Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

jueves, 10 de junio de 2010

El mundo de Puntenvocken

Qué ingrata es la historia con los verdaderos genios...

Cita de: antibalas en Febrero 09, 2008, 09:07:11 pm

Gottfried Solomon Puntenvocken (1889-1927)

Expulsado del Círculo de Schlick por sus continuos exabruptos en contra de Wittgenstein, con especial querencia por "garrulo traidor" y "cotorra inconsecuente", G. S. Puntenvocken sacudió la sociedad de los cafés vieneses de entreguerras con su pugnaz paráfrasis de la última proposición del Tractatus, "De lo que no se puede hablar, ¡SE CALLEN, SCHAISSE!", que convirtió en divisa de su cerril cruzada en pro del laconismo a ultranza.

Como fundador del transneopositivismo y adalid de las milicias ultrahiperlógicas, que llegarían a aglutinar entre 4 y 937 intelectuales, desde metamatemáticos finitistas y críticos psicoanalingüísticos a arquitectos concretistas y el inevitable dodecafonista ruteno, Puntenvocken orquestó las célebres tertulias silentes del Schattentor Café, donde los milicianos hyperlogische, poniéndose en pie por turnos con el índice derecho en ristre y entreabriendo los labios en un gesto ya inmortal, afectaban el ademán de ir a echar su cuarto a espadas sólo para callarse en seco a mitad de la segunda sílaba, subrayando así la grave infracción metalógica que supondría proferir cualquier proposición no verificable en un contexto empírico ni reductible a sintaxis silogístico-russelliana.

No contento con eso, Puntenvocken terminó organizando por el resto de los cafés los llamados oralpogromos, crudelísimas (*) razzias de infausta memoria en que se sellaban, con una equis de la recién inventada cinta de Scotch, las bocas de aquéllos a quienes se sorprendiere verbalizando todo lo que no fuese "sí", "no", "tantos terrones de azúcar" o, como mucho, "la cuenta" (por supuesto, SIN el decadente y antipositivista reflejo idiomático de "por favor").

Cuando su prometida, la fagotista atonal Svetlana Porloskodowski, lo abandonó por un pregonero de Brno, Puntenvocken se mordió la lengua, redactó una nota en blanco y se arrojó desde la noria del Prater.

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(*) Los bigotes espesos eran de rigueur en la sociedad Wiener. Los estentóreos aullidos provocados por la ulterior remoción del cellophane adhesivo a cargo de vindicativas esposas y agostadas novias, se convirtieron en una constante aural de las noches vienesas, constituyendo, en palabras de Mett Jenen Staadtloos-Ueben, editor del mordaz hebdomadario Die Chunguen Fackel, "un balsámico (por lo afinado) contrapunto a la murga demencial de los dodecafonistas".

2 comentarios:

Sir Thomas Malory dijo...

Mierda, y no existió T_T

Scheisse xD

Ana Nima dijo...

Tranquilo, nosotros te apoyamos.