Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

domingo, 13 de febrero de 2011

Vaya

Citando a unos raperos, sé que provoco morbo máximo al volver al ejercicio con un clásico. Y sí, me ha dado por postearlo. Fuck yeah.



Me preguntas si estoy triste y al ver mi cabeza descender, ascender, en señal de afirmación tus pupilas se dilatan y tus labios marcan un principio de sorpresa interrogativa, aunque permanecen sellados, sin decir nada. Asientes sin mucha convicción y esperas una explicación por mi parte, que llega cuando comienzo con el discurso que me hará merecedor de tu comprensión y cariño y quizá también una caricia o un abrazo cariñoso y comprensivo también.
Te digo que estoy triste porque he visto cómo te morías en mis brazos y tus pupilas todavía se dilatan más –si cabe- y te miras las manos, incómoda, dubitativa, como diciendo con el gesto que estás viva, muy viva. Yo sigo con mis palabras y te digo que sí, que te he visto morir en mis brazos, que tu corazón todavía late, tus labios se comprimen y tu piel se pone de gallina cuando la acaricio con mi índice, pero en cierto modo has muerto en mis brazos. Es casi inevitable que no esté triste cuando te miro directamente a las pupilas dilatadísimas y veo en ti lo que nunca serás: la mujer que me haría feliz, la ternura hecha persona y caricias y abrazos y placer, la comprensión mutua, la otra vida por la que vale la pena estar vivo. Te digo todo esto y no lo asimilas al instante porque nunca se te había pasado por la cabeza; tú no te consideras muerta y claro que no, no lo estás, estás viva, pero yo te he visto morir en mis brazos; he visto como mi esperanza se iba desangrando hasta quedar exigua a pesar de luchar con todas mis fuerzas para salvarle la vida, a pesar de esforzarme al máximo con el boca a boca que le diera el aire vital, practicar los últimos auxilios con los electrodos y al final nada, la homogeneidad de una línea recta sin oscilaciones.
Crees que estoy loco o me entiendes completamente, da igual, el resultado no importa, te repito que sólo hablaba porque respondía a tu pregunta y estás sobrecogida, no te esperabas mi respuesta, quizá no la querías oír; sólo preguntabas por cortesía, y mi ser se queda tan estático como la línea del electrocardiógrafo: me toca bajarme de la montaña rusa del amor y quedarme en la casi apatía de la vida sin él, sin altibajos, regular, aburrida, tediosa.
Tú comienzas a captar mi mensaje y creo que es una lagrimilla lo que saluda desde tu ojo derecho, enrojecido. Me miras mucho, muchísimo, a los ojos, a la nariz, a la boca y me dices que lo sientes, que debo de estar pasándolo mal, muy mal, que no merezco esto, que te sientes horrible, que eres una puta; pero que no está a tu alcance, que no puedes elegir quererme aunque deseas con todas tus fuerzas que así sea.
Y me abrazas con más fuerza que tu deseo, me oprimes el pecho con el tuyo y me causas deseo y ternura y tristeza, mucha tristeza.
Una tristeza hondísima, porque en algún momento te separarás y quizá si que éste sea el último; una tristeza sin fin porque ni siquiera puedo reprocharte nada, porque de principio a fin has valido la pena.

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