Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

domingo, 18 de abril de 2010

La Columna del Odio: Retomando costumbres

Escucho Baba O'Riley, de The Who, erróneamente conocida como Teenage Wasteland, mientras me propongo escribir una columna del odio sobre mi tío, que tantas antipatías ha suscitado. Imagino que eso se debe a que mientras mi madre es el cerebro de la casa y yo un espectador pasivo, él es la frente.
Una amplia frente que es la antesala a un cráneo vacío.
O casi.

Nuestra historia comienza donde suelen empezar las historias que tienen por protagonista a algún adolescente: es viernes, a la salida del colegio. Camino con un amigo que me habla sobre lo mucho que le ha entretenido El Último Gay de Escocia, y me digo para mis adentros que estoy rodeado de gente con gustos rarísimos: no es la primera vez que descubro que he escrito tal o cual fragmento con una intención moralizadora y de crítica contra la sociedad de consumo.
En fin, es lógico. Mientras bajamos por la acera paralela a la Cruz Roja, justo antes de toparnos de frente con la Plaza de Toros, mi visión periférica lee 'cindicatos'.
Doy dos pasos hacia atrás, como en trance, y al girarme topo otra vez con esa palabra.
Cindicatos.
Lo que la octavilla dice, de hecho, es:
"A los cindicatos les importamos una mierdá lós parados, estan todos acojonádos con el Garzón ese..." y aquí algún alma caritativa ha arrancado el papel.
La letra es la letra de un niño pequeño intentando ornar su caligrafía con barrocos acabados que intentan ser curvos, pero que sólo llegan a poligonales.
Es la letra de mi tío.
'Garzón no se mete con los sindicatos' pienso yo, y al darme cuenta mi amigo está corrigiendo la nota en rojo y ya ha colocado un redondo cero subrayado en la esquina superior derecha.
-¿Vamos? -me dice.
-Sí, claro.
Nos alejamos del sitio y, tras unos pasos, nos despedimos.
No he vuelto a ese lugar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué gran personaje.
Está bien, aunque mi historia de adolescentes comenzaría un domingo de filosofía retorciéndome en la silla del ordenador xD