Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

domingo, 13 de febrero de 2011

Iseverg

Bueno, el segundo y último de la noche, que no decaiga la motivación: a ver si continuo colgando mi producción a medida que la escribo, y no toda de golpe varios meses después.

Un mar de mierda cubre la superficie de la Tierra al completo y como continentes sólo hay icebergs; icebergs de distintos tamaños, formas; icebergs con gran parte de su hielo hundido en la mierda. De estos sólo se ve una pequeña porción, un extracto insignificante comparado con la totalidad que las forma, sin embargo, de la mierda ni siquiera se pueden hacer distinciones ya que conforman una masa homogénea y mayor, muy mayor a la de los icebergs.
La mierda está caliente, los icebergs son de hielo, así que la mierda caliente va fundiendo poco a poco los icebergs, degradándolos a la condición de agua, agua que se mezclará con la mierda y jamás recordará haber sido hielo diferenciado, especie aparte. La mierda es cuantiosa y poderosa en su conjunto, y a pesar de que los icebergs, si pudieran cogerla cachito a cachito, la vencerían, no pueden contra toda la globalidad. La suma de la mierda es poderosísima y su fuerza reside en que no sabe que es mierda: no sabe qué es, no se lo pregunta, no duda sobre nada; es invencible. Los icebergs sí que dudan, puesto que sólo la duda los permite ser lo que son, y eso los vuelve vulnerables a convertirse en mierda.
Sin embargo, todavía queda esperanza para los icebergs, porque aunque no todos lo saben, se tienen unos a otros. Vagan sin rumbo por el mar, perdidos, cuestionándose si su materia es la misma que la del mar, -¿por qué no me siento integrado, por qué no me siento parte del mar?-. La duda que los caracteriza siempre hace efecto y a veces los condena: muchos pierden su identidad y terminan completamente fundidos, quizá son mayoría. Pero algunos logran vislumbrar, allá a lo lejos, la cumbre plateada de otro como él, de un igual, de alguien a quien respetar y amar; y entonces la curiosidad lo mueve a acercarse, a conocer esa excentricidad blanca en medio de la inmensidad marrón. El proceso puede ser lento, a veces doloroso, a veces fallido, si un iceberg legítimo se encuentra con una mierda poco diluida, haciéndose pasar por hielo; pero todos aquellos que se mantienen icebergs terminan encontrando a otros como ellos. Los descubren, los comprenden y se identifican con ellos: juntos forman una patria y también juntos crean –no encuentran, crean- su lugar en el mundo. Si la compenetración es formidable, incluso pueden llegar a drenar una pequeña porción de mar y establecerse ahí, con toda su superficie a la vista, actuando a modo de faro para otros icebergs y trascendiéndose a ellos mismos como seres satisfechos.
Los icebergs son inteligentes y sensibles, y como todo el mundo, aspiran a la felicidad. Los que la logran saben que ésta se encuentra en los demás. A pesar de necesitar una parte dedicada a ellos mismos, este fragmento sólo sirve para dar mayor plenitud al central: sólo una vida vivida para otros icebergs merece ser llamada vida. También entienden que, si bien en el mundo prácticamente todo vale la pena, dos cosas son totalmente destructivas y no aportan nada: el miedo y la tristeza; así que las evitan y evitándolas son ellos mismos, disfrutan de una vida llena de encontronazos con otros icebergs y, los que tienen suerte –puesto que siempre se necesita algo de suerte- logran ser felices.
La mierda es la especie que llamamos humana, los icebergs, aquellos pocos genuinos que logran ganarse con esfuerzo el apelativo de persona.
Y algunos son tan icebergs que ellos solos parecen el Polo Norte al completo.

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