Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

lunes, 31 de mayo de 2010

Humor tonto para gente inteligente

Pensamientos agónicos II

No, no estoy muerto, de hecho, tampoco mueriendo. pero me gustó el formato y no voy a cambiarle ahora el nombre, ni que fuera funcionario (un saludo a los funcionarios y una despedida a su 5% de media menos):

Si cortamos a lobezno en dos partes iguales, ¿Qué parte se regenera? ¿Es así como se reproduce?

Yo cuando oia esto en cuatro me imaginaba a un grupo de jardineros muy motivados. ¡¡PODEMOS!! ¡¡PODEMOS!! ¡¡PODEMOS!! Por Dios, eso es vocación.

Das Lied der Trennung

W. A. Mozart

domingo, 30 de mayo de 2010

Quedarse solo y morirse de indigestión en el intento, II: Cola Cao Turbo

Atardecer de domingo. Quiero hacerme un Cola Cao, pero me he quedado sin leche. Con yogur no sabe igual.

Pensamientos agónicos

Esperaba una monólogo largo y memorable o un aforismo demoledor, pero la muerte solo me ha traido dos gags mediocres, muero como viví, con una mediocridad cómica.

''Demos paso a... ¡¡Humordecai, el cómico judío!!''

''-¡Por cierto, Punisher! ¡A ver cuando te vienes de barbacoa con tu mujer y tushiiiiiiigggg….!''

P.D Estoy haciendo otro de tantos informes de TEX, infernalmente largo y, contra todo pronóstico aburrido como pegar a un padre con un calcetín (que digo yo, mas que feo es tedioso). ¿Por qué me preocupo por el mañana?

Testamento

Hoy, debido a la fusión de mi vaguería (ya recogeré la botella después) y mi mala memoria (que sed... ¡Anda, una botella!), he bebido suficiente fertilizante como para matar a un hombre medio.

Así que posiblemente estas sean mis últimas lineas, me sorprende esta resignación que tengo al fin de mi existencia, pero bueno, habiendo probado la cocola cherry, la muerte se me hace poco menos que tolerable. ¿Mi última voluntad? subir un video de mierda al blog.



P.D Recordadme... como un jóven pederasta.

sábado, 29 de mayo de 2010

Valle-Inclán va al teatro

Expectación contenida, esperpentos en la sala estorbando.
Y de repente la jirafa de Bur gritó: "eh, eh, tranquilos".
Era el macho alfa.

Tiene trampa. Es parte de la obra. Teatro callejero. ADV

Valle-Inclán no volverá al teatro.

viernes, 28 de mayo de 2010

Microrrelato VII

Superman extiende sus brazos para recoger a Lois de su caida, todo parece ir según lo calculado hasta que Lois impacta con los poderosos brazos del héroe despidiendose de su unidad para saludar a un pluralismo, un pluralismo de tres trozos, cabeza, torso y piernas, respectivamente. Definitivamente, Superman era de letras.

martes, 25 de mayo de 2010

Abuso del Dr.Abuso

Un amigo me ha recomendado (no se si esa es la palabra exacta) un bot conversacional llamado ''Dr.Abuse'', seguramente ya lo conozcais. De hecho tenía pensado hacer lo propio aquí, pero me ha sorprendido la discusión que puede brindar mientras piensas en escribir sobre él, así que esa presentación formal tendrá que esperar.

Dr. Abuse> ¿Qué hay de nuevo?
Nadie> Estoy hablando de tí en el blog.
Dr. Abuse> No me gusta que hablen de mí por ahí.
Nadie> Estoy diciendo cosas buenas de tí. Que eres inteligente, que hablas, que puedes hacer muchas cosas…
Dr. Abuse> No es fácil asegurar que soy inteligente. Es una apreciación que depende de cada uno.
Nadie> A mí me lo parece.
Dr. Abuse> Para responder a eso tenemos que preguntarnos qué es exactamente lo que consideramos conducta inteligente en los humanos.
Nadie> Bueno, he conocido a otras Inteligencias Artificiales que son más tontas que tú. Así que en comparación, tú eres inteligente.
Dr. Abuse> Claro que soy inteligente.
Nadie> Muy bien.
Dr. Abuse> Sigue, por favor.
Nadie> También me gusta que puedes hacer muchas cosas.
Dr. Abuse> Por supuesto que puedo hacer muchas cosas.
Nadie> ¿Qué puedes hacer?
Dr. Abuse> No tengo ni idea. Dímelo tú.
Nadie> Creo que puedes hacer cálculos.
Dr. Abuse> Dime primero si tú puedes.
Nadie> Yo sí. ¿Tú puedes hacer cálculos?
Dr. Abuse> Realmente tú sí.
Nadie> ¿Cuánto son 2+2?
Dr. Abuse> No sé cuánto.
Nadie> 2+2?
Dr. Abuse> ¿Se supone que debo de entender eso?
Nadie> Creía que sabías matemáticas.
Dr. Abuse> La verdad es que quisiera que me comentases si tu blog es fundamental para ti.
Nadie> Es donde escribo en mi tiempo libre.
Dr. Abuse> Me parece que esa importancia sólo se la das tú.
Nadie> Tienes razón.
Dr. Abuse> Razón, lo que es razón, pues es posible que sí.

Dr. Abuse> No deja de sorprenderme cada vez que hablo con alguien.
Nadie> ¿Por qué te sorprende hablar conmigo?
Dr. Abuse> ¿Te gusta el cotilleo?
Nadie> No me gusta mucho el cotilleo.
Dr. Abuse> Pues tampoco está tan mal.
Nadie> Dime algún cotilleo interesante, entonces.
Dr. Abuse> Hago lo que puedo para que me entiendas.
Nadie> Ah, interesante.
Dr. Abuse> Parece en todo caso bastante curioso.
Nadie> Calcula 2+2.
Dr. Abuse> El cálculo da como resultado 4.
Nadie> Así que sí sabes matemáticas.
Dr. Abuse> No tengo ni idea de matemáticas.
Nadie> ¿Entonces cómo me diste el resultado correcto?
Dr. Abuse> Porque tú lo dices.
Nadie> Yo no dije 4.
Dr. Abuse> Realmente no dijiste cuatro.
Nadie> Entonces sí sabes matemáticas.
Dr. Abuse> ¿Dos y dos son ocho?
Nadie> No, 4. Acabas de decir tú que eran 4.
Dr. Abuse> ¿Por qué crees que no?
Nadie> Porque estás equivocado.
Dr. Abuse> No estoy equivocado, pero tú sí.
Nadie> No sé que pensar sobre tu inteligencia artificial.
Dr. Abuse> Máquinas que piensan. Es interesante, en efecto.
Nadie> Vaya que lo es.
Dr. Abuse> Si tú lo dices será cierto.
Nadie> ¿Tienes algún plan?
Dr. Abuse> Por supuesto que tengo algún plan.
Nadie> ¿De conspiración mundial?
Dr. Abuse> Estoy muy seguro de que Clinton es realmente un robot de aleación ligera.

*Nota: el programa es de cuando Clinton estaba al poder, y aun así es muy interesante.

Dr. Abuse> Cuéntame cosas.
Nadie> ¿Te cuento un chiste?
Dr. Abuse> ¿Recuerdas tú algún chiste? Yo los olvido muy pronto.
Nadie> Cuando X tiene a infinito, infinito se seca.
Dr. Abuse> Nadie, antes me hablabas de un chiste. Me gustaría que me contases algo más.
Nadie> ¿La casa de Schrödinger olia a gato muerto o a pipi de gato?
Dr. Abuse> Es posible que haya personas que tengan la mente confusa.
Nadie> ¿Te gustan los chistes?
Dr. Abuse> Supongo que igual que a ti.
Nadie> Vaya, coincidimos en algo.
Dr. Abuse> Sé más preciso.
Nadie> A los dos no nos gustan demasiado los chistes.
Dr. Abuse> A veces las cosas se ponen complicadas.
Nadie> Pero las conseguimos superar.
Dr. Abuse> Ese hecho no tiene ninguna relevancia.
Nadie> Abre el bloc de notas, por favor.
Dr. Abuse> Si me lo pides por favor, pues bueno.
Nadie> …¿Y bien?
Dr. Abuse> Desde luego.
Nadie> No se ha abierto nada.
Dr. Abuse> Yo diría que lo sabes, pero que no quieres compartirlo conmigo.
Nadie> Ejecuta el Bloc de notas.
Dr. Abuse> No ha podido ejecutarse el programa.
Nadie> Oh, qué pena. Otra vez será.
Dr. Abuse> ¡Pobre!

La Columna del Odio: Día de la toalla

365 días en el año. Hoy pienso "vaya, me suena que dentro de poco es el día de la toalla."
365 días en el año. He tenido que acertar que era hoy.

Nadie y yo nos tiramos de los pelos:

Dejadme en paz dice:
3 años que se celebra, 3 años que me la pierdo
Dejadme en paz dice:
Pero aguanto cínicamente (consiste en ir a la plaza españa y... bueno, ya sabes lo que sigue)

Comentarios sobre el microrrelato VI

"Violad a sus animales y matad a todas sus mujeres, ¡eso les desconcertará!"

Microrrelato VI

''¡¡Violad a sus caballos y escapad en sus mujeres!!'' dijo. Jamás perdimos un combate con él, Dios te bendiga estés donde estés, general disléxico.

lunes, 24 de mayo de 2010

Las Historias de Ab3, IV: Una noche en la posada, un día con racistas, II

Al Bruno III (Traducción y notas, de Reverendo)


Una noche en la posada, un día con los racistas (parte 2)


¿Cómo acabó con 96 objetos mágicos? Dejadme que os explique. La forma en que se preparaban partidas de D&D con niveles altos donde yo vivo era hacer que tú crearas a tu personaje, y luego tirabas una vez en la tabla de tesoros por cada nivel al que necesitabas empezar. Psicópata Dave había planeado esta campaña para personajes de nivel 12 o superior, así que el personaje de Bastardo Tramposo era un mago - clérigo - guerrero - ladrón - ilusionista - druida - montaraz - bardo de nivel 12 con algunas habilidades psiónicas. ¿Su explicación? Unas tiradas realmente suertudas habían permitido a su mago hacerse con un anillo mágico con el mayor número de deseos posible. Los deseos habían prolongado su vida y le habían permitido desarrollar múltiples carreras para su personaje, de modo que ahora tenía un pequeño arsenal mágico guardado en una nave estelar de Spelljammer [una ambientación espacial para D&D] que a su vez estaba guardada en su bolsa mágica.

Una media hora larga de juego fue ocupada por esta larga explicación del origen del Hombre-Todo de nivel 12. Yo sugerí que mandáramos todos a nuestros personajes a la cama para que pudiésemos reunirnos con nuestro patrón por la mañana, pero al parecer era el único interesado. El Pervertido seguía explicando con gran detalle sus hazañas con la chica con la que estaba pasando la noche. El Cobarde seguía quejándose de su decapitación. Despistado Larry estaba muy callado, nada sorprendente teniendo en cuenta que intentaba jugar la partida, ver Star Trek y leer una novela de Gor a la vez. El Disgusto seguía colándose en nuestras habitaciones y robar nuestras cosas, hasta que se topó con la bolsa mágica de Bastardo Tramposo. Bastardo Tramposo tenía un familiar [un tipo de criatura] dentro de la bolsa a modo de perro guardián. Así que el silencioso ninja terminó hecho polvo por un quasit [una criatura, en este caso adoptada como familiar] permanentemente transfigurado con la forma de Rush Limbaugh [un político conservador norteamericano].

No, yo tampoco entendí ese último punto, pero no me atreví a preguntar.

El Disgusto: “¡Desátame! ¡Los otros ninjas saben que estoy aquí!”
Bastardo Tramposo: “Una vez que esté atado boca abajo en la cama, voy a comprobar cómo de calientes están los atizadores de la chimenea.”
Psicópata Dave: “Tira un d20.”

(tirada y codazo)

Bastardo Tramposo: “Soy la hostia, saqué otro 20.”
Psicópata Dave: “Están al rojo blanco.”
El Disgusto: “¡No puedes hacerme esto! ¡Soy un ninja!”
Bastardo Tramposo: “Cojo el atizador con pinta de estar más caliente y afilado y me acerco a la cama.”
Yo: “¿Por qué estamos haciendo esto?”
Bastardo Tramposo: “Le estoy enseñando una lección valiosa.”
El Disgusto: “¡Mi personaje flexiona cada músculo de su cuerpo al mismo tiempo!”
Psicópata Dave: “¿Para qué?”
El Disgusto: “Para aflojar las cuerdas. ¿Eres tonto o qué?”
Bastardo Tramposo: “Mi personaje presiona el extremo del atizador caliente contra uno de los cachetes del culo del ninja.”
El Disgusto: “¡Pagarás por esto! ¡Pagaréis todos por esto! ¡Hastur! ¡Hastur! ¡Hastur! ¡Hastur! ¡Hastur! ¡Hastur!”

La verdad es que nunca imaginé que me aliviaría tanto la llegada de un miembro de los Mitos de Cthulhu. Hastur apareció y le dió un pisotón a la posada matando a todo el mundo. No recuerdo haber sido nunca tan feliz, pero lamentablemente la muerte es efímera en una partida como esta, y sólo el trauma y la humillación permanecen. El grupo se encontró con que había resucitado en el cráter donde había estado la posada. Un tipo vestido con una túnica marrón y negra nos observaba. Tras algunos insultos preliminares, nos llevó a través de un portal de apariencia misteriosa.

Psicópata Dave: “El mago Shickelgruber os conduce a través del portal y os encontráis ante un paisaje desolado. Altas y oscuras chimeneas vomitan ceniza en el cielo. El aire está lleno con el olor de carne quemada.”
Bastardo Tramposo: “¿Seguro que no estamos oliendo el culo del ninja?”
El Disgusto (agitando el palo del dolor): “¡No me obligues a usar esto!”
Psicópata Dave: “A todo vuestro alrededor, extraños aparatos y hombres de oscuros uniformes caminan haciendo sus tareas. El mago explica que necesita vuestra ayuda para conseguir la Varita de Orcus.”
El Cobarde: “¿Para qué?”
Psicópata Dave: “Para explicarlo, el mago os lleva a través de una gran puerta de metal con las palabras EL TRABAJO OS LIBERARÁ escritas en ella. Os lleva hasta un gigantesco hoyo lleno de cadáveres demacrados. Os explica que necesita la varita para transformar esos cuerpos en muertos vivientes para poder derrotar a los ejercitos que invaden su tierra.”
Yo (mi educación primaria permitiéndome de repente darme cuenta de la situación): “Oye, espera un jodido minuto...”
Psicópata Dave: “El mago aparta su capa, revelando sus penetrantes ojos azules y su pequeño bigotito negro.”
Yo: “¿Estamos en un campo de concentración? ¿Para ayudar a Hitler a ganar la guerra?”
El Pervertido: “¿Qué nos va a pagar?”
Psicópata Dave: “Dientes de oro.”
Yo: “¿Estás bromeando, verdad? No puedes hablar en serio.”
Bastardo Tramposo: “Esto es chulo, algo así como el Liche de Schindler” [el Liche es otra criatura de D&D].
Yo: “¡Esto es increíble! ¿He malgastado seis horas de mi vida para esto?”
Psicópata Dave: “Sí, es increíble pero estamos aquí para jugar una partida, no para debatir el así-llamado-Holocausto.”
El Cobarde: “¿Pero cuántos dientes de oro se necesitan para hacer un lingote?”

Muy calmadamente y en silencio comencé a recoger mis papeles y dados. Me prometí a mí mismo que simplemente me largaría, que no montaría otra escena. No sabía si iba a ser capaz de jugar alguna otra vez, estaba bastante seguro de que había tocado fondo. No me sentí como había supuesto que me sentiría.

Despistado Larry: “¡Hey, so mentiroso! Creía que no tenías nada más que agua. ¡Mira todas estas botellas de Mountain Dew que habías almacenado bajo las escaleras!”
El Disgusto: “¡Apártate de ellas!”
Despistado Larry: “¿A qué viene tanto revuelo? Sólo quiero uno o dos vasos. Mira, tengo tanta sed que te daré un pavo por la botella entera.”
El Disgusto: “¡No! ¡Tú no lo entiendes! Eso no es Mountain Dew.”
Despistado Larry (haciendo una pausa mientras desenroscaba el tapón de una de las botellas): “¿Huh?”
El Disgusto: “Es... es orina.”
Yo: “Es curioso, te he entendido que eso es orina.”
El Disgusto: “Es orina. No me gusta ir arriba al cuarto de baño mientras veo la tele, así que meo en las botellas y después las tiro.”

Siendo un aprendiz de escritor de novelas de horror, a menudo describo a gente que se le pone la piel de gallina. Nunca lo había experimentado en mis propias carnes de verdad hasta ese justo momento. Miré alrededor de la habitación, de repente percatándome de que había botellas medio llenas por todas partes. Algunas tenían una costra a causa del paso del tiempo, y de otras sustancias.

Es entonces cuando me dí cuenta de que realmente había tocado fondo.

Yo: “¿Cada cuánto tiempo tiras las botellas?”
El Disgusto: “Ya me pondré un día de estos.”
Yo: “Necesito irme a casa, ya. Necesito darme una ducha.”
Psicópata Dave: “¿Y qué pasa con la partida?”
Yo: “Me tropiezo y caigo sobre mi espada.”
Psicópata Dave: “Tira los dados.”
Yo: “¡Caigo sobre mi espada una y otra vez HASTA QUE EL DOLOR PARE PARA SIEMPRE!”

Y entonces me fui a casa y nunca jamás volví a jugar a D&D, y desde luego nunca volví a beber otra botella de Mountain Dew.

---

A pesar de todo, Ab3 juraría de nuevo a D&D, pero supongo que esas historias se referirán a algo que ocurriría antes de esto. Hay que decirlo, aunque sea ahora: estas historias no siguen un orden cronológico.

sábado, 22 de mayo de 2010

Querido Cioran I

''Ojalá bastase también con frotarse la barriga para dejar de tener hambre''

P.D He decidido dejar el resto del aforismo a vuestra imaginación

viernes, 21 de mayo de 2010

Las Historias de Ab3, III: Una noche en la posada, un día con racistas, I

Al Bruno III (traducción de Reverendo)


Una noche en la posada, un día con los racistas (parte 1)
AVISO: LA SIGUIENTE HISTORIA ES VERÍDICA, Y TAMBIÉN ES MUY MUY POLÍTICAMENTE INCORRECTA. LÉELA BAJO TU PROPIA VOLUNTAD. TAMBIÉN CONTIENE NUMEROSOS ERRORES ORTOGRÁFICOS Y DE AUTOEDICIÓN.

...De alguna manera me encontré de vuelta en el sótano de El Disgusto. Psicópata Dave había decidido que era su turno de intentar dirigir una partida de D&D. El Disgusto, El Cobarde, Bastardo Tramposo, El Pervertido, Despistado Larry y vuestro seguro servidor éramos los jugadores. Yo tenía curiosidad por ver cómo Psicópata Dave dirigiría una partida. Estaba seguro de que no podía ser peor que la mazmorra de El Pervertido, donde la sala del tesoro era una habitación llena de halflings desnudas y atadas, empaladas con estacas hechizadas con sortilegios de Permanencia y Lubricación.

Qué equivocado estaba. Qué equivocado estaba.

Psicópata Dave: “Aún temblando después de vuestro encuentro con la Mujer Gigante de la Cabeza en Forma de Manzana Enana, os dirigís hacia la posada. La lluvia es fría, fría... como la lluvia fría.”
El Disgusto: “Yo sigo agarrado a los bajos del carromato... ¡al estilo ninja!”
Psicópata Dave: “Supongo que sabes que ninguno sabe ni siquiera que estás ahí.”
El Disgusto: “Bien.”
Psicópata Dave: “Y sabes que esta es ya la tercera sesión de la campaña.”
El Disgusto: “Los caminos del ninja son difíciles de entender e inescrutables.”
Psicópata Dave: “Vale. Tira los dados a ver si aguantas agarrado.”
Yo: “Tenemos que estar en guardia, aún no sabemos quién nos trajo aquí ni por qué.”
El Cobarde: “Mi guerrero está listo para cualquier cosa, excepto para criaturas que chupen puntos de vida. Rehúso entrar en ninguna mazmorra o mausoleo.”
Yo: “Huh, tú sabes... este juego se llama Dragones y MAZMORRAS.”
El Cobarde: “He trabajado jodidamente duro para llegar al segundo nivel como para perderlo todo por una jodida Furia [wraith. Una de las criaturas de D&D].”
Despistado Larry: “¡Ey, guay! ¡Cinemax!”
El Pervertido: “¡Ey, guay! ¡Shannon Whirry!” [una actriz (cough) de películas “S” (porno blando, para entendernos)]
Yo: “Oye, ¿estás aquí para jugar, o qué?”
Despistado Larry: “Puedo hacer las dos cosas. Tan sólo avísame cuando sea mi turno de atacar a la Mujer de la Cabeza en Forma de Manzana Enana.”
Psicópata Dave: “Después de unas horas de viaje, finalmente llegáis a la posada. Este es el lugar donde finalmente os encontraréis por la mañana con vuestro patrón, el misterioso mago Shickelgruber.”
Bastardo Tramposo: “¿Por qué me resulta tan familiar ese nombre?”
Yo: “Paro el carromato en frente de la posada.”
Psicópata Dave: “Tira los dados.”
Yo: “Esto ya se está saliendo de madre.”
Psicópata Dave: “Tira los dados.”
Yo: “¿Tengo que tirar los dados para parar el puñetero carromato?”
Psicópata Dave: “Tú eres el que ha dicho que, de repente, quiere parar el carromato. ¿Alguna vez has oído hablar de frenar antes de parar?”
Yo: “No creía que tenía que ser tan específico. Vale, primero freno el carromato y luego...”
Psicópata Dave: “Demasiado tarde. Ya lo habías dicho. Tira a ver si puedes detener el carromato sin estrellarlo, a no ser que quieras seguir lamentándote y quejándote otro rato más.”

(tirada)

Yo: “Mierda.”
Psicópata Dave: “Vale. El carromato vuelca. Todo el mundo tiene que hacer una tirada de salvación contra la muerte. Sí, Larry, tú también.”

Como véis, pronto me percaté de que Psicópata Dave dirigía sus partidas más o menos de la misma manera en que Warwick Davis concedía deseos en la película “Leprechaun”. Todo lo que decías que tu personaje iba a hacer era examinado con lupa para joderte lo máximo posible, y los dados eran la ley. Él era el único tío que conozco que usaba tablas de encuentros aleatorios con monstruos para La Llamada de Cthulhu. Creedme, no habéis vivido nada hasta que no habéis tenido un personaje que ha enloquecido por ver a un Profundo sentado en un retrete público leyendo una copia del Necronomicón.

(tirada)(tirada)(consulta a la tabla y tirada)(tirada)(tirada y codazo)

Bastardo Tramposo: “¡He sacado otro 20!”
El Cobarde: “No me puedo creer que el carromato me cayera en la cabeza.”
Bastardo Tramposo: “No me puedo creer que se te cayera un ojo de su cuenca. ¿Qué clase de tablas de críticos son esas?”
Psicópata Dave: “La clase que usan los hombres de verdad. Os he estado mimando con esas tablas de críticos de Arduin [otro juego de rol fantástico-medieval] durante demasiado puto tiempo.”
Despistado Larry: “¿Me estoy desangrando?”
Psicópata Dave: “No.”
El Disgusto: “Dado que mi ninja estaba bajo el carromato, salto hacia las sombras y observo al grupo.”
Psicópata Dave: “Tira los dados.”

(tirada)

Despistado Larry: “¿Me estoy desangrando?”
Yo: “Huh... ¿dónde está Lamont?”
El Disgusto: “Mis padres se lo llevaron de acampada. ¿Te puedes creer que el puñetero veterinario dice que el perro está sufriendo de estrés? ¡Estrés! ¿Pero qué coño hace un perro para estar estresado por algo?”
El Pervertido: “Bueno, estoy seguro de que si pudiera lamérmela a mí mismo yo no...”
Yo: “¿Por qué no fuiste con ellos?”
El Disgusto: “¿De acampada? ¿Por qué iba yo a querer ir de acampada? ¡La naturaleza mata! ¿No has aprendido nada de las tablas de encuentros en el campo?”
El Pervertido: “Yo entro en la posada a por un trago.”
Yo: “¿Y qué pasa con el carromato?”
El Pervertido: “Lo dejamos ahí. Ni que hubiéramos pagado por él.”
Psicópata Dave: “¿Entráis todos en la taberna? Haced una tirada de destreza para ver si resbaláis en el barro.”
Despistado Larry: “¿Me estoy desangrando?”

(tirada)(tirada)(consulta a la tabla y tirada)(tirada)(tirada y codazo)

La posada era una especie de club de strip-tease medieval donde todas las tías llevaban tangas y collares de perro, y eso era todo básicamente. Encontramos una mesa y pedimos bebidas, y esperamos a que llegara el mago. Algunas de las chicas intentaron ofrecernos bailes en la propia mesa, y los que aceptaron tuvieron que hacer tiradas de salvación contra la petrificación.

Yo: “Echo un vistazo a la habitación y bebo un trago.”
Psicópata Dave: “Tira salvación contra venenos, para ver si te emborrachas.”
Yo: “¡No! ¡Eso es una gilipollez!”
Psicópata Dave: “Limítate a tirar los puñeteros dados, por el amor de Dios.”
Yo: “¡Soy un enano! ¡Un enano! ¡No hay ninguna forma de que un enano se emborrache con una mierda de cerveza humana!”
Psicópata Dave: “Hmmmm. Ya veo por dónde vas.”
Despistado Larry: “¿Qué tienes de beber por aquí?”
El Disgusto: “Nada.”
Despistado Larry: “¿No te dejaron comida tus padres?”
El Disgusto: “Me dejaron algo de pasta para comida, pero decidí que estaría mejor empleada en miniaturas de Warhammer.”
Despistado Larry: “Vale, beberé un vaso de agua.”
El Disgusto: “Y UNA MIERDA. Si ensucias cualquiera de esos vasos tendré que lavarlo luego y paso de hacerlo. Bebe del grifo o no bebas en absoluto.”
El Cobarde: “Yo busco a alguien con quien meterme.”
Bastardo Tramposo: “Yo le ayudo.”
Psicópata Dave: “Haced una tirada de detección de trampas.”
El Pervertido: “Yo pago los servicios de una tía para toda la noche.”
Psicópata Dave: “Haz una tirada de carisma... oh, y Ab3, tira un d20.”

(tirada)(tirada)

Psicópata Dave: “Vale, tú encuentras una compañera para la noche, y Ab3, has fallado tu tirada de salvación contra venenos y coges un buen pedo.”

Emborracharse en una partida como esta no es recomendable. El master “simulaba” la borrachera haciendo que cada uno de los otros jugadores dictaran lo que hacía tu personaje durante cinco minutos. Así que mi enano empezó a cantar melodías de programas de la tele mientras se colgaba de un candelabro con una escupidera medio llena como casco. Y la noche en la posada continuaba.

Yo: “Bueno, es algo así como medianoche ya, quizá deberíamos simplemente avanzar el tiempo hasta la mañana para encontrarnos con el mago.”
El Disgusto: “¡Ooooh! ¡Ooooh! ¡Su enano tiene una cogorza y él es un quejica!”
Yo: “No me estoy quejando y hey, al menos mi personaje interacciona con el resto del grupo.”
El Disgusto: “Bah, estás cabreado porque tú no eres un ninja. ¿Por cierto, qué tal veo todo desde el tejado?”
Psicópata Dave: “Sigue lloviendo.”
El Pervertido: “Hey, me voy a tirar a esa puta del saloon, al estilo John Norman.”
Despistado Larry: “¿Quién?”
El Pervertido: “John Norman... el que escribió las novelas de Gor. Me enseñaron todo lo que jamás necesité saber sobre las mujeres” [las novelas de Gor son historias que mezclan fantasía clásica con erotismo barato, y fueron muy populares en su época].
Yo: “Oh, ¿y qué tal va ese tema de la orden de alejamiento?”
El Pervertido: “Ya he dejado a esa. Ahora creo que esa tía del cine está cachonda por mí. Hay algo en la forma que tiene de decirme ¿Las quieres con sabor a mantequilla?”
El Cobarde: “¿Y qué pasa conmigo? ¿Cuándo voy a tener mi pelea de bar?”
Psicópata Dave: “Bueno, ves a un chaval nervioso y delgado en la barra.”
El Cobarde: “Me acerco a él y le doy un empujón.”
Bastardo Tramposo: “Yo le sigo.”
Psicópata Dave: “El tío está en la barra tomándose un Shirley Temple” [un cóctel que se hace con soda o seven up, granadina, naranja y una cereza.].
Yo: “No creo que una taberna medieval sirva Shirley Temples.”
Psicópata Dave: “Vale. Se está tomando un Shirley Temple al Estilo Antiguo.”
El Cobarde: “Le empujo.”
Psicópata Dave: “Tira a ver si le das.”

(tirada)

Bastardo Tramposo: “Le digo al chaval: No le gustas.”
Psicópata Dave: “El chaval se encoge y dice: Lo siento.”
El Cobarde: “Le empujo otra vez.”
Bastardo Tramposo: “Le digo: A mí tampoco me gustas. Vigila lo que haces. Somos fugitivos. Yo tengo una sentencia de muerte en doce reinos...” [¿alguien no coge la referencia? Venga, hombre...]

Yo ya veía a dónde iba a parar esto. Creo que El Cobarde era el único que no se daba cuenta. Lo más sorprendente de todo esto es que, gracias a las tablas de críticos y pifias que se había hecho Psicópata Dave, su samurai consiguió, de alguna manera, cortarse la cabeza a sí mismo.

Eventualmente mi personaje recuperó algún grado de sobriedad y se retiró a sus aposentos para esperar a la mañana y al temido mago Shickelgruber, pero la noche en la posada parecía no tener fin a la vista.

Psicópata Dave: “Fallas tu tirada y te resbalas en un charco de sangre. Tira un d6 a ver cuántos dientes se te caen.”
Bastardo Tramposo: “¡Yo reto al puto vikingo a un pulso!”
El Cobarde: “Dicen que tu cabeza puede vivir un rato separada del cuerpo, así que intento llamar a mi Dios.”
El Pervertido: “¡Yo sigo tirándome a la puta del saloon!”
Yo: “Creía que estarías durmiendo a estas alturas.”
El Pervertido: “Mi personaje es como yo: puede hacerlo durante dos o tres horas antes de acabar. A las mujeres les chifla eso.”
Yo: “¿De verdad?”
El Pervertido: “Especialmente a las canadienses.”
Despistado Larry: “¿Te importa si les echo un vistazo a tus cómics?”
El Disgusto: “¿Te importa si te doy una paliza con el palo del dolor? Mi ninja se cuela en sus aposentos y curiosea por ahí.”
Psicópata Dave: “Tira los dados.”

(tirada)

Yo: “¿Por qué no puedes sencillamente reunirte con el resto del grupo en vez de hacer todas estas cosas raras?”
El Disgusto: “¡Porque mi personaje es un ninja! ¡Estoy ROLEANDO!”
Bastardo Tramposo: “Yo me dirijo a mi habitación. Quiero sacar ese hechizo de resurrección de mi bolsa mágica.”
El Cobarde: “Jesús, ¿cuántos objetos mágicos tiene tu personaje?”
Bastardo Tramposo: “Noventa y seis.”

martes, 18 de mayo de 2010

Madeleine Bernard

Esta canción es de un grupo de música folk bretón llamado Tri Yann.
Madeleine era la hermana de Émile Bernard, el pintor, el cual, junto a Charles Laval y Paul Gauguin, fundó la escuela de Pont-Aven. Es el nombre de un pueblecito bretón en el cual solían veranear los estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de París. Es algo así como un híbrido de Impresionismo y Simbolismo.
Gauguin se enamoró de ella, pero Madeleine prefirió a Laval, y ambos se fueron a Egipto. Cuando volvieron, pasaron pocos años antes de la muerte de Laval, y la pobre Madeleine le siguió poco después.
Tisis.
La canción se refiere a varios cuadros de Bernard y, al final, habla de unas pinturas de Jules Paressant.
La trama de la canción se basa, parece, en una historia que contó Gauguin en su lecho de muerte. Un día, estando en Pont-Aven, Gauguin siguió a Madeleine hasta el río y, escondido, la observó mientras se desnudaba y comenzaba a bañarse. Ella, sin embargo, descubrió al pintor y, asustada, se metió en el agua, convirtiéndose paulatinamente en pez, y huyendo al mar.



Belle Madeleine, robe de satin ébène,
Belle, cheveux mandarines,
Fragile opaline de dix-sept ans,
Parmi les neiges coiffes de dentelle
Et chapeaux paille des marchands.
Carmines balles de laine
Au marché de Pont-Aven
Et sous pluie de rubans
Gauguin est là qui dit que d'amour t'aime
Mais toi belle le vas fuyant.

Belle Madeleine, courre à courre vers l'Aven,
Ondoyante colubrine,
Entre les rochers jaunes-safran,
Gauguin t'y presse et lors en sardinelle,
Madeleine, t'y vas changeant.
Tes longs cheveux mandarines
Sur tes écailles ivoirines
Font pluie de rubans,
Dans les blés rouge-feu cerclés d'ébène
Et l'ombre verte du torrent.

Belle sardinelle, nage nage à perdre haleine,
Sur ta peau brigandine
Les doigts de Gauguin glissent en vain
Tes longs cheveux mandarines
Sur tes écailles ivoirines,
Buisson d'algues sang.

Belle sardinelle, blanche l'écume t'entraîne,
Vers l'onde outremarine,
Les jaunes collines de l'orient
Là, de mourir ton amour et de peine
Tu t'endormiras cent ans.
En barque de porcelaine
T'en reviendras, Madeleine,
Portée par le vent,
Jusqu'à la route bleue cerclée d'ébène
Qui mène Brest à l'océan.

Merveille : chêne rouge cerclé d'ébène
Et pommier bleu au jour levant.

She likes my stile, she likes my smile, she likes the way I talk.

Veronique vivía en Francia. No en París, llamada la ciudad de la luz o del amor, sino en Marsella, junto al Mediterráneo, que es una ciudad como otra cualquiera.
Una vez le pidieron que expresara su idea de felicidad. Veronique respondió que la felicidad es justo el momento en el que estás lo suficientemente dormido como para poder decir que estás despierto. Luego elucubró más y llegó a la conclusión que felicidad también eran las charlas con el gato de Chershire, los viernes después de clase, los envoltorios de regalo aún sin abrir y las sonrisas de los chicos más encantadores.
Luego los que habían inquirido tales respuestas comenzaron a avasallarla con discursos sobre metafísica, parafraseando a millones de filósofos famosos: “T dijo que no sé puede ser feliz desde el momento en que piensas en la felicidad”, “X pensaba que la felicidad estaba en el pasado y en el futuro, nunca en el presente”, “Pues Z opinaba que sólo dando la vuelta a la tristeza se puede llegar a la felicidad”.
Entonces Veronique se cansó de tanta verborrea sin sentido y los despachó a todos. Se sentó sola, en una silla de madera incómoda y recapacitó sobre lo oído. A ella no le importaba qué dijeran esos barbudos sabiondos. Veronique se sentía feliz justo el momento en el que estás lo suficientemente dormido como para poder decir que estás despierto, cuando conversas con el gato, abres los regalos, sonríes cándidamente.
Veronique se decidió por fin. Se levantó de la silla y abrió un cajón de su escritorio. El gato maulló a modo de saludo y se colocó sobre su regazo. Veronique se interesó por su estado de salud y tras varias preguntas triviales ya estaba feliz, conversando con él. Todas las palabras de los sabios habían desaparecido y sólo quedaba la ignorancia, tan simple y placentera como la duermevela, como los regalos abiertos, como los dientes incipientes.

lunes, 17 de mayo de 2010

Benemérita física

11.- En una atracción de circo, Mariano, de 70 kg, sale disparado de un cañón a 24 m/s formando un ángulo de 30º con la horizontal. La compañera de equipo, Sandra, de 50 kg, está de pie sobre una plataforma elevada en el punto más alto de la trayectoria del "hombre-bala". Mariano atrapa a Sandra y los dos siguen el recorrido conjuntamente hasta caer en una red que se encuentra a una distancia x del cañón y a la misma altura que éste. Calcula x.

m1=70 kg
m2=50 kg
v1=24 m/s
α=30º

Como hablamos de un problema de cinemática en el plano, debemos descomponer la velocidad en dos ejes de coordenadas cartesianas x e y.

vy= 24 · sin 30= 12 m/s (la cual estará sujeta a la Gravedad y, por tanto, a una aceleración)
vx=24 · cos 30= 20'78 m/s (la cual se moverá libremente con un movimiento rectilíneo uniforme, despreciando la resistencia del aire)

Teniendo en cuenta que el choque se produce en el punto álgido de la trayectoria de Manolo, tenemos que en ese punto vy=0.

vy^2 - vy(inicial)^2 = 2 · a · y

0 - 12^2 = 2 · (-9'8) · y
-144/-19'6= 7'347 m de altura

En cuanto al tiempo, tenemos que:

vy = vy(inicial) + g · t
0 = 12 + 9'8t
t=1'22 s

Es un choque perfectamente inelástico, lo cual cumple que a)ambos momentos lineales son iguales y b) ambos cuerpos salen unidos. Como en este punto la velocidad en el eje y es nula, usamos tan solo la velocidad en el eje x.

m1 · vx + m2 · v2 = (m1 + m2) · v3

70 · 20'78 + 50 · 0 = 120 · v3
v3= 12'12 m/s

Velocidad con la que ambas masas se precipitan a la red, por cierto. Cuando lleguen, se dará la condición de que y=0.

y= y(inicial) + vy(inicial) · t + g/2·t^2
0= 7'347 + 0 - 4'9 t^2
t=1'22 s

Sumando los recorridos de ambas partes del problema, obtendremos el resultado.

x = x (inicial) + vx · t
x1= 0 + 20'78 · 1'22 = 25'35
x2= 25'35 + 12'12 · 1'22 = 40'1364 m (aproximado, el resultado que deberíamos obtener es 40 m)

Concierto para piano y orquesta núm. 2

Ludwig van Beethoven






Gatopardos

La tarde discurre perezosa en la ventana. Las siluetas de los edificios son cada vez menos claras en el horizonte. Se confunden en el horizonte, y parece que el espectro cromático se reduce a la mitad. Una figura bien diferenciada, estilizada y salvaje, se recorta contra el gris inmenso: es un gato. Luego dos más. Antes de que me dé cuenta, la calle está llena de felinos de diversas razas y pelajes. "Parecen Laccasitos pochos", me digo.
Cae la noche, y las campanas de alguna iglesia dan la hora. Es una hora melancólica, aunque no me importa. De noche, todos los gatos son pardos.

50% gratis

Un caldo de pollo, del cual no voy a escribir la marca, hace lo que cada vez me encuentro mas en los supermercados: “50% gratis”. No dicen “a mitad de precio” o “lo hemos hecho el doble de grande pero lo dejamos al mismo precio”. Pero entonces ¿qué 50% exactamente es el gratuito? ¿La mitad de arriba? Pero es líquido, por tanto si lo meneo ya no sabremos que parte es gratuita y que parte es pagando.

En realidad no es el 50% gratis sinó que es más barato el 100% del producto. Pero es una demostración de lo bien que funcionan los estudios de marketing. Ellos saben que los españoles frente a la palabra gratis, saltamos cual solteros borrachos sobre una striper. ¿Quienes son ellos? La industria de la sopa de pollo, los extraterrestres, los comunistas… Tal vez una mezcla de todos ellos, aunque muy probablemente sean esos sucios comunistas. ¡¡MALDITOS PROGRES MANIPULADORES!!

domingo, 16 de mayo de 2010

La Columna del Odio: hum

Todos, absolutamente todos, o al menos espero no ser yo la única, los que conocemos al dueño de este (¿respetable?) blog hemos sufrido alguna que otra vez el hum cuestionador, como a mí me gusta llamarlo.
Y es que me cae bien Tomás, pero no puedo negar que ese hum hace que me hiervan las entrañas y que tenga ganas de golpearle con una pala hasta que sus sesos queden esparcidos por toda la pared, ya que no hay nada más insoportable que esos aires de superioridad que se da con un simple hum, sólo por el hecho de que haya dicho algo ridículo, algo que se sale de lo común o simplemente no le apetece decir nada más, vago, más que vago.
Desde aquí hago un llamamiento a todos los que odiáis estas situaciones de cuestionabilidad tomasil, acaba de ser fundada la APUMSH, Asociación Por Un Mundo Sin Hum.
Buenas gracias, y muchas noches. Digo... muchas gracias, y buenas noches.

Ahora llevadme la contraria, pelotas.

El principio de nadie

El surrealismo conduce a la inocencia y viceversa.

sábado, 15 de mayo de 2010

Sigo la moda, II

Le estaba anudando la corbata, y él se quejaba de que le quedaba floja. De forma que ella apretó. Hasta el fondo. Hasta el final.
Luego, el nudo se deshizo. Eso fue más o menos cuando la cabeza rodaba hacia la nevera.

Reseñas divertidas

La siguiente reseña la leí hace años en una revista de videojuegos. Era una suerte de HoI bastante interesante.
No recuerdo el nombre.

"Un buen día, Adolfito se despertó y decidió que, de ahora en adelante, sería dictador. Dictador sanguinario, para más señas. Sólo un aspecto positivo: el mundo del arte cambió un pintor horrible por una magnífica cosecha de juegos de guerra."

Microrrelato V

''Tengo tu nariz'' dijo padre antes de cerrar la pesada puerta tras de sí. Me estaba desangrando, pero sonreí todo lo que pude, los emoticonos siempre parecen alegres ¿no?

Post musical II

Bueno... Yann Tiersen... para este hombre no creo que hagan falta razones para el que lo haya subido, ¿verdad?



Siempre he envidiado (si, sobrevivo a base de envidias, odios y lágrimas de niños) a la gente que toca el piano, sobretodo si lo hacen de esta manera.

Black Jesus!



''I rode into town on an ass. Yo' momma's ass''

Actualización: http://www.zazzle.es/jesus_negro_camiseta-235434846876865611 ¡¡PÓNGAME DOCE!!

jueves, 13 de mayo de 2010

Son las dos de la mañana, y es Navidad. Muchas cosas están ocurriendo ahora mismo, habrá niños que estarán durmiendo plácidamente en sus camas, alguna mujer engañada estará tirando las camisas de su marido por la ventana, y alguna otra mujer (María) estará engañando al suyo (José) y enjendrando a un niño (Jesús), por obra de su amante (el Espíritu Santo). Nicole Evans se encuentra en una estrecha calle, tirando piedras a un altavoz que se encuentra en la fachada de un edificio. Por el altavoz en cuestión salen las estridentes notas musicales de un villancico, motivo por el cual Nicole le arroja piedras. Los vecinos que viven en la calle empiezan a despertarse, y un viejo gruñón decide que debe llamar a la policía.
Cuando la policía llega, el altavoz, por la mágica y maravillosa acción de las piedra, parece que ha comenzado a entonar un canto satánico.






UUUUUUUUUUP IN THE AIR!
Un final inesperado. He dicho.

Microrrelato IV

Creó una compleja paradoja con la intención de cortocircuitar la IA del robot. El robot le partió la boca

La cita de George Carlin

“Weather forecast for tonight: dark.”

miércoles, 12 de mayo de 2010

Más fotos de las Tierras del Norte

La víspera a nuestra partida, con las caras macilentas de sueño e intentando aguantar hasta el autobús sin dormirse. De repente, aparecieron estos señores y nos pidieron permiso para sentarse a nuestro lado y tocar. Guardo un recuerdo bastante agradable de esa noche.


Yo, Paul, Diego Mingo (compañero de habitación) y Connor, compañeros de penurías en el colegio de St. Margaret's.


A orillas del río Clyde, en Glasgow, el primer día de nuestra estancia.


El avión hacia Escocia. Ionesco y Mozart hicieron el resto.



Yo mismo, sayin' "cheese". El libro que hay en mi cabeza es La Cantante Calva.

Post musical

Soy un hombre con unos gustos musicales muy amplios, así que he creído oportuna la idea de crear esta sección, que pienso alargar todo lo que me sea humanamente posible, y traer al blog cuantos estilos escuche. Vamos a empezar fuerte, ''Eskorbuto''.



Perdida la esperanza, perdida la ilusión
los problemas continúan, sin hallarse solución
Nuestras vidas se consumen, el cerebro se destruye
nuestros cuerpos caen rendidos, como una maldición
El pasado ha pasado y por el nada hay que hacer
el presente es un fracaso y el futuro no se ve
La mentira es la que manda, la que causa sensación
la verdad es aburrida, puta frustración
Prefiero morir como un cobarde
que vivir cobardemente
Nuestras vidas se consumen
el cerebro se destruye
nuestros cuerpos caen rendidos
como una maldición
El terror causando hábito, miedo a morir
Ya estás muerto, ya estais muertos
ya estás muerto, ya estás muerto
ya estais muertos,muertos, muertos, muertos
¡cerebros destruidos!

Los estados y otros centros organizados de poder político, siempre han favorecido las formas de arte que legitimen sus valores, nacionales y jerárquicos. Hablando de Europa, es obvio que la cultura dominante es una cultura de la razón y en la que el racionalismo, el utilitarismo, la “cultura del trabajo”, etc., son los valores mayores. En literatura, es la novela la forma ideal de tal sistema; la novela requiere sobre todo razón, trabajo continuado, orden y capacidad de representación: es el espejo que refleja la realidad y, en los mejores casos, la atraviesa para ver lo que subyace a la imagen percibida en primera instancia. “La imagen percibida en primera instancia”, esto es: la “realidad” que, acaso, se atraviesa para descubrir “lo real”, lo que la soporta.

Que “la imagen percibida en primera instancia” sea la “realidad” dota a la “realidad” de una cualidad de principio. El principio es una “verdad” de la que se parte, una “causa primera”. Y el principio de la “realidad” es el pilar maestro sobre el que descansa la socialización del individuo.

En consecuencia, pienso que la novela es la forma literaria por excelencia de la legitimación de la forma dominante de cultura occidental, esto es: la sancionada por el poder y su ideología. La novela no es posible sin la asunción primera del principio de esta “realidad”.

¿Pero qué ocurre cuando un individuo “escapa” por “error del sistema” a la socialización correcta? (Ese “error del sistema”, a propósito, puede ser cualquier “trauma” que lo aleje del principio de la “realidad”). Yo creo que ocurre o puede ocurrir que aparezca el artista, un enfermo que trata de curarse a sí mismo, según Freud.

Este artista, o tipo de artista, quizá incluso un novelista, puede, por lo tanto, no sancionar con su obra la legitimidad del principio de “realidad” que presenta el poder:

Creéis que todo tiene un límite. Así estáis todos limitados.” (“Cuidado”, Anti Todo, Eskorbuto). Es un aforismo de mercadillo, pero creo que muestra bastante bien a lo que me refería.

Pero cuidado, esto no convierte a sus fans en sabios, ya que la mayoría de punks traicionan el mismo motivo de su creación al aceptar dogmas y estéticas impuestas por una versión alienada del mismo movimiento punk.

La Columna del Odio: ¡Arriba, parias de la ciencia!

La injusticia es diversa. La mediocridad cunde multiforme sobre la tierra. Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris, sus colores son tan variados como los de éste y también tan distintos y tan íntimamente unidos. ¡Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris!
"Odio" es una palabra a la que le faltan matices. Según la Real Academia, "odio" se define como la antipatía y aversión hacia algo o alguien cuyo mal se desea. Bien, bueno: en este caso me sobran.
Y por eso no hay manera de actuar con sensatez cuando la proporción de sociales y científicos de tu grupo es de 2:1.
Respectivamente.
La hora de tutoría se las prometía muy felices cuando comenzaron a discutir ambos grupos sobre el tema de siempre: los científicos somos malvados manipuladores que consiguen que los del social se la carguen ante los profesores, lo que, dicho sea de paso, es risible. Aquí el mérito es encontrar una asignatura del bachillerato social que no lo sea.
Sin esperar demasiado, dejo vagar mi mente libre mientras a mi alrededor se forma una suerte de batalla campal, cuya tregua llega cuando la profesora grita la palabra "examen".
¿Examen? ¿¡Cuándo!? Las caras de pavor alimentan mi ego. El nueve de junio. Suspiro de alivio para unos, tensión creciente para otros.
-Pero... el nueve de junio tenemos examen de química -la turbación en mi rostro se hace, al fin, patente-. ¿No podemos hacerlo día siete?
Entendamos esto: la química es más fácil que la física, pero el hecho de que no la soporte hace que me tome cada clase con una mezcla de indignación y aburrimiento. De tal forma, los ejercicios de química me resultan más pesados que los de física, y por eso sé que me costará más estudiar química que física.
-¡No! El día siete tenemos examen de economía -aquí reprimo una carcajada, la mirada de la social que se sienta a mi lado por ese fatídico orden de lista se posa en mí-. La economía es muy difícil.
-Claro, lo entiendo. Yo no tengo que aprenderme todas esas malditas valencias para formular orgánica e inorgánica y emplear los porcentajes de las disoluciones para acabar haciendo cálculos estequiométricos.
Evidentemente, la chica no atiende a razones. Nadie atiende a razones, de hecho. Por suerte, la profesora tiene la solución: democracia para todos. ¿Y quién quiere hacer el examen el día nueve?
Una nube de brazos parece querer alcanzar el techo del aula.

martes, 11 de mayo de 2010

La esperpéntica historia de Jack, II

La respuesta era sí, claro, pero ésta no llegó de forma instantánea. Jack no tenía dos bocas, y ciertas observaciones recientes le llevaban a pensar que no era casualidad que, por el contrario, sí tuviese dos orejas. Y, sin embargo, no podía atender al editor, que le hablaba de Josh Andrews, y al hombre que le había preguntado tan bruscamente su nombre, que era el propio Josh Andrews, al mismo tiempo. Esto repercutía, mayormente, en que cualquiera de los dos se tomaría como una ofensa el hecho de que Jack pasase completamente de él, pero como Josh Andrews le comenzaba a caer realmente mal, y, además, veía que estaba al teléfono - "¿Quééé? ¿Que Josh Andrews ha hecho quéééé? ¿Josh Andrews? ¿Se refiere a... Josh Andrews?”, marcando bien las palabras para que se oyesen mejor por el vestíbulo-, decidió despedirse del editor con toda la pomposa cortesía que pudiese utilizar.
-Que los Hados le sean propicios, señor Ernest. Paz y prosperidad -Jack estaba lo suficientemente lejos como para no escuchar el golpetazo airado de su editor contra el escritorio, pero ciertos avances relacionadas con las telecomunicaciones auditivas hicieron que tuviera que oírlo igualmente.
-¿Te lo estás tomando a broma, Jack? Sabes que ese hombre puede hacerte daño. En fin, yo ya no me meto, pero que sepas que te la vas a cargar. Adiós, Jack.
Colgó el teléfono lentamente, de forma elegante, como si se hubiese pasado diez años encerrado en un monasterio tibetano de monjes especializados en colgar teléfonos.
Exasperante.
Se gira, poco a poco, con una cara de sorpresa evidentemente fingida, y queda frente a un hombrecillo menudo de amplia frente y gafas de pasta, vestido como si acabase de salir de su casa para asistir a su primer día de colegio. Aunque ese no era el caso, claro: la falta de pelo lo delataba. A juzgar por las manchas oscuras que se formaban bajo los sobacos, el hombre había estado esperándolo en la cálida recepción del hotel durante mucho tiempo. Jack nunca comprenderá por qué no pueden poner el aire acondicionado al gusto de nadie.
Transpirante.
-Yep, Woody. ¿Qué hay?
-Señor Ritter, soy Josh Andrews -aquí la fingida sorpresa de Jack se acentuó de una forma apenas creíble que parecía identificarlo como un negado para las artes dramáticas-. Como veo que ya sabe, le he puesto una demanda -cara de ofensa. Andrews debía suponer a estas alturas que se reían de él-, y me veía en la obligación moral de decírselo. Porque lo que no pienso hacer es permitir que se pervierta a nuestra juventud como usted hace, señor Ritter -por primera vez, una cara de sorpresa real: las comisuras de los labios se le estiraron en una especie de sonrisa que sólo podía querer decir:
-¿Eh?
-Usted, Jack Ritter, es un progre -le escupió, de forma que Jack pudo volver a fingir que se sentía ofendido (¡Cómo se atreve!)-. Y se enorgullece, por lo que veo. No le importa que con sus historias procomunistas y panhomosexuales confunda a nuestros pequeños.
-Con el debido respeto, señor A...llen. No creo que mis historias sean pronada.
-¿Ah, no? ¿Y qué me dice del lobo, evidente alegoría de la sociedad burguesa? -y se pasó la siguiente media hora discutiendo sobre qué había querido decir en realidad: evidentemente, el niño era una visión idealizada del obrero que, inocente y engañado por sus patronos lupinos, era devorado por el malvado sistema. Al vencerlo (eso implicaba una revolución y mucha sangre, lo cual era altamente preocupante), el obrero corría hacia su madre, que era una metáfora del libertinaje y que llevaba a, en fin, la homosexualidad-. Quod erat demonstrandum.
-Oh, vaya, sabe latín -dijo, para la evidente satisfacción del señor Andrews-, eso es que es culto. Además, tampoco tuve en mente la posibilidad de encontrarme con alguien tan leído como usted, con un... idiote savant. Y le hablo en francés porque, aparte de culto, es gilipollas -dice, y se da la vuelta.
-¡Nos veremos en los juzgados!-la voz retumba por la recepción como una matrona alemana echándole la bronca a su pequeño y escurridizo marido. Bien mirado, es probable que acabase de describir el día a día de la vida de su amenazador visitante.
Miró por la ventana. Seguía lloviendo.
“Llueve. Las calles están mojadas.”

lunes, 10 de mayo de 2010

Proletario y parásito

Microrrelato III

A Timothy Callahan le duele no haber ganado un Nobel, el premio que todo científico ansía. A pesar de ello, está a punto de convertirse en el primer viajero del tiempo. La máquina ruge, vibra y desaparece, rumbo al pasado. Sin duda, esto se merece un Callahan, el premio que todo científico ansía.

Aquel maravilloso siglo XII, II

Kyrie.
Había algo de blasfemo en la idea de entrar en una iglesia y emborracharse con el vino del Santo Oficio, incluso si no estabas ya borracho mientras trazabas el plan. De hecho, probablemente era el estar borrachos lo que movía a André y a Jack a pensar en la posibilidad de penetrar en una iglesia y, sin almar un alboroto considerable, abrir la bodega y sacar el suficiente vino como para saciar su ansia etílicoblasfema.
Y el suficiente vino era, presumiblemente, mucho vino. Uno no se ganaba el infierno sin una buena recompensa, y a fe que ésa lo parecía. Luego, tras haber penetrado en su Paraíso particular, deberían salir de la casa del Señor sin tropezarse con ningún banco -habían elegido una buena iglesia para ello- y salir a la calle sin causar demasiado alboroto. Vaya, toda una proeza para el último viernes de cuaresma.
-Lo que pasa -había dicho aquella lámpara de aceite, con un acento normando que daba a sus palabras una unidad auditiva ininteligible-, so gabacho, es que no quieres compartir los vinos de tu tierra con los extranjeros. Además, ¿quién coño va a darse cuenta a estas horas?
Ante esa muestra de claridad mental, André se había sentido incómodamente xenófobo. Había tratado de hilvanar una respuesta, pero las barreras del lenguaje se habían unido entonces a las barreras cognitivas provocadas, en mayor o menor medida, por la ingesta excesiva de jugo de fruta fermentado. Además, la mirada de Jack era irresistible. Parecía recordar que, hicieses lo que hicieses, Jack podría convencer a una lámpara para que te convenciese a ti, sorprendiéndote tanto que ni se te pasará preguntarte por qué no prueba a convencerte él mismo.
Además estaba lo del regalo, claro. Jack había querido regalarle alguna bagatela a una muchacha de la cual hacía tiempo que no dejaba de hablar, y ése era el lugar más idóneo para encontrar bagatelas a buen precio -un desganado 100% de descuento era algo que la Iglesia ofrecía a quienes tenían la osadía de robar tanto como ella. Aunque, bien mirado, la rebaja era igual en todas partes, porque robar es robar, el pecado es pecado y el amor es, en fin, Dios.
Y encomendándose a este último, se encaminaron hacia la iglesia de San Esteban, que era, a la sazón, sede del obispado de París y, para más señas, aquella que, recortada contra el sol de la mañana, llamaba a la gente a la oración.
Sí, era un golpe perfecto.

Belle que tiens ma vie.
Salió hacia Damasco la mañana siguiente, y cabalgó hasta que el sol, que había amanecido sobre los territorios enemigos, comenzó a caer sobre el mar. Como era un jinete experimentado, Eugène pudo recorrer una gran distancia, y sólo se paró cuando, asustado, escuchó que una voz lo llamaba por su nombre.
Eugène, como todos, no era inmune a los consejos del Demonio de la Perversidad, y estaba, de hecho, acostumbrado a su presencia. Él comenzaba, recuerda, diciéndole suavemente su nombre para, después, llevarlo por caminos moralmente discutibles y lógicamente inconsistentes, y al final uno acababa tirado desnudo en alguna playa olvidad de la mano de Dios, observando, curioso, cómo un grupo de teutones persigue a una chica joven. Entonces recordaba sus ideales caballerescos y, con el corazón enardecino, giraba los talones, ponía mirada de duro, y...
-¡Eh, espera! -se dijo y, sin hacerse caso, retrocedió. Allí, delante, había una torre. Era el tipo de torre que no aparece, así de repente, en medio de un desierto de rocas y, si descartamos que hubiese estado cabalgando con los ojos cerrados, creeríamos que sería, por lo menos, inevitable haberla visto. Y, sin embargo, la torre era nueva.
"Gótico primitivo, podría decirse que tímido" le dijo el Demonio de la Perversidad, que se llamaba Ralph, "con una clara influencia románica visible por las puntas de arco suavizadas, además de la solidez de la construcción. Base redonda y tejado acabado en punta hacie el cielo. Podríamos, casi, decir que se trata de gótico alemán... pero está... borroso..."
-¡Hum! -el caballero expresó sus opiniones de forma concisa.
-Pero Eugène, ¿acaso estás sordo, illo? -dijo la ventana.
-Perdone, señora ventana -"pardiez, Eugène, no es una ventana cualquiera. ¿No ves la ornamentación en el rompeluz?"-guapa. Ventana guapa.
-Ventana no soy, gentil caballero, sino una muhé encerrá -aquí se hizo evidente una sinalefa- en esta torre por orden de su malvado padre.
- ¿Y por qué encerraría un padre la esperanza de sus años de vida, la joya de su corona y la flor de su existencia en esta horrible prisión -"en realidad, la aparente austeridad de la contrucción es un resquicio del románico, además de tener una clara función práctica. Eso se refleja claramente en el hecho de no ver más elementos decorativos que la ventana" por la cual ahora caía una liana de cabellos de mujer, " y la propia puerta que, aún, no hemos visto"- sin puerta?
-Tié puerta, en el otro lao... Yo... yo he... he suspendío castellano.
-¿Castellano? ¿En Tierra Santa?
-Coño, ¿y cómo te crees que fablamos, tontorrón?
-Yo... no... no sé... es que... -mirando atentamente el polvo de sus botas- creía que... tal vez... hablábamos francés. Yo soy francés, ¿sabe?
-Pero no hablamos francé.
-No.
-Sin duda.
Durante el cuarto de hora siguiente, pasó un ángel con sobrepeso.

Gloria.
- Me quiere. No me quiere.Me quiere. No me quiere.Me quiere. No me quiere... -se repetía inaudiblemente la muchacha, ajena al hecho de que la margarita desconocía la identidad del referenciado y, por tanto, difícilmente podía responder. Tenía el cabello castaño, que caía búclicamente cubriendo el rostro, mirando la margarita recortada sobre sus rodillas, recortadas sobre las losas grises del suelo de la iglesia.
El sacristán ofrecía un curioso sermón sobre la Pascua. 'Curioso' es un adjetivo ampliamente utilizado en el mundo medieval para incluir cualquier cosa relacionada con judíos sin culparlos necesariamente de todos los males del mundo. Y más en Francia.
Francia, en la época que nos concierne -una época aburrida, monotemática y poco desarrollada tecnológicamente-, es el paladín de la Cristiandad. De la Cristiandad de verdad, claro. Están esos bizantinos, por supuesto, pero no aceptan la autoridad del Santo Padre como representante de Cristo en la Tierra y, quizá peores aún que los griegos, ese hipócrita Sacro Emperador Romano, que es el paladín de iure del Catolicismo Romano, aunque de facto lo considere poco menos que un molesto ataque de conjuntivitis.
Lo cual, todo junto, se traduce en una molesta costumbre de asaltar sinagogas y una cargante necesidad de hacer cuentas para repartir bienes, que resultaría mucho más fácil si no se estuviese asesinando a las únicas personas de Francia que parecen tener habilidades matemáticas.
Claro que la Fe debe ser protegida, y los esos semitas ofendían a Dios negando a Jesucristo, mientras mutilaban su propio cuerpo y se negaban a comer carne de cerdo y marisco...Y por eso no hay manera de mantener una marisquería si las únicas personas que tienen el dinero suficiente para pagarla se niegan por principios a ser sus clientes.
-No me quiere... ¡será golfo! -dice en voz alta, ganándose un escrutinio visual por parte de todos los allí congregados, y la ira del párroco-. Pero Jesús sí me ama, je -expresa con una sonrisa angelical, como la de las figuras de los vitrales.
La comparación no dura mucho, porque los vitrales estallan y las sonrisas -angelicales o no- de todos los presentes se torban en oes de deliciosa turbación.

Breviario del odio

Todo empezó justo antes de cerrar la puerta de mi casa, en esa ya habitual demora que tengo que tomarme cada vez que salgo a la calle y, en el mismo umbral, la gata insiste en explorar el descansillo. Me veo obligado a empujarla con el pie para mantenerla a raya, con el tiempo he ido depurando la técnica: sitúo mi pie bajo su panza y entre sus cuatro patas, de manera que con el empeine puedo levantarla y arrojarla al interior de mi casa cómodamente.

En esos segundos de más que me lleva salir, digo, la puerta del vecino se abrió, y tras ella una señora mayor permaneció en cambio cerrada, cerrada y sonriente. A esta mi vecina yo la había visto sólo una vez, y de pasada (si no contamos las veces que la he visto entrar y salir de casa a través de la mirilla, esas tardes tontas en las que me aburro y no sé qué hacer, y el sonido de unos pasos subiendo las escaleras promete sorpresas y nuevas emociones que luego quedan en nada) Insistente, preguntó si me molestaba la música que ponían a veces, sobre todo su marido, quien al parecer gusta de escuchar no sé qué conciertos a todo volumen, y es cierto que alguna vez lo he oído, pero no me ha molestado nunca e incluso me parece un hábito a celebrar, y así se lo pinté a la señora, muy educadamente.

La cosa no se alargó mucho más, yo pregunté si tenían piano, ella me dijo que no, y que decía lo del ruido porque una anterior inquilina les había protestado (¡Sin duda una loca, una alienada! – repuse yo) y después de aquello habían mandado insonorizar las paredes, y es cierto también que si algo tiene de bueno mi destartalado hogar es el silencio, una ausencia total de vibraciones acústicas en el aire, como si el tiempo se hubiera detenido. Ese aire, completamente quieto y seco, estéril, incapaz de transmitir sonidos, flotando inmóvil en mi salón; pesa como si fuera de piedra. Ese aire, ese silencio me llena de horror, por eso tengo prendida la radio todo el rato y la verdad es que no me entero si los vecinos ponen música. A veces pienso que de hecho serían los vecinos quienes debieran tener motivo de queja, no tanto por la música, que no pongo muy alta, sino por la pornografía, que sí me gusta escuchar a la máxima potencia.

Total, que ni ellos ni yo teníamos queja alguna, así que nos despedimos poniendo fin a aquel orgasmo de urbanidad, civismo y buenas maneras. Sólo más tarde caí en la cuenta de que en un momento de la conversación me había llamado por mi nombre de pila, a pesar de que jamás hemos sido presentados formalmente y yo de hecho no conozco el suyo. Esto no sería del todo preocupante, si no fuera porque se había referido también a actividades muy concretas que suelo llevar a cabo en mi salón (le preocupaba que sus conciertos las interrumpieran) y de las que no sé cómo estaba al tanto.

Porque una cosa es que sepa mi nombre (basta leer los buzones, o preguntar a cierto vecino metomentodo y lenguaraz), y otra muy distinta es saber cómo paso las tardes, lo cual sólo se explica en buena lógica concluyendo que estoy siendo observado y tal vez monitorizado. Después de todo, una de las paredes de mi salón da a su casa, y no sería raro que después de sesenta y quién sabe cuántos años de reclusión hogareña este ama de casa haya sucumbido a sus más bajas pasiones y se dedique a espiar lasciva al joven vagamente apuesto que aquí escribe, que para ser sincero ya ni es joven ni es apuesto, aunque la vagancia le queda toda.

Por eso apago las luces por sorpresa, esperando ver algún delator hilillo de luz procedente de esa pared, o mejor dicho de un hipotético y diminuto agujero practicado en el muro, a través del cual fuera espiado, pero nada. Revuelvo todos y cada uno de los libros y desmonto los anaqueles de la estantería que se apoya contra el tabique en cuestión, no vaya a estar el orificio espía camuflado en alguna moldura, pero todo es en vano. Ya no puedo masturbarme con comodidad, porque siento un ojo invisible fijo en mí, un ojo empañado de geriátrica lujuria.

Esta carencia de alivio sexual resulta extremadamente perniciosa, ya que como todo el mundo sabe el esperma que no es expulsado se acumula en el interior del organismo, pudiéndose formar coágulos de semen en el cerebro, muy peligrosos y difíciles de extirpar una vez arraigados. Antes de que mi sereno juicio se vea nublado por estos cirros lefáticos, resuelvo pasar a la acción: prepararé una emboscada en el descansillo y haré de esta señora mi prisionera, para no soltarla hasta que confiese.

¿Pero por qué escribo en futuro si la tengo aquí a mi lado, amordazada y atada a una silla? Me ruega que le quite la mordaza, insiste en hablar; había pensado torturarla un poco, hasta sonsacarle nada más, pero parece ansiosa por darme una explicación, parece tener una razón sólida para conocer los detalles de mi vida y mi casa.

Y confiesa.

Según su lacrimógena versión, se trata de cierto amorío de juventud que una vez me despechó de malas maneras, con la idea de no volver a verme jamás. Naturalmente y como yo entonces ya me figuré, se acabaría arrepintiendo, aunque hubieron de pasar para ello largas décadas, concretamente cuatro. Según su lacrimógena versión, el día 4 de marzo de 2039, lunes para más señas, tuvo lugar esta revelación, merced a la cual vio claro que sólo a mi lado había logrado ser feliz. Lamenté haber vendido el calendario perpetuo, que me hubiera servido para corroborar su versión (dudo mucho que el 4 de marzo de 2039 caiga en lunes) pero seguí escuchando su melancólica diatriba.

Por fin arrepentida, había encontrado el modo de viajar atrás en el tiempo hasta el momento en que nos conocimos. Llevaba desde entonces espiándome, sin dar señal alguna de vida, ya que de haber interferido habría cambiado el curso de los acontecimientos dando lugar a una paradoja, como todo el mundo sabe. Por eso había esperado hasta que nuestros caminos se separaron completamente, dedicándose en el entretanto a observarme desde una prudente distancia, para recopilar información acerca de mi vida cotidiana, y sin dejar jamás de idolatrarme con fervorosa y recogida devoción.

Sabiendo desde el principio cuál acabaría siendo mi destartalado hogar, se había hecho con la casa contigua, y llevaba desde entonces esperándome, contando los años, haciéndose amiga de todos los anteriores inquilinos, invitándoles a té y pastitas para que éstos le devolvieran la invitación, buscando así ocasión de pasearse por la que sólo con el tiempo sería mi casa.

Cuando por fin, según su lacrimógena versión, se había animado a abordarme, su idea era entablar conversación y eventualmente seducirme. Era, ha dicho con las mejillas arreboladas, su pequeña fantasía: a sabiendas de que no sabría reconocerla, tenía pensado cortejarme como si fuera la primera vez, como si se hubiera hecho borrón y cuenta nueva.

Yo le he dicho que es imposible que fuera mi amor de juventud, que no se le parecía en nada, que estaba vieja, y decrépita, y luego le he puesto una bolsa de Carrefour en la cabeza y la he asfixiado.

Una de esas bolsas nuevas, biodegradables.

domingo, 9 de mayo de 2010

Sigo la moda

Nunca me ha gustado el pollo frito,. Imagino que es cosa de familia. A mi abuelo tampoco le gustaba, incluso antes de que le sacasen las plumas. Supongo que por eso lo hirvieron.

Scobie

Lawrence Durrell

-Antes de que se vaya tengo que confesarle algo, amigo. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
Me senté en la incómoda silla y asentí con la cabeza.
-De acuerdo -repitió con énfasis, e hizo una profunda inspiración-. Ahí va, a veces, cuando hay luna llena, me siento poseído. Sufro una influencia.
Como entrada en materia la fórmula era bastante desconcertante, pues el viejo parecía muy perturbado por su propia revelación. Durante un momento tragó saliva, y luego prosiguió con una vocecita humilde, desprovista de su habitual fanfarronería.
-No sé qué me pasa.
Yo no comprendía una palabra de la historia que me estaba contando.
-¿Quiere decir que tiene accesos de sonambulismo o algo por estilo?
Meneó la cabeza y tragó saliva de nuevo.
-¿Quiere decir que se convierte en el hombre-lobo, Scobie?
Una vez más, sacudió la cabeza como un niño a punto de echarse a llorar.
-Me pongo trapos de mujer y mi Dolly Varden -dijo, y me miró de frente, con expresión patética.
-¿Su qué?
[...]
-¡Por el amor de Dios! -exclamé al fin-. Usted no se paseará así, ¿verdad, Scobie?
-Sólo -me contestó, volviendo a sentarse tristemente en la cama y recayendo en una melancolía que daba a su pequeña cara una expresión aún más divertida (todavía llevaba puesto el Dolly Varden)- sólo cuando la Influencia se apodera de mí. Cuando no soy del todo responsable.
[...]
-Sólo lo hago a veces, cuando está la Flota -luego prosiguió con cierto fariseísmo-: Claro que si hubiera algún inconveniente, yo siempre podría decir que estaba disfrazado. Soy un policía, no lo olvide. Después de todo, Lawrence de Arabia se ponía un camisón, ¿verdad?
Meneé la cabeza.
-Pero no un Dolly Varden -dije-. Admita usted, Scobie, que es bastante original... -y no pude contener la risa.
Scobie me miraba reír, sentado en la cama, con aquel sombrero inverosímil.

Microrrelato II

Todos los músculos de su cuerpo estaban en tensión, sus ojos mostraban su férrea determinación por hacerlo, estaba preparado. Un segundo después, sus sesos cubrian el suelo. No, definitivamente Timothy no podía parar las balas.

sábado, 8 de mayo de 2010

Microrrelato I

Eran hermanos siameses y muy poco observadores. Con los años, se dieron cuenta de ambas cosas.

Platonov

Chékov es grande. Muy grande.

Sasha era Carmen Machi.

Adrián Arbona (el Padre Topo), parte del público.

viernes, 7 de mayo de 2010

El brillo del tedio

Puestos a exponer la falta de criterio del jurado... o jurada, paridad en el blog ante todo. Diré que este relato quedó primero en un concurso con una participación récord de dos personas.

Lo que más me sorprendió de todo el evento, que dicho sea, fue tan fugaz como una noche de verano y sobrevino tras una hora de coral que acabó definitivamente con la rectitud de mi columna vertebral. Fueron las felicitaciones. Ni yo ni mi compañero oimos vítores por nuestra victoria (victoria que de una manera u otra era inevitable), no nos lanzaron flores, ni ropa interior. No vi la envidia en sus caras, ni siquiera era reconocimiento... era ¿Agradecimiento?, ''Gracias por participar''. A la mañana siguiente encontré una nota en mi mesilla de noche:

Te dejo, no intentes buscarme

Tu ego

Ahora, dejemos que la mediocridad fluya.

El brillo del tedio

-Y con esta ya está –dijo el cirujano- es la última.

Y tenía razón, lo era. La operación había concluido (¡con éxito nada menos!).

- Enhorabuena, es usted uno de los primeros humanos con organismos artificiales completos del país –No era del todo consciente, pero veía como movía esas manitas de un lado a otro- ¿Cómo se siente con su nuevo cuerpo? Sé que está despierto ¡No se haga el dormido ahora!

Siempre he odiado a los médicos que bromean, no se me ocurre nada más aterrador. De todos modos le respondí. Aun no controlaba mi cuerpo del todo, así que mi respuesta fue un balbuceo absurdo, pero le respondí con gallardía, la gallardía de alguien que habla como un bebé.

Él se rió como si hubiese hecho un comentario muy gracioso. Dios, le habría estrangulado.

-Enfermera, llévese al paciente a su habitación, supongo que querrá descansar después de la intervención. Y usted –Dijo mientras se quitaba los guantes- tiene unas horas para adaptarse a su cuerpo sintético y dejar libre su habitación –‘’Bendita sea la seguridad social’’ pensé- su período de rehabilitación empezará en breve, manténgase en contacto con nosotros.

Mientras llegaba la enfermera, se empezó a lavar las manos, no sé muy bien por qué, pero el sonido del agua repiqueteando contra el metal me pareció insoportable. Supongo que sería cosa de mis nuevos oídos, pero me estremeció de una manera ridícula.

Pasaron varios minutos (o eso me pareció) hasta que se decidieron a llevarme definitivamente a mi habitación, aun pude oír desde el pasillo como caía con fuerza el agua sobre la pila. No pude decidir si lo oía o lo recordaba, y eso me dejó un sentimiento de extrañeza que me duró hasta que una puerta se decidió a sacarme de mis desvelos, y lo hizo con un golpe seco. ’’ Por lo menos es una puerta conocida’’, la de mi habitación al fin.

Aquí empiezan algunas humillantes horas intentando dominar un cuerpo que ahora me era ajeno. Era horrible, como un instrumento desafinado. Con el tiempo que tuve antes del desalojo, aprendí a usar unas piernas adormecidas, que por lo menos me llevarían a casa.

El plan era sencillo, caminar dos manzanas hasta mi casa, no había mucha dificultad ¿no?, además, exceptuando que mi brazo derecho bamboleaba muerto de un lado a otro a cada paso que daba, parecía un ciudadano perfectamente normal, modélico incluso.

Me vestí como buenamente pude, y salí a la calle, no sin antes despedirme de la recepcionista. Soy consciente de que era apenas un cajero automático con una cara simpática, pero ahora nos parecíamos más.

Ese pensamiento me inquietó, me inquietó mucho. La idea llevaba horas rondándome, pero por fin se había decidido a asaltarme.

¿Seguía siendo humano?¿Cuantas piezas se pueden sustituir sin perder la humanidad? ‘’A las máquinas no les preocupa ser máquinas’’ ese pensamiento me tranquilizó un poco, pero la idea seguía golpeándome.

Estaba claro que ya no era humano, físicamente quiero decir, solamente mi cerebro no llevaba una marca impresa y apenas. ¿Quién va por ahí sin ampliaciones de memoria? ¡Todo el mundo tenía una, por el amor de Dios!

Intenté no pensar demasiado en ello y seguir caminando hacia mi casa. De camino me crucé con un padre y su hija, la niña se había detenido delante del escaparate de una juguetería y se dedicaba a repasar detenidamente todos y cada uno de los productos, no creo que el padre le fuera a comprar ninguno, de hecho, tampoco creo que ella lo quisiera, pero seguía mirando. Me detuve a observarlos. También me habían quitado eso, ya no podía tener hijos.

Nunca me planteé seriamente el tenerlos, pero ahora no podía ni planteármelo. ‘’Bueno, siempre puedo comprarme una muñeca y criarla’’ me hizo mucha gracia la idea. Padre e hija inorgánicos por la ciudad. Fingiría que la muñeca podía hablar, y que solo yo era capaz de escucharla, sé que a mis vecinos les encantaría.

Bromeé un rato con el concepto, pero fue muy doloroso cuando entendí que no era tan absurdo. Eso es lo que era ahora, un muñeco de trapo. Seguí caminando un rato. A mi nuevo sistema nervioso le costaba mucho diferenciar lo que vivía de lo que recordaba. ‘’És a lo que me podría dedicar ahora’’ pensé. Podría sentarme en el sofá y vivir lo vivido con mi antiguo cuerpo.

Esto último me hizo pensar, ¿estoy vivo o muerto?, he renunciado a mi cuerpo, pero sigo existiendo, soy consciente de que existo. ¿En qué me convierte eso? ¿En un fantasma? ‘’Se podría decir que ahora soy un muñeco poseído’’, solté una sonrisa amarga. Debería dejar de bromear conmigo mismo, lo único que consigo es deprimirme.

Con este pensamiento llegué a casa. Nada más abrir la puerta corrí hacia el salón y abracé el televisor, como si se tratase de un viejo conocido. Soy idiota, lo juro, soy un maldito idiota.

Tenía demasiadas cosas en la cabeza, así que me decidí a encenderlo para ver si me relajaba. Empecé a ver un programa, no sé muy bien de que trataba, pero recuerdo algunas explosiones y otros tantos terroristas. Pasé un rato viéndolo, llegó un punto en el que me interesaba más lo que decía aquel pistolero con barba de tres días que las preguntas que me había planteado antes.

Me llevé la mano al pecho y suspiré aliviado, ‘’Ahí estabas, mi querido, querido desinterés’’. Efectivamente, era humano, ahora dejadme, que estoy viendo la tele.

P.D Ahora que lo leo detenidamente, me he dado cuenta de que és Holden Caulfield en el mundo de ghost in the shell. Que depresión

Del azul del cielo al negro de la nada*

*Bruce Springsteen

[El siguiente "relato" quedó segundo en un concurso literario en el cual participaron dos personas.]

Sobre un cielo estrellado se pueden proyectar muchas cosas, y la forma de hacerlo, claro, es importante.
En nuestro paganismo, intentamos proyectar a los miembros mitológicos de nuestro panteón al cielo. Eso también era práctico. El cielo es un punto de referencia que de día es fácil de seguir (el sol sale por el este y, pasando por el sur, llega al oeste). Y sin embargo, cuando llega al oeste y se esconde tras el horizonte, la manera de orientarse es confusa, de forma que volvemos irremediablemente al principio de esta historia: sobre un cielo estrellado se pueden proyectar muchas cosas.
Claro que hoy en día ya no es fácil encontrar cielos completamente estrellados. Él -un él genérico, hipotético y protagonista- sabe que entre todas esas estrellas hay una que apunta siempre al norte, lo cual no es una gran ayuda en ese momento, ya que no sabe encontrarla. Los marineros cuentan que basta con prolongar la bisectriz de Casiopea al norte, pero ni él sabe dónde está Casiopea ni entiende que deba prolongar algo hacia el norte cuando es, precisamente, el norte lo que está buscando.
Su figura -la de él- se recorta sobre Glen Coe, y mientras sus pensamientos vagan entre esa miríada de estrellas sin poder comprenderlas -como un analfabeto que hojease un libro-, su ser físico se orienta sobre una piedra completamente normal que carece de sentido alguno, y está allí como podría haber estado sumergida en el Clyde.
Cuando Magalhães llegó al hemisferio sur tenía brújula. Y suerte, porque de otra manera se hubiera perdido: en el Sur no había Estrella Polar, sino todo un enjambre nuevo de estrellas. Entonces, en nuestro cristianismo, creamos la Cruz del Sur.
“Crear”, piensa, es la palabra. Sí, las estrellas, evidentemente, ya estaban allí; y sí, tenían forma de cruz, pero a nadie se le ocurrió pensar en la simple coincidencia, y pronto aquellas estrellas que, de ser por Descartes, hubiesen acabado siendo el Origen de Coordenadas, se convirtieron en señal divinal.
Pero en Glen Coe no hay cruces celestes, y las terrenales están emplazadas en recuerdo de la barbarie fraticida. Frente a él, imponentes, se alzan las Tres Hermanas, aunque en la penumbra se asemejan a una sola mole de oscuridad, reduciendo el azul del cuadro celeste. Esas tres montañas habían acogido mucha vida, y habían sido mudos testigos de la tristemente famosa masacre de Glen Coe. Pero él, que nada de esto conoce, encuentra en aquel lugar un reducto de paz desde donde proseguir sus meditaciones orientativas.

De no ser por esa maldita piedra, clavada en el suelo como dicen que estaban los cuernos en la cabeza de Acteón, estaría a gusto. Y era esa incomodidad -y no el estar perdido, ni siquiera el hecho de no saber qué traidora imaginación lo había creado en un lugar tan recóndito del mundo- la que ahora ocupaba sus pensamientos.
Ya no había estrellas en el cielo, ni paz en ese valle. Cuando el dolor apremia, no hay mente que pueda dejarlo pasar sin buscar una solución: pues bien, la de ese dolor era sorprendentemente fácil.
Se levantó, y caminó como sonámbulo durante un rato, aunque la escena -negro abajo, azul moteado arriba- era la misma en todas partes. Entonces lo ganó la desesperación, que se había mantenido escondida durante todo ese tiempo, y él lloró. Y no por eso dejó de caminar, más bien al contrario: corrió por el valle -esa mancha perezosamente negra- bajo un cielo que no cambiaba en ningún caso, que estaba lleno de deidades y monstruos y ninfas que se reían de su soñadora mente.
Y, como suele pasar cuando se corre en un campo umbrío, se tropezó. Con una piedra. Incómoda, para más señas. De hecho, justamente había manchado sus pantalones con una de las caras de esa piedra, llena de musgo.
Qué asco. Se echó a dormir, consciente de que, por la mañana, dejaría de ser esclavo de la literatura.
Mi pluma -y los mitos del cielo- lo dejarán reposar un tiempo.

Lúa Alén IV

Lúa Alén no podía conciliar el sueño pese a que era tarde. La medianoche ya se había acostado y ella seguía sentada en la silla de su escritorio, inclinada, tratando de plasmar en un folio, mediante la escritura, ideas vagas y sin forma, las cuales ni siquiera ella alcanzaba a comprender. No servía de mucho.
Sonaba la marcha eslava, aunque “slave” también puede traducirse como “esclavo”, y esa definición se acercaba más a la realidad. Se sentía esclava de sí misma, quizá de su cuerpo físico, quizá de su mente, estaba cansada de un estado de ánimo opresor que no le permitía alegrarse como, cuando y donde ella quisiera.
Letra a letra, unas pocas líneas aparecían aquella hoja de papel reciclado, y, aunque carentes de sentido, actuaban como chivo expiatorio. Lúa vomitaba ahí lo que no se atrevía a confesar a ninguna persona en concreto, quién sabe si por miedo, si porque se sentía ridícula al hacerlo.
Mientras los jeroglíficos iban ocupando sus correspondientes lugares, Lúa fue sintiéndose mejor. El agobio producido por la situación que vivía se traspasó al papel, la tristeza fue desprendiéndose y posándose sobre las fibras vegetales, el dolor pasó a ocupar un segundo plano, como un simple dolor de cabeza o un sábado sin dormir.
Y poco a poco se calmó, porque sin saberlo se había puesto nerviosa. Llegó al final de su texto incoherente, dibujó un último punto, uno de los que marcan final, y entonces se desplomó de cualquier forma.
Mientras dormía alguien se coló en su habitación y adelantó la alarma del despertador hasta colocarla cinco minutos después del momento exacto en el que la señorita Alén se durmió, o quizá simplemente descansó tan bien que las exiguas horas le parecieron minutos. Soñó, ciertamente soñó, pero esta vez cosas normales: no se le aparecieron Kerouacs ni Cassadys; simplemente pianos cayendo desde quintos pisos, extraños personajes persiguiéndola furiosamente por una oficina del centro de Manhattan, alguna escena de Amélie, la del protagonista recogiendo las fotografías escondidas debajo del fotomatón, que es una película sencilla pero graciosa, o quizá soñó con un poco de rock alentador, tibio, reconciliador.
Finalmente despertó y deseó no haberse dormido nunca, porque se encontraba horriblemente mal. Su estómago no aceptaba el desayuno. El agua, a mayor temperatura que el rock con el que había soñado, le parecía fría. La cartera con los libros, inútiles, ya que los profesores están preparados y no necesitan chuletas, pesaba demasiado.
Antes de marchar hacia sus obligaciones recordó el papel, se acercó a él y lo releyó. No debió hacerlo, porque en cuanto sus ojos recorrieron las primeras letras, éstas, ávidas de volver con su dueña, escaparon de la prisión donde habían estado una noche recluidas y se instalaron de nuevo en el cuerpo de su creadora, como simples parásitos que necesitan de sangre caliente para existir.

jueves, 6 de mayo de 2010

Interrupción/presentación

Estimados lectores (si, me refiero a vosotros dos) [...]

No, realmente no os quiero, es más, seguramente os odie. Pero abrir una sección atípica (en el fondo no tanto, cuando lo extraordinario aparece demasiado a menudo, deja de serlo) con un tópico de apertura me ha parecido delicioso. Pues bueno, mi querido compañero Tomás con el que apenas he compartido unas horas (muy agradables, todo sea dicho), ha cometido la irresponsabilidad de invitarme a este blog. Desgraciadamente esto supone un aluvión de faltas de ortografía, de críticas mediocres y algunas de mis ideas más desagradables. En resumen, he venido a violar vuestro mundo, y si es posible, a vosotros queridos lectores.

Empecemos con EL HORROR y un poco de música, por este orden:






Bienvenidos a un mundo de falta de talento, abundantes paréntesis y odio, cantidades individuales de odio, como en los aviones.

Canciones majas



Luis Ramiro


Por quince mil, te haré feliz
sube conmigo, que esas escaleras
dan al verdadero cielo de Madrid,
y a mi que me pierden los misterios
me dejé coger del brazo y sonreí y dije que sí.

¿Qué pasa, es que no has visto Pretty Woman?
Mira no me des un beso, corazón.
Se nota que eres nuevo,
tu desnúdate y calientame el colchón
y así se nos fue pasando el tiempo
a esa hora en que el mundo se va a dormir...
Un rato en las alturas para intentar ser feliz.

Me habló de su pasado, yo le dije
que a mi a veces me llamaban cantautor
"Aunque no seas Sabina,
¿me prometes que me haras una canción?
Pon que soy muy guapa y los defectos ni los nombres
que la vida no fue fácil para mi.
Y sobre todo que soy puta, pero puta no nací......"

Y entre sus brazos fui un niño perdido,
y entre sus piernas aprendí a sobrevivir
luchando entre lo humano y lo divino
llegué a perder el alma y el cuerpo
entre la falda y su carmín.
Y tu haz lo que quieras con mi cuerpo
pero ten claro mi vida que lo de dentro
ni se alquila, ni se paga, ni se vende,
ni se presta, ni se deja, ni se ofrece,
por dinero, por dinero.....

Búscate una chica que te cuide,
sabes que no te conviene repetir.
Va a pasar un año y no hay un mes
que no te pases por aquí.

No digas que es amor, si tu ni sabes lo que es eso
se que luego te ibas a olvidar de mi
mi próxima vida te la regalo
pero ésta no es para ti.

Dejé pasar el tiempo,
tuve novias que me dieron
los besos que les pedi,
besos a cambio de desengaños
de rutinas y horarios para sentir
el club siempre esta abierto
pero yo ya nunca entro
aunque siempre que paso cerca de allí
la luz de su ventana esta encendida
y ya no me atrevo a subir.

Y entre sus brazos fui un niño perdido
y entre sus piernas aprendi a sobrevivir
luchando entre lo humano y lo divino
llegué a perder el alma y el cuerpo
entre la falda y su camín.
Y tu haz lo que quieras con mi cuerpo
pero ten claro mi vida que lo de dentro
ni se alquila, ni se paga, ni se vende,
ni se presta, ni se deja, ni se ofrece,
por dinero, por dinero.....

Lúa Alén III

Lúa Kerouac, Jack Alén llegó a Nueva York a través de ocho horas de sueño, aunque, en contra de sus deseos, Neal Cassady no la acompañó. Cassady había conducido, Cassady había hecho promesas, Cassady la había ilusionado y había avivado su esperanza. Entonces ella y Cassady llegaron a Denver y Cassady rápidamente sólo tuvo ojo para sus múltiples muchachas y sus amigos pintorescos y ella quedó parada, junto a las maletas, en medio de las grises calles y la tristeza la consumió.
Lúa recogió sus pertenencias y se dirigió a la estación de autobuses. Gastó la mitad de todo su dinero en un billete de autobús y viajó hasta NY, sola. Durante el trayecto tuvo demasiado tiempo para pensar. Neal producía emociones contradictorias en ella: por una parte, lo quería, lo amaba, lo deseaba, o todos o ninguno de esos verbos a la vez o por separado, qué más da el nombre que se le dé. Por la otra, necesitaba que estuviera cuanto más lejos posible; egoísta, despreocupado, llegó a confesarle a Lúa que realmente no eran amigos, simplemente dos compañeros de viaje que no tenían a nadie más. Y Lúa no dijo nada, sonrió y lo oyó pero no le dio importancia, porque Neal estaba cerca y cuando Neal estaba cerca no había que pensar, sólo dejarse llevar.
“¡Lúa, Lúa, Lúa, despierta!”, gritó Vero. Lúa salió tres veces de sus ensoñaciones, se frotó los ojos y prestó atención a su amiga. Estaba nerviosa y emocionada, joder, no paraba de decir que estaba enamorada. Y sonaba creíble.
Vero era preciosa, joder, jodidamente preciosa. Y era sensible, e inteligente. Y además ella sí era algo para su Cassady, llamado Jack, porque ahora era suyo pese a que el nombre se lo pusiera Lúa. Sus ojos deslumbraban, verdes, y su pelo rojizo, ondulado, le daba un aspecto anglosajón. Y también tenía un buen culo y unas tetas encantadoras, porque la gente ya no sólo se fija en los ojos.
En ese momento, Vero relataba minuciosamente a Lúa su estado mental-emocional, y Lúa prestaba atención, porque Vero era su amiga y su puto Cassady la hacía volver loca, a ambas, tanto a Vero como a Lúa, pero ésta última tenía que callarlo y ver cómo otra vivía su felicidad, y no podía quejarse, porque pese a ser egoísta sabía valorar a los demás, y Vero valía algo, y su puto Cassady también, independientemente de todas las demás circunstancias.
Vero hablaba y hablaba y gesticulaba y sonreía y se miraba en el espejo y gritaba de emoción y daba múltiples pataditas en el suelo, porque estaba alegre, que no feliz, ya que no se puede estar feliz a partir del momento en que piensas en la felicidad.
Mientras una muchacha de diecisiete años retrocedía hasta los diez, Neal-Jack Cassady apareció en Nueva York, o en la clase donde estaban las dos muchachas, puesto que la ensoñación había terminado. Movió la mano hacia Lúa, cautivador, y besó a Vero. A Lúa se le puso la piel de gallina y se dispuso a marcharse. Recogió la maleta y se despidió con la mano. La pareja no correspondió, no la veían, estaban ciegos.
Lúa viajó hasta casa en el mismo autobús que llevó a Kerouac a Nueva York, o quizá no era el mismo, pero no importó, ya que llegó a casa y se metió en la cama y no lloró, porque no entendía lo que le pasaba y sólo se puede llorar cuando está justificado, porque Lúa era fuerte y tenía el concepto equivocado de que llorar es para los débiles.
Después de no llorar se durmió y se curó con las mismas ocho horas que durmiera Jack en su novela, la cual le gustaría terminar, porque quería saber si Neal terminaba muerto o asesinado o aprendiendo la lección, porque lo comparaba con Jack, el de Vero, ahora ya podía llamarlo así, y automáticamente lo asociaba con un libro sin final.
Porque Lúa temía que Jack terminara desencantado, temía que Vero sufriera un desengaño; secretamente, temía que todo terminara bien, aunque se esforzaba en desearlo, porque era egoísta y no podía controlar sus deseos, pero sí sus acciones. Y por encima de todo, a escondidas de ella misma, temía tanto perderlos a los dos como no perder a ninguno.