Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

lunes, 6 de septiembre de 2010

A la luz de las catedrales, III: La escuela de Chartres

Philippe Messer


Fulbert llega a Chartres decidido a enseñar las artes liberales, en su equipaje lleva las obras de Gerbert. Adquiere tal notoriedad que viene gente de Tours, de Besançon, de Poitiers, de Orleans… e incluso de Lieja o de Colonia para escucharlo. En 1006 es nombrado obispo de Chartres por Roberto el Piadoso y mobiliza el apoyo de soberanos como Esteban de Hungría y Canuto de Dinamarca para el financiamiento de catedrales. A pesar de todo, no reserva su saber a las “élites”. Es testimonio de ello una representación de Fulbert en un obituario del siglo XI, donde le vemos enseñar no sólo a hombres, sino también a mujeres y niños.

La gran aportación de Fulbert es doble.

Primeramente en lo que concierne a la música, Fulbert pasa por ser un mestro de capilla excepcional. Es el, junto a su amigo Sigond, quien desarrollará la forma polifónica en la composición musical, rompiendo así con la monotonía de las melodías gregorianas.

En seguida, a nivel filosófico, ancla la escuela de Chartres en una corriente platónica. Sitúa a Platón por encima de los pensadores de la Antigüedad y será nombrado él mismo “venerable Sócrates” por sus alumnos. De este modo, sitúa el conocimiento no en el mundo de la percepción sensorial, sino en el de las ideas. Saber no consiste pues en hacer inventario de objetos contenidos en el Universo y en clasificarlos, como pensaba Aristóteles, sino en emitir hipótesis sobre los principios que sostiene la marcha del Universo.

Incluso si Aristóteltes es estudiado en el marco de la lógica formal, su manera de aprehender el mundo se encuetra refutada. Además Fulbert tomará parte en una controversia teológica con Berenguer de Tours sobre la cuestión de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Y es que el problema que representa el pensamiento de Berenguer sobrepasa largamente el marco de la polémica sobre un punto de doctrina. En efecto, Berenguer se prentedía defensor de la razón, ya que estamos hechos a imagen de Dios, pero su aproximación era puramente materialista. Según Berenguer, la experiencia sensible es el único medio de conocimiento: “No existe más que aquello que se ve y aquello que se toca, y vemos que la sustancia connatural al accidente (…) Toda realidad es individual, ninguna es universal: pues el sentido, juez supremo de toda existencia, no percibe sino lo particular. Lo Universa, pues, objeto de la idea, no existe, no tiene realidad: no es más que un concepto o, si se quiere, un nombre.” Así las cosas, el hombre sería incapaz de descubrir una ley o un principio universales. Pero toda la enseñanza de Chartres se bolca precisamente a volver inteligibles las leyes del Universo y afirma que se pueden descubrir cosas que uno no puede ver, ni sentir, ni tocar.

Gracias al Heptateuco, el tratado de las siete artes liberales redactado por Thierry de Chartres en el siglo XII, conocemos bien las materias que eran estudiadas en Chartres. Las ciencias profanas estaban divididas entre el trivium y el quadrivium.

El trivium comprende:

1. la gramática: composición en prosa y en verso así como estudio de los autores clásicos latinos;
2. la retórica: composición de ensayos de elocuencia sacra o profana;
3. la dialéctica: los trabajos de Aristóteles servían de base para la lógica abstracta, pero el acento se ponía sobre autores como san Agustín, Boecio, Escoto Eriúgena o Dionisio Aeropagita.

El quadrivium era de lejos más fundamental que el trivium. Thierry de Chartres explica, en efecto, que hay “cuatro tipos de razonamiento que llevan al hombre al conocimiento del Creador y precisamente: la demostración de la aritmética, de la música, de la geometría y de la astronomía.”

1. La artimética y la geometría: se estudian los trabajos de Euclides, Pitágoras, Platón y Boecio, así como los tratados más recientes de Gerbert. Consultando la correspondencia de dos profesores de Chartres, Ragimbaldo de Colonia y Rodolfo de Lieja, se sabe que se dedicaba una gran atención a los problemas de inconmensurabilidad. Discuten, entre otros, sobre el problema de la duplicidad del cuadrado y llegan a la conclusión que no se puede resolver si no es por la geometría, y no por la aritmética. Así demuestran que la matemática, si bien permite medir el lado de un cuadrado es indecuada para medir la diagonal de este mismo cuadrado: es necesario pasar a una matemática superior. Desde entonces se comprende que es erróneo buscar medir el mundo físico con un solo parámetro, por ejemplo el álgebra.
2. La música: ya en tiempos de Fulbert la enseñanza de la música es muy importante en Chartres. Muy rápidamente se verá nacer una gran escuela de canto, profano y sagrado, acompañado a veces por el laúd, la lira o el órgano. Se ve claramente que para expresar una idea en música una sola línea musical –la monodía- no es suficiente. Así pues Francón de Colonia escribe en su Diaphonia que la segunda frase musical puede liberarse de la primera y seguirla con notas de longitudes variadas, con intervalos múltiples y movimientos diferentes.
3. La astronomía: se estudian principalmente los escritos de Beda, de Abbón, de Dionisio el Pequeño, y también de ciertos sabios árabes. Rodolfo de Lieja, profesor de Chartres, aprovecha incluso la misa para explicar el funcionamiento del astrolabio, un instrumento que permite determinar la situación de los astros. Considerando la armonía del Universo como reflejo del Creador, se borra toda contradicción entre ciencia y fe. Thierry de Chartres dice que “poniendo orden a lo que estaba desordenado, [Dios] se volvía visible incluso a aquel que tiene poco conocimiento.” Pero esta armonía no debe ser observada por un espectador pasivo y desde fuera de la Creación. Platón explica en el Timeo que “Dios ha inventado y nos ha dado la vista para que contemplando las revoluciones de la inteligencia en el cielo, las apliquemos a las revoluciones de nuestro pensamiento las cuales, bien que desordenadas, son parientes de las revoluciones imperturbables del cielo.”

Así, con la escuela de Chartres se asiste a una batalla sin descanso contra la superstición y el obscurantismo. En efecto, no somos prisioneros de un torrente irracional (los científicos serios dirian hoy “el azar”) que nos empuja hacia nuestro destino. Guillermo de Conches, profesor de Chartres, escribe: “Lo que importa no es que Dios haya podido hacer esto, sino examinar esto, explicarlo racionalmente, mostrar su objetivo y su utilidad. Sin duda Dios puede hacerlo todo, pero lo importante es que ha hecho esto o lo otro. Sin duda Dios puede hacer un ternero a partir de un tronco, como dicen los rústicos, pero, ¿lo ha hecho nunca?”

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