Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

martes, 4 de febrero de 2014

Un zorro del siglo XX

Para Guillem, 
que es grande, fuerte y guapo

Bajo la planicie nevada habita un zorro, astuto y malintencionado como todos los zorros. Su casa, construida en una gruta del terreno, tiene unas vistas preciosas al deshielo del río que corre por los alrededores, de los bosques colindantes y de las montañas eternamente blancas -aunque todavía hace frío, tanto que los niños de la zona no van al colegio algunos días.
El zorro vive solo. Hace tiempo que su mujer se fue lejos, al otro lado del río, de los bosques y de las montañas, y le dejó tristón y desanimado. Por aquel entonces, el río era fluido, y el paisaje ofrecía muchos colores que observar: amarillos, rojos, marrones. Colores llamados cálidos, que se fueron con ella.
Y entonces llegó el frío.

Un día llamaron a su puerta los primeros brotes de la primavera. Literalmente: dicen, cuentan -no consta que sea cierto en ninguna parte- que en algunas regiones del norte no sólo los animales hablan y caminan sobre sus patas traseras, trabajan y visten con elegantes abrigos de gamuza; ¡sino que incluso algunas plantas se han cansado de quedarse quietas y aburrirse todo el día! Así, al abrir la puerta se encontró a tres elegantes señores lirios que pasaban por allí.
-Buen día tengan ustedes -dijo el zorro, que hacía tiempo que no se afeitaba y debía oler bastante mal...
-¡Buen día! Representamos a una empresa de abono fértil para jardines -y, añadieron-. ¡Fíjese, fíjese en qué pétalos más carnosos, en esta época del año! -le invitaban a tocarlos, y eso hizo. En efecto, se trataba de los pétalos más carnosos que había visto en mucho tiempo, por lo que no perdió el tiempo y se los comió (nadie visitaba al zorro normalmente, por lo que tenía los modales un poco olvidados).
Con todo ello, el zorro pretendía haber acabado con los visitantes inoportunos; pero en cuanto alzó la vista se encontró con todo un enjambre de lirios que parecía haber invadido su jardín, apartando la nieve y plantándose en el frío suelo.
El zorro montó en cólera: -¡Exijo ver a vuestro jefe! -chilló.
Pronto se acercó un lirio como cualquier otro, ni más grande, ni más pequeño, ni más carnoso. El zorro le preguntó qué hacían allí.
-Oh, hemos venido a su jardín a petición de Miss Foxie. ¡Esto es un regalo! Además, ofrecemos una promoción de abono para claveles...
-Un momento, ¿quién es Miss Foxie?
-Una cliente, y este es su regalo. Je. Debe tenerle en alta estima, porque esto no es precisamente barato...
Así que el zorro se comió al lirio. No sólo a ese lirio, se comió media docena de los mismos antes de darse cuenta de que no paraban de llegar y que nada conseguiría de esta manera.
-Es usted un desagradecido. No nos iremos de aquí hasta que no vea nuestras ofertas y atienda a razones- dijo alguien.
-Gracias, pero ya he comido -y se lo zampó.

El zorro esperaba que los lirios se fueran pasado un tiempo, pero a veces cuando llega la primavera y el clima empieza a mejorar es todo lo demás lo que empeora. Los lirios no se iban. Es más, parecían mucho más cómodos que antes, y el asunto empezaba a atraer a otras plantas del lugar: rosales, crisantemos y un roble perdido que pasaba por allí. Este último le dijo al zorro:
-Hey, Foxie, ¿qué tal?
-¿Foxie? ¿Conoces a Foxie?
El roble se reía.
-¡Pues claro que conozco a Foxie! ¡Estoy hablando con él!
Entonces le explicó que había un país en el norte que estaba dominado por unos animales que parecían ser parientes del mono y que tenían los dientes amarillos y mal colocados. Sus hembras, continuó, se asemejaban las veces a caballos, y hacía tan mal tiempo que decenas de especies de animales habían decidido huir del país desde la llegada de los animales de dientes dispares, y aún seguían haciéndolo. Dichos animales de dentadura angosta eran, dicho sea de paso, los únicos que parecían encontrar placer en el clima del lugar.
Las gentes del lugar llamaban a los zorros foxes, le explicó pacientemente al ver que al zorro le parecía muy bien la lección de geografía, pero no entendía nada.
-¿Y dónde queda esa tal Inglaterra? -preguntó.
-Más o menos por ahí. No, no, ¡no por allí! Por ahí -dijo el roble, que empezaba a darse cuenta de lo difícil que es dar indicaciones si no tienes brazos y no te preguntan por la catedral.
Miró en esa dirección: pasado el río, los bosques y las montañas. El árbol le había dicho que ese lugar estaba rodeado de agua por todos lados, más agua de la que el zorro había visto nunca, que no podía beberse y que no se congelaba por muy frío que fuese el invierno.
Así que el zorro decidió que quería ir a ver a Miss Foxie y pedirle explicaciones; cerró la casa, echó un poco de sal sobre la tierra y se fue.

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