Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

viernes, 19 de febrero de 2010

El Centurión no tiene quien le escriba: Baviera; esa panda frikis, XIV

Kgw



El bufón serio y el mensajero que no lo era.

¿Quién ha hablado? - preguntó el duque Ernest.
Los asistentes se miraron entre sí, buscando al autor del grito inoportuno. Pero dado que le estaban prestando más atención a los platos que a la reunión en sí (el patriotismo está bien, pero comer está aún mejor), hubiera resultado imposible que encontrasen al responsable. Eso, claro, si el mismo no hubiera levantado la mano y empezado a dar saltos en medio de la sala multiusos bávara:

-¡Yo! ¡He sido yo! ¡Yo! - dijo un hombre muy alto, vestido con unas ropas estrafalarias aun para el siglo XV. - ¡No firméis, mi señor! ¡No firméis!
- ¿Y este quién es? - se preguntó Federico.
- Ah, si es Bernard... el bufón de palacio - le informó- el marqués de Chisburger.
- ¿¡El bufón!? ¡Pero si es altísimo!
- Es que fue el único que se presentó al puesto. .-dijo Chisburger.
- Los bufones buenos están muy solicitado - corroboró el diplomático.
- Prefieren cortes más ricas... como la francesa o o la de San Pedro. -dijo el duque Ernest.
- Es que hay mucho bufón en Roma. - añadió un noble anónimo.
- ¿A que os excolmugo por irrespetuoso y hereje? - preguntó el obispo de Múnich.
- Ejem... ¡Vaya, una nueva fuente de tocino!, voy a echarle un tiento.

Una vez terminada la información bufonesca, decidieron volver su atención al altísimo bufón.
.- Y bien, Bernard -empezó el duque- ¿por qué no tengo que firmar el papel del mensajero?
- Escuchadme, mi señor. No debéis firmarlo por varias razones... La primera, que hoy es sábado y no hay servicio de correo los sábados por la mañana...
Federico se acercó a Chisburger y le dijo al oído:
- ¿Soy yo o este bufón es un poco... soso?
- Pues sí, don Federico - aceptó el interludido- pero qué queréis, con lo poco que se le paga...
- No sé que hablase en verso, o, bueno, que tuviera algo de gracia. Es más seco que el señor obispo.
- ¡E-JEM! - tosió ostentosamente el aludido.

Mientras tanto, el bufón serio seguía su explicación.
- ... segundo, no se han inventado los bolígrafos. Y en tercer lugar... ¡Todavía no exixte el sistema de correo!
- ¡Maldición, me han descubierto! - dijo el falso mensajero. - ¡Tengo que escapar!
- ¡Guardias!
Un par de armarios empotrados con patas frenaron en seco la carrera del fugitivo y le llevaron de vuelta a la presencia ducal.
- Está bien, ¿quién eres y qué pretendes? -preguntó Federico-
- ¡No hablaré nunca!
- Eso es lo que dicen antes de pasar por nuestras mazmorras- dijo el primer ministro bávaro.
- Y después de pasar por ellas se vuelven muy habladores -confirmó el bufón soso.
- No podéis torturar a un mensajero oficial -tartamudeó el amenazado.
- ¿Qué mensajero? Aquí sólo hay un intruso. Y en Baviera no nos gustan los intrusos. ¿Verdad, señor duque?
- Verdad, verdad -confirmó éste - y menos los que intentan que firmemos cosas raras....
- ¡Está bien, lo confieso! ¡Soy el embajador de Wurttemburgo!! ¡Quería aprovechar para firmar una alianza con Baviera sin que se dieran cuenta!
- ¿Qué clase de traidor usaría ese método? - quiso saber Federico...
- Ejem... nosotros, señor -reconoció Werther- Usamos el mismo sistema para aliarnos con Austria.
Federico de Ñión y Cifuentes se sonrojó ligeramente y decidió cambiar de tema sin que se notase demasiado...
- Bueno, sí, claro... ¿Y por qué queréis aliaros con nosotros?- preguntó Federico al diplomático-mensajero
- Pues porque si no nos quedamos solos en medio de Alemania y porque nadie se atrevería a meterse con Austria.
- Parece un planteamiento bastante correcto. Está bien. aceptamos unirnos a Wurttemburgo en alianza. A partir de ahora Baviera, Wurttembugo y Austria formamos una alianza sagrada. - dijo Federico.
- Si vos lo decís... .-dijo el wurttemburgués (por buscarle un gentilicio) - firmad aquí, señor duque. Bien, a partir de ahora, formáis parte de nuestra base de datos.... digo, de muestra alianza. Os aseguro que no os arrepentiréis de esto.

"Sí, sí, qué bonito sonó entonces"Pensó el Federico de unos diez años más tarde. "Anda, que si me llegan a decir entonces..."

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