Las Citas de la Semana


"No puede decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado... algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría.

Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo.

Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitará muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable."

Braid

martes, 2 de febrero de 2016

Amanece en el Cáucaso, y un hombre

Amanece en el Cáucaso y un hombre corre montaña abajo esquivando ramas de altos árboles. Busca con la mirada cualquier cosa que pueda hacerle perder el equilibrio, evita fugazmente caerse y rodar durante centenares de difíciles metros. Podría ser cualquiera: la escena se ha repetido desde que antes de que el Cáucaso se llamase así, desde que por primera vez una mujer abrió los ojos en una terraza natural para encontrarse con el sol bañando de luz un valle alpino. En ese momento en que los temores de la noche se disipan y se esconden en algún lugar entre el verdor del bosque y la nieve de la cúspide. En la zona gris de roca, donde viven los dioses menores.

Los miedos nocturnos también se han repetido muchas veces desde que alguien concibió el mundo como tal. No sólo allí: la gente tiene miedo en una balsa en medio de un río por la noche así como la gente tiene miedo cuando está oscuro y fuera de la tienda sólo suena el viento jugando con las dunas. Pero amanece en el Cáucaso y un hombre choca contra un árbol porque su mirada fugaz no ha contemplado todas las posibilidades que existen de que algo salga mal. El hombre pierde el equilibrio y de hecho agradece chocar contra el árbol en lugar de seguir rodando montaña abajo.

La ladera oeste de la montaña sigue en penumbras, bajo la sombra del pico. Todo sigue oscuro, el hombre todavía cree que está sumido en la hora del lobo, corre y corre bajando la ladera hacia el valle verde. Pero apoyado en el árbol con el tórax oprimido ha sido capaz de ver la tenue luz del sol iluminando las copas de los árboles, y sabe, porque amanece en el Cáucaso y un hombre que, como todo hombre atemporal, sabe por dónde sale el sol y por dónde se esconde, no puede esperar a seguir corriendo en dirección contraria a la sombra que ya sube por la falda de la montaña. Él, el hombre que corre hacia el llano, y la sombra, que corre hacia la zona gris de roca, donde viven los dioses menores.

Amanece en el Cáucaso, y el hombre vuelve a correr con más fuerza a pesar de que el pecho le duele a causa del golpe. El duro aire frío de la mañana le perfora la garganta mientras a su alrededor todo se ilumina paulatinamente. Pero él no lo sabe porque tiene sus ojos fijos en el frente donde pega el sol y no a sus lados donde sólo se intuye. Es una escena que sucede desde que la mujer se yergue por primera vez en la terraza para contemplar y escuchar el mundo. Pero es difícil no escuchar a las aves nocturnas cuando se despiertan las diurnas.

La oscuridad se acerca al hombre y el hombre tiene miedo. Miedo porque sabe de dónde viene la oscuridad, porque sabe que es aún más rápida que la luz. Se prepara para chocar, corriendo más rápido para evitar ser arrastrado hacia la zona gris de rocas que hay entre el bosque donde viven los pueblos del Cáucaso y la nieve, donde nunca nadie ha podido mirar. Cierra los ojos con fuerza y acelera, se prepara.

Amanece, y el hombre abre los ojos en mitad del bosque iluminado. Se gira, pero no puede encontrar ni rastro de la sombra. Así es como sucede ---y lleva sucediendo desde que por primera vez una mujer abrió los ojos al sol del Cáucaso.

Anochece en el Cáucaso y el hombre por fin se encuentra a la mujer. ``Te he visto correr hacia la oscuridad,'' le dice ella, ``pero parece que la oscuridad se había ido cuando llegaste.'' Él no entiende (él nunca lo entiende) y entra, se echa a dormir unas eras más. Ella mira las sombras del valle y tiene miedo. Los temores nocturnos vuelven cada vez que la zona gris queda oscurecida, y se apoderan de la gente del valle.

Pero ella no teme a la oscuridad. Teme que él corra hacia la luz sin darse cuenta de que a su alrededor ya ha amanecido.

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