Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

viernes, 30 de enero de 2009

Efeméride

Hoy hace cuarenta años desde que los Beatles dieron su último concierto, en el tejado de los estudios Apple.
También murió, en 1847, Virginia Clemm, la única esposa (y prima) de Edgar Allan Poe. Un siglo y un añomás tarde, Gandhi era asesinado.

El Centurión No Tiene Quien Le Escriba: Baviera; esa panda frikis, IV

Kgw

- ¿Qué le voy a decir a mis tíos? - dijo el primo, acercándose al condestable- ¿Pero entonces está muerto?
- Muerto del todo - respondió este - Vaya, al menos eso es lo que creo
El círculo de miembros del consejo de Estado que rodeaba al militar no-tan-profesional se estrechó con este detalle.
- ¿Cómo que eso es lo que cree? - dijo Federico - ¿Es que no ha visto su cadáver?
- Bueno, verlo, verlo... Es un poco difícil de explicar.
- Un par de semanas en nuestras mazmorras hacen que uno se explique muy bien - recordó el duque Ernest.
- Están recién reformadas - comentó el obispo de Múnich.
- Y casi nuevas - añadió Federico - sólo tenemos un invitado, un tipo que se explicaba demasiado; seguro que se llevará perfectamente con alguien que se explica poco.
Grandes goterones de sudor cayeron sobre la frente del condestable, al que de repente se le soltó la lengua a gran velocidad.
- Yo, yo les juro por lo que más quieran que está muerto. De verdad.
- Pero no ha visto su cadáver - recordó Chisburguer.
- ¡Porque quedó aplastado bajo una roca de varios quintales! - dijo, enronquecido de los nervios.
El silencio volvió a reinar en la reunión del consejo de estado bávaro. Sólo una voz fue capaz de abrirse paso.
- ¿Aplastado? ¿Qué le voy a decir a mis tíos?
Con el condestable más calmado y el primo expulsado de la reunión, se pudo reconstruir el transcurso de la primera batalla bávara con mucha más calma. Al parecer, el bestia de Eichstatt se había empeñado en levantar el sitio de Tirol cargando de frente sobre los sitiadores suizos.
Desgraciadamente, al estar el castillo sobre una montaña, los suizos tuvieron tiempo de sobra para ver cómo se acercaban las mesnadas bávaras, tirar un par de piedras montaña abajo y dejar que la caída se encargara de lo demás. A ese respecto, todos los miembros del Consejo de Estado de Baviera estuvieron de acuerdo en cuán injusta era la ley de la gravedad, que sin haber sido promulgada todavía, no dejaba de hacer efecto; tal como lo hizo sobre el señor de Eichstatt y los cientos de mesnaderos que dejaron la piel en las montañas tirolesas.
Federico pasó unas cuantas páginas para ver si el final de la Guerra del Tirol aparecía tal como habían decidido. Y leyó: "Al tronar por segunda las voçes bávaras, el miedo apoderóse de los suissos, que huyeron como perseguidos por el mismo Maligno..." Efectivamente, eso sonaba más digno que la verdad: que la derrota hizo que pocos bávaros tuvieran interés en unirse a una segunda mesnada. Y una sabia campaña de reclutamiento, emborrachando parroquianos en las posadas tardó más de un año en reponer las huestes perdidas. Ante todo esto, los austriacos, viendo la poca ayuda que eran sus aliados y la mala idea de sus enemigos, tomaron la decisión de reconocer que las auténticas navajas suizas se hacía en Suiza, a lo que añadieron una indemnización de 142 ducados. Así pusieron fin a la guerra... justo en el mismo momento que los bávaros se disponían a salir hacia las montañas.
"No me extraña que le caigamos tan bien a los austriacos". Pensó ensimismado Federico.
Para no deprimirse más pensando en las relaciones diplomáticas bávaras, que últimamente no estaban en su mejor momento - pues la falta de dinero impedía sobor... digo, financiar la amistad hacia Baviera de personas relevantes en países vecinos - Federico de Ñíón y Cifuentes decidió dejar el manuscrito ("A ver si inventan de una vez la imprenta, diantres", pensó) y se puso a buscar otro legajo que pudiera distraerle. Era eso o volver a escuchar las diatribas del duque Ernest sobre el ajedrez, o, peor aún, rebuscar una vez más por la sala del tesoro en busca de algún maravedí que hubiera quedado escondido por alguna parte. Lo había hecho varias veces durante este tiempo y nunca había obtenido resultado, pero al menos era una forma más de pasar el rato.
Así pues, tras desechar tan entretenidos pasatiempos, optó por leer un delgado volúmen que no creía haber visto antes:
Historia de una ida, una vuelta y una ida más. Los viajes de CVB
"(...) cuando cruzaba de nuevo los Alpes, me encontré un grupo de gente que quiso que le prestara mi ropas y mi bolsa, pero les dije que en ese momento me hacían falta y seguí mi camino. Creo que uno de ellos gritó algo sobre un idiota y unos salteadores, pero no sé a qué se pudo referir.
Al cabo de un par de días por las montañas logré ver de nuevo mi tierra natal, Baviera, mi patria querida..."

- Acabáramos - se dijo a sí mismo Federico - Este tipo es ese pesado que vino de Castilla. Si cuando dicen que a perro flaco todo son pulgas...

jueves, 29 de enero de 2009

En el principio fue la línea de comandos, III; Lanzador de Bits

Neal Stephenson

LA CONEXIÓN ENTRE COCHES y modos de interactuar con los ordenadores no se me habría ocurrido en la época en que me llevaban de paseo en aquel descapotable. Me había apuntado a una clase de programación en el Instituto de Ames. Tras unas cuantas clases introductorias, nos dieron permiso a los estudiantes para entrar en una sala diminuta que contenía un teletipo, un teléfono y un módem anticuado consistente en una caja de metal con un par de cuencas de plástico encima (nota: muchos lectores, abriéndose camino a través de esta última oración, probablemente sintieron un retortijón inicial de temor de que este ensayo estuviera a punto de convertirse en una tediosa batallita sobre lo difícil que lo teníamos en los viejos tiempos; tranquilícense: lo que estoy haciendo, de hecho, es colocar mis piezas sobre el tablero de ajedrez, por así decirlo, preparándome para realizar una observación sobre temas realmente interesantes y actualizados como el software de fuente abierta. El teletipo era exactamente el mismo tipo de máquina que se había estado usando durante décadas para enviar y recibir telegramas. Se trataba básicamente de una máquina de escribir ruidosa que sólo podía generar LETRAS MAYÚSCULAS. Montada a un lado había una máquina más pequeña con un largo rollo de cinta de papel y una cesta de plástico transparente debajo.

Para conectar este dispositivo (que no era un ordenador en absoluto) con la Universidad Estatal de Iowa al otro lado de la ciudad, había que coger el teléfono, marcar el número del ordenador, esperar a que llegaran ruidos raros y entonces colocar el auricular en las cuencas de plástico. Si acertabas, una cuenca envolvía sus labios de neopreno en torno a la parte de la oreja y el otro en torno a la parte de la boca, consumando una especie de sesenta y nueve informacional. El teletipo se estremecía mientras era poseído por el espíritu del lejano ordenador, y empezaba a martillear mensajes crípticos.

Puesto que el tiempo de ordenador era un recurso escaso, usábamos una especie de técnica de procesamiento por lotes. Antes de marcar en el teléfono, conectábamos la perforadora de cinta (una máquina subsidiaria atornillada al costado del teletipo) y tecleábamos nuestros programas. Cada vez que pulsábamos una tecla, el teletipo imprimía una letra en el papel delante nuestro, de tal modo que pudiéramos leer lo que habíamos escrito; pero al mismo tiempo convertía la letra en un conjunto de ocho dígitos binarios, o bits, y perforaba un patrón correspondiente de agujeros a lo ancho de una cinta de papel. Los diminutos discos de papel salidos de la cinta caían en la cesta de plástico transparente, que lentamente se llenaba de lo que sólo puede describirse como bits reales. El último día del curso, el chico más listo de la clase (no yo) saltó desde detrás de su pupitre y lanzó varios kilos de estos bits por encima de la cabeza de nuestro profesor, como confetti, como una especie de broma semiafectuosa. La imagen de aquel hombre sentado allí, atenazado por las fases iniciales de una atávica reacción de lucha-o-huye, con millones de bits (megabytes) cayéndole por el pelo y metiéndosele por la nariz y la boca, el rostro poniéndosele morado a medida que se aproximaba a la explosión, es la escena más memorable de mi educación formal.

De cualquier modo, resultará obvio que mi interacción con el ordenador fue de una naturaleza extremadamente formal, que estaba dividida en diferentes fases, a saber: 1) sentado en casa con lápiz y papel, a kilómetros de distancia de cualquier ordenador, pensaba mucho acerca de lo que quería que hiciera el ordenador y traducía mis intenciones a un lenguaje informático --una serie de símbolos alfanuméricos sobre la página--; 2) llevaba esto a través de una especie de «cordón sanitario» informacional (cinco kilómetros a través de tormentas de nieve) hasta el colegio e introducía aquellas letras en una máquina --no un ordenador-- que convertía los símbolos en números binarios y los registraba visiblemente en cinta; 3) entonces, mediante el módem de las cuencas de goma, enviaba aquellos números al ordenador de la universidad, que 4) hacía aritmética con ellos y devolvía números diferentes al teletipo; 5) el teletipo convertía estos números de nuevo en letras y los martilleaba en una página, y 6) yo, mirando, interpretaba las letras como símbolos significativos.

El reparto de responsabilidades que todo esto conlleva es admirablemente limpio: los ordenadores hacen aritmética con bits de información. Los humanos interpretan los bits como símbolos significativos. Pero está distinción está desdibujándose, o al menos complicándose, con la llegada de los sistemas operativos modernos que usan, y frecuentemente abusan, del poder de la metáfora para hacer los ordenadores disponibles para un público más amplio. Por el camino --posiblemente debido a estas metáforas, que hacen de un sistema operativo una especie de obra de arte-- la gente empieza a ponerse emotiva y le toma cariño a fragmentos de software del mismo modo que el padre de mi amigo le tenía cariño a su descapotable.

Puede que la gente que sólo ha interactuado con un ordenador a través de interfaces gráficas de usuario como MacOS o Windows --es decir, casi cualquiera que haya usado un ordenador-- le haya sorprendido, o al menos llamado la atención, lo de la máquina de telégrafos que yo usaba para comunicarme con un ordenador en 1973. Pero había, y hay, una buena razón para usar este tipo particular de tecnología. Los seres humanos disponen de formas diversas de comunicarse entre sí, como la música, el arte, la danza y las expresiones faciales, pero algunas de ellas son más susceptibles que otras para expresarse como cadenas de símbolos. El lenguaje escrito es la más fácil porque, por supuesto, ya consiste en cadenas de símbolos para empezar. Si resulta que los símbolos pertenecen a un alfabeto fonético (y no son, por ejemplo, ideogramas), convertirlos en bits es un procedimiento trivial que se fijó tecnológicamente en el siglo XIX, con la introducción del código morse y de otras formas de telegrafía.

Teníamos una interfaz humano/ordenador cien años antes de tener ordenadores. Cuando se crearon los ordenadores en la época de la Segunda Guerra Mundial, los humanos, de modo natural, se comunicaron con ellos, injertándolos en tecnologías ya existentes para traducir letras a bits y viceversa: teletipos y máquinas de tarjetas perforadas.

Estas encarnaban dos enfoques fundamentalmente diferentes de la computación. Cuando se usaban tarjetas, se perforaba todo un taco y se pasaban por el lector a la vez, lo cual se llamaba «procesamiento por lotes». También se podía hacer procesamiento por lotes con un teletipo, como ya he descrito, usando el lector de cinta de papel, y ciertamente se nos animaba a adoptar este enfoque cuando yo estaba en el instituto. Pero --aunque se hacían esfuerzos por mantenernos ignorantes de esto-- el teletipo podía hacer algo que el lector de tarjetas no podía. En el teletipo, una vez se establecía el vínculo con el módem, se podía introducir sólo una línea y pulsar la tecla de retorno. El teletipo enviaría entonces esa línea al ordenador, que podía responder o no con líneas propias, que el teletipo martillearía --produciendo, con el tiempo, una transcripción del intercambio mantenido con la máquina--. Este modo de hacerlo ni siquiera tenía nombre entonces, pero cuando, mucho más tarde, apareció una alternativa, se denominó retroactivamente la «Interfaz de Línea de Comandos».

Cuando fui a la universidad, usaba los ordenadores en grandes salas abarrotadas donde manadas de estudiantes se sentaban frente a versiones ligeramente actualizadas de las mismas máquinas y escribían programas informáticos; estos ordenadores usaban mecanismos de impresión por matrices de puntos, pero eran (desde el punto de vista de la máquina) idénticas a los antiguos teletipos. En aquel momento, los ordenadores compartían mejor el tiempo --es decir, los mainframes seguían siendo los mainframes, pero se comunicaban mejor con un gran número de terminales a la vez--. En consecuencia, ya no era necesario usar procesamiento por lotes. Los lectores de tarjetas fueron desterrados a pasillos y sótanos, y el procesamiento por lotes se convirtió en una cosa exclusiva de nerds,1 y en consecuencia adquirió un cierto tinte arcano incluso entre aquellos de nosotros que sabíamos siquiera que existía. Todos evitábamos ya los lotes, habiéndonos pasado a la línea de comandos: mi primer cambio de paradigma de sistema operativo, y yo sin enterarme.

Había una enorme pila de papel plegado en el suelo bajo cada uno de estos teletipos glorificados, y kilómetros de papel se estremecían mientras pasaban por sus rodillos. Casi todo este papel se tiraba o se reciclaba sin haber sido tocado jamás por la tinta, una atrocidad ecológica tan flagrante que aquellas máquinas pronto fueron reemplazadas por terminales de vídeo --los llamados «teletipos de vidrio», que eran más silenciosos y no desperdiciaban papel--. Sin embargo, desde el punto de vista del ordenador, estos también eran indistinguibles de las máquinas de teletipo de la Segunda Guerra Mundial. A todos los efectos, seguimos usando tecnología victoriana para comunicarnos con los ordenadores hasta cerca de 1984, cuando se introdujo el Macintosh con su Interfaz Gráfica de Usuario. Incluso después de eso, la línea de comandos siguió existiendo como estrato subyacente --una especie de reflejo medular-- a muchos sistemas informáticos modernos durante la edad de oro de las Interfaces Gráficas de Usuario o GUI («Graphical User Interface»), como las llamaré de ahora en adelante.

martes, 27 de enero de 2009

La Columna del Odio: Crónicas del Mediador; Preludio

Mi masoquismo me supera.
Eso ya lo sabía, por supuesto. Es más, debí habérmelo imaginado. Cuando el que fuera director de mi instituto pasó por la puerta y nos pidió que cerrásemos los ojos, me imaginé lo peor.
Tras cinco minutos concentrándome en el aire que entraba por mis fosas nasales, frío, y salía, caliente, para después imaginarme que al entrar era de un color dorado y, al salir, azul oscuro, nos dejó abrir los ojos.
Él seguía allí, cosa que pude haber deducido por haber pasado el lapso de tiempo que nublaba mi visión sin poder desconectar mi audición. Al comprobar que, efectivamente, estábamos más relajados, procedió a exponer el motivo de su visita.
Me di cuenta de que eso venía precedido por la inevitable declaración de principios, que dura diez minutos, nos habla de la mediación que, según su entender, consistía en aprender a ponerse en el lugar del otro y saber escuchar.
Cuestión, qe no sé cómo, ni por qué, me he apuntado a esos cursos, y los primeros miércoles de febrero, de 14:00 a 15:00, me voy a ver obligado a volver a esa cárcel infernal de la que muchos pujan por salir.
Lo bueno es que quizá me dé material para el blog.

domingo, 25 de enero de 2009

Feliz Año Nuevo (chino)

Me temo que huelgan las palabras (por eso odio los títulos que dan demasiada información).
Éste que entra es el año del buey xD

viernes, 23 de enero de 2009

El Centurión no tiene quien le escriba; Baviera, esa panda frikis, III

Kgw

A la mañana siguiente, no había habido ningún cambio en la situación monetaria. En el aspecto meteorológico, sin embargo, ya era otro cantar. Una borrasca - fugada de la férrea vigilancia del anticiclón de las Azores - estaba provocando el fuerte aguacero que caía sobre Múnich desde primera hora del día. Y el sufrido pueblo bávaro, siguiendo el ejemplo de sus dirigentes de no mojarse más que las fiestas de guardar si era posible, había decidido quedarse en sus chozas en lugar de venir a llevarse los restos de la liquidación del castillo de Múnich.
Esta situación hacía que Federico, el duque Ernest y los escribanos tuvieran un día muy aburrido (hasta el consejero invitado había vuelto a su casa). En vista del clima Federico se alegró de no haber puesto todavía en marcha la planeada subasta del techo del castillo, o sino los residentes en él hubieran tenido que aprender a nadar muy, muy deprisa.
Por malo que hubiera sido eso, más hubiera sido que se hubieran perdido los manuscritos que se guardaban de la historia de Baviera. Tal vez releyéndolos hubiera alguna posibilidad de salir de la trampa en la que se encontraba. En el peor de los casos, siempre podrían venderlos en fascículos estilo "Grandes Historias políticas del mundo"... o mejor como papel higiénico, ya que casi nadie sabía leer .
Así pues, desplegó el primer rollo: "De las guerras e grandes venturas que atravesó este nuestro ducado de Baviera en el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1421"
"E non facían muitos dias que salieron las mesnadas del senyor de Aijestate cuando un grande alboroto oyóse a las puertas del castillo de Muniq. E su grandeza el duque Ernest oyólas, mandó a uno de sus pajes a preguntar qué razón tenía el alboroto. E quando fue el paje, vió a unos homes que gritaban que o senyor de Aijestate estaba muerto e las mesnadas rotas, que los suissos perseguíanlos para darlos muerte a todos..."

"Bueno, "pensó Federico, "hay que ver la imaginación que le echan los escribanos..."

Diez años más tarde

...Aunque habían pasado más de 10 años, aún recordaba bien cómo les habían llegado las noticias de la derrota de las tropas bávaras. Todo empezó una tarde cálida de junio. El consejo de Estado bávaro se acababa de reunir...
(tlin, tlin, tlin. música de arpa para indicar un flash-back...)
"- Bien, veamos, creo que todos estamos de acuerdo en aumentar los impuestos sobre los aparceros, cordeleros y medianeros. ¿Alguien tiene alguna duda?
- ¿"Cordelero" va con "c" o con "k"? - preguntó el escribano becario.
- En realidad, me refería a otra clase de preguntas...
- Yo tengo una - levantó su mano el marqués de Chisburguer - ¿Qué son los aparceros, cordeleros y medianeros?
- No tengo ni idea - confesó Federico - pero si no me suena, es que no debe ser nada importante. Vamos, me jugaría el puesto a que no pasa nada porque les subamos los impuestos en un 300%
- Yo tengo otra pregunta... - dijo uno de los nobles de segunda desde el fondo de la sala de Estado
- ¿Sí, señor de... de.... De qué se trata?
- ¿Ese que está entrando por la puerta no es el condestable de nuestras mesnadas?
Todas las miradas se volvieron hacia la entrada. Y lo mismo hizo el mismo condestable, girándose para ver quién podía ser ese al que todo el mundo estaba mirando..."
"- Ah, ¿es a mí? - preguntó por fin el condestable, en vista que detrás de él no había nadie-
- ¿A quién va a ser sino? - se impacientó Federico - ¿Cuántos condestables de Baviera hay en esta sala?
- Esto... ¿se trata de una pregunta con trampa? Lo digo porque los monjes no me enseñaron más que a sumar y restar, y los debates filosóficos no son mi fuerte - y bajó la vista hacia el suelo, por si acaso.
Un murmullo recorrió la sala, las opiniones estaban divididas. Unos cuantos nobles se preguntaban qué hacía ahí el condestable, cuando se suponía que los infantes bávaros estaban machacando suizos (y no para desayunar) desde hace más de un mes. La mayoría, por el contrario dudaba si la pregunta de Federico de Ñion y Cifuentes tenía trampa o no. Pero antes de que alguien se atreviera a preguntar por ello, la voz cascada del duque Ernest silenció los murmullos.
- Vamos a ver si me entero. Si éste es el condestable, ¿dónde están nuestros infantes?
- ¿Nuestros qué? - volvió a preguntar el condestable. Definitivamente, la educación de los monjes había sido muy deficiente -
- Infantes - dijo el marqués de Chisburguer; el condestable encogió los hombros.
- ¿Mesnadas? - añadió Federico; otro encogimiento de hombros
- ¿Gente armada? - terció un noble desconocido
- ¿Tipos con lanzas? ? aventuró el escribano becario
- ¿Con lanzas? - respondió el condestable, como si se acordara de algo - Ah... a ver si se va a referir a toda esa gente que se reunió en la plaza mayor, con Walter, el bestia de Eichstätt para no se qué guerra. ¿Esos son los "infantiles"? ¡Válgame el Cielo!
- "Infantes" - corregió el marqués de Chisburguer
- Y a ver si tenemos cuidadito con las blasfemias,¿eh? - gruñó el obispo de Múnich, frunciendo el ceño-
- Eso, infantliles, lo que yo he dicho, ¿no?
- Vale, sí de acuerdo, ¿pero nos vas a decir dónde están o qué? - Federico estaba un poco harto. Por lo que él sabía de guerras, los condestables no se refugiaban en un castillo mientras sus hombres se dejaban matar alegremente. Bueno, al menos todavía no en esta época.
- ¿Y por qué no me lo han preguntado directamente? ¡Si están todos ahí fuera, en la puerta del castillo!
- ¡¿Todos?! - exclamó el duque Erenst
- ¡¿Todos?! - repitió el obispo de Múnich.
- ¡¿Todos, todos!? - repitió por partida doble Federico
- Bueno, todos, todos, lo que se dice todos, no -concedió el condestable - Pero la mayoría sí, como siempre; en fin, no como siempre...
Pero antes de que terminara la frase, los miembros del consejo de estado de Baviera se habían abalanzado hacia las ventanas y ya podían ver a los restos de las mesnadas bávaras tiradas en la entrada del castillo de Múnich. Algunos de los supervivientes se habían tumbado en el suelo porque las piernas no les sostenían, otros hacían gestos obscenos a la gente que les miraba con cara de susto, incluyendo los miembros del Consejo de estado.
- ¿Qué ha sido del señor de Eichstätt? - preguntó el primo de éste, el mismo que le había propuesto para mandar las tropas.
- ¿El se... quién? - el condestable se rascó la cabeza - ¿Se refiere a Walter, el bestia de Eichstätt?
- Sí, a ese mismo. ¿Por qué no está ahí abajo con los hombres ni aquí arriba, explicando la batalla?
- Bueno, yo creo que le hubiera gustado estar aquí. Sí, estoy, seguro. Walter era bastante bestia, pero en el fondo... muy en el fondo, claro está, era un buen tipo. Con decirle que una vez, en vez de cortarle la cabeza a uno que cazaba en sus tierras, se limitó a darle azotes con una vara de abeto un día entero, desde la mañana hasta que se hizo de noche...
- ¿Podríamos ir al grano, por favor? - dijo Federico. Cada vez tenía peor aspecto la primera participación bávara en una guerra - ¿Qué le ha pasado al señor... a Walter.. al tipo ese? ¿Qué le ha pasado nuestros hombres?
- Vera, que Walter está criando malvas por esas montañas del sur.. y los hombres... un poco más y nos pasa lo mismo, oiga. Lo que yo le diga."

jueves, 22 de enero de 2009

En el principio fue la línea de comandos, II: Descapotables, tanques y batmóviles

Neal Stephenson

EN LA ÉPOCA EN QUE JOBS, Wozniak, Gates y Allen estaban soñando estos planes inverosímiles, yo era un adolescente que vivía en Ames, Iowa. El padre de uno de mis amigos tenía un viejo MGB descapotable1 oxidándose en el garaje. A veces conseguía que arrancara y cuando lo hacía nos llevaba a dar una vuelta por el barrio, con una expresión memorable de salvaje entusiasmo juvenil en la cara; para sus preocupados pasajeros era un loco, tosiendo y renqueando por Ames, Iowa, y tragándose el polvo de oxidados Gremlins y Pintos, pero en su propia imaginación era Dustin Hoffman cruzando el Puente de la Bahía con el cabello al viento.

Mirando atrás, esto me reveló dos cosas acerca de la relación de las personas con la tecnología. Una fue que el romanticismo y la imagen influyen mucho sobre su opinión. Si lo dudan (y tienen un montón de tiempo libre), pregúntenle a cualquiera que tenga un Macintosh y que por ello imagina ser miembro de una minoría oprimida.

El otro punto, algo más sutil, fue que la interfaz es muy importante. Claro que aquel MGB era un coche malísimo en casi cualquier aspecto importante: pesado, poco fiable, poco potente. Pero era divertido conducirlo. Respondía. Cada guijarro de la carretera se sentía en los huesos, cada matiz en el asfalto se transmitía instantáneamente a las manos del conductor. Podía escuchar el motor y saber qué fallaba. El volante respondía inmediatamente a las órdenes de las manos. Para nosotros, los pasajeros, era un ejercicio fútil de no ir a ningún lado --más o menos tan interesante como mirar por encima del hombro de alguien que introduce números en una hoja de cálculo--. Pero para el conductor era una experiencia. Durante un breve tiempo, estaba expandiendo su cuerpo y sus sentidos en un ámbito más amplio, y haciendo cosas que no podía hacer sin ayuda.

La analogía entre coches y sistemas operativos es bastante buena, así que permítanme seguir con ella durante un rato como modo de dar un resumen sumario de nuestra situación hoy en día.

Imagínense un cruce de carreteras donde hay cuatro puntos de venta de coches. Uno de ellos (Microsoft) es mucho, mucho mayor que los demás. Comenzó hace años vendiendo bicicletas de tres velocidades (MS-DOS); no eran perfectas, pero funcionaban y, cuando se rompían, se arreglaban fácilmente.

Enfrente estaba la tienda de bicicletas rival (Apple), que un día empezó a vender vehículos motorizados: coches caros, pero de estilo atractivo, con los mecanismos herméticamente sellados, de tal modo que su funcionamiento era algo misterioso.

La tienda grande respondió apresurándose a sacar un kit de actualización (el Windows original) al mercado. Se trataba de un dispositivo que, cuando se atornillaba a una bicicleta de tres velocidades, le permitía seguir, a duras penas, el ritmo de los coches Apple. Los usuarios tenían que usar gafas de protección y siempre estaban sacándose bichos de los dientes,2 mientras los usuarios de Apple corrían en su confort herméticamente sellado, burlándose por las ventanillas. Pero los Micro-motopedales eran baratos, y fáciles de reparar comparados con los coches Apple, y su cuota de mercado creció.

Al final la tienda grande acabó por sacar un coche en toda regla: un monovolumen colosal (Windows 95). Tenía el encanto estético de un bloque soviético de viviendas para obreros, perdía aceite y le estallaban las bujías, pero fue un éxito tremendo. Poco tiempo después, sacaron también un enorme vehículo para la circulación fuera de carretera destinado a usuarios industriales (Windows NT), que no era más bonito que el monovolumen, y sólo algo más fiable.

Desde entonces ha habido un montón de ruido y gritos, pero poco ha cambiado. La tienda pequeña sigue vendiendo elegantes sedanes de estilo europeo y gastándose mucho dinero en campañas publicitarias. Tienen carteles de «¡LIQUIDACIÓN!» puestos en el escaparate desde hace tanto tiempo que ya están amarillos y arrugados. La tienda grande sigue fabricando monovolúmenes y vehículos de circulación fuera de carretera cada vez más grandes.

Al otro lado de la carretera hay dos competidores que llegaron más recientemente. Uno de ellos, (Be, Inc.) vende batmóviles plenamente operativos (los BeOS). Son más bonitos y elegantes incluso que los eurosedanes, mejor diseñados, más avanzados tecnológicamente y al menos tan fiables como cualquier otra cosa en el mercado: y sin embargo son más baratos que los demás.

Con una excepción, claro: Linux, que está enfrente mismo, y que no es un negocio en absoluto. Es un conjunto de tiendas de campaña, yurtas, tipis y cúpulas geodésicas levantadas en un prado y organizadas por consenso. La gente que vive allí fabrica tanques. No son como los anticuados tanques soviéticos de hierro forjado; son más parecidos a los tanques M1 del ejército estadounidense, hechos de materiales de la era espacial y llenos de sofisticada tecnología de arriba abajo. Pero son mejores que los tanques del ejército. Han sido modificados de tal modo que nunca, nunca se averían, son lo bastante ligeros y maniobrables como para usarlos en la calle y no consumen más combustible que un coche compacto. Estos tanques se producen ahí mismo a un ritmo aterrador, y hay un número enorme de ellos alineados junto a la carretera con las llaves puestas. Cualquiera que quiera puede simplemente montarse en uno y marcharse con él gratis.

Los clientes llegan a este cruce en multitudes, día y noche. El noventa por ciento se van derechos a la tienda grande y compran monovolúmenes o vehículos para circulación fuera de carretera. Ni siquiera miran las otras tiendas.

Del diez por ciento restante, la mayoría va y compra un elegante eurosedán, deteniéndose sólo para mirar por encima del hombro a los filisteos que compran monovolúmenes y vehículos para circulación fuera de carretera. Si acaso llegan a fijarse siquiera en la gente al otro lado de la carretera, vendiendo los vehículos más baratos y técnicamente superiores, estos clientes los desprecian, considerándolos lunáticos y descerebrados.

La tienda de batmóviles vende unos cuantos vehículos al maniático de los coches de ocasión que quiere un segundo vehículo además de su monovolumen, pero parece aceptar, al menos de momento, que es un jugador marginal.

El grupo que regala los tanques sólo permanece vivo porque lo llevan voluntarios, que se alinean al borde de la calle con megáfonos, tratando de llamar la atención de los clientes sobre esta increíble situación. Una conversación típica es algo así:



HACKER CON MEGÁFONO: ¡Ahorra dinero! ¡Acepta uno de nuestros tanques gratis! ¡Es invulnerable, y puede atravesar roquedales y ciénagas a ciento cincuenta kilómetros por hora consumiendo dos litros a los cien!

FUTURO COMPRADOR DE MONOVOLUMEN: Ya sé que lo que dices es cierto... pero... eh... ¡yo no sé mantener un tanque!

MEGÁFONO: ¡Tampoco sabes mantener un monovolumen!

COMPRADOR: Pero esta tienda tiene mecánicos contratados. Si le pasa algo a mi monovolumen, puedo tomarme un día libre de trabajo, traerlo aquí y pagarles para que trabajen en él mientras yo me siento en la sala de espera durante horas, escuchando música de ascensor.

MEGÁFONO: ¡Pero si aceptas uno de nuestros tanques gratuitos te mandaremos voluntarios a tu casa para que lo arreglen gratis mientras duermes!

COMPRADOR: ¡Manténte alejado de mi casa, bicho raro!

MEGÁFONO: Pero...

COMPRADOR: ¿Pero es que no ves que todo el mundo está comprando monovolúmenes?

viernes, 16 de enero de 2009

El Centurión no tiene quien le escriba: Baviera, esa panda frikis

Kgw

El efecto de los cañones en la bolsa
La guerra del Tirol habia debido de salir terriblemente mal ya que un ejercito inmenso asediaba el castillo de Munich. Aunque si nos fijamos un poco mejor, era un ejercito muy poco fiero. A decir verdad, tenia muy poco de ejercito. Y si mirabamos bien de verdad, veiamos que estaba compuesto por una multitud de campesinos, noblecillos, curillas, y demas gentes. Estos, si bien no parecian estar saqueando, salian por el puente levadizo con candelabros, vasos, platos, sillas y hasta con el escudo de armas del tatarabuelo del conde Ernest (que gano el titulo para sus descendientes destrozando con su craneo el hacha de guerra de cierto enemigo que iba a apiolar al jefazo del momento).
Y si eso parece raro, mucho mas era que los guardias, lejos de detener la horda de saqueadores, los recibian con grandes inclinaciones y les pedian que volvieran cuando quisieran.

¿Como era posible? ¿Que habia pasado en Baviera?

a) reagrupo mis tropas tras una linea de ametralladoras y blocaos... huy, perdon. Es primavera en el Corte Bavaro, seccion hogar y complementos.
b) el conde Ernest ha pillado a su hijo jugando al ajedrez, lo ha desheredado y ha donado Baviera a una orden religiosa, que ha decidido repartir sus riquezas entre la gente.
c) El banquero Luigi Padrone della Parmesana le ha recordado a Federico de Nion y Cifuentes que se pueden producir "accidentes muy desagradables para todo el mundo" si no amortiza sus deudas ya, o antes.
- Es indignante que estemos en esta situación – dijo Federico de Ñión y Cifuentes, mientras entregaba el cambio a una campesina que llevaba un candelabro - Es indignante que tengamos que malvender todo lo que hay en el castillo para sacar dinero.
Y haciendo un gesto con la mano, señaló a la horda de gente que pululaba por el castillo, llevando toda clase de objetos en las manos: alfombras, tapices, candelabros, reposapiés...
- Tal vez, hijo mío, es una señal del Señor, que nos indica que no debemos prestar tanta atención a lo material, sino a lo espiritual –respondió el obispo de Múnich. Resultaba curioso ver cómo se las apañaba para mantener su mitra sobre la cabeza al tiempo que sacaba monedas de su faltriquera para pagar la silla que uno de sus monaguillos llevaba sobre los hombros -
- Tal vez, eminencia, es una señal para que la Iglesia muniquesa cumpla con los votos de pobreza y dé todo lo que sobra a los pobres... y en estos momentos no hay nadie más pobre que nosotros – respondió irónicamente Federico.
El obispo tosió, se puso rojo, murmuró un “¡hereje!” por lo bajini, y decidió salir lo más apresuradamente que pudo del castillo, con el monaguillo detrás de él, chocando contra la masa de compradores, empeñada en ir en dirección contraria.

Un par de horas más tarde, cuando las puertas se habían cerrado (más que nada, para evitar corrientes, ya que poco quedaba que proteger), se cerraban las cuentas de este día de negocios. El escribano mayor se aclaró la voz y dijo:
- Vamos a ver, hemos vendido piezas por un valor de veinticinco ducados y tres piezas de cobre. Y aquí hay catorce con cincuenta, un botón y un boli... está claro que alguien se ha vuelto a ir sin pagar.
- Qué asco de época. Si es que no te puedes fiar ni de tus propios súbditos. Maldito ajedrez, lo está pudriendo de todo... – renegó el duque Ernest, pegándole una patada a una piedra que había en el suelo.
Federico Ñión y Cifuentes terminó de hacer cuentas con los dedos (nunca había sido capaz de usar el ábaco) y, como no le salían ni a la de tres, decidió preguntarle al escribano mayor si iban a tardar mucho en reunir el dinero suficiente.
- Mucho me temo, excelencia, que no conseguiremos juntar esa cantidad antes de que termine el plazo que nos pusieron los... los banqueros genoveses. Si los bávaros tuviéramos tanto dinero, no tendríamos que haber pedido ese préstamo.
- No, si yo por mí no lo hubiera pedido, pero los genoveses pueden llegar a ser muy persuasivos. Si no hubiéramos tenido que pagar a los bohemios... –suspiró Federico
- Si nuestros aliados se hubiera portado como aliados.. – volvió a suspirar el duque.
- Si no hubiéramos tenido que eliminar ese impuesto de 1421... – suspiró el señor que pasaba por ahí.
- ¿Cómo, otra vez usted? – se sorprendió Federico - ¿Pero no le mandamos a los calabozos hace diez años?
- Sí, pero cuando me pidieron dinero por quedarme en los calabozos, me fui. Y ahora he alquilado una plaza como “consejero invitado” en el consejo de Estado, así que no tiene más remedio que escucharme, le guste o no.
- Malditas soluciones creativas a las deudas – refunfuñó Federico – malditos préstamos, malditos genoveses y así sucesivamente...

jueves, 15 de enero de 2009

Al principio fue la línea de comandos

Neal Stephenson

HACE UNOS VEINTE AÑOS, a Jobs y Wozniak, los fundadores de Apple, se les ocurrió la muy extraña idea de vender máquinas de procesamiento de información para uso doméstico. El negocio despegó, sus fundadores hicieron un montón de dinero y recibieron el crédito que merecían como osados visionarios. Pero en esa misma época, a Bill Gates y Paul Allen se les ocurrió una idea todavía más extraña y fantasiosa: vender sistemas operativos de ordenador. Esto era mucho más extraño que la idea de Jobs y Wozniak. Un ordenador por lo menos tenía cierta realidad física. Venía en una caja, podía abrirse y enchufarse y se podía ver cómo parpadeaban las luces. Un sistema operativo no tenía ninguna encarnación tangible. Venía en un disco, claro, pero el disco no era, a todos los efectos, más que la caja que contenía el sistema operativo. El producto mismo era una serie muy larga de unos y ceros que, cuando se instalaba y se cuidaba bien, te daba la capacidad de manipular otras series muy largas de unos y ceros. Incluso los pocos que de hecho comprendían qué era un sistema operativo de ordenador posiblemente pensaban en ello como un prodigio increíblemente complicado de la ingeniería, como un reactor o un avión espía U-2, y no algo que pudiera llegar a ser (en la jerga de la alta tecnología) productizado.

Pero ahora la compañía que fundaron Gates y Allen vende sistemas operativos como Gillette vende hojas de afeitar. Se lanzan nuevas versiones de sistemas operativos como si fueran películas de Hollywood, con el respaldo de celebridades, apariciones en talk shows y giras mundiales. Su mercado es lo bastante vasto como para que la gente se preocupe de si ha sido monopolizado por una compañía. Incluso los menos inclinados a la técnica de nuestra sociedad tienen ahora al menos una idea nebulosa de lo que hacen los sistemas operativos; lo que es más, tienen opiniones sólidas sobre sus méritos relativos. Es ya un conocimiento compartido el que, si tienes un programa que funciona en tu Macintosh y lo pasas a una máquina Windows, no funciona. Esto sería, de hecho, un error risible e idiota, como clavar herraduras en las ruedas de un coche.

Una persona que entrara en coma antes de la fundación de Microsoft y despertara hoy, tomaría el New York Times de esta mañana y no entendería nada --o casi:


Ítem: el hombre más rico del mundo hizo su fortuna a partir de ¿qué? ¿ferrocarriles? ¿buques? ¿petróleo? No, sistemas operativos.
Ítem: el Departamento de Justicia está investigando el supuesto monopolio en sistemas operativos de Microsoft con herramientas legales que se inventaron para restringir el poder de los jefes de bandas de ladrones del siglo XIX.
Ítem: una amiga mía me contó recientemente que había interrumpido un (hasta entonces) estimulante intercambio de e-mails con un joven. «Al principio parecía un tipo tan inteligente e interesante --dijo-- pero luego empezó a ponerse en plan ``PC-contra-Mac''.»


¿Qué diablos está pasando aquí? Y ¿tiene futuro el negocio de los sistemas operativos, o sólo pasado? Lo que sigue es mi opinión, que es completamente subjetiva; pero, dado que me he pasado bastante tiempo, no sólo usando, sino programando en Macintosh, Windows, Linux y BeOS, tal vez no sea tan desinformada como para carecer por completo de valor. Este es un ensayo subjetivo, más crítica que artículo de investigación, y puede parecer injusto o sesgado comparado con lo que se puede encontrar en las revistas de PC. Pero, desde que salió el Mac, nuestros sistemas operativos están basados en metáforas, y, por lo que a mí respecta, es legítimo cuestionar cualquier cosa con metáforas dentro.

La Cita de Neal Stephenson

"Cualquier idiota puede aprender a ejecutar más o menos los pasos básicos. Eso lleva media hora. Pero cuando ha pasado la media hora, los profesores de baile siempre esperan que te eches a volar y realices una de las milagrosas transiciones temporales que solo suceden en los musicales de Broadway, y que empieces a bailar con brillantez. Randy supone que a la gente que no se le dan bien las matemáticas se siente igual: el profesor escribe algunas ecuaciones simples en la pizarra, y diez minutos después esta derivando la velocidad de la luz en el vacío."

fantástica xD

viernes, 9 de enero de 2009

El Centurión No Tiene Quien Le Escriba: Baviera, esa panda frikis.

Capítulos I, "Pa' habernos matao" (1419-1440)

Kgw


1ª parte

Después de pasarse toda la noche leyendo y releyendo a la luz de las velas los miles de papeles y papeluchos que poblaban su despacho, Federico apuntó en su lista de necesidades:
"Descubrir la electricidad. Las velas son muy románticas pero acabas lleno de cera hasta las orejas"

Después, reunió a su grupo de sub-consejeros, lo mejor y lo más elevado de la nobleza bávara y les hizo saber que se
- Señores, esto es una vergüenza. Aquí no paga nadie impuestos. Es imposible hacer nade sin dineros
- ¿Qué impuestos? - terció el marqués de Swartzenborguer o... Chisburger, como le llamaban sus enemigos.
- Más a mi favor; a partir de ya, empezaremos la campaña "Con TU dinero hacemos una Baviera mejor " Tasaremos la fabricación de salchicas con un 14%, la de jarras en un 8% y la fabricación, venta y consumo de cerveza, por separado, con un 6%.
Con el dinero que saquemos, invertiremos en comercio e infraestructuras.
-¿Y en barcos? - dijo una voz al fondo.
-¿Cómo que en barcos? - se sorprendió Federico - ¡Pero si en Baviera no hay mar!
-Bueno, no, pero digo para ir aprovechando el tiempo.
- Aprovechando el tiempo... ¿a ver, tú quién eres?
- Constant Von Balcke, para servir a Baviera y a usted, don Federico.
- Pues mira, Constantinín, hijo, tengo una misión muy importante para ti. Ahora sales del castillo y te pones a andar hacia el oeste. Tú anda, anda. y cuando llegues a la Península ibérica, te vas a buscar al rey de Castilla y le preguntas si tiene fuego. Luego te vuelves aquí y me cuentas lo que te han dicho, ¿vale?
- Sí, me voy a Castilla, hablo con el rey y le pido fuego: ¿cerillas o mechero, don Federico?
- Es igual, lo primero que tenga. Pero anda, date prisa, no sea que llegues tarde.
Y Constant Von Balcke partió raudo y presuroso a cumplir su misión.
Acto seguido, Federico se volvió al resto de los consejero y retomaron la discusión
- Bueno, sobre la política exterior... ¿ideas?
- Yo sé que no hay que meterse con los bárbaros ni con Estados Unidos, pero de los unos no hay, y los otros todavia no existen... -aseguró el marqués de Chisburguer...
- Yo creo que sería mejor aliarnos con Austria - opinó un consejero sin identificar - Son los vecinos más poderosos que tenemos...
- En realidad, con lo pequeña que es Baviera, cualquier país es más poderoso que nosotros - reconoció Federico - Esta bien, que sea con Austria. ¡Que vengan los embajadores!
- Bueno, excelencia, sólo tenemos uno. Y de hecho, también es el crítico televisivo de "El Correo Del Mundo En El País De Baviera"; como no hay televisión, se pluriemplea como embajador.
- De acuerdo, que pase.
En la sala entró un señor bajito, encogido de hombros y con cara de saber que dentro de cientos de años le tocaría hablar de Gr*n Hermano y de Operaci*n Tri*nfo....
- ¿Qué desea, excelencia?
- Mira, quiero que vayas te disfraces de recogedor de firmas en contra el hambre en África... o para el Domund, da lo mismo. Tienes que conseguir que el el rey de Austria te firme el papel. En cuanto lo consigas, le dices que ahora somos aliados, le felicitas y te vuelves corriendo, por si tienen poco sentido del humor.
- A la orden de vuecencia, don Federico.

[En marzo de 1419, el embajador volvió a Múnich con la firma del emperador... y un par de flechazos atravesados. Definitivamente, los austríacos no tenían mucho sentido del humor.]


2ª Parte

Parecía que el resto del año 1419 iba a ser tranquilo para Federico cuando, mientras diseñaba la campaña "Ni un accidente más en las carreteras de Baviera" (reservada para cuando hubiera carreteras, naturalmente), recibió una mala noticia.

-Señor, señor - irrumpió el embajador-crítico- ¡Bohemia, nuestros vecinos, se acaban de proclamar protestantes!
-¿Protestantes? Pero si a la abuela de Lutero por lo menos le faltan un par de años para salir con chicos... - se sorprendió Federico - Aquí falla algo...
- Creo que es por culpa de un tal Huss - apuntó un señor que pasaba por ahí.
- Da igual, esto es muy serio ¡A la sala de estado! - gritó Federíco.
- Esto... lo siento, pero todavía no la hemos podido montar - le interrumpió un paje - Pero no se crea, el salón principal da bastante el pego si le quitamos unas cuantas antorchas y le ponemos un par de escribamos copiando a toda velocidad.
- Bueno, vale, qué se le va a hacer...

Cinco minutos después, en la sala de estado (era verdad, con menos luz y escribanos, daba el pego), debatía los miembros del consejo de Estado de Baviera... al menos aquellos que estaban despiertos a esas horas de la madrugada - las diez a.m. -, más el señor que pasaba por ahí, que se había apuntado por la patilla

- Supongo que todos los que estamos aquí sabemos la noticia.
- Sí, esos bohemios, cómo se atreven a oponerse a la Santa Iglesia Católica - dijo el duque Ernest, todo enfadado - claro, con el ajedrez y esas diversiones modernas...
- En realidad, no es la primera vez que pasan estas cosas. - apuntó el embajador
El señor que pasaba por ahí le dio la razón.
- Es verdad, ya hemos tenido el cisma de oriente con los griegos esos, que se empeñan en llevar barba, el cisma de occidente con lo de Aquisgrán... lo del emperador Federico... el Papa Luna.. Y antes lo de los arrianos, los nestorianos, los cátaros. La cuestión es tocarle las narices a los curas, parece.
- Es que este mundo está podrido, no sé adónde vamos a llegar - masculló el obispo de Munich.
- Más bien a los dineros de los curas - añadió el conde Chisburguer; perdón, Swartzenborguer.
- ¡Bueno, lo que sea! ? saltó el obispo, que estaba tan enfadado que el escribano que tenía al lado se las veía para esquivar los escupitajos que soltaba al hablar - ¡Tenemos que hacer algo ahora mismo! ¡Tenemos que hacerles ver la luz a esos herejes! ¡Invadirles! ¡Ejecutarles! ¡Corregirles! ¡Redimirles!
- ¿Por ese orden, monseñor? - terció Federico - Así no vamos a dejar mucha gente para redimir.
- ¡Lo que importa es terminar con las herejías! ¡Y si hay que invadir, se invade!
- Sí, monseñor, pero es que no tenemos ningún motivo para invadirles - recordó el embajador, secándose el sudor de la frente - La herejía está muy mal y todo eso, pero no cuenta. Y la gente se suele tomar de un mal que les invadan...
- Está bien, pero habrá que hacer algo, ¿verdad, señor duque?
- Verdad, verdad, monseñor. ¿Qué piensa hacer, Federico?
- Esto.. . yo propongo reforzar las fronteras con Bohemia, gravar con el 500% sus productos, ordenar a los guardias que pierdan los pasaportes de los bohemios que vengan de vacaciones, y se tengan que pasar varias horas de papeleo, para que aprendan. Ah, y mandar al calabozo a éste señor de aquí, que no sé de dónde ha salido, por sabiondo y cotilla. ¿Qué les parece?
- Estupendo, estupendo - dijo el duque Ernest -, ¡guardias!

En ese momento, un par de guardias agarraron por los sobacos al hombre en cuestión y se lo llevaron camino a las mazmorras del castillo de Munich (que acaban de recibir la calificación "de cinco ratas" en la 'Guía de Mazmorras Michelín').

La primera crisis internacional bávara había llegado a su fin... pero vendrían más. Y vaya que si vendrían...


3ª parte: “Yodoleiiiiiiiiiii o La guerra del Tirol”

La crisis bohemia había pasado más o menos tranquilamente con las medidas económicas y “tocanarices” hacia los productos y turistas bohemios (gentilicio, no adjetivo). Sin embargo, como Federico reconoció con tristeza ante el Duque Ernest, éstos últimos habían brillado por su ausencia (salvo un par de predicadores husitas que fueron gentilmente corridos a gorrazos hasta la frontera, por pesados).

De este modo había pasado el año 1419, y empezó 1420, con el gobierno bávaro recaudando dinero a la misma velocidad vertiginosa que se lo gastaba, pagando, entre otras cosas, a mercaderes que se las apañaban para volver con las manos vacías, y un ejército invicto.... porque todavía no se había enfrentado a nadie, más que nada.

Precisamante de eso estaban en la sala de estado, cuando se presentó un heraldo.
- Señor, un tipo vestido de austriaco que está en la puerta del castillo y nos ha dicho que le demos este mensaje
“Ya la hemos fastidiado” pensó Federico “estos desagradecidos quieren romper la alianza, ya lo veo”; aun así, abrió la carta, por si podía ser otra cosa.
- ¿De qué se trata, don Federico? - dijo el duque, muy interesado.
- Ah, nada, que... - explicó mientras leía - que le han declarado la guerra a Suiza y que si vamos.
En ese momento se dio cuenta de lo que estaba escrito.
- ¿¡Que han QUÉ?! - gritó, despertando al resto del consejo.
- ¿Guerra con Suiza? – dijo Chisburguer, algo adormilado
- ¿Guerra con Suiza? – repitió el duque
- ¿Guerra con Suiza? – volvió a repetir el embajador.- ¿Cómo es posible?
- Según pone en la carta, todo empezó con una discusión acerca de quién cantaba mejor al estilo tirolés, la cosa se fue calentando, un austriaco soltó que las auténticas navajas del ejército suizo se hacían en Austria, los suizos se lo tomaron a mal y...
. ¿Entonces Austria está en guerra con Suiza? – quiso saber el duque – siempre he dicho que no se podía confiar en esa gente. Tienen pinta de ser ajedrecistas...
- Bueno, no sólo con Suiza, también con Milán y Saboya – reconoció Federico
- ¿Pero qué le decimos al austriaco, señor? – preguntó el paje – Ha dicho que no se moverá de ahí hasta que no le demos una respuesta, que no tenía prisa, que tenía una hogaza y un cacho de queso y con eso puede aguantar lo que le echen.
- Yo iba a proponer que pusiéramos acento francés y dijéramos “Lo siento, no está en Baviega. Esto es la Logena. Oui, oui. Oh, la, la, la...”– empezó a decir Federico de Ñión y Cifuentes, pero al ver la cara que ponían los demás miembros del consejo, cambió de idea. – Está bien, decidle al austriaco que vale, le declaramos la guerra a Suiza, Milán y Saboya y les devolvemos el rosario de su madre.
- ¡Vamos a la sala de guerra! – clamó el duque – ¡Hemos de darle una lección a esos ajedrecistas!
- ¿Sala de guerra sí tenemos? – se sorprendió Federico
- No, excelencia, lo que hacemos es poner un mapamundi, un mapa sobre una mesa con un montón de piezas y las movemos de un lado a otro. – reconoció Chisburguer – Algo es algo, ¿no?
- Es un modo de decirlo, en fin... ¿De cuántas tropas disponemos?
- A ver que haga cuentas – empezó a sumar el duque con los dedos - Schmidt, Franken, Rüss, Venancien... ay, ese no, que está resfriado – Jeremien, Poier...
- No hace falta que los cuente uno a uno, señor duque. ¿Cuántos tenemos en total?
- Unos 14.000 infantes y 4.000 jinetes, repartidos entre Munich y Nuremberg – apuntó un escribano, con una pluma (marca “Rotring”, no, de las de ave) sobre la oreja.
- No está mal - ¿tenemos alguien que pueda mandarlos? ¿Marqués de Chisbu.. digo, Swartzenborguer?
- Ugggg – quejóse el marqués, mientras se frotaba la espalda- me encantaría, pero con este dolor de espalda crónico que tengo...
- Á mí no me importaría ir – dijo el duque Ernest – pero ya estoy viejo para estos trotes...
- Yo no puedo, soy un hombre de paz – afirmó el obispo de Munich
- Yo iba a partir para Viena ahora mismo... a mejorar la comunicación con los austriacos – dijo por su parte el embajador
- Pues conmigo no cuenten – respondió Federico - tengo que organizar la campaña “Baviera te necesita ¡AR!”, para reclutar tropas. ¿Algún voluntario?
El resto de los asistentes, recién levantados algunos (no en vano eran las tres de la tarde), murmuró, musitó y algunos mudaron de color, pero nadie se atrevió a proponer nada hasta que un noble de segunda división dijo:
- Don Federico, mi primo, el señor de Eichstätt podría servir para el cargo. No es muy listo, pero es valiente y tiene tiene mucha mala baba ¿sirve?
- En fin, si no hay nadie más... – admitió Federico - que el de Eichstätt venga al castillo a recoger las tropas. Y si no recibimos indicaciones de nuestros amigos austriacos, que se las lleve a donde quiera, mientras luche, conquiste y todas esas cosas...

La Inclemencia de Tito

Tito Andrónico narra la historia de un general romano que, tras haber perdido veinte de sus hijos en la guerra contra los godos, llega a Roma victorioso poco después de la muerte del emperador.
Sus dos hijos, Basiano y Saturnino, se disputan el poder, y Tito llega en plena elección del Senado. Éste escoge a Tito como emperador, ni a Saturnino ni a Basiano, cosa que sorprende a ambos bandos.
Tito, ya mayor, pronuncia un discurso en el cual le dice al pueblo de Roma que le den un bastón de jubilación y no un cetro de poder, y se dispone a acumular el sufragio del pueblo para escoger sucesor.
Saturnino, si bien Basiano es pretendiente de la hija de Tito, es escogido por el general.
En medio de todo este barullo (un poco antes, quizá), Tito sacrifica al primogénito de Tamora, la reina goda. Ésta, junto a Chiron y Demetrio, sus dos hijos, jura venganza.
Saturnino, para agradecerle a Tito su elección, decide tomar en matrimonio a Lavinia, la hija del general y prometida de Basiano. El hermano del emperador, junto a los hijos vivos de Tito, la raptan. Tito jura recuperar a su hija, y al salir a buscarla mata a uno de sus propios hijos.
Sin embargo, es demasiado tarde, y Tamora se ha desposado con el emperador, para así tramar venganza. Convence al emperador para que no amoneste a Tito, y prepara una trampa para la cacería del día siguiente.
Chiron y Demetrio, durante la cacería, matan a Basiano y violan y le cortan manos y lengua a Lavinia. Luego acusan a dos de los hijos del general del asesinato, y son arrestados.
Se le dice a Tito que si se corta la mano se le devolverán con vida, pero después de hacerlo, ésta le es devuelta junto a las cabezas de sus hijos.
El único varón que le queda marcha a hacerse con el ejército de los godos, para arrasar Roma, mientras que Tito clama por una venganza más siniestra.
Mientras, en palacio, Aarón, el negro de la emperatriz, la ha dejado embarazada y ella ha parido un niño de color. Aarón se lo lleva a los godos, sin saber que el hijo de Tito está con ellos.
Mientras, Tito hace creer en Roma que ha enloquecido, y Tamora decide salvar Roma de los godos haciéndose pasar por Venganza, y a sus hijos por Violación y Asesinato. Le dice que le dará la venganza que tanto ansía, si hace que su hijo venga a su casa, a una comida donde planea asesinarlos a todos.
Tito acepta, pero le pide a Tamora que deje a sus hijos, Violación y Asesinato, como invitados a la noche. Cuando Tamora se va, los degolla y los cocina.
A la comida, se los da de comer a Tamora, sin que ella lo note. Tito hace llamar a Lavinia, y la mata con sus propias manos, tras decir que Chirón y Demetrio la violaron y la mutilaron.
El emperador, que aún la tiene en estima, los hace llamar, y Tito dice que están aquí, en esa opa de la que su madre tan deliciosamente se ha nutrido.
Luego la apuñala, Saturnino mata a Tito, y el hijo de Tito mata a Saturnino y se hace emperador.

Ale, casho venganza.

lunes, 5 de enero de 2009

The Raggle Taggle Gipsies

Tradicional escocesa (más popular en Irlanda)




There were three ol´ gypsies came to our hall door
They came brave and boldly oh
One sang high and the other sang low,
Made the lady sing the raggle taggle gipsy oh

Upstairs and down the lady ran
She put on silk and leather oh
And the cry´s gone up all around the door
She´s away with the raggle taggle gipsy oh

Well, late last night the lord came home
Inquiring for his lady oh
And the serving girls replied to him all
She´s away with the raggle taggle gipsy oh

Then saddle for me, the fastest steed
The big horse´s not speedy oh
I´ll ride wide to seek for me bride
She´s away with the raggle taggle gipsy oh

Well he rode east, and he rode west
He rode south and north also
And it´s when he has come to the wide open field
It´s there that he´s found his lady oh

Oh why would you leave your house and lands
Why would you leave your money oh
Why would you leave your only wedded lord
To follow with the raggle taggle gypsy oh

Oh what care I for my house and land
What care I for money oh
What care I for my only wedded lord
When I can have my raggle taggle gypsy oh

viernes, 2 de enero de 2009

El Centurión No Tiene Quien le Escriba: Baviera, esa panda frikis, I

(Sir Thomas Malory dice: este relato, que tanto me ha recordado a El Último Gay de Escocia, no es mío. Sin duda el escritor está más sembrado que yo, y le pido que, si descubre esto, se lo tome como admiración y no como robo)

Kgw

(Nota previa: ¡anacronismos por doquier! ¡cachondeo! ¡la juerga padre! Luego no digas que no te avisamos)

Múnich, enero de 1419
Era una noche muy oscura aquel jueves por la mañana... o tal vez fuera martes... puede que incluso domingo. Lo que estaba claro es que:
1) era enero porque Federico de Ñion y Cifuentes se estaba congelando
2) era el año 1419 porque no se veía ningún taxi por la calle y la gente vestía como si fueran extras de Robin Hood 2.
A pesar de todo eso, Federico se armó de valor para preguntarle al mecánico que tal veía la avería del coche, que le había dejado tirado en ese rincón del mundo.

-Mire usted, la verdad es que a eso se le llama mala suerte ¡las cuatro ruedas pinchadas al mismo tiempo!
-¿Tan grave es? - preguntó - Es que se me hace tarde para la boda de unos amigos....
-Bufff, pues que quiere que le diga: ya sabe, esto es Baviera, somos un país pequeño, los repuestos tardan en llegar... y encima todavía no se le ha ocurrido a nadie extraer caucho para hacer ruedas... Eso sí, en cuanto se inventen las ruedas, le pido unas al instante. Pero póngale un par de siglos, más o menos
- O sea, que va a tardar un tiempo, ¿no? Vaya, pues entonces sí que voy a llegar tarde.... ¿podría usar su teléfono?
- ¡Pero, hombre! ¡Si tampoco se ha inventado el teléfono! Dicen que es cosa de un americano. Y como nadie ha descubierto América... Para eso va a hacer falta otro par de siglos
- Jo, pues menudo problema... ¿Y no hay ninguna manera de acelerar esto un poco? Porque si tengo que esperar muchos siglos, casi que la boda habrá acabado cuando llegue.
- Ya le digo. A lo mejor llega a tiempo de la boda del tataranieto de sus amigos... - el mecánico se rascó la cabeza, como si pensase en algo y añadió - Bueno, si le corre mucha prisa puede intentar ponerse al servicio de nuestro soberano. Total, sólo tiene que aumentar el poder Baviera, conseguir un puerto, descubrir América, encontrar árboles de caucho, refinarlo, convertirlo en ruedas y ya está.
- Mire, no es mala idea, después de todo. ¿Dónde está el soberano ese?
- Siga todo recto, a la segunda choza gire a la derecha. Entonces verá una casa muy, muy grande, pero de piedra. Eso es el castillo. Llame a la puerta y pregunte por el Duque Ernest. Diga que va de parte mía, y a ver qué tal le va.
- Está bien, pues muchas gracias.
- A mandar, hombre. a mandar.

Estamos en el castillo de Múnich. Después de haber convencido a los guardias de la puerta que no es un vendedor de enciclopedias - y eso que aún no se han inventado - Federico de Ñion y Cifuentes, se encuentra frente al duque Ernest, mandamás de Baviera, que se atusaba el bigote con fruición, y hasta alevosía:

- Así que usted quiere ser consejero real... ¿Tiene experiencia? - dijo el duque, mirándole a los ojos.
- Un montón, señor duque, con decirle que yo fui consejero de Rómulo Augústulo, no le voy a decir más - se ufanó Federíco-
- ¿Ese no fue el último emperador del Imperio Romano? Menudo consejero está usted hecho...
- No, si yo le decía: "No te acerques a los bárbaros, no te acerques a los bárbaros", pero nada, él ni caso. Si es que la juventud de ahora va a lo suyo.

- A mí me lo va a decir, tienen el seso sorbido con los juegos modernos. - el conde Ernest se acercó a su interlocutor y le dijo por lo bajini - Entre usted y yo, eso del ajedrez es un invento del demonio, lo que yo le diga.
- Cuánta razón tiene. Entonces, ¿lo del puesto de consejero?
- Creo que va a ser suyo, de todas maneras no se ha presentado nadie más. Los jóvenes, que no quieren trabajar duro, sólo irse de cruzadas y tonterías así. Tan sólo una pregunta más. ¿sabe usted Ofimática?
- ¿Eh? ¿Y eso qué és?
- Ni idea; no sé porqué me han entrado unas ganas enormes de preguntárselo.
- Ahh, vale. Entonces, ¿cuándo entro a trabajar?
- Pues por mí, si es ahora mismo, mejor que mejor. Hay tantas cosas que hacer: repartir presupuestos, contratar personal, entrenar tropas. .. Eso sí, si no le importa mucho, procure manterner Baviera independiente. Es que es un regalo familiar y quiero pasárselo a mi hijo , a ver si se le quita esa tontería del ajedrez de encima.
- Descuide, señor Duque. A sus órdenes, señor Duque.
- Hale, Don Federico, que le sea leve. Y ya me contará lo que se le ocurra.

Con estas palabras, el duque Ernest cerró la puerta tras de sí. Don Federico de Ñion y Cifuentes se sentó en la silla de su despacho y empezó a ordenar papeles. Tenía que conseguir unas ruedas para su coche lo antes posible. Y un teléfono... Así fue como comenzó una de las mayores epopeyas de la historia bavárica... baverina... bávara; eso, bávara:

Episodios Inquietantes: Cementerios

Habiendo resucitado de entre los muertos como vampiro, uno podría esperar que mi personaje tendría facilidad para comunicarse con el resto de la fauna no-muerta de la ciudad de Los Angeles. Pero no contentos con enviarme a jugar con el fantasma de un hotel tipo El Resplandor, habiendo asesinado a un guardián de sangre, matado decenas de otros vampiros y demás, ahora me envían a un cementerio.
La idea es encontrar la tumba de una estrella de cine muerta, pero mi ansia de sangre me lleva a hablar con el guardián del lugar, el cual se asusta y dice que pensaba que yo era un zombie. Tras la broma se esconde una tétrica verdad, y tengo que guardar el cementerio mientras él va a la ciudad a hacer unos recados.
"Bien", digo, "esto es coomo un videojuego, podría jugar horas". Él me da un rifle con cuatro balas, que tiene mira de francotirador pero que yo no sé en qué tecla está.
Cuando sale por la puerta, veo que encima de mi cabeza empiezan a contar unos dígitos rojos, una marcha atrás de cinco minutos.
Al aparecer los primeros zombies, uso las cuatro balas para intentar acertar en la cabeza de uno. Pero son cuatro putas balas, joder, ¿qué esperan que haga con eso?
Vale, bien, saco la Utica. Los tiros en la cabeza se suceden, pero tengo que recargar, y veo con exasperación cómo tarda tanto que casi noto cómo se me arrugan los dedos. Saco un S&W de calibre 38, y comienzo a repartir plomo, pero parece que surge poco efecto.
En ese momento saco un cuchillo y comienzo a descuartizar a los zombies.
A la mitad del marcador, los zombies abren la otra puerta del cementerio y acaba el juego.
Mierda, a cargar otra vez. Esta vez comienzo con el cuchillo, y voy a la otra puerta del cementerio, pero en el apogeo de mi matanza, los zombies abren la puerta que había defendido el intento anterior.
Debo racionar el tiempo. Tres minutos en la primera puerta, dos en la otra. Cuando llego, han abierto la otra.
Joder, 2'30 en una y 2'30 en la otra. Llego a la otra y expulso a los zombies, pero poco antes de acabar, los zombies abren la primera puerta.
Aunque, sinceramente, sólo por el comentario que hago al perder la misión vale la pena.
"Look them go! It's like watching old people race!"

jueves, 1 de enero de 2009

MENSAJE DEL FISCAL DE AÑO NUEVO

Siguiendo una antiquísima costumbre (de hace un año) presento mi esperado mensaje de año nuevo, cuando falta poco para finalizar este primer dia de enero de 2009.

El mes de diciembre nos vino cargado de fiestas, al principio la Fiesta del Sacrificio; más tarde, el 21, comenzó la Hanuka judía, y al poco, la Navidad; entre esta última y Nochevieja, empezó el nuevo año musulmán, 1430 exactamente, y en seguida la despedida del año gregoriano y el saludo al nuevo año que empieza. Aún quedan por delante el 6 de énero, día de la Epifania, celebrado en el mundo católico como la Adoración de los Reyes Magos y en el ortodoxo como el día en que Jesucristo fue bautizado en el Jordán, y en Estambul el Patriarca Ecuménico lanzará la cruz al mar que un nadador preparado, a pesar del frío, deberá recuperar. Pasada la Epifania, el mundo islámico conmemorará la Ashura, día en el que la Tradición afirma que fueron liberados los Hijos de Israel de Egipto, y en la cual fueron martirizados Ali y Hussein, yerno y nieto respectivamente del Profeta (por lo que es vivida con especial intensidad entre los chiitas).

Tal coincidencia de fiestas religiosas parece indicar que deberíamos olvidar lo que nos separa y recordar lo que nos une, y no sólo en creencias, sino también en ideología, política....etc, pero el panorama es bien distinto. Quien recuerde mi mensaje del año pasado, quizá pensó en su momento que fuí amargamente irónico, y algo exagerado; visto con perspectiva, por el contrario, me atrevería a calificarme de extremadamente ingenuo y optimista; el 2008 año no ha sido un año para tirar cohetes, aunque se han lanzado demasiado. Así que, a la hora de pasar revista a este año que hemos dejado, lo haremos comparandolo con lo que decíamos el año pasado:


Comenzábamos con una reflexión a nivel nacional:

"Del 2007 podríamos decir que, dentro de lo poco bien que va el mundo, no nos ha ido tan mal. La política nacional nos deja gags más bien propios de un reality show, y a Barcelona como la cara oculta de la luna; en las Islas, SaparMunar nos ha demostrado que la única diferencia entre la izquiera y la derecha es en que bolsillo se guarda uno la cartera."

Esta vez ha sido al revés, dentro de lo mal que va el mundo, nosotros no vamos demasiado bien; los gags políticos se han sucedido; el presidente de gobierno continuamente negando negociar con terroristas, mientras dialogaba con ellos; y afirmando que no había ninguna crisis, cuando la gente se iba a la cola del paro por centenares; que la cara oculta de la luna no es ya Barcelona, sino el país entero, y no por socavones, sino por la cantidad de solares abandonados por la falta de solvencia económica de los promotores; claro que, si tenemos en cuentra que para el Presidente su patria es la Libertad, también resultará que en su particular concepcion del mundo "negociar" y "crisis" tenga un significado distinto al que le atribuye la Real Academia.

En nuestras Islas, la política sigue provocando diarrea; acabamos el año sabiendo que durante tres años y medios se persiguió a doce miembros del PP balear sin ningún motivo, la absolución resultó total, igual que el tirón de orejas del Tribunal Superior de Justicia para la fiscalía y el PSOE, aunque claro, es de suponer que si las tienen tan duras como la cara, no servirá de mucho. No se alarme nadie, no soy simpatizante del PP, sencillamente tengo algo de sentido común.

En resumen, un año marcado por la crisis económica internacional, que en España ha tomado un cariz mucho más serio, debido al desplome del sector inmobiliario, auténtico motor de la economía española, que se venía anunciando desde principios de año.

A nivel internacional, decíamos lo siguiente:

"En cuanto al panorama internacional, tampoco es para tirar cohetes, aunque a más de uno le gustaría. Oriente Medio sigue llenando los titulares de diarios y telediarios. En Irak sigue sin parecer que haya paz a corto plazo, aunque poco antes de acabar el año, hemos sabido que en la provincia de Basora ya ha asumido la seguridad el ejército iraquí.

En una Palestina dividida hemos podido comprobar que no es necesario que Israel se dedique a matar palestinos, es algo que los propios palestinos pueden hacer perfectamente entre ellos. Irán ha dado bastante por saco con su programa nuclear, y Rusia ha probado armamento de destrucción masiva que no contamina al medio ambiente (¡menos mal! si les diese por invadirnos, sabemos que Doñana quedaría intacto); además, Putín I reafirma su poder pseudoimperial poniendo a parir a Occidente, cosa un tanto preocupante con una Unión Europea cuyas fronteras cada vez se desplazan más al Este.


El primer párrafo podría incluirse en la reflexión del nuevo año; en cuanto a lo que afirmamos en el segundo; el conflicto entre Hamas y Al Fatah parece haberse atenuado, aunque la represión israelí sigue siendo violenta en grado sumo, precisamente dejamos el año con las de 300 muertos palestinos, en su mayoría civiles, en los últimos días; si parecía que podía haber una alternativa de diálogo, es hora de que nos decepcionemos, pues, y de que no ignoremos que, aunque Hamas quiere la guerra, Israel tampoco quiere la paz.

Del programa nuclear iraní no se habla; seguramente porque ya no nos interesa saber nada, Putín I, que no puede repetir cargo, ha dejado sucesión, aunque se ha mantenido en otro cargo que hace que, a la práctica, siga siendo Putin I de Todas las Rusias; y el conflicto latente entre la esfera polítia del nuevo zar y la de Occidente (es decir, UE-OTAN), que en el año pasado casi hace estallar la alarma en Ucrania, se ha agravado con la declaración de independencia unilateral de Kosovo, y se ha materializado en Georgia; un intento de recuperación de la provincia rebelde de Osetia del Sur, apoyada por Rusia, se ha convertido en el peor conflicto que ha tenido que afrontar el país kartvelio en su historia reciente; con la excusa de defender el derecho a la autodeterminación del pueblo osetio (derecho que sistemáticamente le niega al checheno), han llovido bombas por doquier en Georgia, hasta en el pueblo natal de Stalin.

El año pasado Birmania, este año le ha tocado a Tailandia sufrir disturbios; un golpe de estado dado por manifestantes que tomaron el aeropuerto y que, pese a lo que parezca, representan a la élite antaño gobernante, conservadora, y apoyada por el ejército, desplazada por las medidas populistas del nuevo gobierno.

En América, ha llegado el cambio, por primera vez un hombre de color (no es por ser políticamente correcto, no le encuentro un adjetivo mejor, pues, aunque no es blanco, tampoco me parece demasiado negro) es Presidente de la nación más poderosa del mundo; desde mi punto de vista, lo realmente innovador no es el color de su piel, sino su nombre (seguro que nadie esperaba que alguien llamado Barack Hussein Obama llegase a la Casablanca sin estar esposado); todavía no sé en que consistirá este cambio tan ponderado, imagino que durante el 2009 podremos comenzar a hacernos una idea.

Y todo ello aliñado con el desplome de la bolsa, cuyas consecuencias, la magnitud de las cuales posiblemente toavía no podamos ver con claridad, prometen marcar nuestra vida y la de posiblemente el 30% o 40% de la población del planeta (el 30% o 40% que no nos vamos a la cama con hambre y frío); porque, no olvidemos que la mayor parte de la población de esta Tierra lleva en crisis económica algo más que unos cuantos meses.

Así que, Felices Fiestas, Próspero Año 2009, ¡y a disfrutar mientras podamos!

Anno Domini...

La primera vez que veo el día de este año lo hago con un principio de anginas y con una gata en celo encima, llenándome la cama de pelos.
Por otro lado, dentro de unos minutos tendría que vestirme e irme a pasear con Aquel a Quien No Nombramos, pero he querido ser el primero en escribir algo este año (no sé para qué me preocupo, no creo que los demás escriban nada).
En fin, feliz año.