Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

sábado, 28 de noviembre de 2009

Dominar el mundo es fácil, si sabes cómo

-Introducción.

Soy una súper villana. De hecho, era una súper villana, soy una ex súper villana. No soy como uno de esos antagonistas de los superhéroes, como el Doctor Octopus, Venom o el Joker. Hay dos cosas que nos diferencian, la primera es que yo soy más inteligente, aunque ya volveremos después sobre ese tema, y la segunda es que yo no llevo uno de esos estúpidos y ridículos disfraces de malo malísimo.
Bien, una vez presentada, me gustaría recalcar un pequeño detalle, en este libro de auto ayuda daré útiles consejos para que cualquier lector interesado pueda, fácilmente, dominar el mundo, y sé que muchos, o todos, se preguntarán que, si sé cómo dominarlo, ¿por qué no lo he hecho?, pues bien, fracasé, fracasé estrepitosamente. ¿Por qué? El motivo es bien sencillo, caí en un hechizo, uno al que nadie puede escapar...no, jóvenes mentes calenturientas, no me refiero al amor, una vieja bruja me echó el mal de ojo, vamos, que me clavó una aguja en pleno ojo, y veo menos que un ciego en la oscuridad, y claro, así no hay quien domine el mundo. Por tanto, me he decidido a escribir este libro, con el fin de que alguien pueda terminar lo que yo empecé.

-Capítulo 1: Nombre e identidad secreta.

Todo villano cree que necesita tener una identidad secreta y un nombre ridículo, así como un disfraz. Tonterías.
Si envías a otros en tu lugar para que creen disturbios, la gente no sabrá que tú estás detrás de ello, y por tanto, permanecerás en el anonimato, no necesitas una identidad secreta, ni tampoco un disfraz, que, por cierto, si vas por la calle con un disfraz de villano, pasarás de todo menos desapercibido.
Luego está el nombre, todos los villanos creen que necesitan un nombre, como si no tuviesen uno ya. Si vas a enviar a otros por ti, a ellos diles tu nombre de pila, y ya está, si por ejemplo, te llamas Paco, y la policía coge a uno de tus subordinados, y tu fiel subordinado le dice a la policía que su jefe es Paco, ¿tú crees que te buscarán entre todos los Pacos del mundo? Hombre, eso sí, procura que tus padres no te pongan un nombre demasiado vistoso, como Petronila, Lechugo u Orlandito. Luego, cuando ya has conseguido dominar al mundo, puedes mostrar tu cara y tu nombre, ya que eres el amo del mundo, nadie irá a tu casa a detenerte, quizá a pedirte un autógrafo.
Si a pesar de mis indicaciones, te va el rollo cómic, o simplemente eres idiota y quieres realizar tus operaciones tú solito, sí, necesitarás una identidad secreta y un disfraz, aunque el nombre sigue sin hacer falta que te lo cambies, 'Paco, el malvado', queda perfecto. Bien, en cuanto al disfraz, no le pidas a tu madre que te lo confeccione, ella no estará de acuerdo en que seas un villano, o simplemente te hará un traje de mariposa rosa, y no, las mariposas rosas no dan miedo. Lo mejor es que tomes un par de clases de coser y te lo hagas tú, como Spiderman; si le pides a alguien que te lo haga, corres el riesgo de que adivine tus intenciones, o pueda identificarte frente a la policía.
A la hora de hacer tu disfraz, ten presente que no debe ser demasiado llamativo, procura no utilizar colores fuertes o fluorescentes, por dos sencillas razones, si quieres pasar desapercibido en la noche, no te vendrá bien ir tan...cegador, lo que nos lleva a la segunda razón, si alguien mira tu traje fijamente, puedes dejarlo ciego, lo cual es un buen arma, pero corres el riesgo de mirarlo tú, y quedarte ciego, y ahí ya no es tan divertido, ¿verdad?
Otro punto que debes tener en cuenta a la hora de hacer el disfraz, es que debe ser cómodo, procura no llevar mallas, que además es muy típico, ni ponerle lazos, tirantes o capa, si intentas escapar, pueden agarrarte la capa, y ahí sí que ya no hay escapatoria.

Trabajos para castellano: Cuando despertó el dinosaurio, aún estaba allí.

Cuando despertó el dinosaurio, aún estaba allí. Lo que sí se había desplazado era el resto del mundo, y ahora encontrar a alguien se había convertido en una macabra caricatura de Buscando a Wally. El suelo, que se suponía que a) debía mantener separados sólidos de líquidos para b) tener los pies secos y que, además, tendía a c) mantener las cosas horizontales, había dejado de ejercer sus funciones.
Causa por la cual, Joe, el pequeño dinosaurio racionalista, dejó de estar allí. La gravedad -esa obstinada y un poco antipática costumbre- empujó... o tiró... o atrajo... o lo que diantres haga la gravedad sobre los pequeños dinosaurios racionalistas, y éste acabó cayendo sobre un -digamos amplio- océano.
Durante su caída, a nueve coma ocho metros por segundo al cuadrado, se le ocurrió pensar que probablemente caería sobre aquello que tuviese justo debajo (Joe, como todos los desconsiderados racionalistas, despreciaba la resistencia del aire y su contribución en los cambios de trayectoria). Cambios los cuales, dicho sea de paso, hicieron que variase tres milímetros del punto donde iba a caer, lo cual ni de lejos le evitó desplomarse sobre un saliente islote.
-Me he hecho daño -racionalizó Joe.
-Ya lo veo -dijo Ralph, el mamífero empirista.
Bien, esto era... algo que tranquilizaba poco a nuestro Joe, pero pensó que no podía hacer nada y se puso a hablar con Ralph.
-Je... qué majo. ¿Qué haces?
-Nada, iba a probar si es posible llegar a lo que queda del continente nadando.
-Oh, eso es genial, Ralph. ¿Cómo?
-Así -se metió en el agua y se alejó, y Joe se quedó solo y triste y, en rigor, completamente aburrido para nuestra historia.

Y así, amiguitos, es como se extinguieron los dinosaurios.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Gripe

Como las desgracias nunca vienen solas, el Logos ha decidido premiarme con un genial cóctel de virus que hacen que la gente del pac tema que les contagie (me obligaron a ponerme una mascarilla, creo que nunca me he sentido tan fuera de lugar).

Al menos sigo teniendo la media más alta de mi clase.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Los súper juguetes duran todo el verano

Brian W. Aldiss

En el jardín de la señora Swinton siempre era verano. Estaba rodeado de hermosos almendros, perpetuamente en flor. Monica Swinton cortó una rosa color azafrán, y la enseñó a David.
—¿A que es bonita? David la miró y sonrió sin contestar. Se apoderó de la flor, atravesó corriendo el jardín y desapareció tras la perrera donde acechaba el robosegador, preparado para cortar, barrer o rodar cuando llegara el momento. Monica se había quedado sola en el impecable sendero de grava plastificada.
Cuando tomó la decisión de seguir al niño, le encontró en el patio, y la rosa flotaba en el estanque. David se había metido en el agua, todavía calzado con las sandalias.
—David, cariño, ¿por qué has de portarte tan mal? Ve enseguida a cambiarte los zapatos y los calcetines.
El niño entró en la casa sin protestar, su cabeza morena oscilando a la altura de la cintura de su madre. A la edad de tres años, no mostró el menor temor al secador ultrasónico de la cocina. Sin embargo, antes de que su madre pudiera localizar un par de zapatillas, se zafó de ella y desapareció en el silencio de la casa.
Estaría buscando a Teddy. Monica Swinton, veintinueve años, de figura grácil y ojos centelleantes, fue a sentarse en la sala de estar y acomodó sus miembros con elegancia. Empezó por sentarse y pensar. Al cabo de poco, sólo estaba sentada. El tiempo se le reclinaba en el hombro con la pereza maníaca reservada a los niños, los locos y las esposas cuyos maridos están lejos de casa, mejorando el mundo. Casi por reflejo, extendió la mano y cambió la longitud de onda de las ventanas. El jardín se desvaneció. En su lugar, apareció el centro de la ciudad junto a su mano izquierda, abarrotado de gente, botes neumáticos y edificios, pero mantuvo el sonido al mínimo. Continuó sola. Un mundo superpoblado es el lugar ideal para estar solo.
Los directores de Synthank estaban disfrutando de un gran banquete para celebrar el lanzamiento de su nuevo producto. Algunos utilizaban máscaras faciales de plástico, muy populares en aquel momento. Todos eran elegantemente delgados, pese a la abundante comida y bebida que estaban trasegando. Todas sus esposas eran elegantemente delgadas, pese a la abundante comida y bebida que también estaban trasegando. Una generación anterior y menos sofisticada les habría considerado gente hermosa, aparte de sus ojos.
Henry Swinton, director gerente de Synthank, estaba a punto de pronunciar un discurso.
—Siento que tu mujer no haya podido venir para oírte —dijo su vecino.
—Monica prefiere quedarse en casa, absorta en hermosos pensamientos —contestó Swinton sin abandonar su sonrisa.
—No cabe duda de que una mujer tan hermosa ha de alumbrar hermosos pensamientos —dijo el vecino.
Aleja tu mente de mi esposa, bastardo, pensó Swinton, siempre sonriente.
Se levantó entre aplausos para pronunciar el discurso. Después de un par de bromas, dijo: —El día de hoy representa un auténtico avance para la empresa. Han pasado casi diez años desde que lanzamos al mercado nuestras primeras formas de vida sintética. Todos sabéis el éxito que han alcanzado, en particular los dinosaurios en miniatura. Pero ninguna de ellas poseía inteligencia.
»Parece una paradoja que en este momento de la historia seamos capaces de crear vida pero no inteligencia. Nuestra primera línea de venta, la Cinta CrossweIl, es la más vendida, y la más estúpida.
Todo el mundo rió.
–Aunque las tres cuartas partes de nuestro mundo superpoblado mueren de hambre, nosotros somos afortunados de tener más que nadie, gracias al control de natalidad. Nuestro problema es la obesidad, no la malnutrición. Supongo que no hay nadie en esta mesa que no tenga una Crosswell en el intestino delgado, un parásito cibernético perfectamente inofensivo que permite a su anfitrión comer hasta un cincuenta por ciento más, y sin embargo mantener la figura. ¿No es así?
Asentimientos generales.
–Nuestros dinosaurios en miniatura son casi igualmente estúpidos. Hoy lanzamos una forma de vida sintética inteligente: un criado de tamaño natural. No sólo posee inteligencia, sino una cantidad controlada de inteligencia. Creemos que la gente tendría miedo de un ser con cerebro humano. Nuestro criado lleva un pequeño ordenador en el cerebro.
»Se han lanzado al mercado seres mecánicos con miniordenadores en lugar de cerebro, objetos de plástico sin vida, superjuguetes…, pero por fin hemos descubierto una forma de insertar circuitos informáticos en carne sintética.
David estaba sentado junto a la larga ventana de su cuarto, forcejeando con lápiz y papel. Por fin, dejó de escribir e hizo rodar el lápiz arriba y abajo por el sobre inclinado del escritorio.
—¡Teddy! —dijo. El oso saltó de la cama, se acercó con paso rígido y agarró la pierna del niño. David lo levantó y sentó sobre el escritorio.
—¡Teddy, no sé qué decir!
—¿Qué has dicho hasta el momento?
—He dicho… —Cogió su carta y la miró fijamente—. He dicho: «Querida mamá, espero que te encuentres bien. Te quiero…»
Se hizo un largo silencio, hasta que el oso dijo:
—Suena bien. Baja y dásela.
Otro largo silencio.
—No acaba de convencerme. Ella no lo entenderá.
Dentro del oso, un pequeño ordenador activó su programa de posibilidades.
—¿Por qué no lo repites a lápiz?
David estaba mirando por la ventana.
—¿Sabes lo que estaba pensando, Teddy? ¿Cómo diferencias las cosas reales de las que no lo son?
El oso repasó sus alternativas.
—Las cosas reales son buenas.
—Me pregunto si el tiempo es bueno. Creo que a mamá no le gusta mucho el tiempo. El otro día, hace muchísimos días, dijo que el tiempo se le escapaba. ¿El tiempo es real, Teddy?
—Los relojes miden el tiempo. Los relojes son reales. Mamá tiene relojes, de modo que deben gustarle. Lleva un reloj en la muñeca, junto con el dial.
David había empezado a dibujar un jumbo en el reverso de su carta.
—Tú y yo somos reales, ¿verdad, Teddy?
Los ojos del oso contemplaron al niño sin pestañear.
—Tú y yo somos reales, David.
Estaba especializado en dar consuelo.
Monica paseaba sin prisas por la casa. Ya faltaba poco para sintonizar el correo de la tarde. Marcó el número de la central de correos en el dial de la muñeca, pero no apareció nada. Unos minutos más.
Podía proseguir su cuadro. O llamar a sus amigas. O esperar a que Henry llegara a casa. O subir a jugar con David…
Salió al vestíbulo y se acercó al pie de la escalera.
—¡David!
No hubo respuesta. Llamó otra vez, y una tercera.
—¡Teddy! —llamó, en un tono más perentorio.
—Sí, mamá.
Al cabo de un momento, la cabeza de pelaje dorado de Teddy apareció en el rellano de la escalera.
—¿Está David en su habitación, Teddy?
—David ha salido al jardín, mamá.
—¡Baja, Teddy!
Monica permaneció inmóvil, contemplando bajar peldaño a peldaño a la figurita peluda sobre sus extremidades achaparradas. Cuando llegó al vestíbulo, lo cogió y transportó hasta la sala de estar. Yacía quieto en sus brazos, con la mirada fija en ella. Apenas notaba la vibración del motor.
—Quédate ahí, Teddy. Quiero hablar contigo.
Lo dejó sobre la mesa, y el osito obedeció, con los brazos extendidos en el gesto eterno del abrazo.
—Teddy, ¿te ordenó David decirme que había salido al jardín?
Los circuitos del cerebro del oso eran demasiado sencillos para cualquier artificio.
—Sí, mamá.
—Luego me has mentido.
—Sí, mamá.
—¡Deja de llamarme mamá! ¿Por qué me esquiva David? No tendrá miedo de mí, ¿verdad?
—No. Él te quiere.
—¿Por qué no podemos comunicarnos?
—David está arriba.
La respuesta la dejó sin habla. ¿Para qué perder el tiempo hablando con esa máquina? ¿Por qué no subir, tomar a David en sus brazos y hablar con él, como haría cualquier madre con su hijo adorado? Oyó el peso del silencio que reinaba en la casa, pero pesaba de un modo diferente en cada habitación. En el rellano del primer piso, algo se movía con sigilo: David, que intentaba huir de ella…
Se acercaba el final del discurso. Los invitados estaban atentos, y también la prensa, alineada a lo largo de dos paredes del salón de banquetes, grabando las palabras de Henry y fotografiándole de vez en cuando.
—Nuestro criado será, en muchos sentidos, un producto de ordenador. Sin ordenadores, jamás habríamos podido dominar las complejidades bioquímicas de la carne sintética. Este criado será también una extensión del ordenador, pues contendrá un ordenador en la cabeza, un ordenador microminiaturizado capaz de afrontar casi cualquier situación que pueda surgir en el hogar. Con reservas, por supuesto.
Risas. Muchos de los presentes conocían el acalorado debate que había tenido lugar en el seno de la junta de Synthank, antes de que se hubiera tomado la decisión de que el criado, bajo el impecable uniforme, fuera un ser neutro.
—Entre todos los triunfos de nuestra civilización, sí, y entre los espantosos problemas de superpoblación, es triste recordar a los muchos millones de personas que sufren cada día más de soledad y aislamiento. Nuestro criado será de gran ayuda para ellas. Siempre contestará, y no puede aburrirle ni la conversación más insípida.
»Para el futuro, proyectaremos más modelos, masculinos y femeninos, algunos sin las limitaciones de éste, os lo prometo, de un diseño más avanzado, verdaderos seres bioeléctricos.
»No sólo poseerán sus propios ordenadores, capaces de programación individual: estarán conectados con la Red Mundial de Datos. De esta forma, todo el mundo podrá disfrutar del equivalente de un Einstein en sus hogares. El aislamiento personal será erradicado para siempre.
Se sentó, arropado por una salva de aplausos entusiastas. Hasta el criado sintético, sentado a la mesa con un traje poco ostentoso, aplaudió con fervor.
David rodeó con sigilo una esquina de la casa, arrastrando su bolsa. Trepó al banco ornamental situado bajo la ventana del vestíbulo y echó un vistazo al interior. Su madre estaba de pie en mitad de la sala. La miró, fascinado. Tenía el rostro inexpresivo. Tal falta de expresión le asustó. No se movió; ella no se movió. Era como si el tiempo se hubiera detenido, tanto dentro corno en el jardín. Teddy paseó la vista en torno, le vio, saltó de la mesa y se acercó a la ventana. Forcejeó con su garra y consiguió abrirla.
Ambos se miraron.
—No soy bueno, Teddy. ¡Huyamos!
—Eres un niño muy bueno. Tu mamá te quiere.
David negó lentamente con la cabeza.
—Si me quiere, ¿por qué no puedo hablar con ella?
—No seas tonto, David. Mamá se siente sola. Por eso te tiene a ti.
—Tiene a papá. Yo no tengo a nadie, excepto a ti, y me siento solo.
Teddy le dio una palmada cariñosa en la cabeza.
—Si tan mal te sientes, sería mejor que volvieras al psiquiatra.
—Odio a ese viejo psiquiatra. Con él tengo la sensación de no ser real.
Empezó a correr entre la hierba. El oso saltó de la ventana y le siguió con la máxima rapidez que le permitían sus patas achaparradas.
Monica Swinton estaba en el cuarto de los juguetes. Llamó a su hijo una vez y permaneció inmóvil, indecisa. Todo era silencio.
Lápices esparcidos sobre el escritorio. Obedeciendo a un repentino impulso, se acercó al escritorio y lo abrió. Dentro había docenas de hojas de papel. Muchas estaban escritas a lápiz con la torpe caligrafía de David, cada letra de un color distinto a la anterior. Ninguno de los mensajes estaba terminado.

MI QUERIDA MAMÁ, CÓMO ESTÁS, ME QUIERES TANTO QUERIDA MAMÁ, TE QUIERO Y TAMBIÉN A PAPÁ Y EL SOL ESTÁ BRILLANDO

QUERIDíSIMA MAMÁ, TEDDY ME ESTÁ AYUDANDO A ESCRIBIRTE. TE QUIERO Y TAMBIÉN A TEDDY

QUERIDA MAMÁ, SOY TU ÚNICO HIJO Y TE QUIERO TANTO QUE A VECES

QUERIDA MAMÁ, TÚ ERES DE VERDAD MI MAMÁ Y ODIO A TEDDY

QUERIDA MAMÁ, ADIVINA CUÁNTO TE QUIERO QUERIDA MAMÁ, SOY TU HIJITO NO TEDDY Y TE QUIERO PERO TEDDY

QUERIDA MAMÁ, ESTA CARTA ES SÓLO PARA TI PARA DECIRTE CUANTÍSIMO…

Monica dejó caer las hojas de papel y estalló en lágrimas. Con sus alegres e inadecuados colores, las cartas revolotearon y se posaron en el suelo.
Henry Swinton cogió el expreso de vuelta a casa, de muy buen humor, y de vez en cuando dirigió la palabra al criado sintético que se llevaba a casa. El criado contestaba con educación y precisión, aunque sus respuestas no siempre eran adecuadas según los criterios humanos.
Los Swinton vivían en uno de los barrios más lujosos de la ciudad, a medio kilómetro sobre el nivel del suelo. Encerrado entre otros apartamentos, el suyo carecía de ventanas al exterior, pues nadie quería ver el mundo exterior superpoblado. Henry abrió la puerta con el escáner retiniano y entró, seguido del criado.
Al instante, Henry se encontró rodeado por la confortadora ilusión de jardines sumergidos en un verano eterno. Era asombroso lo que Todograma podía hacer para crear inmensos espejismos en un espacio reducido. Detrás de las rosas y las glicinas se alzaba su casa. El engaño era completo: una mansión georgiana parecía darle la bienvenida.
—¿Te gusta? —preguntó al criado.
—Las rosas tienen parásitos a veces.
—Estas rosas están garantizadas contra toda imperfección.
—Siempre es aconsejable comprar productos garantizados, aunque sean un poco más caros.
—Gracias por la información —dijo Henry con sequedad. Las formas de vida sintéticas tenían menos de diez años, y los antiguos androides mecánicos menos de dieciséis. Aún estaban eliminando los fallos de sus sistemas, año tras año.
Abrió la puerta y llamó a Monica. Su esposa salió de la sala de estar al instante y le echó los brazos al cuello, le besó con pasión en las mejillas y los labios. Henry se quedó asombrado.
Apartó la cabeza para mirarle la cara y vio que parecía irradiar luz y belleza. Hacía meses que no la veía tan entusiasmada. La abrazó con más fuerza.
—¿Qué ha pasado, cariño?
—Henry, Henry… Oh, querido. Estaba tan desesperada… Pero sintonicé el correo de la tarde y… ¡No te lo vas a creer! ¡Es maravilloso!
—Por el amor de Dios, mujer, ¿qué es maravilloso?
Vislumbró el encabezamiento de la fotostática que ella sujetaba, recién salida del receptor mural y todavía húmeda: Ministerio de la Población. Sintió que el color abandonaba su semblante a causa de la sorpresa y la esperanza.
—Monica… Oh… ¡No me digas que ha salido nuestro número!
—Sí, querido, hemos ganado la lotería de paternidad de esta semana. ¡Podemos concebir un hijo ahora mismo!
Henry lanzó un grito de júbilo. Bailaron por la sala. La presión demográfica era tan enorme que la reproducción era controlada estrictamente. Se requería un permiso del gobierno para tener hijos. Habían esperado cuatro años a que llegara aquel momento. Proclamaron a los cuatro vientos su alegria.
Pararon por fin, jadeantes, y se quedaron en el centro de la sala, riendo de la mutua felicidad. Cuando había bajado del cuarto de los juguetes, Monica había desoscurecido las ventanas, de modo que ahora exhibían la perspectiva del jardín. El sol artificial teñía de oro el césped… y David y Teddy les estaban mirando a través de la ventana.
Al ver sus caras, Henry y su mujer se pusieron serios.
—¿Qué haremos con ellos? —preguntó Henry.
—Teddy no causa problemas. Funciona bien.
—¿David funciona mal?
—Su centro de comunicación verbal todavía le causa problemas. Creo que tendrá que volver a la fábrica.
—De acuerdo. Veremos cómo funciona antes de que nazca el niño. Lo cual me recuerda… Tengo una sorpresa para ti. ¡Ayuda en el momento necesario! Ven al vestíbulo, te enseñaré lo que he traído.
Mientras los dos adultos desaparecían de la sala, el niño y el oso se sentaron bajo las rosas.
—Teddy… Supongo que papá y mamá son reales, ¿verdad?
—Haces unas preguntas muy tontas, David —contestó Teddy—. Nadie sabe lo que significa «real». Entremos.
—Antes voy a coger otra rosa.
Arrancó una flor brillante y se la llevó a la casa. Podría dejarla sobre la almohada cuando fuera a dormir. Su belleza y suavidad le recordaban a mamá.

viernes, 20 de noviembre de 2009

La anécdota del barómetro

de: http://ciencianet.com/barometro.html

Ángeles en un alfiler
Una parábola moderna

Hace algún tiempo recibí una llamada de un colega que me pidió si podría arbitrar en la calificación de una pregunta de examen. Iba dar un cero a un estudiante por su respuesta a una pregunta de física, mientras que el estudiante afirmaba que debería recibir la máxima nota y así se haría si el sistema no se hubiera organizado en contra de los estudiantes: El profesor y el estudiante acordaron acudir a un árbitro imparcial, y me eligieron a mi.

Acudí al despacho de mi colega y leí la pregunta del examen: “Demuestra como se puede determinar la altura de un edificio alto con la ayuda de un barómetro”

El estudiante había contestado: “ Lleva un barómetro a lo alto del edificio, átale una cuerda larga, haz que el barómetro baje hasta la calle. Mide la longitud de cuerda necesaria. La longitud de la cuerda es la altura del edificio”

Hice notar que el estudiante realmente tenía derecho a una buena nota ya que había contestado a la pregunta correctamente. Por otra parte, si se le asignaba una buena nota contribuiría a que recibiese una buena calificación en su curso de física. Se supone que una buena calificación certifica competencia en física, pero la respuesta dada no se correspondía con esto. Sugerí entonces que se le diera al estudiante otra oportunidad para contestar a la pregunta. No me sorprendió que mi colega estuviese de acuerdo, sin embargo si lo hizo el que el alumno también lo estuviera.

Le di al estudiante seis minutos para responder a la pregunta con la advertencia de que la respuesta debía mostrar su conocimiento de la física. Al cabo de cinco minutos, no había escrito nada. Le pregunte si se daba por vencido, pero me contesto que no. Tenía muchas respuestas al problema ; estaba buscando la mejor. Al minuto siguiente escribió corriendo su respuesta que decía lo siguiente:

“Lleva el barómetro a lo alto del edificio y asómate sobre el borde del tejado. Deja caer el barómetro, midiendo el tiempo de caída con un cronómetro. Luego usando la fórmula S=1/2 at2, calcula la altura del edificio.

En este momento le pregunte a mi colega si se daba por vencido. Estuvo de acuerdo y le dio al estudiante la máxima nota.

Al salir del despacho de mi colega recordé que el estudiante había dicho que tenía otras muchas respuestas al problema, así que le pregunte cuales eran. “Oh, si, ” dijo el estudiante. “Hay muchas maneras de determinar la altura de un edificio alto con un barómetro. Por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro, la longitud de su sombra, y la longitud de la sombra del edificio; luego usando una simple proporción, determinas la altura del edificio.”

“Excelente, “ le respondí. “¿Y las otras?”

“Si, “ dijo el estudiante. “Hay un método muy simple que le gustará. En este método se toma el barómetro y se comienza a subir las escaleras. A medida que se van subiendo las escaleras, se marca la longitud del barómetro a lo largo de la pared. Luego se cuenta el número de marcas y esto dará la altura del edificio en unidades barómetro. Un método muy directo.”

“Desde luego, si quiere un método más sofisticado, puede atar el barómetro al final de una cuerda, balancearlo como un péndulo; con él determina el valor de ‘g’ a nivel del suelo y en la parte superior del edificio. De la diferencia entre los dos valores de ‘g’ se puede calcular la altura del edificio.”

Finalmente, concluyó, “hay muchas otras formas de resolver el problema. Probablemente la mejor,” dijo, “ es llamar en la portería. Cuando abra el portero, le dices lo siguiente: “Sr. portero, aquí tengo un barómetro excelente. Se lo daré, si me dice la altura de este edificio.”

En este momento le pregunté al estudiante si conocía la respuesta convencional a la pregunta. Reconoció que si, dijo que estaba harto de que los profesores del instituto y de la facultad trataran de enseñarle como tenía que pensar, usando el “método científico,” y a explorar la lógica profunda de la materia de una manera pedante, como se hace a menudo en matemáticas, en lugar de enseñarle la estructura de la materia. Teniendo esto presente, decidió recuperar el escolasticismo como un asunto académico para desafiar las atemorizadas aulas de América.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La Columna del Odio: Yo mismo

En el deterioro de mis facultades cognitivas, he llegado al extremo de suspender un examen -algo completamente insólito, más si tenemos en cuenta que era de física. Me queda un cinco en el promedio general de la evaluación, a pesar de que la profesora ha acabado diciéndome que sabía que mi nota tendría que ser bastante más alta y que seguro que me iría mejor el siguiente examen.
Lo realmente jodido es que el examen era fácil, endiabladamente fácil, y que en cualquier otro momento lo hubiera aprobado con nota... así que, eso: cuidado con las tensiones, que las carga el Diablo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Kitsch

Milan Kundera

¿Qué quedó de la gente que moría en Camboya?
Una gran fotografía de la actriz norteamericana con un niño amarillo en brazos.
¿Qué quedó de Tomás?
Una inscripción: Quiso el reino de Dios en la Tierra.
¿Qué quedó de Beethoven?
Un hombre huraño con una melena inverosímil que afirma con voz profunda: "Es muss sein!".
¿Qué quedó de Franz?
Una inscripción: Tras tanto andar errante, el regreso.
Etcétera, etcétera. Antes de que se nos olvide, seremos convertidos en kitsch. El kitsch es una estación de paso entre el ser y el olvido.

Exámenes

Aprovecho para escribir la que probablemente sea la última entrada de la semana, ya que mañana es el único día que no tengo ningún examen.
Entre vectores, Sócrates y límites cuando x tiende a infinito (y éste se seca), tengo trabajo que hacer.

sábado, 14 de noviembre de 2009

2012

http://2012findelmundo.es/

Bien, como la función de este blog es meterse con absolutamente toda forma de intelecto claramente inferior, os dejo este enlace para que os riáis de lo lindo.
Cabe destacar la foto, que parece decir: Ale, a la mierda Siberia.

Además del impagable texto: "

Si usted decide Sobrevivir al día de juicio final, inscribase ahora en nuestro
Newsletter Especial
. Recibirá información única y de vital importancia para
salvar su vida. En ningún otro lugar le darán esto.

LA INSCRIPCIÓN TERMINARA PRONTO!"


Y las incuestionables citas de sabiduría de la página:

"¿Por qué alguien podría no inscribirse? ¿Acaso quieren morir en el Día del Juicio Final?"
Pamela Grierson, España.

"Solo una cosa a los que niegan este evento: SOBREVIVIR!"
Carlos Quintana Perez, Colombia.

"Creo que es lo más importante que hice en mi vida"
Jimena Lorena Castro, México.

"Por varios años he estudiado el libro secreto de Nostradamus y sé que esto va a suceder.
Se terminará el mundo tal como lo conocemos y una nueva era vendrá. La población de la Tierra descenderá por debajo de 1 millón de personas. Anotarme aquí me garantizará la supervivencia"
Magdalena Cuenca, Estados Unidos.

"No estoy seguro si el mundo se acabará en el 2012. Pero si termina...,
entonces he hecho bien en firmar aquí!"
Lorenzo Fumiko Akashi, Chile.

"Menos mal que me uní a esta web! Ahora sólo necesitaré agenciarme una conexión ADSL cuando todo termine!!"

Sir Thomas Malory, Frikistán


Uy, no, ése no.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Exámenes de castellano

Funciones del lenguaje, acentos, signo lingüístico, Edad Media, géneros literarios... el caso es que recuerdo vagamente haber estudiado esto alguna otra vez...

sábado, 7 de noviembre de 2009

La pre-Columna del Odio: Joana E.

La cuestión es que la lectura obligatoria de las vicisitudes de la vida de Joana E. se presenta en todo su aburrido esplendor. Me he leído un sexto del libro y ya me parece que la primera aprte de cada capítulo -aquella que dedica a la espontaneidad de una señora a las puertas de la tercera edad pensando mientras va a casarse- es burda e innecesaria.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Robespierre

http://barcossinhonra.wordpress.com/2009/04/20/robespierre-y-revolucion-%E2%80%93-como-pollos-sin-cabeza/#comment-372

Genial.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Pesadilla en Abbey Road: Epicur si muove, I

Para Annabel Lee,
en un reino junto al océano Pacífico.


Es un día tranquilo y soleado en la ciudad de Utopía, pero John Stuart Mill ha decidido convertir a esta población de gente autorrealizada en una caricatura de übersmenchen.

Aunque John Stuart Mill no sabe con lo que se enfrenta.


-Títulos de crédito-

En 2009, un grupo de estudiantes de filosofía fueron sorprendidos por un rayo teletransportador que les llevó a un sitio que no encontraron en ningún mapa. Hoy sobreviven como filósofos de fortuna.

Si usted tiene algún problema existencial, o sencillamente se le ha atascado el váter, no les llame.

Ellos son el equipo SOPHIA.

Pampapáááááám, papaaampááááám, parapapapapáááááám, pampararapáááááááám...


La luz del sol, que entraba desde una pequeña abertura en el techo lleno de estalactitas, proyectaba extrañas figuras en la pared de la caverna. Platón llevaba mirándolas toda la tarde, y algo en la comodidad con la que se tomaba el té -la cicuta había sido descartada desde aquel desaforado incidente con Sócrates- indicaba que no dejaría de mirarlas.

-El hecho de que mires tanto la pared sólo puede significar que quieres acostarte con tu madre. Las figuras que se proyectan te recuerdan, en tu interior, al útero materno -Sigmund, el psicólogo, llevaba unos días (desde la última carta de su madre) hablando de penes y sexo.

-Es la proyección que el mundo de las ideas hace en nuestro mundo material. Que lo interpretes así sólo significa que has sido engañado por las sombras -y con un deje de desprecio-, materialista.

De pronto, y antes de que acabasen sumidos en una discusión filosófica, entró Heráclito agitando un papel:

-Las corrientes de información son curiosas; nunca te darán la misma información dos veces*. Los utilitaristas han vuelto a las andadas.

-Maldición, ¿es que nunca se darán por vencidos? -Sartre, en un poco usual ataque de optimismo.

Una alarma de emergencia. Caras de pavor, caricaturas humanas.

-Maldición, ¡han entrado en el centro comercial**!

De la pantalla gigante engarzada en la pared de la cueva sonó una voz. El alcalde Utopía, E. S. Thomas Moore, apareció en una escala 4:1 en la estancia.

-Caballeros, el destino de Utopía vuelve a estar en sus manos. Esta vez contarán con la ayuda del mayor experto en la destrucción del utilitarismo con el que cuenta nuestra nación. Herr Friedrich es profesor de griego clásico en nuestra (prestigiosa) universidad -aquí Platón y Heráclito se miran sorprendidos-. Pero cuando nadie mira, se convierte en Zarathustra.

>> Él es vuestro hombre...

Tales (abriendo la puerta y cayendo de bruces):

- ¡Tienen a Sócrates!

Más caras de pavor.


* No, Heráclito no tenía Google.

** En Utopía, los centros comerciales vienen a ser librerías gigantes. Existe una pequeña sección dedicada a comida, pero la mayoría de clientes vienen sólo a por libros -prefieren comerse el coco.