Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

jueves, 30 de septiembre de 2010

Soñemos, pues

Las ojeras, patentes, pueden verse desde mi perspectiva. Estamos en lo que parece ser una farmacia; hay cremas y vendas y antibióticos hasta donde alcanza mi vista, sin embargo, falta la pulcritud característica de este tipo de establecimientos. Además, las luces están apagadas, y aún así puedo ver sus ojeras.
Se la ve cansada, requiere de más horas de sueño, y parece que nadie tiene intención de atendernos. Se tumba boca arriba en una hilera de sillas de espera y los reposabrazos le hienden la espalda dolorida. Está incómoda, respira profundamente, me mira compungida y no sé cómo responder: está mejor que de pie, pero no puedo hacer nada.
Me siento a su lado y juntamos nuestras manos, su mano con mi mano, me gusta, aunque es completamente irrelevante. Ella se siente reconfortada, yo no. Me preocupan nuestros futuros, principalmente su inminente separación.
Se remueve en la oscuridad, dándome la espalda, ¿Qué le pasa? ¿Por qué no me acuerdo? Las luces no se encienden.
Me levanto de golpe, preso del pánico; trato de caminar por la estancia para alejar los pensamientos. Apenas veo nada y la prisa me lleva a chocar contra una estantería. Los medicamentos me caen encima; la impotencia también. Grito. Grito.
Se asusta, nos asustamos, me decido y me tumbo a su lado; las mismas manos agarradas, las mismas espaldas doloridas, la misma cama improvisada. No me muevo de su lado, estoy quietecito, concentrado en mi respiración, en la suya. Y de golpe, cuando menos lo esperaba ya, se encendieron las luces.

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