Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

miércoles, 11 de agosto de 2010

Microrrelatos de La Esquina

Un expositor de museo que contiene varios tomos de celulosa tapizados por hormigas negras. Son aburridos e ininteligibles, y la gente pasa de largo o los mira con curiosidad, por encima del hombro o llenando de vaho la vitrina.
La vida transcurre sin pena ni gloria en un museo, y sus cultos visitantes -o alumnos aburridos en una excursión escolar- son el pan nuestro de cada día, aún cuando no se recuerde el porqué de la expresión.
Cuando la cultura de la información lo iguale todo, los museos se llenarán del polvo acumulado sobre el saber de otras épocas.

El Segundo Advenimiento de Nuestro Señor fue bastante menos emocionante de lo que se había predicho. Quiero decirm los musulmanes tenían razón, los judíos estaban contentos y la cantidad de iglesias cristianas estaba difuminada buscando canapés sobre los elegantes gabinetes de los consejos ecuménicos.
Ya nadie recordaba las causas de los cismas: ¿cláusula filioque? ¡ni Lutero ni hostias! Es sólo que no nos cae bien el Papa.
De todas formas, ahí estaba Él. Y allí estuvo durante un buen rato. Sentado en una vieja butaca. De repente, alguien dijo algo sobre Santa Claus. El mundo no duró mucho más.

No era buena idea juntar a Karloff y Lugosi en la misma habitación. Tim Burton ya nos convenció de ello en su momento. Pero como por mucho que avance el mundo, nosotros somos los mismos, a alguien se le ocurrió juntar los cadáveres resucitados de Karloff y Lugosi en el plató de El diario de Ankh-Morphok, el único programa de televisión más fácil de sintonizar que de pronunciar del momento.
La tele eran en 3D, claro. Las gotitas de sangre coagulada eran frescas como gotas de rocío.
Todo avanza menos en la cama. Dormir sigue siendo la misma mierda desde el siglo XI.

París, la Avenida de los Campos Elíseos. Manel, antiguo maestro jedi, es ahora jardinero. Jardinero neurótico, para más señas -su jefe está preocupada porque afirmaba haber tenido un affaire con una de las gemelas de una conocida película de Stanley Kubrick, aún cuando estaba prometido con la otra.
-Busca el fetiche de los zombies -le dijo, para que le perdonara. Así, sin más.
Menos mal que era un maestro jedi, dijo mientras esperaba el ascensor. De repente éste llegó, las puertas se abrieron y él se llenó de sangre.
Gracias a lo cual, lo encontró: evidentemente, cerebros. Eso curó su neurosis, junto con la costumbre de pensar. Así fue como entró en el convento de las sadocarmelitas del Santo Cristo de la Viciosidad (cita requerida por las reglas del juego). Como hombre objeto, sí.

Un vibráfono. A Mr. Hyde le hacía gracia el nombre de ese instrumento. El Dr. Jekyll, sencillamente, no lo pillaba. La rana Gustavo... ¡en fin! ella era vibrafonista, motivo por el cual acogía con recelo cualquier chiste sobre el nombre de su instrumento.
-Eh, Jekyll, ¿te apetece rodar una peli? -dijo Hyde.
-No, prefiero meterme una raya de coca -por alguna razón, la gente seguía pensando que él era el bueno. La rana Gustavo asintió.
Nueve meses más tarde, nació ella. Una pena, porque también se acabó el mundo.

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