Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

lunes, 21 de febrero de 2011

Nevermore

Juan José Domenchina


Ala de sombra, un cuervo -que crascita

Nunca -repite su áspero graznido

a través de mi día mal vivido

y de mi noche a solas, infinita.


En su agorera convicción imita

mi doble desaliento persuadido

que nunca la tierra que he tenido

podrá tenerme en pie, que está proscrita.


Nunca... Pico de grajo, el pensamiento

-corvo, corvino- escarba... Lo que siento

sólo puede decirse en ese nunca


-cuervo de negra luz, empobrecida

pitanza, interminable despedida-

que tiene el nombre de mi nombre: Nunca.

domingo, 20 de febrero de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

domingo, 13 de febrero de 2011

True grit



Es estupenda.

Iseverg

Bueno, el segundo y último de la noche, que no decaiga la motivación: a ver si continuo colgando mi producción a medida que la escribo, y no toda de golpe varios meses después.

Un mar de mierda cubre la superficie de la Tierra al completo y como continentes sólo hay icebergs; icebergs de distintos tamaños, formas; icebergs con gran parte de su hielo hundido en la mierda. De estos sólo se ve una pequeña porción, un extracto insignificante comparado con la totalidad que las forma, sin embargo, de la mierda ni siquiera se pueden hacer distinciones ya que conforman una masa homogénea y mayor, muy mayor a la de los icebergs.
La mierda está caliente, los icebergs son de hielo, así que la mierda caliente va fundiendo poco a poco los icebergs, degradándolos a la condición de agua, agua que se mezclará con la mierda y jamás recordará haber sido hielo diferenciado, especie aparte. La mierda es cuantiosa y poderosa en su conjunto, y a pesar de que los icebergs, si pudieran cogerla cachito a cachito, la vencerían, no pueden contra toda la globalidad. La suma de la mierda es poderosísima y su fuerza reside en que no sabe que es mierda: no sabe qué es, no se lo pregunta, no duda sobre nada; es invencible. Los icebergs sí que dudan, puesto que sólo la duda los permite ser lo que son, y eso los vuelve vulnerables a convertirse en mierda.
Sin embargo, todavía queda esperanza para los icebergs, porque aunque no todos lo saben, se tienen unos a otros. Vagan sin rumbo por el mar, perdidos, cuestionándose si su materia es la misma que la del mar, -¿por qué no me siento integrado, por qué no me siento parte del mar?-. La duda que los caracteriza siempre hace efecto y a veces los condena: muchos pierden su identidad y terminan completamente fundidos, quizá son mayoría. Pero algunos logran vislumbrar, allá a lo lejos, la cumbre plateada de otro como él, de un igual, de alguien a quien respetar y amar; y entonces la curiosidad lo mueve a acercarse, a conocer esa excentricidad blanca en medio de la inmensidad marrón. El proceso puede ser lento, a veces doloroso, a veces fallido, si un iceberg legítimo se encuentra con una mierda poco diluida, haciéndose pasar por hielo; pero todos aquellos que se mantienen icebergs terminan encontrando a otros como ellos. Los descubren, los comprenden y se identifican con ellos: juntos forman una patria y también juntos crean –no encuentran, crean- su lugar en el mundo. Si la compenetración es formidable, incluso pueden llegar a drenar una pequeña porción de mar y establecerse ahí, con toda su superficie a la vista, actuando a modo de faro para otros icebergs y trascendiéndose a ellos mismos como seres satisfechos.
Los icebergs son inteligentes y sensibles, y como todo el mundo, aspiran a la felicidad. Los que la logran saben que ésta se encuentra en los demás. A pesar de necesitar una parte dedicada a ellos mismos, este fragmento sólo sirve para dar mayor plenitud al central: sólo una vida vivida para otros icebergs merece ser llamada vida. También entienden que, si bien en el mundo prácticamente todo vale la pena, dos cosas son totalmente destructivas y no aportan nada: el miedo y la tristeza; así que las evitan y evitándolas son ellos mismos, disfrutan de una vida llena de encontronazos con otros icebergs y, los que tienen suerte –puesto que siempre se necesita algo de suerte- logran ser felices.
La mierda es la especie que llamamos humana, los icebergs, aquellos pocos genuinos que logran ganarse con esfuerzo el apelativo de persona.
Y algunos son tan icebergs que ellos solos parecen el Polo Norte al completo.

Vaya

Citando a unos raperos, sé que provoco morbo máximo al volver al ejercicio con un clásico. Y sí, me ha dado por postearlo. Fuck yeah.



Me preguntas si estoy triste y al ver mi cabeza descender, ascender, en señal de afirmación tus pupilas se dilatan y tus labios marcan un principio de sorpresa interrogativa, aunque permanecen sellados, sin decir nada. Asientes sin mucha convicción y esperas una explicación por mi parte, que llega cuando comienzo con el discurso que me hará merecedor de tu comprensión y cariño y quizá también una caricia o un abrazo cariñoso y comprensivo también.
Te digo que estoy triste porque he visto cómo te morías en mis brazos y tus pupilas todavía se dilatan más –si cabe- y te miras las manos, incómoda, dubitativa, como diciendo con el gesto que estás viva, muy viva. Yo sigo con mis palabras y te digo que sí, que te he visto morir en mis brazos, que tu corazón todavía late, tus labios se comprimen y tu piel se pone de gallina cuando la acaricio con mi índice, pero en cierto modo has muerto en mis brazos. Es casi inevitable que no esté triste cuando te miro directamente a las pupilas dilatadísimas y veo en ti lo que nunca serás: la mujer que me haría feliz, la ternura hecha persona y caricias y abrazos y placer, la comprensión mutua, la otra vida por la que vale la pena estar vivo. Te digo todo esto y no lo asimilas al instante porque nunca se te había pasado por la cabeza; tú no te consideras muerta y claro que no, no lo estás, estás viva, pero yo te he visto morir en mis brazos; he visto como mi esperanza se iba desangrando hasta quedar exigua a pesar de luchar con todas mis fuerzas para salvarle la vida, a pesar de esforzarme al máximo con el boca a boca que le diera el aire vital, practicar los últimos auxilios con los electrodos y al final nada, la homogeneidad de una línea recta sin oscilaciones.
Crees que estoy loco o me entiendes completamente, da igual, el resultado no importa, te repito que sólo hablaba porque respondía a tu pregunta y estás sobrecogida, no te esperabas mi respuesta, quizá no la querías oír; sólo preguntabas por cortesía, y mi ser se queda tan estático como la línea del electrocardiógrafo: me toca bajarme de la montaña rusa del amor y quedarme en la casi apatía de la vida sin él, sin altibajos, regular, aburrida, tediosa.
Tú comienzas a captar mi mensaje y creo que es una lagrimilla lo que saluda desde tu ojo derecho, enrojecido. Me miras mucho, muchísimo, a los ojos, a la nariz, a la boca y me dices que lo sientes, que debo de estar pasándolo mal, muy mal, que no merezco esto, que te sientes horrible, que eres una puta; pero que no está a tu alcance, que no puedes elegir quererme aunque deseas con todas tus fuerzas que así sea.
Y me abrazas con más fuerza que tu deseo, me oprimes el pecho con el tuyo y me causas deseo y ternura y tristeza, mucha tristeza.
Una tristeza hondísima, porque en algún momento te separarás y quizá si que éste sea el último; una tristeza sin fin porque ni siquiera puedo reprocharte nada, porque de principio a fin has valido la pena.

viernes, 11 de febrero de 2011

Watch her disappear

Tom Waits/Kathleen Brennan


Last night I dreamed that I was dreaming of you
And from a window across the lawn I watched you undress
Wearing your sunset of purple tightly woven around your hair
That rose in strangled ebony curls
Moving in a yellow bedroom light
The air is wet with sound
The faraway yelping of a wounded dog
And the ground is drinking a slow faucet leak
Your house is so soft and fading as it soaks the black summer heat
A light goes on and the door opens
And a yellow cat runs out on the stream of hall light and into the yard

A wooden cherry scent is faintly breathing the air
I hear your champagne laugh
You wear two lavender orchids
One in your hair and one on your hip
A string of yellow carnival lights comes on with the dusk
Circling the lake with a slowly dipping halo
And I hear a banjo tango

And you dance into the shadow of a black poplar tree
And I watched you as you disappeared
I watched you as you disappeared
I watched you as you disappeared
I watched you as you disappeared

jueves, 10 de febrero de 2011

miércoles, 9 de febrero de 2011

La Columna del Odio: La élite cultural

Supongo que dejar de odiar con frecuencia es -podemos presumir- consecuencia inevitable de la madurez -en este punto no puedo no pensar en Hitler dando un discurso con una piruleta metida en la garganta, haciéndole decir cosas en ese idioma reservado a los caballos. Te haces mayor, y acabas descubriendo que las cosas que suscitaban tu odio ahora te parecen ridículas, y deberías haber usado tu tiempo en redactar textos sobre cosas más graciosas o interesantes, como que tu clase de Segundo de Bachillerato, en la puerta de la Universidad, no haya oído hablar de Virginia Woolf.

La cosa fue más o menos así: mi profesor de catalán, aburrido de hablar de esa basura que su puesto le obliga a promocionar, comenzó a hablar de la literatura universal durante la época que nos tocaba estudiar. Entonces, de repente, saltó de J. Carner a J. Joyce, y mantuvimos un diálogo sobre los diversos relatos de Dublineses. Entonces, como para despertar el interés de una dormida clase, preguntó si alguien -"a part d'en Tomàs"- podría decir el nombre de una novelista inglesa, contemporánea a Joyce.

Caras soñolientas de pavor, y el profesor esforzándose por si alguna de las novelas que citaba despertaba un ligero estremecimiento de memoria en sus alumnos. Entonces, con una sonrisa estúpida, añadí que se había suicidado llenando sus bolsillos con piedras y tirándose a un río, intentando que un dato morboso despertase su interés -pero fue en vano.

Luego, una mención a Las Horas, una película que alguno había visto, pero que no recordaba. Y más tarde, para escarnio -"ara sí, ara sí"-, escribió en la pizarra las iniciales V. W.

"¡Ah! Victòria Wolf." Pues sí, hombre, sí.

domingo, 6 de febrero de 2011

Fragmentos descontextualizados

-Dirigió un grupo de cirugía para operar paladares partidos en Bangladesh.
-¿Qué quieres que te diga? Ese concierto me conmovió mucho.

Fracaso

Cada vez lo disfruto menos. Pero no ha estado mal.

Tomás, maldito, te fuiste a tiempo xD

viernes, 4 de febrero de 2011

Reflexiones éticas

Mi tío está viendo series adolescentes por internet mientras intento explicar a algún tipo de neomoralista por qué las actrices no son putas.

Bienvenido, febrero.