Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

martes, 17 de diciembre de 2013

Pesadilla en Abbey Road: A day in the life

El goteo del grifo me perseguía aunque intentase evadirme. El instituto había recortado en material, profesorado y rigor, pero a nadie se le había pasado por la cabeza la idea de controlar el gasto inútil de agua.
Sin embargo, eso me ayudaba a mantenerme alerta. Las gotas de agua se precipitaban hacia el vacío con una frecuencia media de dos segundos. Yo llevaba allí dos horas, escondida. No es difícil calcular el número de gotas de agua despilfarradas, y éste y el cálculo del valor monetario correspondiente quedarán como ejercicios para el lector.
En su lugar, quizá, se esté preguntando qué hacía yo allí. El lector tiene todo el derecho del mundo a hacerse ese tipo de preguntas, para algo está él fuera y yo dentro, y la separación entre ambos es clara y prosaica. En fin, una respuesta corta es que yo me encontraba allí, escondida, porque Sandy Wilkins quería pegarme. O matarme, tal vez; sus amenazas eran un poco ambiguas.
Siendo estrictos, yo no tenía derecho a enfadarme con ella, ya que le había arrojado el estuche por la ventana y había dicho cosas no muy agradables al respecto de la señora de Wilkins, a la sazón su madre. En el caos subsiguiente, le había propinado un puntapié y había salido corriendo entre alaridos y amenazas al baño de los chicos, el cual, a pesar de oler como la boca de papá, había de servirme de guarida.
Pero esta explicación, por muy buena que pueda parecer ahora, no responde a una pregunta importante que seguramente se haya planteado el ávido lector, sin necesidad de mi ayuda, una vez resueltos los cálculos propuestos.
¿Por qué?
Well, let's see.

Presentaremos la siguiente colección de resultados sin demostración.

Proposición: Esta mañana me he despertado en el suelo, así que deduzco que he dormido allí.
Proposición: Que yo haya deducido haber dormido en el suelo no implica que yo haya, de hecho, dormido en el suelo. (Esto queda como ejercicio para el lector)
Proposición: El suelo, a pesar de la moqueta, está duro.
Proposición: No he dormido en el suelo. (Puede ser útil para la demostración el lema anterior.)

Me duelen los ojos y el cuello. Aunque me tape los oídos sigo escuchando el zumbido de la máquina de afeitar de Padre, así que supongo que éste ha quedado dentro de mi subconsciente. Camino hacia la puerta descalza, sintiendo el tacto de la moqueta bajo mis pies. Es un tacto agradable, y hago durar el camino todo lo que puedo. El abrir la puerta al pasillo es la experiencia más dura de cada mañana.
Durante unos momentos las luces y sonidos del mundo exterior penetran gritando hasta la cocina de mi res cogitans, y la percepción de mi mundo se empequeñece. Miro a mi alrededor con los ojos fijos de un conejo asustado, muevo la cabeza como una suricata. El Enano pasa corriendo en calzoncillos delante de mí, gritando que es tarde y que Padre está acaparando el baño de arriba.

Proposición: El Enano siempre utiliza el baño de arriba.
-D-
Durante la fiesta de Halloween del año pasado, sus amigos lo encerraron en el baño de abajo durante horas hasta que aparecí y abrí la puerta harta de escuchar sus sollozos histéricos. Eso sucedió a las cinco treinta de la madrugada de día 1. El Enano había estado encerrado, presumiblemente, la friolera de seis horas. Cuando lo encontré estaba bebiendo del grifo e ingiriendo dentífrico. Sus amigos se habían olvidado de él. No habla, no se mueve, apenas ocupa un lugar en el espacio.

(Observación: O eso era, al menos, hasta que entró en la adolescencia. Desde entonces ha empezado a tocar la batería de manera frenética y a hacer bromas que carecen absolutamente de gracia o fundamento.
Desde entonces he muerto un poco por dentro. Cada vez que voy al baño de arriba después de él muero un poco por dentro.)

Proposición: El Enano ha ido al baño => El baño está pegajoso. (La demostración de este apartado queda como ejercicio para el lector.)
(Observación: El recíproco no es cierto: también tengo un hermano mayor.)

Bajo al piso de abajo queriendo encontrar a mi madre esperándome con una taza de Cola Cao caliente y los bocadillos de sus dos hijos menores -a la sazón el Enano y yo-, pero hoy todo sale mal y encuentro una cuchara, una taza, leche y el bote de Cola Cao en línea, sutil sugerencia que no acabo de descifrar, y una nota en la puerta del microondas:

He salido a comprar
al centro.
Iré a ver a la abuela
esta tarde, no me esperéis.
Tu mamá, que te quiere.

A lo que siguen post-its con cuidadosas anotaciones imperativas sobre cómo utilizar el microondas para que mi hermano y yo nos calentemos el Cola Cao. En algún momento de su lectura, Padre, oliéndose el percal, abandona la casa dejando un olor a loción para después del afeitado. Cuestión, que nos tomamos el batido frío. (Esto queda como ejercicio para el lector.)

En el autobús, camino del instituto, doy rienda suelta a mis pensamientos. Trato de entender qué relación tiene la realización de una tarea cotidiana para el mantenimiento del hogar con la expresión de un sentimiento de amor maternofilial. La nota carece de coherencia o, en el peor de los casos, la tiene, pero no logro comprenderla, lo cual inserta momentáneamente en mi mundo algo que no entiendo, y que no puedo, por ende, dominar. Independientemente de lo que pretendiese conseguir con esa nota mi progenitora, está claro que es el inicio del caos.
Un mundo sin coherencia es impredecible, o, con coherencias que no pueda comprender, también. Por lo cual, dejo de tener idea alguna sobre qué me depara el futuro a corto plazo. Nada de lo que concibiese con anterioridad sirve ahora, ya que las normas de causalidad por las que se regía mi pequeño pero organizado mundo ya no valen.

El caos. 

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