Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

viernes, 7 de mayo de 2010

El brillo del tedio

Puestos a exponer la falta de criterio del jurado... o jurada, paridad en el blog ante todo. Diré que este relato quedó primero en un concurso con una participación récord de dos personas.

Lo que más me sorprendió de todo el evento, que dicho sea, fue tan fugaz como una noche de verano y sobrevino tras una hora de coral que acabó definitivamente con la rectitud de mi columna vertebral. Fueron las felicitaciones. Ni yo ni mi compañero oimos vítores por nuestra victoria (victoria que de una manera u otra era inevitable), no nos lanzaron flores, ni ropa interior. No vi la envidia en sus caras, ni siquiera era reconocimiento... era ¿Agradecimiento?, ''Gracias por participar''. A la mañana siguiente encontré una nota en mi mesilla de noche:

Te dejo, no intentes buscarme

Tu ego

Ahora, dejemos que la mediocridad fluya.

El brillo del tedio

-Y con esta ya está –dijo el cirujano- es la última.

Y tenía razón, lo era. La operación había concluido (¡con éxito nada menos!).

- Enhorabuena, es usted uno de los primeros humanos con organismos artificiales completos del país –No era del todo consciente, pero veía como movía esas manitas de un lado a otro- ¿Cómo se siente con su nuevo cuerpo? Sé que está despierto ¡No se haga el dormido ahora!

Siempre he odiado a los médicos que bromean, no se me ocurre nada más aterrador. De todos modos le respondí. Aun no controlaba mi cuerpo del todo, así que mi respuesta fue un balbuceo absurdo, pero le respondí con gallardía, la gallardía de alguien que habla como un bebé.

Él se rió como si hubiese hecho un comentario muy gracioso. Dios, le habría estrangulado.

-Enfermera, llévese al paciente a su habitación, supongo que querrá descansar después de la intervención. Y usted –Dijo mientras se quitaba los guantes- tiene unas horas para adaptarse a su cuerpo sintético y dejar libre su habitación –‘’Bendita sea la seguridad social’’ pensé- su período de rehabilitación empezará en breve, manténgase en contacto con nosotros.

Mientras llegaba la enfermera, se empezó a lavar las manos, no sé muy bien por qué, pero el sonido del agua repiqueteando contra el metal me pareció insoportable. Supongo que sería cosa de mis nuevos oídos, pero me estremeció de una manera ridícula.

Pasaron varios minutos (o eso me pareció) hasta que se decidieron a llevarme definitivamente a mi habitación, aun pude oír desde el pasillo como caía con fuerza el agua sobre la pila. No pude decidir si lo oía o lo recordaba, y eso me dejó un sentimiento de extrañeza que me duró hasta que una puerta se decidió a sacarme de mis desvelos, y lo hizo con un golpe seco. ’’ Por lo menos es una puerta conocida’’, la de mi habitación al fin.

Aquí empiezan algunas humillantes horas intentando dominar un cuerpo que ahora me era ajeno. Era horrible, como un instrumento desafinado. Con el tiempo que tuve antes del desalojo, aprendí a usar unas piernas adormecidas, que por lo menos me llevarían a casa.

El plan era sencillo, caminar dos manzanas hasta mi casa, no había mucha dificultad ¿no?, además, exceptuando que mi brazo derecho bamboleaba muerto de un lado a otro a cada paso que daba, parecía un ciudadano perfectamente normal, modélico incluso.

Me vestí como buenamente pude, y salí a la calle, no sin antes despedirme de la recepcionista. Soy consciente de que era apenas un cajero automático con una cara simpática, pero ahora nos parecíamos más.

Ese pensamiento me inquietó, me inquietó mucho. La idea llevaba horas rondándome, pero por fin se había decidido a asaltarme.

¿Seguía siendo humano?¿Cuantas piezas se pueden sustituir sin perder la humanidad? ‘’A las máquinas no les preocupa ser máquinas’’ ese pensamiento me tranquilizó un poco, pero la idea seguía golpeándome.

Estaba claro que ya no era humano, físicamente quiero decir, solamente mi cerebro no llevaba una marca impresa y apenas. ¿Quién va por ahí sin ampliaciones de memoria? ¡Todo el mundo tenía una, por el amor de Dios!

Intenté no pensar demasiado en ello y seguir caminando hacia mi casa. De camino me crucé con un padre y su hija, la niña se había detenido delante del escaparate de una juguetería y se dedicaba a repasar detenidamente todos y cada uno de los productos, no creo que el padre le fuera a comprar ninguno, de hecho, tampoco creo que ella lo quisiera, pero seguía mirando. Me detuve a observarlos. También me habían quitado eso, ya no podía tener hijos.

Nunca me planteé seriamente el tenerlos, pero ahora no podía ni planteármelo. ‘’Bueno, siempre puedo comprarme una muñeca y criarla’’ me hizo mucha gracia la idea. Padre e hija inorgánicos por la ciudad. Fingiría que la muñeca podía hablar, y que solo yo era capaz de escucharla, sé que a mis vecinos les encantaría.

Bromeé un rato con el concepto, pero fue muy doloroso cuando entendí que no era tan absurdo. Eso es lo que era ahora, un muñeco de trapo. Seguí caminando un rato. A mi nuevo sistema nervioso le costaba mucho diferenciar lo que vivía de lo que recordaba. ‘’És a lo que me podría dedicar ahora’’ pensé. Podría sentarme en el sofá y vivir lo vivido con mi antiguo cuerpo.

Esto último me hizo pensar, ¿estoy vivo o muerto?, he renunciado a mi cuerpo, pero sigo existiendo, soy consciente de que existo. ¿En qué me convierte eso? ¿En un fantasma? ‘’Se podría decir que ahora soy un muñeco poseído’’, solté una sonrisa amarga. Debería dejar de bromear conmigo mismo, lo único que consigo es deprimirme.

Con este pensamiento llegué a casa. Nada más abrir la puerta corrí hacia el salón y abracé el televisor, como si se tratase de un viejo conocido. Soy idiota, lo juro, soy un maldito idiota.

Tenía demasiadas cosas en la cabeza, así que me decidí a encenderlo para ver si me relajaba. Empecé a ver un programa, no sé muy bien de que trataba, pero recuerdo algunas explosiones y otros tantos terroristas. Pasé un rato viéndolo, llegó un punto en el que me interesaba más lo que decía aquel pistolero con barba de tres días que las preguntas que me había planteado antes.

Me llevé la mano al pecho y suspiré aliviado, ‘’Ahí estabas, mi querido, querido desinterés’’. Efectivamente, era humano, ahora dejadme, que estoy viendo la tele.

P.D Ahora que lo leo detenidamente, me he dado cuenta de que és Holden Caulfield en el mundo de ghost in the shell. Que depresión

1 comentario:

Sir Thomas Malory dijo...

A fin de cuentas, el Jurado (LA Jurado xD) hizo bien en escogerte ganador xDD