Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

viernes, 30 de abril de 2010

Feliz noche de Walpurgis

Que paséis una feliz noche de las bruuujas (uuuuuuuh)

Comparaciones

Los manatíes son unos bichos realmente fascinantes. Es extraño, porque no sé exactamente cómo calificar los sentimientos que me provocas. Son una especie de foca o león marino, quizá más grandes, que se dedican a nadar y estar expuestos en los zoológicos. Por una parte, siento unas ganas enormes de estar a tu lado, ésa es la parte de las hormonas, pero la escondida; por la otra, tengo unas ganas increíbles de alejarme de ti, ésa es la parte desconocida, aunque visible. Los manatíes son unos bichejos realmente grandes, tanto que no tienen ningún depredador natural, y por lo tanto no temen a nadie. Cuando se mezclan dos emociones contradictorias nunca sé cómo actuar; en este caso concreto, la mayoría de las veces considero que deberías alejarte de mí para evitar entrar en contacto con mi amargura. Al no tener que defenderse de nadie, los manatíes no han desarrollado ningún sistema de defensa. Ciertamente creo que voy a decirte que no te merezco, por egoísmo, a ver si así te enfadas conmigo y dejas de hablarme. Así pues, cuando se sienten en peligro, su más efectiva defensa consiste en girarse y darles la espalda, como si no existieran. Es una actitud realmente cobarde, pero los dos salimos ganando: yo me libero de la falsa esperanza, tú de la mala influencia. Al ver esa enorme espalda, la mayoría de los potenciales enemigos huyen. Lo peor viene cuando hago lo que me he propuesto y deseo secretamente que mi plan salga mal. Los manatíes y yo no nos parecemos demasiado.

miércoles, 28 de abril de 2010

Utopías

Eduardo Galeano

"Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos,ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar."

jueves, 22 de abril de 2010

El peloteo: un arma de doble filo

De tal forma me veo buscando como loco el libro que un profesor ha perdido o le han sustraído. Mi siguiente tarea es empapelar el instituto.
En fin, era lógico.

miércoles, 21 de abril de 2010

Aquel maravilloso siglo XII, I

Introducción.
El padre Clermont era abad de la pequeña capilla de Saint-Dié-des-Vosges, un pueblecito de los Vosgos con la desagradable tendencia de quedarse completamente congelado en invierno y ser un horno en verano. Cada mañana, muy temprano, salía a pasear por la campiña que circundaba la aldea, y llegaba a la Roche Saint-Martin, desde donde podía contemplar, al este, el Rin, las montañas del Hardt y, en rigor, el mosaico incomprensible de principados, ducados y algún reino que conformaba el Sacro Imperio Romano Germánico.
Luego volvía a la capilla y se preparaba para dar el Santo Oficio a una caterva de campesinos analfabetos, mujeres pecaminosas y jovenzuelos irrespetuosos.
“Todo comenzó con esas putas universidades”, se dijo, en voz demasiado alta. Alzó la vista, preocupado, hacia la gente congregada. Había tenido suerte: aún faltaban unos siglos para el micrófono.

Aquel maravilloso siglo XII.
André Clermont nació en julio de 1173 a las afueras de París, mientras su madre despedía al padre de la criatura, Eugène, que partía a defender Tierra Santa de los infieles barbudos y de tez del color de las aguas fecales que corrían por la ciudad -”canela” era una especia que él conocería en Oriente, y que por tanto no podía usar para dar encanto a sus descripciones.
Eugène, al ver a su mujer tan necesitada de primeros auxilios, se puso blanco como el marfil -licencia poética posterior, ya que tampoco sabía qué era el marfil-, dijo que ya llegaba tarde -tenía que estar en Narbona a las seis, dijo- y espoleó el caballo, que salió ballesteado hacia el sur. Los criados de la por aquel entonces rica familia Clermont se ocuparon del parto, y a las dos horas, el pequeño André -niño mimado, pícaro, universitario, galán, putero, abad y protagonista, por ese orden- ya era huérfano.
Pero de una pieza, eso sí.
Creció, hasta donde nos interesa, en compañía de sus tíos paternos, los cuales le mimaron como si fuese su hijo hasta que ellos mismos tuvieron un hijo propio, Patrick, y por tanto André comenzó a ser una carga para la familia. Carga la cual, por otra parte, los introdujo en estas narraciones, ya que André Clermont volvió a verse solo, aunque esta vez también desheredado. Lo cual, en la Edad Media, no sería tan grave de no ser porque, en algún momento de su cómica existencia, André Clermont había pensado que, en fin, heredaría algo.
Y es este, creo, el momento idóneo para introducir a André en nuestra historia: pasea cabizbajo por París, esquivando las ofertas de algunas damas de dudosa y, en cualquier caso, pequeña virtud y de algunos hombres de poca virilidad pero grandes atributos, mientras maldice a su familia por haberlo dejado sin blanca. En algún momento de su periplo, topa con una bolsa de cuero asomando ostentosamente del bolsillo de un rico comerciante judío -ciertamente no tiene pruebas para decir que es judío, pero aún a sus catorce años, André tiene edad suficiente para comprender que, evidentemente, si no fuese judío no tendría dinero- que parece decirle "cógeme, cóóógeme".
André Clermont no lo sabía entonces, pero había topado con Jack Ritter, el pícaro ventrílocuo inglés. A los cinco años se cayó por un agujero en el suelo, y pasó una semana hablándole a una raíz.
A medida que la deshidratación se personaba, la raíz dejaba su timidez inicial y le contestaba. Los cazadores que visitaron el lugar dijeron que era imposible distinguir si era el niño o la raíz quien hablaba.
Ahora, diez años más tarde, Jack creía que había encontrado un compañero de aventuras. Aunque, bueno, eso lo llevaba creyendo desde entonces. Hoy, un 2 de octubre de 1187, probaría si, quizá obligándole a esconderse junto a él, lo encontraba y, mientras Balián entregaba las llaves de Jerusalén a Salah al-Din, André Clermont se escondía en el borde de una calle encharcada de lluvia: Jack había cambiado el curso de vida.
Y no para bien, aunque eso poco le importó.
A veces, sencillamente, uno se siente solo.

Seventies fans.
Había amanecido, y Eugène Clermont se alegró: ya era hora, porque había pasado toda aquella noche de jueves -o miércoles, o viernes- de enero tiritando en la bodega de un barco veneciano. Florentino, tal vez.
Lo que sin duda estaba claro era que a) era 1174 porque la gente tenía la misma amplitud de mrias con o sin yelmo y b) era un barco, porque no había visto tantas ratas juntas nunca y "estabilidad" era un concepto que recordaba con nostalgia.* Se levantó, se puso la armadura, y salió. El primer pensamiento que invadió su mente fue una decepción inexpresable en su pobre vocabulario de noble de la Francia feudal, pero no por esto más irreal: habían llegado, y el barco llevaba amarrado toda la mañana. Ya no surcaba el Mediterráneo, ya no dejaba una blanca estela de espuma a su paso.
'Tierra Santa', se dijo. No dijo más, nada más podía decir. Tampoco era necesario. Si hubiese sido un erudito, si supiese leer, si fuese un librepensador, podría haber reflexionado sobre la complejidad que hacía que las naciones más poderosas del Occidente cristiano luchasen por un territorio apenas comprendido entre el Jordán y el mar. Estaban aquellos malditos infieles, claro, con sus turbantes y arcos compuestos, y toda la diatriba de mala prensa occidental sobre sus costumbres domésticas. Y, a pesar de todo, ahora estaba en Jaffa, y mañana a la tarde llegaría a Jerusalén.
Pasó la noche en el camino, acampando improvisadamente en la destartalada carretera -destartalada desde el dominio franco- que llevaba de Jaffa a Jerusalén, y al llegar a ésta, antes de lo que esperaba, la ciudad, que no llevaba ni cien años sometida a la Fe Verdadera, le parecía la más bella que había visto jamás.
El paseo por sus calles fue emocionante: el mercado tenía tanta fruta y sales que desprendía un olor que le llenó los pulmones de forma agradable, y la música sonaba en las calles con melodías estrambóticas que no había oído jamás en su lejana patria.
Cuartos de tono, hubiera dicho de conocer la teoría pitagórica.
Había predicadores de la Cruzada, los cuales, recuerda, sí conocía ya. Los edificios tenían formas que le eran desconocidas, y había una utilización casi abusiva de la geometría que él desconocía, pero que aún así notó. en conjunto, todo tenía una tonalidad amarilla que le confería una serenidad espiritual.
Y entonces lo entendió. Entendió por qué esa ciudad era venerada por la Cruz y la infiel Media Luna: esa ciudad bien valía otra cruzada, y la vida de miles de personas enterradas en el desierto. Descansen en paz.
Encontró posada en la taberna de un viejo cristiano armenio, adonde tuvieron que llevar el caballo desde el barco, y pasó la noche pensando en su familia. Su primogénito recién nacido, su mujer, los gritos de dolor de ésta al romper aguas -mezclados con los de indignación al ver que él espoleaba su caballo y, caballerosa y galantemente, huía despavorido a Tierra Santa...
Se durmió.

*Aquí debo decir que, según mi padre marino, "estabilidad" es la capacidad de volverse a levantar... de lo cual, un barco, tiene.

Soy británicamente correcto

Happy Queen's birthday, my little readers!!

domingo, 18 de abril de 2010

La Columna del Odio: Retomando costumbres

Escucho Baba O'Riley, de The Who, erróneamente conocida como Teenage Wasteland, mientras me propongo escribir una columna del odio sobre mi tío, que tantas antipatías ha suscitado. Imagino que eso se debe a que mientras mi madre es el cerebro de la casa y yo un espectador pasivo, él es la frente.
Una amplia frente que es la antesala a un cráneo vacío.
O casi.

Nuestra historia comienza donde suelen empezar las historias que tienen por protagonista a algún adolescente: es viernes, a la salida del colegio. Camino con un amigo que me habla sobre lo mucho que le ha entretenido El Último Gay de Escocia, y me digo para mis adentros que estoy rodeado de gente con gustos rarísimos: no es la primera vez que descubro que he escrito tal o cual fragmento con una intención moralizadora y de crítica contra la sociedad de consumo.
En fin, es lógico. Mientras bajamos por la acera paralela a la Cruz Roja, justo antes de toparnos de frente con la Plaza de Toros, mi visión periférica lee 'cindicatos'.
Doy dos pasos hacia atrás, como en trance, y al girarme topo otra vez con esa palabra.
Cindicatos.
Lo que la octavilla dice, de hecho, es:
"A los cindicatos les importamos una mierdá lós parados, estan todos acojonádos con el Garzón ese..." y aquí algún alma caritativa ha arrancado el papel.
La letra es la letra de un niño pequeño intentando ornar su caligrafía con barrocos acabados que intentan ser curvos, pero que sólo llegan a poligonales.
Es la letra de mi tío.
'Garzón no se mete con los sindicatos' pienso yo, y al darme cuenta mi amigo está corrigiendo la nota en rojo y ya ha colocado un redondo cero subrayado en la esquina superior derecha.
-¿Vamos? -me dice.
-Sí, claro.
Nos alejamos del sitio y, tras unos pasos, nos despedimos.
No he vuelto a ese lugar.

sábado, 17 de abril de 2010

El Cuarteto de Alejandría. Justine

Lawrence Durrell

Pienso en la época en que el mundo conocido apenas existía para nosotros cuatro; los días eran simplemente espacios entre sueños, espacios entre capas móviles de tiempo, de actividades, de charla intrascendente... Un flujo y reflujo de asuntos insignificantes, un husmear de cosas muertas, fuera de todo aquel ambiente real, que no nos llevaba a ninguna parte, que no nos exigía nada salvo lo imposible: ser nosotros mismos. Justine decía que habíamos quedado atrapados en la proyección de una voluntad demasiado poderosa y deliberada para ser humana, el campo de atracción que Alejandría extendía hacia los que había elegido para ser sus símbolos vivientes...

martes, 13 de abril de 2010

Si Puccini levantase la cabeza...

...preferiría darse con la tapa del ataúd a escuchar esto.

Pero es divertido, qué coño.

Apóstrofos e hipérbolas

Un apóstrofe es una figura retórica, y un apóstrofo un signo ortográfico.
Una hipérbole es otra figura retórica, y una hipérbola es una sección cónica.

Química orgánica

Etanos, etenos, etinos, según si tienen uno, dos o tres enlaces, respectivamente. No es muy fácil de recordar, pero la multitud de posibilidades que puedes derivar de ello es tétricamente grande.

Nunca me formularéis con vida, cabrones.

jueves, 8 de abril de 2010

Cervantes me ha hecho reír, al fin

Miguel de Cervantes

-Eso haré -respondió la condesa Dolorida-. En fin, el cura aprobó el matrimonio, lo que enojó tanto a la reina doña Maguncia, madre de la infanta Antonomasia, que la enterramos hace tres días.
-Debió de morir, sin duda -dijo Sancho.

martes, 6 de abril de 2010

Encuesta finiquitada

Tras dos años, la encuesta sobre la famosa pregunta heurística del árbol cayendo ha finalizado.
Los resultados son:

"Es incognostible, ya que nadie puede atestiguarlo." 6 votos, un 9%
"A no ser que en ese bosque reine el vacío, sí, hace ruido." 8 votos, 12%
"No, no hace ruido." 2 votos, 3%
"Se pueden usar las encuestas para temas más interesantes." 2 votos, 3%
"Como mínimo, y siempre que el árbol haya caído hacia el interior del bosque, millones de dioses menores lo habrán oído..." 10 votos, 15%
"El huevo." 5 votos, 7%
"La gallina." 6 votos, 9%
"Sí." 3 votos, 4%
"No." 0 votos, 0%
"Sí, por supuesto." 5 votos, 7%
"No, de ninguna manera." 3 votos, 4%
"Seamos francos, ni lo sé ni me importa." 13 votos, 20%

Y sin embargo, como dijo Jota, es una pregunta heurística. Cualquiera que intente darle una respuesta es un necio. Así que eso, a cagar al monte.

Shallom.




sábado, 3 de abril de 2010

Iglesia made in Spain

http://es.ocsfajmj.com/

La única iglesia capaz de canonizar a Franco y excomulgar a todos los que hayan visto Jesucristo Superstar.

jueves, 1 de abril de 2010

War Requiem

Según se me comentó, el Réquiem de Guerra se estrenó el 30 de mayo 1962, en la inauguración de la nueva catedral de Coventry, al lado de las ruinas de la antigua -destruida por la operación "Sonata Claro de Luna", de la Luftwaffe. Britten, que ya había estado intentando escribir una obra pacifista de gran embergadura, recibió el encargo para ésta en 1960, y lo que creó fue un réquiem anómalo.
Entre los clásicos textos en latín, cantados por el coro, se intercalan poemas de Wilfred Owen (1893 - 1918), que murió en la Gran Guerra y entre cuyos papeles se encontraron decenas de poemas sobre la inutilidad de la guerra. Estos poemas, en inglés, son cantados siempre por los solistas (que a veces acompañan al coro).
En este sentido, tenemos que los dos solistas varones, el tenor y el barítono, interpretan a dos soldados que, durante la guerra, se matan mutuamente. La solista soprano y el coro adulto interpretan las plegarias por sus almas ante el Creador, y el coro de niños representa al Cielo.
Los textos los subiré en otra entrada, si los subo alguna vez.


Benjamin Britten

Requiem aeternam et Dies Irae, I


Requiem aeternam et Dies Irae, II


Dies Irae et Offertorium, I


Dies Irae et Offertorium, II


Dies Irae et Offertorium, III


Sanctus


Agnus Dei


Libera me, I


Libera me, II


Libera me, III