Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

jueves, 2 de septiembre de 2010

Pequeño fragmento.

-¡Buenos días, Adam! -exclamó Erin con su habitual buen humor cuando Adam entró en el café- Te veo mala cara, ¿qué pasa?
-Ando buscando como loco un par de libros que me gustaría leer antes de escribir el mío que me llevará a la fama, ya sabes. Y vamos, que no lo encuentro en ningún sitio -dijo mientras se sentaba frente a la barra.
-Claro, -dijo ella sonriendo- es un problemón que no puedas escribir tu gran obra maestra por ese motivo. Malditas musas, ¿por qué sólo aparecerán si lees esos dos libros?
-Ja, ja. Son jas sarcásticos, por si no lo habías cogido.
-Lo cojo, lo cojo. ¿Te pongo un café?
-Ajá. Apúntamelo en mi cuenta.
-¿Cuándo piensas empezar a pagar todo lo que debes? Ayer me dijo Gerard que le llevarías a la ruina y que no te sirviese más hasta que no saldases tus deudas.
-Entonces, ¿por qué me estás sirviendo uno? -dijo Adam, divertido.
-Porque ya sabes que soy buena chica. -dijo Erin poniendo ojitos- A ver si así me incluyes al menos en los agradecimientos de tu gran novela.
-Claro... ¿desde cuándo tienes un tatuaje? -dijo cuando Erin se dió la vuelta para preparar el café y se fijó en la parte de atrás de su cuello, que normalmente estaba tapado por su larga melena, pero que hoy estaba visible gracias a la alta coleta que ella se había hecho.
-Desde... que tengo uso de razón.
-¿Pero tú tienes de eso? -comentario tras el cual Adam recibió un golpe en la cabeza por parte de ella- La verdad es que me gusta, queda sexy. Deberías llevar el pelo recogido más a menudo. Por cierto, son... ¿dos engranajes?
-Sí, como los de un reloj, ¿así que te gusta?
-Me encanta. ¿Qué significa?
-¿Tiene que significar algo? -dijo ella sonriendo- Simplemente me gustaba. Es más, detesto a la gente que va por la vida con cosas tatuadas que tienen un "significado súper profundo".
-Entendido.
-Oye, conozco una librería más vieja que el propio Gerard, a lo mejor encuentras ahí esos libros.
-Eh, eh, eh, ¡que no soy tan viejo! -exclamó Gerard, que acababa de entrar por la puerta de detrás de la barra.
-Ops, no sabía que estuvieses ahí -dijo Erin con cara de fingida disculpa.
-¿Dónde está la librería? -preguntó Adam, haciendo caso omiso de la cara de "espero que pagues ese café" que estaba poniendo Gerard.
-Es un poco complicado encontrarla... te haré un mapa en... ¡una servilleta! y -añadió viendo la cara de Gerard- no te preocupes, Ger, pagará los cafés... cuando sea un escritor famoso.
-Por si acaso... prefiero que me los pague ahora.No es que no confíe en ti, Adam... Y tú, jovencita, deja de llamarme Ger, ya sabes que lo detesto.
-¡Pero Ger, -dijo Erin entre risas- si sabes que es para que te sientas más joven!



Seis mapas mal dibujados y trece explicaciones confusas de Erin entre extraños gestos después, se encontraban caminando los dos por la calle tras visitar la librería. Entre las extrañas indicaciones de Erin y las dificultades de Adam para orientarse, al final había terminado suplicando a Gerard que dejase salir a Erin para que le acompañase, no sin antes prometerle que pagaría todas sus deudas.
Ahora caminaban juntos. Adam, más feliz que unas pascuas -signifique lo que signifique esa expresión- por haber encontrado los dos libros, no dejaba de observar a Erin con adoración por haber dado con ellos. Ella, por su parte, caminaba con su habitual expresión risueña y con la coleta moviéndose al ritmo de sus pasos mientras sorbía el batido de chocolate que se había comprado hacía un rato en un Starbucks.
-¿Ya sabes de qué tratará el libro? -preguntó Erin, rompiendo el silencio en el que se habían sumido.
-No estoy seguro, en realidad no hay un tema que me apasione, podría escribir tanto sobre amor como sobre espías y polis corruptos.
-Bueno, en esas últimas siempre meten un poco de amor, ya sabes, aparece una tía súper buena de la que el protagonista se enamora y ella al principio se hace la dura, pero al final él consigue llevársela al huerto.
-Tienes razón, y te prometo que no escribiré nada parecido a eso -dijo Adam sonriendo mientras ponía la mano sobre el corazón.
-¡Que Dios te lo pague! Porque yo no pienso hacerlo.
-Já.
-Si escribes sobre persecuciones y todas esas cosas... no te cargues nada, ¿vale?
-¿Qué quieres decir?
-Verás, en todos los libros y películas, sobretodo películas, en las que hay persecuciones, a todo el mundo le preocupa lo mismo: que el protagonista salga vivo de esa, así que te tienes que tragar unos cuantos y eternos minutos con disparos, explosiones y giros y saltos imposibles de coches o motos. En todo ese tiempo la gente está mordiéndose las uñas, muriéndose por saber cómo acabará todo y si su amado Tom Cruise, por poner un ejemplo, saldrá ileso de todo el embrollo en el que está metido. Yo, sin embargo, no me preocupo por eso, es más, es evidente que saldrá sin un rasguño, como siempre. A mí lo que me preocupa es el resto de gente, no los malos a los que persigue o que persiguen al bueno, sino la gente que está por la calle. Veo una persecución y no puedo dejar de pensar en toda la gente que por su culpa tiene un accidente de coche, ¡familias enteras destrozadas por estas persecuciones! Y no sólo eso, sino que también se cargan toda la ciudad, como en The Italian Job, ¡que con la coña de los semáforos menuda arman! Y yo no puedo dejar de preguntarme cómo van a apañárselas luego los del ayuntamiento para arreglar todo ese desaguisado, porque claro, por eso no se preocupa nadie, me encataría ver las noticias del día siguiente: un montón de accidentes de tráfico, atropellos, muertos inocentes asesinados por balas perdidas, edificios en llamas... Y no sólo eso, sino que hay veces en las que el bueno de la película tiene prisa y hacen lo típico de cogerle la moto, el coche o incluso la bici al pardillo de turno que se encuentren desprevenido, ¡y menos mal que lo hace el bueno! Y te prometo que me da igual si el agente secreto muere, a mí lo que me preocupa es cómo va a volver el pobre hombre al que le han cogido el coche a casa y decirle a su mujer que se lo han sacado así, por las buenas. O no paro de pensar en el pobre chico de la bicicleta, que tanto le costó comprar con sus ahorros de toda la vida, y la bronca que le echará su madre. Porque, desde luego, el ladronzuelo de turno no piensa en eso, y luego, aún por encima, ni siquiera se le ocurre buscar a su propietario para devolvérselo, sino que lo deja por ahí tirado y sigue con sus traiciones y escándalos. Es que me indigna, ¡me indigna!
-Va... vaya.
-Perdona, menudo discursito te acabo de mandar, ¡pero es que de verdad que me indigna!
-Vale... no haré persecuciones, te lo prometo.
-Me dejas mucho más tranquila. Deberíamos ir volviendo o Gerard me matará por tardar más de la cuenta.

Un batido y dos piruletas después -todo devorado por Erin- ya estaban de vuelta en el café.



PD: cuando vuelva de Croacia quiero encontrarme con vuestra sincera opinión de qué os parece, no me decepcionéis¬¬

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