Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

jueves, 21 de enero de 2010

Una historia sin título. Uuh, ¡qué miedo!

-Joe, ese tío nos está amenazando con un hacha...¿o sólo va a cortar leña?-dijo Ron.
-Aquí no hay leña, Ron.
-Entonces...¿nos cortará a nosotros?
-Puedes contar con ello.-y, ante la cara de espanto de Ron, añadió- Tranquilo, tengo un plan. Cuando cuente tres, tú te lanzas contra él.
-Vale, ¿ y qué haces tú?
-Salir corriendo.
-Vale...¡eh! ¿Y a mí me mata? No sé, quizá deberíamos pensar en un plan B.
-¿Tú crees?
-Claro. ¡Oye! Acabo de darme cuenta de una cosa. Tenemos una escopeta. ¿Cómo no nos hemos acordado antes?
- Serán los nervios.
-¿Sí?
-Claro.
-Jo, qué listo eres, Joe. Venga, a la de tres disparo. Una...dos...y...¡tres!
-No has disparado.
-No quedan balas.
-Joder, habrá que volver al plan original, venga, esta vez también puedes correr tú.
- ¡Bien! Venga, una...dos...y...¡tres!
A la de dos Joe ya se encontraba a unos metros del maníaco del hacha, llamémosle maníaco del hacha, Ron, sin embargo, esperó hasta llegar al cuatro para empezar a correr. De todos modos, a todos debería sorprendernos que Ron hubiese conseguido contar hasta cuatro sin confundirse.
Corrieron y corrieron. Ron, que era muy rápido, alcanzó fácilmente a Joe, y se encaminaron hacia la casa de este, cosa que habían decidido telepáticamente, por dos razones:
a) En casa de Ron nunca había nada bueno para comer, en la de Joe sí.
b) La primera razón era más que suficiente.
Cuando por fin llegaron, se dieron la vuelta, efectivamente, el maníaco no les había seguido.
Una vez a salvo, se dieron cuenta de que los padres de Joe no estaban en casa, cosa lógica, puesto que se habían ido de viaje una semana. Cuando volviesen, quizá descubrirían la casa en llamas, Joe no era un tío demasiado responsable.
Después de comer algo, ya que tanta carrera les había cansado, decidieron que llamarían al resto del grupo de amigos, les pareció que, si el maníaco aparecía, mejor morir cinco que dos. ¿Por qué? Quién sabe.
Decidieron llamar primero a Kate, por dos razones, primero, Kate estaba buena, qué coño, y segundo, era la más inteligente, por lo tanto, en caso de crisis, sabría qué hacer.
Kate les dijo que eran idiotas, que seguramente estaban alucinando, y que, finalmente, no jodieran, pero, como no tenía nada mejor que hacer, acabó acudiendo a casa de Joe.
Luego, llamaron a Britney, que, a pesar de estar bastante buena, era la clásica rubia tonta. La llamaron porque pensaron que, si el maníaco acababa con toda la humanidad, al menos tendrían a dos chicas con las que repoblar el mundo.
Y, finalmente, remoloneando un poco, porque era un fanfarrón, llamaron a Josh. Josh era el típico atleta de instituto, vamos, un gilipollas, la verdad es que nadie sabía qué hacía en el grupo, pero en el fondo, era un tío majo.
Hablando un poco de todos, Joe era un tío normal, no era un lumbreras, pero tampoco idiota. Su principal característica era que llevaba colado por Jane desde el jardín de infancia, cuando juntos comían arena. Ron no tenía muchas luces, pero era un tío gracioso, a todo el mundo caía bien, era un tipo simple, en el que se podía confiar.
El primero en llegar fue Josh, era un gilipollas, pero puntual. Luego apareció Britney ,y, finalmente, Kate, que era un poco despistada, y por un corto periodo de tiempo se habia olvidado de adónde tenía que ir.
-Bien, ya estamos todos-dijo Joe-ya os hemos explicado por teléfono qué es lo que ha ocurrido y, aunque algunos no nos creen-miró hacia Kate- es cierto, y pensamos que ese loco podría venir a por nosotros.
-Creo, -dijo Britney- que deberías explicarnos cómo era ese tío, por si nos lo cruzamos.
-Debe ser la primera cosa inteligente que dices.- dijo Joe- Bien, veamos...era un tío alto y delgado...
-¿Cómo de alto? -preguntó Josh.
-Yo qué sé, mediría uno ochenta, o así. Moreno, de pelo rizo...
En ese momento sonó el timbre. Britney fue a abrir. Vió por la mirilla, vió a un tío alto, moreno, de pelo rizo, delgado...y abrió la puerta.
Él le clavó un cuchillo en el estómago, y se largó, no se sabía por dónde, ya que Britney estaba ocupada con su herida. Gritó.
Todos acudieron corriendo.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Ron.
-Un...un hombre, me ha acuchillado. ¡En el estómago!
-Nunca lo habría adivinado.-dijo Kate.
-Sí, desde luego, Ron, haces unas preguntas...-dijo Josh.
-Bueno, bueno, pero, ¿quién fue?-preguntó Ron, colorado.
-Quizá primero deberíamos vendarle la herida a Brit, no parece que se lo haya clavado mucho, pero sangra un poco. -dijo Kate.
Una vez hubieron vendado a Britney, y conseguido que se tranquilizase un poco, ella les explicó qué había ocurrido.
-El hombre llamó a la puerta, era alto, moreno, delgado, de pelo rizo...
-¿Eres idiota? ¿por qué le abriste?-gritó Joe.
-Es que...es que...tú dijiste un metro ochenta, y este mediría...uno setenta y ocho. ¡Yo no tengo la culpa!
-Brit tiene razón, deberías haber sido más específico, ha sido culpa tuya-dijo Josh.
-Tú lo que quieres es llevarte a Britney a la cama-dijo Joe.
-Esperad, ¿adónde se ha ido el loco?-dijo Kate, siempre pendiente de lo importante.
-¿No se habrá metido en casa?-preguntó Ron, con cara de estar a punto de mearse en los pantalones.
-Bien, -dijo Kate- haremos dos grupos, unos que inspeccionen el piso de arriba, y los demás el de abajo, Britney se quedará en el sofá. Yo iré con Ron e iremos arriba, y Joe con Josh, abajo. Así habrá alguien con sentido común en cada grupo.

Cuando Kate y Ron subieron las escaleras, Joe y Josh se encaminaron hacia la cocina, y una vez que se hubieron cerciorado de que allí no había ningún asesino, decidieron bajar al sótano.
Mientras, Ron y Kate inspeccionaron el piso de arriba. Cuando estaban entrando en la habitación de Joe, oyeron a Britney gritar en el piso de abajo.
-Brit está gritando, deberíamos ir a ver qué pasa-dijo Ron, preocupado.
-No, -dijo Kate- ya ha dejado de gritar, así que una de dos, o estaba haciendo el paripé para asustarnos o ya está muerta, será mejor que nos quedemos aquí, si no queremos acabar igual.
"Menuda frialdad", pensó Ron.
Josh y Joe, sin embargo, subieron corriendo del sótano para ver qué ocurría. Cuando llegaron al salón, se encontraron a Britney tirada en el suelo, cubierta de sangre, y, a todas luces, muerta.
Vieron al rededor, no había nadie. Empezaron a gritar, y, puesto que creyeron que debían ayudar a sus amigos, Ron y Kate bajaron corriendo las escaleras.
Ron, al ver a Britney, se puso muy pálido, para después pasar a un tono más verdoso, terminando por vomitar en la alfombra.
-Eh, eh, tío, que es mi casa.-dijo Joe, en un alarde de sensibilidad hacia su amigo.
Cuando Ron hubo parado de vomitar, se dieron cuenta de que debían llamar a la policía. Lo intentaron, la línea estaba cortada y se estaba haciendo de noche. Empezaron a tener miedo. Mucho miedo. Intentaron encender las luces, tampoco iban, y no podían recurrir a ningún vecino, porque su casa estaba algo apartada del resto.
Como no querían quedarse en el salón, con el cadáver, ya que, en fin, dicen que un muerto no es la mejor compañía, se encerraron en la habitación de Joe, encendieron unas cuantas velas para que Josh no intentase meter mano en la oscuridad, y buscaron armas con las que defenderse.
Josh cogió el único arma que había de verdad, la navaja de Joe, alegando que formaba parte del equipo de fútbol y que, por tanto, no podían permitirse perderle. Ron, por su parte, había cogido un puñado de bolígrafos y lápices y se los había colocado en las manos con celo a lo Lobezno, algo ridículo, en opinión de Kate, que, por su parte, pensaba utilizar como arma la lámpara de la mesilla de noche de Joe. Por último, éste había cogido lo único que quedaba que le parecía que podía resultar mortífero: una percha.
Se encontraban en una acalorada discusión sobre quién vencería en una pelea, si Batman o Superman, cuando oyeron pasos procedentes de las escaleras.
-Mierda-dijeron todos al unísono.
Se pusieron en posición de combate, esperando a que llegase el loco asesino de la pala, que, a pesar de llevar un hacha, quedaba mejor "asesino de la pala". Bien, el caso es que, en cuanto llegó ante su puerta, comenzó a clavar el hacha en ella. Los cuatro amigos, en lugar de tener miedo, se quedaron perplejos.
Joe se acercó lentamente y abrió la puerta.
-Eh, tío, que es mi casa, ¿qué coño crees que haces?
-Echar abajo la puerta para poder acabar con vosotros, ¿a ti qué te parece, mocoso?
-Que sí, que vale, que quieres matarnos, pero la puerta estaba abierta.
-Oh...vaya, no lo había pensado, creí que la habríais cerrado con llave, sería lo lógico.
-No tiene cerradura...
-Bueno, da igual, ¡os mataré ahora mismo!
-Pero, ¿por qué? Y ten cuidadito, ¿eh? Que tenemos aquí a la reencarnación de Lobezno- dijo Kate, señalando a Ron-y a Perchaman- dijo señalando a Joe.
-Eh, ¿y yo qué?-dijo Josh
-Tienes una navaja, como mucho eres un atracador de poca monta.-contestó Kate.
-Tú tienes una lámpara.- se defendió Josh.
-Pero es una lámpara retro.
-¿Y qué?
-Que mola.
-Callaos de una vez.- dijo el asesino de la pala, viendo que aquella conversación no terminaría nunca-os mataré, tanto si sois Lobezno como la reina del mundo.
-Ninguno de nosotros es la reina del mundo.-contestó Joe.
-Oh, no me digas.-respondió el loco chiflado.
Y, sin más dilación, levantó el hacha, se lo clavó a Josh en la cabeza, matándolo en el acto, después le cortó la cabeza a Ron, que intentaba defenderse con sus nuevas garras. Se dirigió entonces hacia Kate, que se había escondido tras Ron, y, cuando fue a clavarle el hacha, Joe se interpuso en su camino en un alarde de valentía, y se la clavó a él. Bien, sólo quedaba la chica, que, horror, salió corriendo de la habitación. Por suerte para el asesino, no era demasiado rápida, la alcanzó en las escaleras y le clavó el hacha varias veces. Disfrutó con ello. Era divertido.
Una vez se los hubo cargado a todos, se dispuso a marcharse de aquella casa. Quizá iría en busca de otras víctimas, o puede que se fuese a su casa y se tomase un buen chocolate calentito, porque había hecho un buen trabajo y se lo merecía.
Tiró el hacha al suelo, ya no lo quería, y le daba igual dejar huellas. Se dispuso a bajar las escaleras, pero no tuvo en cuenta la sangre que había derramado el cuerpo de Kate, resbaló y se cayó, rodando por las escaleras y empapándose de sangre de su última víctima. Se partió el cuello, y ahí se quedó, más muerto que un cadáver.
Irónico, ¿no?

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