Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

jueves, 28 de octubre de 2010

Porque a veces no hace falta que me lo digan: escribo por mi cuenta

Creo que he encontrado otro periodo histórico con el que obsesionarme, concretamente la crisis del siglo XIV, acabado el óptimo medieval y alojando ratas en los grandes puertos comerciales, con jóvenes que huyen de la Peste a alejadas posesiones y se entregan a orgías y caballeros llegados de Cruzada que juegan a ajedrez con la Muerte.

En resumen, es una época tétrica, morbosa, piadosa y, también, todo lo contrario.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Especial Halloween

Halloween se está comiendo la semana, la idea es ir escalando hasta convertir el año en víspera. Pues eso, si no puedes contra ellos, únete a ellos. Como un imbécil.



martes, 26 de octubre de 2010

Creo que es la primera vez

La atmósfera era definitivamente irreal. Jack se contemplaba a sí mismo en una mezcla de primera y tercera persona. El escenario estaba inacabado: había unas cuantas mesas y sillas de diferentes tamaños, algunas personas y una especie de tarima donde algún líder prometía, posiblemente, salvar el mundo en unos pocos y sencillos pasos. Sin embargo, la sala donde se encontraba todo esto, ya que era decididamente un interior, no tenía límites visibles ni color aproximado.
A su lado y también delante suya estaba Julia. No dos Julias, no dos mujeres iguales, simplemente una, Julia, en dos sitios a la vez. Ambos –Él y la doble Julia- escuchaban con poco interés las promesas del líder. Salvar el mundo, sí. La mayor parte de la atención de Jack estaba centrada en Julia, y la mayor parte de esta mayor parte se concentraba en Julia a su derecha, sentada junto a él. Él había logrado tumbarse en una silla idénticamente igual a la de Julia, todo parecía ir bien.
La miraba a los ojos, qué difícil definir su color, qué poético no saberlo; miraba su pelo, qué rojo, qué original; sus labios, cómo se mueven; sus gestos, libres. Ya no oía al orador y la también oradora Julia contaba cosas sobre ella, su familia, su vida, sus problemas. Sin embargo, los dos sabían que las palabras importaban poco, demasiado poco.
Jack le cogió la mano izquierda, qué fría, y le comió los ojos con los suyos. Mantuvo la mano de Julia junto a la suya, las dos manos juntas, acariciándola sin parar. Julia correspondió, unió su otra mano a las caricias, dos a uno, seguían frías. Jamás algo había importado tan poco.
En medio de tanta infinita ternura Julia desapareció y sólo quedo Julia. Ya no estaba a su derecha, ahora sólo estaba un poco más adelante, unas cuantas hileras de sillas más allá. Cierra los ojos, le susurró la mujer al oído, desde la distancia. Jack obedeció y, sorprendido, descubrió que seguía notando el tacto de sus manos, frías, frías, todavía frías. No los abras todavía, todavía no. Jack los cerró con más fuerza y esperó. Un momento íntimo, un momento especial, pensó. Voy a tratar de no pensar en él, voy a disfrutarlo, voy, voy, voy. Jack trató de parar el tiempo pero no pudo, y en algún momento el líder le llamó la atención: qué hace usted durmiendo, incorpórese. Jack se enderezó intuitivamente y abrió los ojos sin que Julia le hubiera dado permiso aún.
Perdona, Julia, lo siento, balbuceó obviando completamente la mirada de odio que le dirigía el líder, centrado en la mirada de ella. No pasa nada, tranquilo, fíjate, ¿No notas mi mano?
Sonrió mordiéndose la parte izquierda del labio inferior mientras pronunciaba estas palabras. Jack sentía todavía sus dos manos: levantó la vista y contempló a Julia, radiante, levantando las muñecas y enseñando unas manos translúcidas; unas manos que estaban unidas a su cuerpo pero también junto a las suyas.
Volvió a tumbarse imposiblemente en la silla, cerró los ojos hasta doler y se concentró en las manos de Julia, todavía frías, todavía suyas, todavía ávidas de caricias, todavía con tacto para memorizar.
El líder no lo soportó más, se enfadó, corrió, empujó.
La cabeza de Jack rebotó contra el asfalto. Gimió. Volvió a la consciencia.

Julia estaba segura de estar soñando. Julia siempre tuvo las cosas muy claras. Como si fuera una sesión de cine, varias decenas de fotos circularon por su mente durante un tiempo indeterminado. En todas ellas aparecía Jack, casi nunca solo, casi siempre acompañado de otra gente; a veces otras mujeres. Julia no sentía celos, Julia estaba acostumbrada a provocarlos.
Al llega a una foto en concreto reconoció el paisaje: era una de las calles donde habituaba a pasear con él. Así pues, apareció en esa calle. A lo lejos podía verse a Jack, rodeado de otras mujeres, caminando en dirección contraria a Julia. ¡Jack, Jack, Jack!
No hubo reacción, quiso seguirlo, no pudo. Se va, se va y no me escucha. ¡Jack, Jack, adiós, Jack, adiós! Ninguna respuesta.
Julia hubo de tomar una calle diferente, quizá quería atajar, quizá quería perderse, no lo pensó. Avanzó sin levantar la vista del suelo y cuando quiso darse cuenta tenía a Ernie pegada a ella, justo detrás. No se había acercado en ningún momento, simplemente estaba ahí. Estoy ocupada, lo siento. Acelerar de los pasos, repiqueteo de los tacones, siempre los tacones, siempre suyos. Julia echó a correr y Ernie no, pero no podía escapar de él. Repentinamente vio su casa a lo lejos y esprintó para ganar el portal. Alcanzó el pomo de la puerta y cuando quiso darse cuenta, las llaves de casa sonaron detrás de su oreja izquierda. ¿Necesitas ayuda con esto?
Sintió su cuerpo mecerse suavemente, una ligera caída, algo mullido rozando su piel.
Abrió los ojos y ahí no estaba él.

Chico ancla


Tim Burton


Había una vez una chica
que venía de la mar.
Y había tan sólo un sitio
donde ella quisiera estar.
Con un tal Paquito Serra
que tocaba en un conjunto.
Por él se iría a la tierra
y dejaría el océano.

Porque él sólo y sólo él
le había quitado la calma.
Y por eso ella quería
robarle a Paquito el alma.

Pero jamás en la vida
hubo entre ellos conexión.
Ella iba a la deriva
por el mundo, solitaria.

Ella intentó aparecérsele
feliz, luego triste y trágica;
trató el sexo y el horóscopo
y hasta una pócima mágica.

Mas nada podía juntarlos,
excepto - quizá, no sé -
algo que anclara sus almas...
Y tuvieron un bebé.

Para el parto utilizaron
grúa, cincel y barrena:
el cordón umbilical
era una gruesa cadena.

Era feo y tenebroso,
duro como un cigüeñal.
No tenía la piel rosada
sino vil y gris metal.

El bebé, que suponían
los iba a juntar muy juntos,
en realidad los volvió
adustos y cejijuntos.

Aprovechando una gira,
se largó Paquito Serra.
Y a partir de ese momento
se quedó a vivir en tierra.

Con su niño (un ancla gris)
ella sola se quedó.
Él se volvió tan pesado
que con el tiempo la hundió.


Mientras se hundía hasta el fondo
sin sus sueños realizar,
eran ella sola y su hijo...
y los peces de la mar.

Próximamente (término relativo) en ''No desperteis a los muertos''...

''¡No sigas por ahí!''. Freud, un koala, el demiurgo del blog y servidor.

Un proyecto que seguramente se hundirá antes de salir del puerto.

Noticias si eso.

lunes, 25 de octubre de 2010

Mods

Mi vida se reduce a exámenes y mods de Rome Total War. Me estoy bajando uno que empieza en 1492, ya le diré a mi señor padre qué tal es.

Surprise, surprise, a la seño que vais.

Wikileaks es un arma de doble filo. Que exista me hace recuperar la fe en la raza humana, pero que haga falta este tipo de webs hace que la vuelva a perder. Echadle un ojo, es tan esperanzador como deprimente.

sábado, 23 de octubre de 2010

Mensaje para Tomás

Este blog es como un gran post it para mi, acostumbraos.

''Tomás, el castillo no existe aunque todas las piedras esten colocadas en forma de castilllo. Solo que no y además tampoco.''

Hala.

P.D Hola Buenafuente. Se que estas leyendo esto.

Espesor

¿Dónde está la cámara?

La ministra de salud tiene una power balance, la de cultura es la guionista de ''Mentiras y gordas'' y Aznar, nuestro querido negacionista, ahora está a la cabeza de un consejo contra el cambio climático.

Decidme que es una broma. Decidme que todo esto es una puta broma.

viernes, 22 de octubre de 2010

El árbol lejano

Enyd Bliton

"No podemos..."
...dijo Seda con súbita tristeza.
"¿Por qué no", gritó Jo sorprendida. "¿Acaso no es ésta la tierra de Haz lo que quieras?"
"Sí", dijo Seda. "Pero es hora de volver al árbol lejano. Esta tierra pronto se trasladará... y, aunque es bella, no podemos vivir aquí para siempre."
"¡Dios mío no!", dijo Jo. "Nuestros padres no podrían estar sin nosotros..."

jueves, 21 de octubre de 2010

Sueños de media hora

En la media hora entre que me despierto y me vuelvo a despertar, de las 6:45 a las 7:15, llevo unos días soñando: Jesús Tusón y la normalización lingüística, un mexicano que intenta matarme y al qeu arrojo una niña repelente.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Universo elegante

''Juntaos todos, para hacer la foto''. Forzar el recuerdo, violar la realidad hasta romperle todos los huesos del culo (esta es una sub idea, un regalito).

Juntar a un grupo de personas que en ese momento no se encuentran juntas para colocarlas en un lugar en el que no estaban, todas juntitas. ''Sonreid'', esa ya es la guinda, ¿Para que tanto fingir?, ¿Qué clase de recuerdo es el buscas?, ¿Uno que no sucedió nunca?

Esta es la idea, la idea de crear recuerdos. Como un álbum. Una vida creada por ti mismo. Una manualidad. Aferrarte a esas fotos como lo que te justifica.

Por eso en todas las fotos de grupo, en todas las fotos en las que me obligan a posar. Me saco un poco el pene, crear un elemento discordante, algo que no debería estar ahí. Bienvenidos al mundo de la entropía. Sonreid

La respuesta a la pregunta ¿Me voy a comprar la 3DS?

No tengo la ds, ni la wii... y de hecho, soy seguero (para los que no os criasteis en los ochenta y tampoco sois yo, SEGA y nintendo son compañias antagónicas... de las cuales solo sobrevivió nintendo*). Pero es que no se puede ser mas grande.



He tenido un nerdgasmo y no tengo ni puta idea de japonés. Una entrada es lo menos que se merecen.

*Si, lo sé, SEGA sigue viva. Pero no es mi SEGA, ya no.

901

¿Cuándo habiamos llegado al hombre artificial? el que, siendo todo uno con los productos y las situaciones, es inexistente porque ya no se roza con nada, ya no se relaciona con lo que está a su alrededor, sino que se limita a "funcionar" abstractamente. Los vehiculos son un claro reflejo de eso, un cascote dentro de la cual no hay nada, no hay nadie. Odio caminar.

Tengo metabolismo, por lo cual puedo meterme en la categoría de ser vivo sin muchos apuros, pero ¿existo?. ''Cogito ergo sum'' decía Descartes y se lavó las manos, ese es el tablón al que estoy agarrado ahora mismo. Sé que és solo eso, un tablón para defenderse el miedo a no ser. ¿Dónde está el yo?. Está empezando a entrar demasiada agua.

Debería comprobar si soy mi propio abuelo.

Porque a veces se acercan las 2 y sin escribir no hay dormir.

Sombra azul y ceguera. Completa aleatoriedad. La tarde envejece y la noche es llamada la joven, que a pesar de su corta edad sabe que va a despuntar en día. Sigo en el preludio y, como no me apetece soñar, postergo ligeramente mi vigilia, quizá duermevela, quizá simplemente los ojos sin cerrar.
Son unos días lluviosos y fríos y alegres porque la gente se activa y castañean sus dientes y se aferran unos a otros al tener el más mínimo pretexto. Es dulce ver a la gente abrazándose y me gusta la dulzura del frío. El frío se relaciona con los colores llamados redundantemente fríos; los apagados. Los azules, los grises. Todos completamente deliciosos, todos suaves, discretos, sobrios. Entonces yo me dejo arropar por el frío, lo dejo abrazarme y juntos somos dulces, nos cubrimos de azul y de ceguera autoinducida y entonces, con los párpados cerrados, todavía pueden verse pequeños puntitos de colores tan indefinidos como aleatorios. Pero llegados a este momento, ya llevo un rato ciego y cubierto de azul y no hay frío que me separe del sueño, sólo mi propia terquedad.
Así que quiero dormir pero no quiero dormir y no hay manera de evitar pensar en algo si no puedes tener la mente en blanco. Y qué poético si no se te ocurre nada más que pensar en quien te quita el sueño. Qué padecimiento más gris, más sobrio, más azucarado. Qué humano y qué imbécil, quizá dos términos indisolubles.
Así que me dicen que no soy animal porque soy capaz de pensar, de usar la lógica, de razonar. Yo lo creo y me voy a dormir tranquilo y sereno; pero levantándome sobresaltado en mitad de la noche o del día finlandés descubro en mí una creciente necesidad de rechazar mi racionalidad, de que quien me ha quitado el sueño se lance desde un octavo piso y yo pueda estar debajo para agarrarla con mis brazos, no para subirle las sábanas hasta el cuello con suavidad y desearle buenas noches, sino para salvar su vida y ganarme su favor, aunque me rompa un brazo o dos y tenga que sufrir ligeramente por ello. De que le pongan aparatos dentales a una edad demasiado avanzada y yo pueda acercarme a ella y confesarle que no me importa en absoluto, que con hierros o sin ellos va a seguir quitándome el sueño. De que me confiese un terrible secreto inaceptable y que yo pueda amarla hasta las circunstancias y saltar el obstáculo como si de un charco se tratara. Pero nada de ello ocurre. No tengo la oportunidad de demostrar que puedo ser racionalmente irracional y simplemente puedo ser impotente y esperar.
“This is for lovers” o “True love will never fade” se atreven a cantar algunos músicos que ya nunca volverán viejos. Yo los escucho atentamente y no les pregunto nada porque no me pueden oír. Sigo ciego, sigo azul, sigo apagado y poético y soñoliento y mi temperatura corporal apenas está en 35.5 grados, así que si viniera a despertarme personalmente me notaría frío, aunque al estar a mi lado no podría notarme distante. Pero no va a venir porque ella duerme y yo estoy despierto y ella quizá sueña y quizá yo también, porque siempre me queda el soñar despierto.
El color azul se endereza la corbata y me mira por encima del hombro. Dice que me estoy volviendo rojo, que estoy olvidando aquellos tiempos en los que solíamos salir juntos y bebíamos en vaso de tubo hasta la saciedad, sin nunca un paso en falso, un vómito en la oscuridad. Le pido perdón mediante el lenguaje de signos y apenas me entiende. Se acerca a mí preocupado, por los viejos tiempos, y con una puta voz dulcísima me pregunta qué me pasa.
Lo siento, le gesticulo, es que he perdido la fe en las palabras.

martes, 19 de octubre de 2010

La muerte del ego

El cambio auditivo me está jodiendo más de lo que espeba y a más niveles de los que temía. Parece como si el "yo" fuera una proyección de ida y vuelta en relación a las circunstancias que rodean al emisor.

Tengo miedo de no ser más que mi percepción.

La cita de Emily Dickinson

"Ama a tus enemigos... sólo por si tus amigos se convierten en una panda de cabrones."

Mummy's back

Y tiene, sin saber muy bien por qué, un seis en catalán.
Maldito comienzo de curso.

Porque a veces llega la 1 de la noche y yo tengo ganas de escribir.

Deduzco el color de su vestido porque al cruzar el umbral siento que el aire es de mediados de diciembre, a pesar que apenas terminamos octubre. El vestido es morado y el morado es su color, ella no se lo pone para mí pero yo se lo agradezco de todas formas. Caminamos y caminamos y discutimos sobre si el amor es el motor del mundo, si las crisis existenciales están justificadas, si podría existir el amor sin el odio o si una vida humana es inútil en caso de no hacer nada para remediarlo. Discutimos acaloradamente y me niega la razón, yo tomo conciencia y echo el reciclado en su correspondiente contenedor. Ella me da su aprobación pero sigue negándome la razón. No es competitiva, no es egoísta, simplemente quiere tener la razón.
Los valses suelen tener un ritmo ternario y no andábamos para nada acompasados sino que parecíamos una cabalgata desordenada y con muy poco público al que contentar. Nuestras voces convergían y no entendíamos nada de lo que pronunciaba el otro, ni nos importaba, ni nos sonreía el clima cuando de golpe se puso a llover y ella traía un paraguas morado, también, que aunque no lo llevara para mí yo se lo agradecí de todas formas. Entonces se empeñó en llover y aguantamos bajo el paraguas a que no amainara durante toda la noche, aunque nos entraron unas ganas enormes de tumbarnos en medio del asfalto y dormirnos mientras escuchábamos el repiquetear de las gotas sobre las chaquetas de cuero de los demás transeúntes, no lo hicimos. Nos quedamos muy juntitos, sin tocarnos, yo mirándola hasta que me escocieron los ojos, ella gesticulando y desgañitándose y desgañitada, puesto que se había quedado ronca de tanto levantarme la voz.
Tras horas de lluvia y amaine decidí darle la razón, no porque la tuviera, sino porque la merecía debido a su insistencia. Así se lo hice saber y entonces no la quiso, me la envolvió junto al paraguas recién apagado, como la luz del comer de donde vinimos, y me animó a metérmelo junto a la razón por el conducto anal. Se fue de mi lado enfurruñada, si se puede estar al lado de alguien sin estar junto a él, y me hizo entender mediante signos que no quería saber absolutamente nada de mí. La seguí con palabras de amor y olvido en mi lengua, corriendo para alcanzar sus zancadas de un número 38. Coloqué la mano derecha sobre su hombro y me soltó un revés de izquierdas que me quitó el frío de golpe, ardiendo mi mejilla como las colegialas cuando hablan discretamente sobre su nuevo amor. Sorprendida, se miró la mano, me miró la mejilla, se miró la mano y se echó a reír con fuerza, cerrando los ojos y reteniendo mentalmente la visión de varios dedos sobre un fondo color carne. Me eché a reír yo también y esperé con victimismo a que me llegara la amnistía en forma de beso reconciliador.
La amnistía llegó y entonces los labios se volvieron calientes y sólo una mejilla quedó conjuntada con el frío y la humedad que queda después de la lluvia. Sin embargo, ella seguía vestida de morado, ahora sin paraguas, ahora colocándose los cabellos detrás de la oreja para que no hubiera nada entre sus labios y mis labios.
Otra vez amigos, otra vez como dos vidas útiles, otra vez moviendo el mundo deshicimos el camino hacia casa y volvimos a cruzar el umbral, esta vez en sentido contrario. Otra vez llegamos al comedor y me echó la bronca porque me había dejado la luz abierta, porque soy un inconsciente que no pienso en el medio ambiente y por culpa de la gente como yo el planeta está como esta. Otra vez cerré la luz y nos quedamos a oscuras, y otra vez pensé que sería un buen momento para reconciliarnos con algún besito y quizá algo más, pero otra vez ella abrió la luz y me dijo que daba igual la puta luz, que sin mí el planeta no estaría tan lleno.
Y le quité el vestido morado que tanto me gustaba otra vez.

lunes, 18 de octubre de 2010

Quejas en general.

Ir a un club de jazz con otitis es lo mas cercano al infierno de lo que he estado nunca. Mi ego es mucho mas frágil de lo que Jack cree. Rhinomer fuerza tres no es algo que utilizar en una reunión social, sobretodo si nunca has usado rhinomer. Bobobo era una gran serie, no sé porque la quitaron. Pepito grillo está dentro de mí y lleva silbando desde esta mañana. Alpha protocol ha vendido 22 veces menos (calculado) que Dragon age aún siendo mucho mejor juego, nota mental, la gente consigue lo que paga no lo que pide. Nunca entenderé porqué he estado esperando una hora y media a ser atendido en un lugar al que llaman urgencias. Mi gato ha decidido hacerme un regalo esta mañana, una pelota, hecha con su pelo. ¿De dónde salen esa agradable pandilla masturbadores autistas que pueblan los comentarios de youtube? ¿Dónde estában escondidos todos estos seres humanos tan destructivos?. Se supone que un oído enfermo impide la buena recepción de sonidos, no magnifica los infrasonidos hasta límites ridículos, no voy a luchar contra el crímen si no puedo dormir con tranquilidad.

¿Por qué escribo si no tengo nada que decir?

Buenas noches.

If you've lost your faith in love and music the end won't be long.

¿Has perdido de verdad tú fe en el amor y la música?
No, todavía me pongo los cascos al llegar a casa por la tarde y todavía, a veces, pienso que algunas canciones son realmente mágicas.

No es ni siquiera un escrito, un microrrelato, un post musical. Es una necesidad de escribir con resultado infructuoso.



PS: ¿Cómo coño se dejaban los comentarios? De golpe no sé hacerlo. Nadie, no era una crítica a ti, si eso es lo que has pensado, ni se me había pasado por la cabeza que pudiera tener algo que ver contigo xD

Otitis

Fiesta de bacterias en mi oído. ESTAIS TODAS INVITADAS.

domingo, 17 de octubre de 2010

La hora 25 - Constant V. Gheorghiu

Libro Quinto


123
Traian Koruga escribía incansablemente. Iohann Moritz, a su lado, contemplaba cómo sostenía el lápiz con los dedos apretados y cómo iba trazando las letras, despacio y minuciosamente, como si fuera ensartando perlas.
Moritz no había tenido nunca paciencia para escribir. No le gustaba. Pero se sentía capaz de contemplar horas y horas, sin aburrirse un solo instante, cómo Traian Koruga escribía.
Pensaba que cuando él escribía era como si estuviera rogando ante los iconos. Y al verle, se olvidaba que estaba prisionero. Dejaban de verse sus pies descalzos, su rostro mal afeitado y los rotos de sus pantalones. Cuando escribía, Traian Koruga era un señor. Y ante él se sentían deseos de quitarse el sombrero y hablar a media voz.
-¿Has oído hablar de los encantadores de serpientes? -preguntó Traian, interrumpiéndose.
-Sí -dijo Moritz.
-Daniel permaneció en la fosa de los leones y éstos no le devoraron -dijo Traian-. Por el contrario, él les amansó. Los hombres pueden encantar serpientes y amansar leones. Mussolini tenía dos tigres en su despacho. Los había domesticado. Los hombres pueden domar a todos los animales salvajes. Pero desde hace algún tiempo, una especie nueva de animal ha aparecido en la superficie del Globo. Esa especie tiene un nombre: "Ciudadano". No vive en los bosques ni en la selva virgen, sino en los despachos. Sin embargo, es más cruel que cualquier animal salvaje de la selva. Han nacido del cruzamiento del hombre con la máquina. Son de especie bastarda, y, sin embargo, componen la raza actualmente más poderosa en la superficie de la tierra. Su rostro se parece al de los hombres, tanto, que con frecuencia se llega a confundirlos con ellos. Pero poco después se da uno cuenta de que no se comportan como hombres, sino como máquinas. En lugar de corazón tienen cronómetros y su cerebro es un engranaje. No son máquinas, pero tampoco hombres. Sus deseos son los de los animales salvajes. Así son los Ciudadanos... Extraño cruzamiento que ha invadido el mundo entero.
Iohann Moritz trató de imaginarse a los Ciudadanos. Pero sin lograrlo. Por espacio de unos instantes pensó en Marcu Goldenberg. Pero Traian volvió a hablar y sus palabras alejaron el recuerdo de Marcu.
-Soy escritor -dijo Traian-. En mi opinión, un escritor es un domador. Mostrando a los seres humanos la Belleza, es decir, la Verdad, se logra amansarlos. Pero yo quiero domar a los Ciudadanos. Comencé a escribir un libro y llegué al capítulo quinto. Pero luego los Ciudadanos me hicieron cautivo y ya no pude escribir más. Y el capítulo quinto se quedó sin comenzar. Pero ahora ya no tengo razón alguna para escribirlo. No volveré a publicar libros. Y en vez del capítulo quinto quiero escribir algo capaz de domar a los Ciudadanos. Si logro hacerlo, moriré con el alma en paz. Voy a leerte lo que escribo. No será una novela. Ni una pieza de teatro. Los ciudadanos no gustan de la literatura. Para amansarles, escribo en el último género que admiten. Son "Peticiones". Los ciudadanos no tienen tiempo para perderlo con novelas, dramas o piezas. No leen más que Peticiones.


124

"Petición número 1".- Tema económico: "Materias grasas".
Decidido a remitirles muchas peticiones, comienzo por un asunto económico. Sé que la Civilización técnica está construida sobre bases y fundamentos materialistas. La Economía es el Evangelio de ustedes. No tengo nada que objetar. Personalmente confesaré que soy escritor y que cada escritor es, ante todo, un "testigo".
La primera cualidad requerida para ser testigo es la imparcialidad. Por lo tanto, mis Peticiones serán testimonios de Verdad.
El problema que voy a exponer me parece particularmente importante: se trata de materias grasas.
Supongo que está usted al corriente de la penuria de materias grasas que sufre el Universo actual. Cuando llegué al campo, los prisioneros dormían tendidos en el suelo, uno al lado de otro. Sólo con dificultad hallé un sitio donde tenderme. Acababa de salir de la cárcel y estaba muy cansado. Los terrenos que rodeaban el campo me parecían muy grandes, y no comprendí por qué habían limitado ustedes hasta tal punto la superficie.
Las quince mil personas que se hallan en el campo parecen pegadas unas a otras. De pie, queda aún un poco de sitio. Pero al acostarse, el espacio es tan reducido, que se amontonanunas encima de otras. De mí, puedo decir que no me fue posible extender las piernas en toda la noche. Los que se hallaban a mi alrededor ponían sus pies en mi cabeza constantemente. Como esos pies estaban muy calientes y me cubrieron el cuerpo durante toda la noche, no tuve frío.
Creo saber ahora por qué limitaron ustedes el espacio: porque los prisioneros pisoteaban la hierba con los pies, y ustedes querían economizar la que crece en los campos. La hierba cuesta cara. Hubiera sido una lástima pisotearla inútilmente. Es mucho mejor que se la coma una vaca, pues la vaca da leche. Los prisioneros, en cambio, no dan nada.
Por otra parte, de haber hecho el recinto más ancho habrían necesitado mayor cantidad de alambre de espino. El espino artificial es caro y no valía la pena gastar mucho con el solo fin de que los prisioneros tuvieran más espacio y pudieran dormir cómodamente.
Además, en cuanto haga frío y llegue la estación de las lluvias, la mayoría de los prisioneros se morirán. Otros se morirán antes, y los que queden con vida tendrán así el espacio necesario para extender sus pies. Creo que tuvieron en cuenta ustedes tal detalle cuando construyeron el campo. No puedo hacer otra cosa que inclinarme ante el rigor científico de sus previsiones.
Ayer, antes de dormirme, estuve escuchando una conferencia. El conferenciante, que se decía profesor de la Universidad de Berlín, nos habló de las materias grasas. Y respecto a esta conferencia, voy a tratar en la presente petición.
El profesor ha contado diariamente las judías contenidas en el rancho que comemos en el campo.
Ha contado durante treinta días, mañana y tarde, todas las judías contenidas en su plato. Luego ha sumado todo ello, sacando finalmente un promedio. Afirma, en consecuencia, que un prisionero recibe diez judías por día, en ambas comidas. Los ayudantes del profesor han contado también las judías contenidas en sus platos corroborando la exactitud del cálculo.
Luego el profesor ha contado las peladuras de las patatas, calculando la cantidad de harina contenida en el rancho. Debido a la circusntancia de no poder entrar en la cocina, este último cálculo ha sido, naturalemente, aproximado.
Saben ustedes, igual que yo, que los alemanes son muy rígidos en cuestiones matemáticas. Por lo tanto, es de suponer que las judías se contaron con toda exctitud. Los germanos son pacientes y escrupulosos. Después de los treinta días de comedida labor, el profesor ha acabado su estudio, dándonos una conferencia, apreciada por el auditorio en su justo valor. Los alemanes gustan de escuchar conferencias, aunque se refieran a los temas más diversos. Es un hábito que data de la Edad Media. Después de explicar cómo había logrado contar las judías diariamente, pasando el rancho por un fino tamiz, el profesor ha confesado la cifra exacta de calorías contenidas en cada judía. No recuerdo la cifra exacta. Luego ha calculado el número de calorías contenidas en diez judías, añadiendo el número de calorías de las patatas y de la harina, que los prisioneros no perciben jamás en su rancho, pero cuya existencia no sabría poner en duda el profesor. Y ha concluido declarando que cada prisionero del campo recibe por término medio quinientas calorías diarias. Algunas veces recibe, en realidad, bastantes menos. Ha ocurrido que a veces ni siquiera el profesor ha encontrado una sola judía en el rancho. Pero otros, en cambio, han hallado hasta quince y algunas veces dieciocho. El promedio es, por tanto, exacto.
Los prisioneros del campo no duermen todo el día. Sin embargo, el profesor ha establecido sus cálculos como si los prisioneros consumieran despiertos un número igual de calorías al que necesitarían si pasaran todo el día durmiendo. Mil calorías es el mínimo.
Los prisioneros reciben quinientas calorías en judías. Las quinientas que consumen de más tienen que extraerlas de sus propias reservas de grasa, es decir, del capital acumulado en su cuerpo. Y al extraer cada día quinientas calorías de la reserva con que habían llegado al campo, resulta que los prisioneros adelgazan seis libras por mes.
Todo, naturalemente, en promedio. El profesor pesó por sus propias manos a los prisioneros con balanzas y pesos improvisados. Parece, sin embargo, que los instrumentos eran bastante exactos. Sumando las seis libras, es decir, los tres kilos de grada que cada prisionero pierde al transformarlos en calorías, resulta que sólo en este campo de Ohrdruf, puesto bajo la competente dirección de usted, se pierden mensualmente cuarenta y cinco mil kilos de materias grasas. Cada mes, cinco vagones repletos de materias grasas se van del campo. La grasa se desvanece con el aire. Calcule usted mismo la pérdida que de eso resulta. No soy economista y no sabría decirle sugerirle a usted ninguna solución, sin embargo, estoy convencido de que, gracias a los medios técnicos de que disponen, podrían ustedes utilizar en su provecho esa grasa viva. ¿Por qué dejar que se pierda?
Tal es el objeto de mi petición.
Estoy seguro de que sabrá usted comprenderme, Pertenece a la rama más evolucionada de la Civilización técnica y acaso pueda usted mandar un informe a este respecto a la Academia de Ciencias de su país.
Es un acto de barbarie dejar que se pierdan así cuarenta y cinco mil kilos de grasa mensualmente. Tienen ustedes otros campos. Creo saber que sólo en Alemania existen algunos centenares. Podrían ustedes tener montañas de grasa fresca diariamente.
Después de haber escuchado la conferencia del profesor de Berlín, cada vez que husmeo el aire descubro que huele a grasa humana.
Su campo es una prensa gigante que extrae la grasa de los prisioneros. ¿No percibe usted ese olor de grasa cuando tiene abierta la ventana de su despacho? Hasta nuestras ropas deben de estar impregnadas. Tenga la amabilidad de preguntarle a su esposa, o a aquella al lado de quien duerma cada noche, si su pelo y su piel no huelen a grasa humano cuando se acuesta usted junto a ella. Las mujeres poseen un olfato más fino que el nuestro. Ella se lo dirá, seguramente. En cuanto a mí, el solo pensamiento me produce angustia, náuseas... Reciba mis saludos y la seguridad de hallar siempre en mí un gran admirador de la Civilización que usted representa. Estoy completamente seguro de que gracias a los recursos y los medios técnicos de que disponen ustedes, podrán utilizar toda esa grasa. (Y no olvide que yo mismo le ofrezco tres kilos por mes de mi propio cuerpo.)
"El testigo."


125

"Petición número 2" - Tema estético: "El ideal de la belleza humana en la Sociedad Técnica Occidental".
El otro día discutí sobre el tema de Estética con un profesor alemán. Y las palabras se fueron encadenando hasta degenerar en una verdadera disputa. Los alemanes, como los demás europeos, siguen aferrados al clasicismo. Esa es la causa de que la sociedad se haya derrumbado. Una sociedad sana y evolutiva como la de ustedes posee un arte moderno.
El profesor alemán me mostró a los prisioneros que se paseaban por la explanada del campo y que sólo tienen -como usted sabe muy bien- la piel y los huesos. El profesor me dijo que eran feos. ¿Por qué? Pues sólo porque no llenaban los cánones de la belleza griega. Yo no compartí su convicción. Para mí, los hombres reducidos a su esqueleto y piel son soberbios y constituyen verdaderas obras de arte vivas.
Traté de convencer al alemán de que la sociedad de ustedes aprecia lo Bello hasta un punto jamás alcanzado por ninguna sociedad hasta nuestros días, y que si practican la extracción de la grasa de los cuerpos humanos, es con fines puramente estéticos, para embellecer al Universo. No me comprendió. Los alemanes son tarods en comprender. Por ese motivo les dicen que tienen la cabeza cuadrada.
Mañana daré una conferencia sobre la belleza humana en el Occidente moderno.
Existe un escultor suizo, Alberto Giacometti, que realiza en el campo de la escultura los mismos principios y el mismo ideal de belleza masculina y femenina que ustedes realizan en la práctica haciendo desaparecer la grasa y la carne del cuerpo humano. Trabajando en sus estatuas se esfuerza en eliminar la grasa, tanto del cuerpo humano como del espacio.
El cuerpo queda reducido así a una sola dimensión, adquiriendo las formas alargadas y áridas de un alambre.
Ustedes hacen lo mismo en el campo. Y sé que desde siempre su civilización se ha basado en principios estéticos.
Y cuando, mañana, toda la superficie del Globo esté poblada de hombres con cuerpos armónicos de acuerdo con los nuevos cánones estéticos del arte de Giacometti -y de ustedes-, el Universo respladecerá de belleza.
"El testigo."


126

-Mi querido Moritz -dijo Traian Koruga-. Hasta ahora llevo escritas por lo menos cuarenta peticiones, en las que he querido poner al descubierto la verdad y convencer a los hombres para que no se torturen mutuamente. He puesto unas señas en cada petición pero en vano. He utilizado el estilo jurídico, el estilo diplomático, el estilo telegráfico, el estilo de receta culinaria y el estilo publicitario. Me he mostrado sentimental, vulgar, suplicante y he pedido justicia por todos los medios que la desesperación ponía a mi alcance, pero sin recibir ninguna respuesta.
"Les he dicho las verdades más descarnadas, pero no se han enfadado. Me he arrodillado para escribirles, pero no se han apiadado. Les he insultado groseramente, pero no se han sentido ofendidos. He querido hacerles reír o excitar su curiosidad, pero inútilmente. No he logrado despertar en ellos grandes sentimientos ni apetitos vulgares, No he podido provocar la menor reacción y mejor habría hecho hablándoles de las piedras. No tienen sentimientos. No saben odiar ni vengarse. La piedad es algo extraño en ellos; trabajan automáticamente e ignoran todo lo que no está escrito en el programa. Podría arrancarme un jirón de piel y escribir en él una petición con mi sangre todavía caliente, y estoy seguro de que ni siquiera la leerían. La arrojarían a la papelera, como han hecho con las demás. Ni siquiera verían que era un jirón de mi piel, escrito con mi sangre todavía caliente. El hombre les es completamente indiferente. Es la suya la indiferencia del Ciudadano ante el hombre, la indiferencia que ha terminado por sobrepasar la de las máquinas.
-¡Pobre señor Traian! -dijo Iohann Moritz compasivo-. ¿Qué intenciones tiene usted? Mi opinión es que sería mucho mejor que no siguiera escribiendo.
-Seguiré -dijo Traian-. Sólo la muerte podrá interrumpirme. Los hombres han logrado domar a todos los animales salvajes. ¿Por qué no vamos a domar nosotros a los Ciudadanos?
-Quizás haya que hacerlo de otra manera -dijo Iohann Moritz-. Escribiendo no alcanzará usted ningún resultado práctico.
-Todas las vistorias del hombre, desde su aparición en la superficie del Globo hasta hoy, han sido victorias del Espíritu. Y gracias al Espíritu, terminaremos por domar a los Ciudadanos, encastillados en sus despachos. Si no llegamos a domarlos, nos harán pedazos.
"Tenemos que habituarles a no desmontar el hombre en piezas apenas lo encuentren. En tanto no les hayamos enseñado eso, no podremos habitar la misma tierra, las mismas ciudades, las mismas casas que ellos. Será mucho más difícil que encantar serpientes o domar leones. Sin embargo, jamás me he sentido tan optimista como hoy. Es sin duda el optimismo del hombre ante la muerte. El espasmo de mi agonía será el capítulo de "Peticiones" de la hora veinticinco.
¡Pero lo escribiré!

127

"Petición número 3." - Tema económico: "Prisioneros que no poseen más que la mitad o el tercio de su cuerpo".
Durante cuatro días, uno de mis amigos, ayudado por mí, ha logrado empadronar a los prisioneros de este campo que no poseen más que la mitad, el tercio o un quinto de su cuerpo.
Mi amigo no ha hecho aún el recuento de sus estadísticas. Es un maniático del cálculo. Pero yo me apresuro a escribirle a usted, ya que el problema me parece urgente desde el punto de vista económico. Así podrán ustedes economizar diariamente algunos millones de marcos por lo menos.
Veamos de qué se trata: Entre los quince mil prisioneros encerrados conmigo, tres mil por lo menos no poseen su cuerpo íntegro. Doscientos carecen de piernas. Se arrastran como reptiles a través del campo. Mil doscientos, no tienen más que una sola pierna, y otros, un solo brazo. Algunos son completamente mancos. Eso en lo que concierne a los miembros exteriores.
Pero gran número han perdido también ciertos órganos interiores: un pulmón, un riñón, fragmentos de huesos, etc. Cuarenta prisioneros no tienen ojos.
Todos estos individuos fueron detenidos automáticamente al mismo tiempo que yo. Al principio los compadecí. Mi amigo Iohann Moritz cierra los ojos cada vez que pasa ante los mutilados del campo, pero Iohann Moritz es un primitivo. No comprende que la detención es automática y que desde el momento en que se forma parte de una categoría que debe hallarse encerrada, no puede eludirse la suerte por el simple motivo de carecer de piernas, de ojos, de nariz o de pulmones. La detención automática no prevé excepciones para aquellos que tienen un cuerpo en estado de no funcionamiento, y es justo que así sea. La justicia es para todos sin excepción.
Hay en este campo un profesor que carece de brazos por haberlos perdido en la guerra. Cuando ustedes dieron orden de detener a todos los profesores, no hubiera sido justo ahorrarle la detención a mi amigo por el hecho simple de carecer de brazos. ¿Qué hay en común entre la detención y los brazos? Nada. Si era profesor, tenía que ser detenido al mismo tiempo que todos los de la categoría a la que pertenecía. Es lo que ustedes hicieron. Ustedes no se equivocan, y por eso les admiro tanto. Sería capaz de dar en cualquier momento mi vida, si con ella salvaba esa grande y magnífica Civilización que representan. Son ustedes la Justicia y la Precisión encarnadas.
Pero volvamos a nuestro tema: esas fracciones de hombres a quienes faltan pedazos enteros de carne reciben la misma cantidad de alimentos que los prisioneros en perfecta posesión de su cuerpo. Es una gran injusticia.
Mi propuesta es que tales prisioneros reciban raciones alimenticias proporcionales a la cantidad de cuerpo que aún poseen. El Gobierno de ustedes hace grandes sacrificios para asegurar las raciones de los prisioneros, pero por prisionero debe entenderse un hombre íntegro. Si juntan ustedes los tres mil mutilados y cuentan sus manos, sus pies, sus ojos y sus pulmones, verán que en realidad no necesitan alimentar más que dos mil prisioneros, como máximo.
¿Por qué gastar dinero en alimentar órganos que los prisioneros no poseen? Tal generosidad me parece perfectamente desplazada.
Creo que las autoridades superiores se sentirán satisfechas si les señala el caso. Es posible que llegue a ganarse usted una condecoración. Logrará que el Estado economice una gran cantidad de dinero, y todos sabemos que el dinero es lo único importante. Tal convicción es la que me ha impulsado a dirigirme a usted.
"El testigo."

128

"Petición número 4." - Tema militar: "Cambio de sexo".
El hambre ha operado ciertas transformaciones en los prisioneros del campo. Transformaciones que pueden ser para ustedes de un gran interés militar. He aquí, en pocas palabras, de lo que se trata: los prisioneros detenidos hace tiempo y que han estado viviendo con quinientas calorías diarias, no necesitan ya afeitarse. Hombres que en tiempo normal se afeitaban una o dos veces al día, desde que están en el campo han comenzado a no hacerlo más que una vez cada dos días primero, luego una vez por semana, después dos veces por mes, para terminar dejando de afeitarse. Su barba se ha ido haciendo de día en día más escasa, hasta parecer sólo un vello, que luego ha terminado por desaparecer. Sus rostros se han ido dulcificando hasta convertirse en caras de mujer. Pero eso no ha sido todo. Su voz se ha afeminado también, desarrollándose sus senos hasta alcanzar, en ciertos prisioneros, la talla de los de una muchacha de trece años. Su piel se ha hecho suave y sedosa como la de las mujeres, y sus propios gestos se han convertido en ademanes femeninos. No sé en realidad lo ocurrido con sus órganos sexuales, pero creo que este régimen alimenticio terminará por transformarles completamente en mujeres. Los médicos pretenden que es causa del hambre y "que la privación de alimentos tiene por efecto reducir comsiderablemente, hasta casi detener, las secreciones hormonales de doble función: andrógenas (hormonas machos) y estrógenas (hormonas hembras). Además, el hígado debilitado no puede ejercer ya su función de regulador hormonal. Llega a destruir excesivas hormonas andrógenas pero sigue dejando pasar las hormonas estrógenas. El equilibrio hormonal se rompe y el organismo acaba por revelar y acusar su "aspecto femenino".
Esta comprobación puede tener para la civilización de ustedes una gran importancia militar. Piense con calma quién llenaría el universo si metieran ustedes a todos sus enemigos bárbaros en campos de concentración -como ya han comenzado a hacer- y les dieran solamente algunos centenares de calorías hasta que todos se convirtieran en mujeres. La nación que se hubiera atrevido a ser enemiga de la suya, se quedaría sin varones. Nadie podría declararles a ustedes la guerra. Creo que su gran Estado Mayor debería utilizar ese descubrimiento. Y teniendo en cuenta el espíritu práctico y particularmente inventivo de la Civilización de ustedes, creo que deberían efectuar también la operación inversa: la sobrealimentación de las mujeres de su patria que quieran inscribirse como voluntarias y su transformación en varones. Así podrían acrecentar la mano de obra.
Propongo, por lo tanto, que las raciones de quinientas calorías que se dan a los prisioneros del campo de su digna dirección sean disminuidas. Así se transformarán con mayor rapidez en verdaderas mujeres.
"El testigo."

Almost finished

La atmósfera era definitivamente irreal. Jack se contemplaba a sí mismo en una mezcla de primera y tercera persona. El escenario estaba inacabado: había unas cuantas mesas y sillas de diferentes tamaños, algunas personas y una especie de tarima donde algún líder prometía, posiblemente, salvar el mundo en unos pocos y sencillos pasos. Sin embargo, la sala donde se encontraba todo esto, ya que era decididamente un interior, no tenía límites visibles ni color aproximado.
A su lado y también delante suya estaba Julia. No dos Julias, no dos mujeres iguales, simplemente una, Julia, en dos sitios a la vez. Ambos –Él y la doble Julia- escuchaban con poco interés las promesas del líder. Salvar el mundo, sí. La mayor parte de la atención de Jack estaba centrada en Julia, y la mayor parte de esta mayor parte se concentraba en Julia a su derecha, sentada junto a él. Él había logrado tumbarse en una silla idénticamente igual a la de Julia, todo parecía ir bien.
La miraba a los ojos, qué difícil definir su color, qué poético no saberlo; miraba su pelo, qué rojo, qué original; sus labios, cómo se mueven; sus gestos, libres. Ya no oía al orador y la también oradora Julia contaba cosas sobre ella, su familia, su vida, sus problemas. Sin embargo, los dos sabían que las palabras importaban poco, demasiado poco.
Jack le cogió la mano izquierda, qué fría, y le comió los ojos con los suyos. Mantuvo la mano de Julia junto a la suya, las dos manos juntas, acariciándola sin parar. Julia correspondió, unió su otra mano a las caricias, dos a uno, seguían frías. Jamás algo había importado tan poco.
En medio de tanta infinita ternura Julia desapareció y sólo quedo Julia. Ya no estaba a su derecha, ahora sólo estaba un poco más adelante, unas cuantas hileras de sillas más allá. Cierra los ojos, le susurró la mujer al oído, desde la distancia. Jack obedeció y, sorprendido, descubrió que seguía notando el tacto de sus manos, frías, frías, todavía frías. No los abras todavía, todavía no. Jack los cerró con más fuerza y esperó. Un momento íntimo, un momento especial, pensó. Voy a tratar de no pensar en él, voy a disfrutarlo, voy, voy, voy. Jack trató de parar el tiempo pero no pudo, y en algún momento el líder le llamó la atención: qué hace usted durmiendo, incorpórese. Jack se enderezó intuitivamente y abrió los ojos sin que Julia le hubiera dado permiso aún.
Perdona, Julia, lo siento, balbuceó obviando completamente la mirada de odio que le dirigía el líder, centrado en la mirada de ella. No pasa nada, tranquilo, fíjate, ¿No notas mi mano?
Sonrió mordiéndose la parte izquierda del labio inferior mientras pronunciaba estas palabras. Jack sentía todavía sus dos manos: levantó la vista y contempló a Julia, radiante, levantando las muñecas y enseñando unas manos translúcidas; unas manos que estaban unidas a su cuerpo pero también junto a las suyas.
Volvió a tumbarse imposiblemente en la silla, cerró los ojos hasta doler y se concentró en las manos de Julia, todavía frías, todavía suyas, todavía ávidas de caricias, todavía con tacto para memorizar.
El líder no lo soportó más, se enfadó, corrió, empujó.
La cabeza de Jack rebotó contra el asfalto. Gimió. Volvió a la consciencia.

Julia estaba segura de estar soñando. Julia siempre tuvo las cosas muy claras. Como si fuera una sesión de cine, varias decenas de fotos circularon por su mente durante un tiempo indeterminado. En todas ellas aparecía Jack, casi nunca solo, casi siempre acompañado de otra gente; a veces otras mujeres. Julia no sentía celos, Julia estaba acostumbrada a provocarlos.
Al llega a una foto en concreto reconoció el paisaje: era una de las calles donde habituaba a pasear con él. Así pues, apareció en esa calle. A lo lejos podía verse a Jack, rodeado de otras mujeres, caminando en dirección contraria a Julia. ¡Jack, Jack, Jack!
No hubo reacción, quiso seguirlo, no pudo. Se va, se va y no me escucha. ¡Jack, Jack, adiós, Jack, adiós! Ninguna respuesta.
Julia hubo de tomar una calle diferente, quizá quería atajar, quizá quería perderse, no lo pensó. Avanzó sin levantar la vista del suelo y cuando quiso darse cuenta tenía a Ernie pegada a ella, justo detrás. No se había acercado en ningún momento, simplemente estaba ahí. Estoy ocupada, lo siento. Acelerar de los pasos, repiqueteo de los tacones, siempre los tacones, siempre suyos. Julia echó a correr y Ernie no, pero no podía escapar de él. Repentinamente vio su casa a lo lejos y esprintó para ganar el portal. Alcanzó el pomo de la puerta y cuando quiso darse cuenta, las llaves de casa sonaron detrás de su oreja izquierda. ¿Necesitas ayuda con esto?
Sintió su cuerpo mecerse suavemente, una ligera caída, algo mullido rozando su piel.
Abrió los ojos y ahí no estaba él.

sábado, 16 de octubre de 2010

La pequeña entrada de los horrores: edición diezminutesimal

Me quedan diez minutos para irme a una cena de gente maja a la que no suelo ver, tralalalle.

En fin, en cualquier caso no tengo internet, de manera que tampoco puedo estar seguro de cuándo volveré a publicar.

Enga, dejo a Nadie como sucesor.

Sin PC y sin cerveza...

Pero más sin PC.

P.S.: En realidad, aprovecho el tiempo muerto para escribir un relato otoñal.

Microrrelato XIX

Tom pensó en su lugar feliz mientras era violado por su compañero de celda. Su lugar feliz era esa maldita celda.

Post musical XVI

Lurie y sus Lounge lizards



P.D Ya lo sé, hice uno de Cocorosie, y también sé que una de las reglas no escritas de los posts musicales es no repetir nunca grupo. Pero fuck it, esta canción tenia que subirla.

La columna del odio: breve y sorprendentemente racional

Odio los globos. Cada uno de ellos está dotado de la capacidad de darme un pequeño susto. Solo eso. Existen únicamente para explotar de manera inesperada.

¿Quien demonios tuvo la idea de darles un uso festivo?

Seas quien seas, sé que estas leyendo esto. Te odio, a ti y a tus pequeños vástagos explosivos.

viernes, 15 de octubre de 2010

El koala

Tuve una idea para un reality show ayer. El espectáculo consiste en encerrar a diez personas en un enorme almacén industrial, cerrado a cal y canto, a excepción de un ventilador enorme en el techo para asegurar una buena ventilación, sospecho que el almacén contenía substancias altamente volatiles anteriormente, pero ahora eso poco importa. Encerrar a ese grupo de gente con un koala, todos tienen asientos propios, incluso el koala tiene su propia sección de rama de eucalipto para su uso y disfrute.

Ninguno de ellos sabe como ha llegado a esa habitación, saben que han firmado un bloque de papeles para cierto programa, pero el como han llegado ahí es un misterio. Supongo que les acompañarían con un furgón de esos que usaba la CIA para secuestrar periodistas, pero esto tampoco importa, lo que importa es que ninguno sabe como ha llegado ahí, tampoco el koala lo sabe.

Sería una grabación ininterrumpida de 24 horas, sin comida ni agua. El concepto básico del programa es observar las relaciones entre los presos, ver como buscan una salida, como buscan sustento...

Todo esto bajo la atenta mirada del koala.

miércoles, 13 de octubre de 2010

¿Por qué Carlos II era estéril?

Porque sus abuelos jugaban a ''Austrias, austrias y viceversa''

martes, 12 de octubre de 2010

Daddy's back

El nivel más bajo del indie es defender el número dos de los 40 principales

lunes, 11 de octubre de 2010

Chuc, chuc, chuuuuuuuuc.

En una estación de tren alejada de cualquier núcleo urbano, sentado sobre el andén, las piernas colgando a pocos centímetros de las vías vacías, las muñecas apoyadas sobre el suelo, abiertas, los brazos echados hacia atrás. Las piernas se balancean, el tren no viene. La cabeza inclinada, los ojos hacia el cielo, una gota.
Dos, tres, cuatro gotas. Empieza a llover. Llueve mucho, muchísimo. Mojado. Empapado. Sumergido. Aún así, nada cambia; la misma posición.
Y por supuesto el tren sigue sin venir. No parece que tenga intención de hacerlo: quizá ha sufrido alguna clase de incidente; quizá no sea la hora, quizá queden muchas; quizá sea festivo; quizá simplemente nunca hubo ningún tren. Inseguridad.
El tiempo se desliza muy suavemente. El clima no importa, la lluvia torrencial es tan silenciosa que incluso se oyen los engranajes mentales al girar: “Es irracional, completamente irracional…”
Los tríceps se tensan, las deportivas mojadas golpean el andén. La cabeza se remueve perrunamente, el agua salpica el agua. Ésta se esparce todavía más por las gafas al tratar de ser expulsada. Las gafas son de sol. Qué incoherencia. Pobres gafas, están llorando.
Los pasos van volviéndose inaudibles, como la lluvia. Cada vez hay más espacio entre el andén y las deportivas. Llegados a un cierto momento, sólo pueden oírse las siguientes palabras: “Pude decir por qué me atraía, pude hablar de su físico, de su inteligencia, de su moral; pero cuando quise quererla, tuve que aceptar que era completamente irracional.”
Ya no hay pasos, ya no hay lluvia, ya no hay palabras. Sólo un andén, unas vías, una sombra de lo que fue.
Y, a lo lejos, puede verse el tren, parado, quietísimo. Completamente estático.
Quizá ni siquiera fue nunca un tren.

sábado, 9 de octubre de 2010

Efemérides

Hoy cumpliría 70 años John Lennon.

El alfabeto coreano, pues también.

El calendario gregoriano: la noche del jueves 4 de octubre dio paso al viernes 15 de octubre, por lo cual el 9 de octubre de 1582 nunca existió.

jueves, 7 de octubre de 2010

martes, 5 de octubre de 2010

Verónica.

Veronique vivía en Francia. No en París, llamada la ciudad de la luz o del amor, sino en Marsella, junto al Mediterráneo, que es una ciudad como otra cualquiera.
Una vez le pidieron que expresara su idea de felicidad. Veronique respondió que la felicidad es justo el momento en el que estás lo suficientemente dormido como para poder decir que estás despierto. Luego elucubró más y llegó a la conclusión que felicidad también eran las charlas con el gato de Cheshire, los viernes después de clase, los envoltorios de regalo aún sin abrir y las sonrisas de los chicos más encantadores.
Luego los que habían inquirido tales respuestas comenzaron a avasallarla con discursos sobre metafísica, parafraseando a millones de filósofos famosos: “T dijo que no sé puede ser feliz desde el momento en que piensas en la felicidad”, “X pensaba que la felicidad estaba en el pasado y en el futuro, nunca en el presente”, “Pues Z opinaba que sólo dando la vuelta a la tristeza se puede llegar a la felicidad”.
Entonces Veronique se cansó de tanta verborrea sin sentido y los despachó a todos. Se sentó sola, en una silla de madera incómoda, y recapacitó sobre lo oído. A ella no le importaba qué dijeran esos barbudos sabihondos. Veronique se sentía feliz justo el momento en el que estás lo suficientemente dormido como para poder decir que estás despierto, cuando conversas con el gato, abres los regalos, sonríes cándidamente.
Veronique se decidió por fin. Se levantó de la silla y abrió un cajón de su escritorio. El gato maulló a modo de saludo y se colocó sobre su regazo. Veronique se interesó por su estado de salud y tras varias preguntas triviales ya estaba feliz, conversando con él. Todas las palabras de los sabios habían desaparecido y sólo quedaba la ignorancia, tan simple y placentera como la duermevela, los regalos abiertos, los dientes incipientes.

A la luz de las catedrales, V: La oposición de Bernardo de Claraval

Philippe Messer


Esta visión optimista del hombre no era compartida por todos. Una oposición virulenta nacerá en el seno mismo de la Iglesia, por la acción de Bernardo de Claraval. Éste llega al monasterio de Cîteaux en 1112 con una trentena de amigos, “clérigos letrados y de alto linaje, laicos poderosos en el siglo y no menos nobles”. Este hijo de señor dará un gran impulso a la extensión del orden cisterciense.

De hecho, Bernardo de Claraval introdujo el espíritu de la caballería entre los cistercienses. Salido de la aristocracia militar, considera el orden feudal como perfecto, pues es querido por Dios. Es normal a sus ojos que los caballeros ordenen y que los otros dispongan –es su interpretación muy personal de la jerarquía celeste. Así, Cîteaux encarna perfectamente, en el seno de una comunidad, la estructura social feudal. Se divide en dos clases: los monjes de coro y los conversos.

Los primeros vienen del mundo de los señores, del clergado y de la caballería. Su educación está hecha y así, incluso si trabajan (un poco) con sus manos, están predispuestos a participar en la celebración litúrgica.

Los segundos provienen de las clases bajas del campesinado. Son considerados como rústicos y están destinados a seguir siéndolo.

Estas dos clases están bien definidas y separadas. El historiados Georges Duby, admirador de san Bernardo, describe el universo de los conversos de la manera siguiente: “Los conversos están situados a parte; tienen su propio dormitorio, la sala donde comen, en el suelo, cerca de las bodegas. Muros sin aperturas aislan su espacio del de los monges de coro. Deben deslizarse por un pasillo estrecho, ciego, hasta la iglesia, en el fondo de la cual quedan acuartelados, rebaño mudo, más negro, más apestoso que el grupo de los celebrantes unidos por el canto en la plegaria. Los conversos son inferiores. Se les exhorta, en nombre de la humildad y de la caridad, a regocijarse de su estado, como del alimento, también inferior, que se les sirve.”

Además, la instalación de un monasterio cisterciense tenía a veces consecuencias desagradables para la población local, ya que pueblos enteros debieron vaciarse de sus habitantes con el fin de respetar la regla de aislamiento. Contrariamente a los monges irlandeses, san Bernardo desprecia el mundo. Escribe: “Pero nosotros, que ya no pertenecemos al mundo, hemos abandonado por Cristo la misma belleza del mundo y –sigue diciendo- sabemos que el oficio del monge no es enseñar, sino llorar.” En efecto, para qué enseñar si, según él, “engendrados en el pecado, pecadores, engendramos pecadores; nacidos deudores, engendramos deudores; nacidos corrompidos, engendramos corrompidos; nacidos esclavos, engendramos esclavos. Estamos heridos desde nuestra entrada en este mundo, mientras vivimos en él y cuando salimos de él; desde la planta de los pies a la cima de nuestra cabeza, no hay nada sano en nosotros.” El hombre es pecador y la sola manera para él de salir bien librado es la penitencia. Está claro que no se puede ser digno de Cristo si no se ha sufrido tanto como él: “Feliz el alma que pone su gloria en la cruz; es por ella que ella triunfará si a pesar de todo persevera y ninguna tentación no la hace bajar. Que ella rece, clavada a esta cruz, que suplique a su Maestro de no permitir que sea arrancada de ella. Sea quien sea que nos llame, no bajemos para responderle: ni la carne ni la sangre, ni tan sólo el espíritu tienen el poder arrancarnos de este patíbulo donde estamos atados hasta la muerte.” Y a un joven que desea entrar en Cîteaux, trata de tranquilizarlo en cuanto al rigor del orden: “Cristo será vuestra madre, (…) y los clavos de la cruz que traspasan Sus manos y Sus pies traspasarán también los vuestros: seréis Su hijo.”

El hombre, incapaz de hacer el bien, debe contentarse haciendo penitencia para que Dios le perdones sus pecados. Todo aquello que es susceptible de desviarlo de esta vía debe ser apartado con firmeza. San Bernardo exige, por ejemplo, abandono extremo, hasta el punto que precribió en su capítulo general que las iglesias y otros lugares de los monasterios no recibieran ninguna decoración esculpida o pintada y prohibió el uso de vidrieras en color, pues “cuando uno las mira, neglige a menudo la utilidad de una buena meditación y la disciplina de la gravedad religiosa.”

Es evidentemente un ataque directo contra el movimiento de las catedrales. Se conoce bien su acarnizamiento contra Abelardo, pero éste no será su única pieza a cobrar. San Bernardo quiere, literalmente, arrasar la gran empresa educativa de la población. Por ejemplo, irá a exhotar a los parisinos a irse de las ciudades, pues encontrarán más en los bosques que en los libros. Uno de sus amigos, Guillermo de Saint-Thierry, escribe que san Bernardo “pensaba adquirir lo mejor meditando y rezando en los bosques y en los campos, y no tener ningún maestro, sino los robles y las hayas…” Rezar en el bosque, según Guillermo de Saint-Thierry, está bien. Por el contrario, denuncia a la escuela de Chartres que explica la creación del primer hombre, no a partir de Dios, sino de la naturaleza, de los espíritus y de las estrellas. Guillermo de Conches respondió a ello: “Ignorando las fuerzas de la naturaleza quieren que nos quedemos atados a su ignorancia, nos niegan el derecho a investigar y nos condenen a quedar como los rústicos en una creencia sin inteligencia.”

Esta “creencia sin inteligencia” es el éxtasis místico realizado por la mortificación y la penitencia. La relación del hombre en el orden divino no es inteligible, se trata de una percepción inexplicable, como describe el mismo Bernardo de Claraval: “A menudo [el Verbo] ha entrado en mi, y a veces no me he dado cuenta de su llegada, pero he notado que estaba allí, y recuerdo su presencia. Incluso cuando he podido presentir su entrada, no he sido capaz de tener la sensación, como tampoco de su partida. ¿De dónde ha venido a mi alma? ¿A dónde se ha ido al dejarla?”

El éxito de san Bernardo de Claraval –las abadías cistercienses se extendieron por toda Europa y se convirtieron en un lugar de paso casi obligado para la jerarquía de la Iglesia- se debe en primer lugar a su maniqueísmo populista. En efecto, azota (con toda justicia) la corrupción de los poderosos, pero es para imponerles una visión fija del mundo donde se oponen luz y tinieblas, espíritu y materia. Después, justificando el orden feudal, calma sobretodo a los señores y a los caballeros, el poder de los cuales se ve confortado por la bendición de san Bernardo si se comprometen a defender a Cristo. San Bernardo no sólo predicó la segunda cruzada en Vézelay en 1146, se comprometió a crear, según sus propias palabras, una “nueva caballería, una caballería de Dios” –el orden del Temple. Para él, todos los principios de la caballería son buenos desde el momento en que se aleja de las frivolidades del mundo. Porque, además, matando de “manera arbitraria” en tanto que matando “en nombre de Cristo”, se evita el pecado:

“Los caballeros de Cristo libran en plena seguridad el combate de su Señor, no debiendo temer ni el pecado si matan ni la condena si mueren (…) Matando un malechor, no cometen un homicidio, sino que suprimen un mal (…) La muerte que dan es el provecho de Cristo (…)”

“Sin duda el asesinato es siempre un mal, y os prohibiría matar a esos paganos si pudiéramos impedirles de otra manera oprimir a los fieles. Pero en nuestra condición presente, más vale combatirlos (…)”

En lugar de hacer retroceder el paganismo o la herejía a través de la educación del pueblo, san Bernardo propone una solución mucho más radical, que no estaba hecho precisamente para disgustar a los señores.

lunes, 4 de octubre de 2010

A follar a follar que el mundo se va a acabar

Y no lo digo yo, lo dice la NASA. Que a eso del 2013 se acaba el mundo. Antes de empezar a decir nada, ¿No estais un poco hartos de los apocalipsis? Desde que llevo en este mundo, la civilización debería haber colapsado por lo menos unas cinco veces, bueno, sigamos.

Para los que no os hayais enterado de la noticia o la hayais enviado a vuestro cubo de spam mental, la resumiré en unas pocas líneas. Gracias a una explosión solar, la red de satélites, la red eléctrica y en general cualquier cosa que se mueva a chispazos estará fuera de servicio indefinidamente.

No sé vosotros, pero yo adoro lo apocalíptico. A parte de la curiosidad por ver como se las apañan los sistemas de gobierno, la economía, etc. Como todos los seres humanos, yo estoy esperando a la señal que me indique que ya puedo empezar a saquear y a follar indiscriminadamente. Como ya sabreis, la capa de la cultura en nuestro cerebro es finísima, basta con rascar un poquito y ya salen esos animales chillones, ensangrentados y violahermanas que somos. Y un hombre rompiendo un escaparate y cogiendo una tele en brazos suena a luz verde para mí.

Clichés, megáfonos y cristales por el suelo. Estoy como un niño en la noche de reyes.

Yo voy a ir comprando conservas y un buen bate metálico ¿Vosotros qué?

(el artículo de opinión inverso)

VIVA EL SOL

Estadísticas

domingo, 3 de octubre de 2010

Síntesis

Convenciones sociales, ritos iguales, cortejos. Me maquillo, te miro, sonrío; te veo, procedo, oh, ¡Te quiero! Dos besos, tres, ¿Nos vemos a las cuatro? Paseamos, nos sentamos, coqueteamos, nos besamos, ¡Salimos! ¿Estoy guapa? Preciosa, se sonroja, me conoce, me divierte, la conozco, me advierte, te veo, lo siento, me aburro, lo siento, te quiero ¡Lloramos! Lo arreglamos, seguimos, vivimos, perdemos ¿Qué tienes? Perdona, no te estaba prestando atención.

Aforismos científicos

Deberes de campo gravitatorio a las doce de la noche, toda la vida en la cintura.

sábado, 2 de octubre de 2010

Bright Star

Reseña: "Debo hacer notar la completa incapacidad de crear empatía hacia el personaje: hacia el final, uno sólo deseaba que se muriese de tuberculosis para volver a escuchar la preciosa serenata de Mozart con los títulos de crédito pasando."

Y ya está. Yo me quedo con esto (en el cine estuve haciendo memoria hasta que recordé que es una de las serenatas para viento de Mozart. Sí, suelo recordar estas cosas:

Hysteris quiere decir útero

Neal Stephenson

Mayflower Ham, antes Waterhouse -rechoncha, rubia, con casi cincuenta años, con aspecto de treinta- le dedicó un abrazo que le hizo ponerse de puntillas. La menopausia había puesto fin a su fantásticamente compleja y dedicada relación con su útero: una saga legendaria de sangrados irregulares, embarazos de once meses sacados directamente de las actas de la Royal Society, aterradores presagios primitivos, abortos, desconsoladoras épocas de esterilidad puntuadas por fases de fertilidad tan explosiva que el tío Thomas había tenido miedo de acercarse a ella; preocupantes asimetrías, prolapsos, relapsos y simples lapsos, infernales ataques de calambres, misteriosas interacciones con la Luna y otros fenómenes celestes, perturbadores desequilibrios de los cuatro humores conocidos para la medicina más algunos que sólo Mayflower conocía, retumbos sísmicos perfectamente audibles desde las otras habitaciones, cánceres absorvidos (increíblemente), tres exitosos embarazos seguidos que culminaron en partos de cuatro días que astillaron rígidas camas como si estuviesen fabricadas con ramitas, hicieron vibrar las paredes, y enviaron colas de vicarios, comadronas, médicos y miembros de la familia a sus propias camas, destrozados por el agotamiento. Mayflower (¡por suerte para ella!) había nacido con esa habilidad, peculiar a ciertas mujeres, de ser capaz de hablarle sobre su útero a cualquier compañía sin que fuese inapropiado, y no sólo eso, sino que nunca sabías cuándo en una conversación, o cata, se lanzaría con el tema, provocando en todos un sudor espeso a medida que sus descripciones y revelaciones les obligaban asuntos tan primitivos que superaban lo escatológico; incluso Drake tenía que dejar de hablar del Apocalipsis cuando Mayflower se ponía en marcha. Los mayordomos huían y las sirvientas se desmayaban. La condición del útero de Mayflower afectaba al humor de Inglaterra como la luna gobernaba las mareas.

-¿Cómo... estás? -preguntó Daniel, temiéndose lo peor.

viernes, 1 de octubre de 2010

Post musical XXV



El videoclip mas horrendo que he visto desde el de los electric six, pero este no es pretendido. Adoro la canción, odio la letra, la música y la voz, pero por lo visto se contrarrestan entre ellas, no puedo dejar de escucharla, pero tampoco puedo escucharla dos veces seguidas. ¿¡Por qué me estás haciendo esto!?

P.D Maldita sea, me estoy quedando sin grupos. Me vais a obligar a hacer prospecciones en radio 3 y bares de mala muerte.