Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

domingo, 26 de enero de 2014

Victoria, o la fuerza del sino

Victoria come de manera silenciosa y delicada; a su lado, cualquiera diría que Jack ha sido escupido por la Bahía. Pero no es que nadie se fije en ellos. Están sentados en la barra de un local de fideos, comiendo dando la espalda al bullicio de la calle. Durante un rato ninguno dice nada; el incidente con el señor redactor jefe ha quedado relegado a un segundo plano. Con Victoria hay que seguir ciertos rituales.
Uno de ellos es el de comer en silencio. Para ella, comer hablando desvirtuaría tanto el sabor de la comida como la conversación, le había explicado una de las primeras veces que habían comido juntos y él había hecho tímidos intentos de iniciar un diálogo. A su alrededor, todos los que la conocían ya estaban al tanto de su manera de ver los actos del mundo, de su obsesión por no dejar escapar el presente tras los espejos de abstracción de su mente.
Jack -que había dado por perdido todo intento de vivir su vida como un seguido lineal de acontecimientos- la observaba mientras comía, esforzándose por degustar la comida. De alguna manera sentía lástima por ella -frustrada porque cada bocado se parecía exasperantemente al anterior y la sensación se diluía-, al menos hasta que empezaba a sentir lástima por sí mismo. Tampoco podía entender cómo alguien podía empeñarse en intentar disfrutar esos fideos, de todas maneras; para él, comérselos tiene más relación con cubrir una necesidad biológica que con una contemplación estética de la vida.
Una vez finalizada la comida, pues, podían mantenerse las conversaciones pertinentes. Pero Jack no había acabado; seguía sin ser tan diestro como Victoria en el manejo de los palillos y, aunque en menor medida cuando estaba con ella -pues se sentía obligado a centrarse en su tarea casi con vergüenza-, su cabeza normalmente vagaba errabunda entre este mundo y el de las ideas, dividida entre ambas lealtades.
- El otro día tuve un sueño extraño -antes de que Jack le hiciese notar que estaba siendo incoherente con sus propios preceptos, continuó-. Soñé que era capaz de saber exactamente qué me iba a pasar en esta vida, pero no sabía cómo iba a reaccionar ante lo que aconteciese. De manera que, por ejemplo, iba a saber que en tal momento de mi vida me iba a dejar mi novio, pero no sería capaz de saber si eso iba a ser liberador o terriblemente deprimente.
- ¿Y no podías saberlo por el contexto o por, er, los acontecimientos posteriores?
- Supongo que sí, pero no podía en ese momento. El caso es que en mi sueño me veía en una vagoneta de montaña rusa, siendo impulsada hacia delante irremediablemente, pasando por túneles y figuras dibujadas a lápiz, que se coloreaban y adquirían definición a mi paso; eran las situaciones en las que me veía envuelta, y por sus colores alcanzaba a adivinar qué suscitaban en mí.
>> De pronto, a lo lejos, pude alcanzar a ver una enorme mole dibujándose a lápiz, como una montaña, en el interior de la cual desaparecía el camino. Y supe con certeza que iba a morir; y que tú ibas a ser mi verdugo. Sin embargo, los colores eran cada vez más apacibles a mi paso, a medida que me acercaba a la montaña, así que pensé que, por muy cerca que estuviese el final, siempre existía la posibilidad de que fuese un final dichoso. Porque no podía aventurarme a saber cómo iba a reaccionar ante eso; ni por qué querrías matarme. Pero entonces desperté y no recuerdo más.
Se hizo el silencio, y los fideos de Jack se estaban enfriando; no parecía que se los fuese a acabar, de todas formas.
- El tema del destino es una idea recurrente en la mitología griega y en gran parte de la literatura europea; muchas veces los afectados cumplían con él por casualidad mientras intentaban escapar del sino. Pero lo que perdura no es sino la cáscara vacía de nuestros propios designios, y los sueños y la literatura tienen en común su grado de fiabilidad; es decir, ninguno.
- Pero en mi sueño tú me matabas.
- Podría no haberlo hecho, y eso significaría igual de poco; no pienses en eso, Victoria, y vámonos. El señor Ngai nos espera. Creo que quiere que... que... -y aquí se encontró con su propia mole de lápiz, en su caso dibujada encima de los diez minutos que el señor Ngai había estado chillándole mientras él miraba por la ventana hacia la ciudad.   

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