Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

martes, 26 de octubre de 2010

Creo que es la primera vez

La atmósfera era definitivamente irreal. Jack se contemplaba a sí mismo en una mezcla de primera y tercera persona. El escenario estaba inacabado: había unas cuantas mesas y sillas de diferentes tamaños, algunas personas y una especie de tarima donde algún líder prometía, posiblemente, salvar el mundo en unos pocos y sencillos pasos. Sin embargo, la sala donde se encontraba todo esto, ya que era decididamente un interior, no tenía límites visibles ni color aproximado.
A su lado y también delante suya estaba Julia. No dos Julias, no dos mujeres iguales, simplemente una, Julia, en dos sitios a la vez. Ambos –Él y la doble Julia- escuchaban con poco interés las promesas del líder. Salvar el mundo, sí. La mayor parte de la atención de Jack estaba centrada en Julia, y la mayor parte de esta mayor parte se concentraba en Julia a su derecha, sentada junto a él. Él había logrado tumbarse en una silla idénticamente igual a la de Julia, todo parecía ir bien.
La miraba a los ojos, qué difícil definir su color, qué poético no saberlo; miraba su pelo, qué rojo, qué original; sus labios, cómo se mueven; sus gestos, libres. Ya no oía al orador y la también oradora Julia contaba cosas sobre ella, su familia, su vida, sus problemas. Sin embargo, los dos sabían que las palabras importaban poco, demasiado poco.
Jack le cogió la mano izquierda, qué fría, y le comió los ojos con los suyos. Mantuvo la mano de Julia junto a la suya, las dos manos juntas, acariciándola sin parar. Julia correspondió, unió su otra mano a las caricias, dos a uno, seguían frías. Jamás algo había importado tan poco.
En medio de tanta infinita ternura Julia desapareció y sólo quedo Julia. Ya no estaba a su derecha, ahora sólo estaba un poco más adelante, unas cuantas hileras de sillas más allá. Cierra los ojos, le susurró la mujer al oído, desde la distancia. Jack obedeció y, sorprendido, descubrió que seguía notando el tacto de sus manos, frías, frías, todavía frías. No los abras todavía, todavía no. Jack los cerró con más fuerza y esperó. Un momento íntimo, un momento especial, pensó. Voy a tratar de no pensar en él, voy a disfrutarlo, voy, voy, voy. Jack trató de parar el tiempo pero no pudo, y en algún momento el líder le llamó la atención: qué hace usted durmiendo, incorpórese. Jack se enderezó intuitivamente y abrió los ojos sin que Julia le hubiera dado permiso aún.
Perdona, Julia, lo siento, balbuceó obviando completamente la mirada de odio que le dirigía el líder, centrado en la mirada de ella. No pasa nada, tranquilo, fíjate, ¿No notas mi mano?
Sonrió mordiéndose la parte izquierda del labio inferior mientras pronunciaba estas palabras. Jack sentía todavía sus dos manos: levantó la vista y contempló a Julia, radiante, levantando las muñecas y enseñando unas manos translúcidas; unas manos que estaban unidas a su cuerpo pero también junto a las suyas.
Volvió a tumbarse imposiblemente en la silla, cerró los ojos hasta doler y se concentró en las manos de Julia, todavía frías, todavía suyas, todavía ávidas de caricias, todavía con tacto para memorizar.
El líder no lo soportó más, se enfadó, corrió, empujó.
La cabeza de Jack rebotó contra el asfalto. Gimió. Volvió a la consciencia.

Julia estaba segura de estar soñando. Julia siempre tuvo las cosas muy claras. Como si fuera una sesión de cine, varias decenas de fotos circularon por su mente durante un tiempo indeterminado. En todas ellas aparecía Jack, casi nunca solo, casi siempre acompañado de otra gente; a veces otras mujeres. Julia no sentía celos, Julia estaba acostumbrada a provocarlos.
Al llega a una foto en concreto reconoció el paisaje: era una de las calles donde habituaba a pasear con él. Así pues, apareció en esa calle. A lo lejos podía verse a Jack, rodeado de otras mujeres, caminando en dirección contraria a Julia. ¡Jack, Jack, Jack!
No hubo reacción, quiso seguirlo, no pudo. Se va, se va y no me escucha. ¡Jack, Jack, adiós, Jack, adiós! Ninguna respuesta.
Julia hubo de tomar una calle diferente, quizá quería atajar, quizá quería perderse, no lo pensó. Avanzó sin levantar la vista del suelo y cuando quiso darse cuenta tenía a Ernie pegada a ella, justo detrás. No se había acercado en ningún momento, simplemente estaba ahí. Estoy ocupada, lo siento. Acelerar de los pasos, repiqueteo de los tacones, siempre los tacones, siempre suyos. Julia echó a correr y Ernie no, pero no podía escapar de él. Repentinamente vio su casa a lo lejos y esprintó para ganar el portal. Alcanzó el pomo de la puerta y cuando quiso darse cuenta, las llaves de casa sonaron detrás de su oreja izquierda. ¿Necesitas ayuda con esto?
Sintió su cuerpo mecerse suavemente, una ligera caída, algo mullido rozando su piel.
Abrió los ojos y ahí no estaba él.

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