Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

miércoles, 20 de octubre de 2010

Porque a veces se acercan las 2 y sin escribir no hay dormir.

Sombra azul y ceguera. Completa aleatoriedad. La tarde envejece y la noche es llamada la joven, que a pesar de su corta edad sabe que va a despuntar en día. Sigo en el preludio y, como no me apetece soñar, postergo ligeramente mi vigilia, quizá duermevela, quizá simplemente los ojos sin cerrar.
Son unos días lluviosos y fríos y alegres porque la gente se activa y castañean sus dientes y se aferran unos a otros al tener el más mínimo pretexto. Es dulce ver a la gente abrazándose y me gusta la dulzura del frío. El frío se relaciona con los colores llamados redundantemente fríos; los apagados. Los azules, los grises. Todos completamente deliciosos, todos suaves, discretos, sobrios. Entonces yo me dejo arropar por el frío, lo dejo abrazarme y juntos somos dulces, nos cubrimos de azul y de ceguera autoinducida y entonces, con los párpados cerrados, todavía pueden verse pequeños puntitos de colores tan indefinidos como aleatorios. Pero llegados a este momento, ya llevo un rato ciego y cubierto de azul y no hay frío que me separe del sueño, sólo mi propia terquedad.
Así que quiero dormir pero no quiero dormir y no hay manera de evitar pensar en algo si no puedes tener la mente en blanco. Y qué poético si no se te ocurre nada más que pensar en quien te quita el sueño. Qué padecimiento más gris, más sobrio, más azucarado. Qué humano y qué imbécil, quizá dos términos indisolubles.
Así que me dicen que no soy animal porque soy capaz de pensar, de usar la lógica, de razonar. Yo lo creo y me voy a dormir tranquilo y sereno; pero levantándome sobresaltado en mitad de la noche o del día finlandés descubro en mí una creciente necesidad de rechazar mi racionalidad, de que quien me ha quitado el sueño se lance desde un octavo piso y yo pueda estar debajo para agarrarla con mis brazos, no para subirle las sábanas hasta el cuello con suavidad y desearle buenas noches, sino para salvar su vida y ganarme su favor, aunque me rompa un brazo o dos y tenga que sufrir ligeramente por ello. De que le pongan aparatos dentales a una edad demasiado avanzada y yo pueda acercarme a ella y confesarle que no me importa en absoluto, que con hierros o sin ellos va a seguir quitándome el sueño. De que me confiese un terrible secreto inaceptable y que yo pueda amarla hasta las circunstancias y saltar el obstáculo como si de un charco se tratara. Pero nada de ello ocurre. No tengo la oportunidad de demostrar que puedo ser racionalmente irracional y simplemente puedo ser impotente y esperar.
“This is for lovers” o “True love will never fade” se atreven a cantar algunos músicos que ya nunca volverán viejos. Yo los escucho atentamente y no les pregunto nada porque no me pueden oír. Sigo ciego, sigo azul, sigo apagado y poético y soñoliento y mi temperatura corporal apenas está en 35.5 grados, así que si viniera a despertarme personalmente me notaría frío, aunque al estar a mi lado no podría notarme distante. Pero no va a venir porque ella duerme y yo estoy despierto y ella quizá sueña y quizá yo también, porque siempre me queda el soñar despierto.
El color azul se endereza la corbata y me mira por encima del hombro. Dice que me estoy volviendo rojo, que estoy olvidando aquellos tiempos en los que solíamos salir juntos y bebíamos en vaso de tubo hasta la saciedad, sin nunca un paso en falso, un vómito en la oscuridad. Le pido perdón mediante el lenguaje de signos y apenas me entiende. Se acerca a mí preocupado, por los viejos tiempos, y con una puta voz dulcísima me pregunta qué me pasa.
Lo siento, le gesticulo, es que he perdido la fe en las palabras.

9 comentarios:

Nadie dijo...

Tengo una erección.

Nadie dijo...

No espero un ''enhorabuena'', es mi valoración xD

Jack dijo...

¿Cómo no voy a tener el ego subido si no paras de dejarme comentarios así?

Nadie dijo...

Si te consuela podría decir que no eres la primera persona que lo consigue.

P.D Creo que tener mucho ego es el requisito para escribir aquí. Es la criba de Tomás.

Lady Cabrera dijo...

Si tuviera pene, tendría una erección.
Bravo xD

Por cierto: la mía 36! tendré fiebre...?

Anónimo dijo...

Sublime, me gustó realmente.
Me recuerda a un preludio hacia Woolf y Mansfield, y a algunos textos que tendré por ahí, aunque yo prefiero la lluvia a tu frío.

Aunque lo siento mucho, pero uno no podrá ser nunca escritor si pierde su fe en las palabras.

Manel.

Manel M. dijo...

Sublime, me gustó realmente.
Me recuerda a un preludio hacia Woolf y Mansfield, y a algunos textos que tendré por ahí, aunque yo prefiero la lluvia a tu frío.

Aunque lo siento mucho, pero uno no podrá ser nunca escritor si pierde su fe en las palabras.

Manel.

Jack dijo...

Vais a lograr volverme loco, joder. Me parece rándom, sorry, no digno de tanta alabanza etc. xD

Sir Thomas Malory dijo...

Jack is for lovers