Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

viernes, 29 de enero de 2010

El Centurión no tiene quien le escriba: Baviera; esa panda frikis, XII

Kgw

¿Un qué secreto...?


- ¿Bávaro secreto? -dijo Constant.
- ¿Bávaro secreto? -repitió el diplomático.
- ¿Bávaro secreto? -se preguntaron los nobles... como se ve, la originalidad no era un rasgo distintivo de la nobleza bávara
- Sí, eso he dicho. -aclaraba Federico- Es un nuevo cargo diplomático, mucho, pero que mucho más importante que un simple y vulgar embajador.
-Vaya, muchas gracias -añadió Werther por lo bajini.
Federico no le hizo ni caso, pero se guardó el comentario en la memoria. Quién sabe si en algún otro momento le vendría bien recordarlo. Pero en aquel momento, los diplomáticos eran demasiado caros como para invitarles a las mazmorras ducales. ("Ah, qué poco me imaginaba lo mucho que le iba a necesitar", pensó el Federico actual, recordando los hechos hace ya una decena de años.).
Así pues, cogió al viajero sonriente del hombro y fue caminando con él...
- Verás, Constantitnín, como ya he dicho, queremos que seas nuestro "bávaro secreto" en Castilla. Evidentemente, al ser un cargo tan, tan importante que tiene que ser absolutamente secreto. Nadie puede saber que eres nuestro enviado.... mucho menos que vienes de Baviera.
- ¿Ah, no? -dijo Constant- ¿Y si me lo preguntan?
- Les dices que eres de la Lorena... o mejor, les dices que eres sordomudo y no hablas castellano.
- Pero si es sordomudo no puede hablar, ¿no? -inquirió un noble bávaro
- A mí no me preguntéis, a lo mejor en Castilla los sordomudos hablan en alemán -le respondió un compañero de mesa.
-Bueno, como ya os dije , se trata de que vayáis a Castilla y que nos informéis de todo lo que ocurre en esas tierras.
- ¿Me vuelvo a informaros todos los años? -quiso saber Constant.
- ¡No! -exclamó el duque Ernest- digo... no, hijo mío, una carta puede ser más discreta que una persona, ¿lo comprendéis?.
- Oh, cuánta razón tenéis, señor duque... entonces os mandaré una carta todos los años.
- Muy bien, ya veo que estáis captando la idea del bávaro secreto -le felicitó Federico de Ñion y Cifuentes- Mandad una carta larga, muy larga, cada fin de año, que será bien recibida...
El conde de Chisburguer se vio en la necesidad de comentar a Werther en un aparte: "Por supuesto; vos sabéis qué frías son las noches de invierno en este castillo y lo bien que arde el papel..."
- ...pero recordad, es vital, e importantísimo que nadie sepa vuestra identidad secreta. Así que nada de acercarse al castillo real, ni de pedir audiencias ni nada de nada. ¿Comprendéis?
- Por supuesto, don Federico, ¿os creéis que soy tonto?
El rugido "Noooo, en absoluto" que inundó la sala en ese momento, impidió oír la respuesta del regente de Baviera, que seguramente iría en ese sentido.

- Evidentemente, al ser un cargo tan importante, es vital que parta ahora mismo, ¿verdad? -sugirió Werther- Cuanto más tiempo esté en Baviera, de menos cosas podrá informarnos.
- Tenéis toda la razón del mundo, maese embajador -reconoció el duque Ernest- Don Federico, dadle un trozo de queso, una hogaza y una longaniza a nuestro nuevo bávaro secreto y que se ponga en marcha ahora mismo, que el camino es largo y cuanto antes salga, antes llegará.

Federico se había adelantado a la decisión , ya que mientras deambulaba con Constant por la sala de diplomacia del castillo de Múnich, había estado haciendo provisión de víveres, aunque con las protestas de los asistentes que aún no habían terminado de desayunar, de almorzar o lo que quiera que sea...
- Bueno, aquí tenéis todo lo necesario para el viaje, Constant, buena suerte y en marcha -dijo Federico, dejándole justo en la puerta de la sala.- Id con Dios y recordad vuestras órdenes.
-Así lo haré, don Federico. Hasta siempre, señor conde, amigos míos. Dentro de poco recibiréis noticias del nuevo bávaro secreto. Seré tan secreto que ni yo mismo sabré quién soy.
- No lo dudamos, hijo mío -respondió el duque- ¡Con Dios!

Los nobles bávaros hubieran salido por la ventana a despedirle agitando pañuelos blancos de no ser por varias razones: era una horterada, con su manera de comer, era muy improbable que estuvieran blancos y, en último lugar, todavía no se habían inventado, lo que explicaba el aspecto negruzco de las mangas de sus trajes. En su lugar, prefirieron decir "adiós, adiós" con la manita mientras la figura del nuevo bávaro secreto se iba haciendo más y más pequeñita hasta desaparecer de la vista. Cuando esto sucedió, Federico se volvió al duque:
- Su duqueza, creo que es necesario mandar llamar al jefe de la guardia.
- ¿Para avisarle de que jamás, jamás en la vida vuelva a dejar pasar al castillo Constant Von Balcke o cualquier persona que se le parezca? -completó la idea el marqués de Chisburguer.
-Efectivamente, señor marqués.
- Sabia medida, sí, señor -reconoció el diplomático, más aliviado- Lo mejor para evitar sorpresas desagradables.

Entonces los nobles bávaros volvieron a tragar a dos carrillos, mientras reconocían que sustos como los que habían tenido eran malísimos para el apetito, que la camisa todavía no les llegaba al cuerpo -algo lógico, dada la panza de algunos- y cosas similares. Mientras, el consejo de emergencia se felicitaba por la ingeniosa solución.
- Os felicito por vuestra ingeniosa solución -dijo Chisburguer (¿qué hemos dicho de la originalidad bávara?)
- Muchas gracias, pero fue idea del duque Ernest... -reconoció Federico.
- Sí, pero sin vuestra labia no habría...
- ¡DIN DON!
- Oh, no, otra vez no...


(¿Quién llama a la puerta? ¿Conseguirán los nobles bávaros terminar de comer... almorzar... desayunar.. o lo que sea? ¿Volverán a salir volando por la ventana? ¿habrá que convocar oposiciones a noble para cubrir las bajas?... ¡Continuará! )

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