Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

domingo, 3 de enero de 2010

Pesadilla en Abbey Road; Las fantásticas aventuras del mundo de Tommy Toole, IV: Vísperas de Carnaval

Emoción contenida. Tommy Toole llevaba toda la clase -la última clase del día-tomando apuntes, cosa que le convenía si tenía en cuenta que su profesor de filosofía no hacía más que saltar al cuello de los filósofos que tenía que explicar, y por tanto obtener una versión objetiva del pensamiento de cada uno de ellos era cuanto menos difícil.

- Y por eso se abrazó a un caballo, porque nadie más lo soportaba.

De forma que ocasionalmente hacía algún comentario no plagado de envidia, que no revelaba alguna oscura anécdota de alguno de ellos, y era interesante apuntarlo antes de que se volviese a perder por los cerros de Úbeda del ostracismo intelectual.

En algún instante posterior a que los reconociese a todos como una pandilla de untermenschen, sonó el timbre.

Así que salieron a los pasillos del instituto como el ganado que pasta en el campo que se extendía alrededor de la ex-casa del tal Oliver, que no en vano al día siguiente era la macrofiesta de Carnaval, y todos hacían planes para acicalar los últimos detalles de sus disfraces o actuaciones. Y Tommy también, por primera vez en su vida.


Al llegar a su casa, Dave estaba esperando en su cuarto -no había osado tomar asiento por temor a parecer tremendamente descortés- observando los libros de la estantería.

-La Trilogía del Elfo Oscuro, ¿eh? Je... no me suena, ¿no será narrativa romántica? ¿Algún poema épico de grandes dimensiones que ha pasado desapercibido al mundo durante siglos?

-R. A. Salvatore. Es... err... narrativa post-Tolkien.

-Suena interesante... Sí... La cuestión es que creo que hay un terrible error.

Dave tenía la cara desencajada por la vergüenza, y se notaba que había estado ensayando la mejor forma de dar la mala noticia ante uno de los antiguos espejos de su casa.

-Tranquilízate, David. ¿Qué sucede?

-Es sobre... el primo de John.

-¿De... quién?

-John, el tipo que me ayudó con el armero -siempre es útil saber cómo se llama un compañero de matanza.

-Y... ¿qué sucede?

-Su primo... no tiene trajes renacentistas. Son de jacobino (el burgués, no el monje) y el más antiguo es de puritano inglés del siglo XVII...

Dave lo miró con asombro.

-No se puede empuñar un trabuco del XVI llevando vestimentas del XVII o incluso XVIII, es un grave anacronismo.

-Dave, debo matar a doscientas personas mañana por la tarde. No me vengas con chiquilladas.

-Como desees... pero quizá necesitemos balas -más caras de asombro-. Sí... se me ha ocurrido que... en fin, las balas que necesitan esas armas no las tenemos.

-No las tenemos.

-Ahá.

-¿Y tenemos formas de conseguirlas?

-Eh... bueno. La mayoría de trabucos de la época podían funcionar con astillas y pedazos de cerámica -la cara de Tommy se contrae en un rictus agónico-. Pero creo que podríamos conseguir bolas de plomo del diámetro adecuado en alguna ferretería... Con el presupuesto adecuado, claro.

-¿Quieres que le pida a mi madre unos cuantos dólares para comprar balas, Dave?

Eso no hizo nada por aliviar la situación de tensión, y Dave, tímido y educado Dave, no supo cómo tomarse el comentario, lo que llevó, por supuesto, a la elección de la vía más errónea de tomarse el comentario:

-¡Eso estaría genial, Tommy!

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