Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

viernes, 15 de enero de 2010

El Centurión no tiene quien le escriba: Baviera; esa panda frikis, X

Kgw

La conquista de Lafarra

Constant Von Balcke, contento de que el duque Ernest le hicera caso, decidió continuar con su relato:
- Pues verá, señor duque, resulta que Lafarra está al norte de Aragón, que está al norte de Castilla... me han contado que es lo mismo que estar al sur de Francia, pero no acabo de entenderlo. ¿Cómo puede estar algo al mismo tiempo al norte y al sur?
- Seguro que es cosa de ese ajedrez del demonio - dijo el duque- pero tú sigue, sigue...
- Y sucede que esos "lafarros" se enfadaron con los "aragonios", y entonces entraron en guerra... o sea, que el norte de Castilla estaba en guerra con el norte de Aragón...
- Pero Castilla no estaba en guerra, ¿verdad? - saltó Federico, temiendo que al final, de alguna manera todo desembocase en que alguien, en un sitio ignoto, le declarase la guerra a Baviera.
- No, Castilla, no, don Federico - le aseguró el bávaro barbudo - Y al final, como los "lafarros" eran muy fuertes, le quitaron a los "aragonios" dos provincias que estaban al norte de Aragón, que es lo mismo que al este de Lafarra... creo que Verona y Rosetón. ¡Ah, y Valenciaga tambión!
Esta vez el que saltó fue el embajador de Baviera:
- ¿Gerona, Rosellón y Valencia en manos de Navarra? ¡No puede ser!
- No me diga que tampoco se había enterado de eso - comentó con sequedad Federico; comentario que se vio acompañado de abucheos por parte de los nobles presentes.
"¡Buuu!", "¡Fuera!", "¡Qué birria de embajador!", "¡Mi venerable abuela, que es sorda y ciega por lo menos sabe dónde está Lafarra!" y gritos semejantes se oyeron por toda la sala. Ante esta situación Mathias Werthen decidió que sería mejor para su seguridad personal (y laboral) perderse en algún rincón de la sala de diplomacia, esperando a que amainase la tormenta o a que Constant volviera a hablar, a ver si la audiencia se distraía con su cháchara.
- Sí, en Castilla también decían que era imposible, todo el mundo iba corriendo de un lado para otro, gritando que si los "lafarros", que si Aitor, que si Ainhoa, que qué barbaridad, por los clavos de Cristo... y entonces el rey me dio un "sugus", me di la vuelta y me volví a Baviera. Eso es todo, señor duque, ¿qué hago ahora?
Lo normal hubiera sido que se hubiese hecho un silencio después del relato de Constant, pero al parecer, los asistentes a la reunión se veían incapaces de callar más. De esta manera, el final de la narración se vio acompañada del ruido de los nobles bávaros llenándose la tripa para olvidar los malos tragos (ya fuese como desayuno, merienda o cena).
Sólo Federico tuvo suficientes oído como para escuchar la pregunta de Constant.
- ¿Que qué haces? Sí, un momento... ¡Reunión de emergencia! - gritó, volviéndose hacia el duque Ernest, el conde de Chisburguer y un par de nobles más, todavía sin nombre. - ¿Qué hacemos con este idiota?
- Siempre podía sufrir un accidente... - apuntó uno de los nobles
- No exageremos - descartó el duque - después de todo, es el heredero de una de las familias más antiguas de Baviera.
- Tal vez demasiado antigua... esto es lo que pasa cuando se llevan varios siglos casándose entre primos. - dijo Chisburguer.
- No nos distraigamos - recordó Federico- ¿qué podemos hacer con este idiota? No quiero imaginarme lo que es capaz de hacer si le dejamos sueltos.
- ¿Y si le perdemos? - sugerió Chisbuger - Le mandamos al quinto pino, y le decimos que no se mueva de allí hasta nueva orden.
- Ya, ¿pero qué hacemos cuando llegue la orden esa? - quiso saber uno de los nobles anónimos.
- Ejem... Mirad, allí al fondo están sirviendo una fuente de tocino - sugirió Federico - ¿por qué no vais a probarlo?
- ¡Oh, es verdad! ¡Allá voy!
...

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