un fondo azul, escrito en letras blancas, que hablaba, en inglés, sobre los virus que habían entrado.
No pude por menos esbozar una sonrisa agria, y reiniciar el ordenador, darme un cabezazo contra el teclado y pelarme una naranja hasta descubrir que, en efecto, mi ordenador se había convertido en La Ribera Maya de los virus estivales.
Le comenté a mi madre, que poco sabe de estos temas, que no es que hubiese escogido un fondo de pantalla minimalista para darle un poco de emoción a mi vida, sino que el hijo de la gran puta de su hermano había usado nuestro ordenador para mirar porno alemán mientras su sobrino, de 14 años, se dedicaba a leer en la misma casa.
Por lo menos tuvo la decencia de quitar el volumen.
Así que me comí la naranja, y me fui al salón. Me encontré a mi tío tumbado en el sofá diciéndole a mi madre que lo de los virus será de las cosas que me bajo. La cual cosa no tiene lógica, porque la única persona que se baja algo en mi ordenador es él, esos estúpidos capítulos en catalán de Ryotsu.
Tras el shock inicial, y después de haber sopesado detenidamente si meterle una bomba de aluminio y salfumán por vía rectal, decidí irme a la cocina, ya que prefería oír las interesantes conversaciones de la vecina de enfrente, consigo misma, sobre lo inútil de hablar sola.
Más tarde, mi madre me utilizó durante toda la mañana para hacer fotos en la Estación de Sóller, donde dijo perlas como que el tren de Sóller aún iba con carbón, y cosas así.

martes, 1 de julio de 2008

El Verano

«No puedes parar el tiempo... pero puedes atrasarlo una hora a las 2 a.m. del 28 de octubre cuando acaba el horario de verano y empieza el tiempo estándar».
(Campaña publicitaria estadounidense sobre la utilidad del horario de verano)
Y sí, las hembras ligeras de ropa, la enorme concurrencia de alemanes por las calles y plazas importantes, los estúpidos anuncios sobre recopilaciones de música caribeña y la estúpida publicidad de los cuadernitos de Vacaciones Santillana sólo podían significar que el verano ya está con nosotros.
Personalmente, siempre he considerado el verano una de las estaciones más horribles del año. Dejando de lado cuestiones meramente climáticas, como el intenso calor, la humedad isleña y su consiguiente sudoración excesiva, el verano siempre se me ha presentado como una época aburrida e idiotizante.
La gente suele decir que es porque, como soy un buen estudiante, y no tengo razón para estudiar los veranos, puedo permitirme el lujo de aburrirme. Además, como paso de ir a la playa con amigos o salir de mi casa salvo lo estrictamente necesario, no tengo derecho a quejarme.
Pues a cagar, yo me quejaré cómo y de lo que me dé la gana.
Aunque la verdad es que lo entiendo. Nueve meses más horribles que los de gestación deben ser recompensados con unas vacaciones. Y si 'vacaciones' quieren decir pasarse el día en casa aburriéndose y pensando en qué reacciones químicas con materiales caseros pueden ser peligrosas, o morirse de calor mientras la gente va a la playa, pasarse el día frente al ordenador escuchando música que la gente hace siglos que no escucha, pues que así sea.
Nunca entenderé esa forma tan curiosa que tiene la gente de justificarse.