Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

domingo, 3 de noviembre de 2013

Eros

Dice que le gusta cómo me miras: tus ojos brillan mientras observas mi cabello, y luego te descuelgas, te balanceas dulcemente entre mis pestañas y mi nariz y acabas mirándome los labios, entreabiertos en un suspiro de alabanza porque tu mirada ha realizado una proeza del Cirque du Soleil, ha subido al Everest y ha bajado sólo para decirme sonriendo que hacía frío allá arriba, y que se está tan bien aquí abajo.
Sonríes. Sonreirías incluso aunque no tuvieras dientes -¡a veces parece que tantos!- y mostrases la cuenca vacía de un ojo enorme. Una orquídea azul resplandece en tu pelo, sexo abierto, metáfora o premonición, sugerencia plástica y visual. Aunque lo pienso quedo preso de tu mirada de reproche divertido: me he vuelto a ir por las ramas y perderme en mis pensamientos. La voz ronca de Tom Waits rasga el aire y te sorprendes, y aprovecho y reduzco la distancia entre ambos como un diestro espadachín en una demostración de esgrima.
Te miro y veo que eres frágil. Incluso sin esa flor en el pelo parecerías frágil ahora mismo, porque te he cogido de la cintura y mantengo tus ojos fijos en los míos, incómodos e inquisitivos. Te preguntas qué ha pasado, a pesar de que es perfectamente evidente, y la sonrisa desaparece. “¿Qué pasa?” pregunto, o quizá no y reduzco más la distancia imbuido por una pasión zenónica, una ilusión aristofánica que me dice que eres parte de mí y que debo fagocitarte.
Y eso intento, convertido en un animal irreflexivo, beso y muerdo y lamo tu boca y lamo y muerdo y beso tu cuello, y alternándome no siguiendo necesariamente ningún orden bajo y me recreo en tu pecho, mientras te mantengo contra la pared. Entonces haces que cambie la situación y me haces girar sobre mi eje vertical, me empujas contra la pared y ahora parezco yo el frágil, y mi mente se rebela pero mi cuerpo se deja llevar de la mano al Segundo Círculo del Infierno, donde sufren los lujuriosos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bravo, el más ilustrador escrito que haya podido leer u oir de ti.