Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

domingo, 24 de noviembre de 2013

Freiheit, schöner Götterfunken

Según una leyenda del siglo XIX la oda iba a ser originariamente una Ode an die Freiheit (en la época revolucionaria los estudiantes la cantaban con la música de La Marsellesa), pero luego se convirtió en la Ode an die Freude definitiva, para ampliar su significado: aunque el destino del hombre es la libertad, el desarrollo completo de ese destino debe desembocar en la alegría.*

A veces me preguntaban qué momento histórico hubiese preferido vivir, y mi mente divagaba y recorría en profundidad todo el stock de conocimiento inútil alojado en mi cerebro. Últimamente, en cambio, he conseguido dar con una respuesta satisfactoria: Berlín, 9 de noviembre de 1989. 
La caída del muro de Berlín, no sólo como derrumbe de la frontera física impuesta (Georg, un amable berlinés, nos hizo meditar sobre qué derecho tenía el Estado a mantener a la gente en él por la fuerza) o caída metafórica del Telón de Acero; la caída del muro de Berlín es una Ode and die Freiheit como, según la leyenda, lo iba a ser la de Schiller. 
Hace más de un año di con mis huesos en unas charlas sobre Beethoven impartidas en el Gran Hotel por Joan Vives Bellalta, flautista, profesor de historia de la música y locutor de radio. El tema de la Oda a la Alegría debía ser tocado, por supuesto, ya que es una de las piezas más conocidas y bellas del compositor.
Schiller escribe su oda en noviembre de 1785, casi cuatro años antes del inicio de la Revolución Francesa. Según la leyenda, Schiller habría escrito originalmente Freiheit -'Libertad'- allí donde se lee Freude -'Alegría'-, pero lo habría cambiado por una interpretación más segura -y, por qué no decirlo, más elegante. De todas formas algo de la interpretación original debía quedar en el subconsciente colectivo -si se me permite la expresión- cuando en la época revolucionaria (y Beethoven descubre el poema en 1792, sólo un año antes de la decapitación de los antiguos monarcas franceses) era cantada por estudiantes entonando La Marsellaise. 
Beethoven quedaría prendado del poema y decidiría musicalizarlo, pero su Novena Sinfonía no se estrenaría hasta 1824. Así, surge la pregunta de si sería más correcto cantarlo usando la -¿hipotética?- letra original de Schiller o con la final. Pero, y aquí no expreso sino lo que nos dijo el señor Vives en la conferencia -que suscribo, pero no quiero adueñarme de reflexiones ajenas-, el sentido del poema original queda restablecido en tanto que los oyentes lo conocen. Por eso los estudiantes cantaban la Ode and die Freude, y sin embargo eso no afectaba en absoluto al sentido de su canción: durante la mayor parte de la historia, gran parte del mundo ha sido regido por sistemas totalitarios que no permitirían tan alegremente una oda a la libertad, pero sin embargo una oda a la alegría está permitida. Además, ya hay otras odas a la libertad -como el bellísimo Lascia ch'io pianga, de Haendel-, pero servidor no conoce tantas odas a la alegría. Así que si me preguntan, diré que es mejor no alterar nada y cantar a la alegría conociendo que de forma velada nos referimos también a la libertad.
Lo que no es óbice para que, cuando el día de Navidad 1989 Bernstein condujo la Novena Sinfonía en Berlín, no se cantase precisamente a la libertad. Y así se hizo.


No hay comentarios: